A partir del análisis del terremoto y posterior tsunami de 2010, un equipo de expertos del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, CIGIDEN, demostró que los pronósticos de inundación por tsunami basados solo en señales sísmicas y/o de variación del terreno (GPS), poseen un alto nivel de incertidumbre. Este hallazgo fue profundizado en un estudio realizado por investigadores de CIGIDEN sobre el tsunami del 27F en Chile, publicado en la revista Geophysical Research Letters. El trabajo analizó la capacidad predictiva de la inundación por tsunami basada en la caracterización de la ruptura sísmica, encontrándose serias limitaciones.
¿Cómo se FORMA un TSUNAMI? 🌊 (Definición y Fases)
A diferencia de lo que ocurre con los terremotos que generan ondas sísmicas que duran solo minutos, los tsunamis pueden mantenerse activos y peligrosos durante horas. Un tsunami o maremoto es el desplazamiento de una gran masa de agua de mares u océanos, generalmente como consecuencia de movimientos de tierra como los causados por terremotos cuyo epicentro está localizado cerca de la costa o bajo el mar. A diferencia de las olas, que se producen principalmente en la superficie, el tsunami implica el desplazamiento de toda una columna vertical de agua, desde la base hasta la superficie. El agua desplazada puede llegar a moverse a velocidades de hasta mil kilómetros por hora y recorrer cientos o miles de kilómetros desde el punto donde se originó.
Aunque en mar abierto este desplazamiento puede presentarse como una más o menos apreciable elevación del nivel del mar, cuando se aproxima a la costa y el lecho marino comienza a elevarse, el alzamiento de esa columna de agua es lo que provoca el desastre: olas que pueden alcanzar varios metros de altura y golpear con gran virulencia la línea de costa dependiendo de la cantidad de agua desplazada y de su velocidad. La observación directa de las olas a kilómetros de la costa, por lo tanto, contribuiría a precisar las alertas y el seguimiento del fenómeno mientras se desarrolla.
El Sistema DART: Monitoreo en Aguas Profundas
La capacidad de las boyas oceánicas para medir el tsunami en el mar antes de que este llegue a la costa y durante todo el tiempo en que se mantiene activo es vital, porque las olas peligrosas pueden manifestarse durante muchas horas, tal como se vivió el 27F. El sistema de detección de tsunamis del Pacífico, operado por la agencia NOAA de Estados Unidos (el Pacific Tsunami Warning Center, PTWC), consiste en una serie de sensores de presión situados en el lecho marino, denominados DART Mooring System.
Las boyas DART (Deep-ocean Assessment and Reporting of Tsunamis) son instrumentos que miden el nivel del mar en tiempo real. Deben estar operativas de forma permanente porque, en la ocurrencia de un tsunami, calculan la altura precisa del maremoto gracias a un sensor de presión ubicado en el fondo marino. Cuando una masa de agua inhabitual pasa sobre los sensores, se activa la señal de aviso. Cuando la masa de agua en movimiento pasa sobre los sensores, estos registran una presión mayor de lo habitual. Esto activa la señal de aviso que es recibida por una boya cercana en la superficie.

La boya, además del aviso del sensor, recoge otros datos referentes a su posición GPS, presión barométrica, velocidad y dirección del viento, temperatura del aire y humedad relativa, conductividad y temperatura del agua. Todos estos datos son enviados vía satélite al centro de vigilancia, desde donde se notifica la alerta al International Tsunami Information Centre (ITIC) coordinado por las Naciones Unidas. Estas tecnologías de campo cercano se suman al sistema de monitoreo de aguas profundas (2.000-5.000 m de profundidad) de la cuenca del Pacífico, operado por la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA). En total, hay 74 unidades DART ubicadas en sitios estratégicos de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, en función del riesgo histórico de tsunamis.
Los instrumentos se conforman por la boya superficial, la línea de anclaje que la mantiene en su posición y un sensor de presión ubicado en el lecho marino (BRP, por sus siglas en inglés), el cual es capaz de detectar variaciones producidas por el paso de un maremoto, a pesar de que en aguas profundas sea de pocos centímetros. La mayoría de estos sensores del Pacífico están situados en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona donde confluyen varias placas oceánicas en colisión que casi continuamente producen terremotos de mayor o menor intensidad.
Implementación y Desafíos de las Boyas DART en Chile
Chile colabora activamente con NOAA para mantener en operación 5 boyas DART ubicadas frente a sus costas. Estas boyas están desplegadas frente a Iquique, Mejillones, Caldera, Pichidangui y Constitución, a una distancia media de 200 kilómetros de la costa. Junto con estaciones a nivel del mar, las boyas DART son parte del Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM) del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), institución encargada de su mantención y operatividad. Esta información complementa los registros de la red de mareógrafos a cargo también del SHOA, disponible en línea en forma abierta.
Las nuevas tecnologías de observación del nivel del mar pueden sin duda ser útiles para precisar los niveles de peligrosidad y la duración de un tsunami, además de proveer información valiosa para seguir mejorando el conocimiento acerca del comportamiento del mar en uno de los países con mayor longitud de borde costero a nivel mundial. Sin embargo, el problema es que muchas veces no funcionan, lo cual fue confirmado por el SHOA a La Tercera a través del envío de información vía Transparencia, y refrendado en una entrevista posterior con su plana mayor.
Un Incidente de Boya a la Deriva
La tripulación del buque “Cabo de Hornos” avistó en altamar, después de diez horas de navegación, al instrumento que buscaban de forma desesperada. Eran las 20:30 del 26 de marzo de 2021. Ya de noche y con condiciones meteorológicas adversas, los marinos encontraron, flotando en la negrura del mar, a una de las cinco boyas DART que la Armada mantiene desplegadas frente a las costas de Chile. Producto de un corte, el objeto se encontraba a la deriva a varias millas de su ubicación original, a 230 kilómetros frente a la costa de la Región de Coquimbo. Los trabajos para embarcarla duraron más de cinco horas, tal como lo registró la Armada en una publicación sobre el suceso.

Fallas y Desperfectos: Un Problema Recurrente
Los detalles de los desperfectos se ven reflejados en varios de los balances de gestión integral que la institución realiza cada año y en publicaciones de su sitio institucional. La Armada precisó las veces en que los instrumentos han fallado, incluyendo:
- La boya DART de Iquique: Cuatro desperfectos, tres por corte del anclaje y uno por falla en el sensor de fondo marino.
- El dispositivo de Mejillones: Al menos dos cortes de la línea de anclaje por desconocidos.
- La boya de Caldera: Dos cortes también por acción de terceros.
- La boya de Pichidangui: Sufrió este embate cinco veces, además de un mantenimiento del sensor de presión del fondo marino.
- El cabo de la boya de Constitución: Cortado por externos tres veces, un desperfecto “por falla de fábrica” y un mantenimiento a su sensor de presión.
El desperfecto de estos instrumentos impide al Estado medir la magnitud exacta de un tsunami que se aproxime a Chile desde mar adentro. El tiempo preciso en que el SHOA permaneció sin recibir información de sus boyas es un dato que la institución sostiene no tener a mano.
Causas de los Desperfectos: Acción Humana y Fauna Marina
La mayoría de los casos de falla se refieren a corte por acción de terceros, lo cual ha quedado en evidencia por la presencia de líneas y aparejos de pesca al momento de recuperar las boyas, así como por el tipo de corte que han sufrido los cables recuperados. El director del SHOA confirma esta tesis, a pesar de que la Armada establece una zona de restricción de navegación alrededor de las boyas. “Estamos en una zona donde hay pesca ilegal, no declarada, hay pesca de otros países que también utilizan esos sectores. Y lo único que yo te podría indicar es que cada vez que hemos ido a recuperar una boya, tiene rastros de artefactos de pesca”, planteó.
El subjefe del departamento de operaciones del SHOA precisa que se han encontrado cables y anzuelos, los que provocan la entrada de agua salada y la producción de cortocircuitos. Además, apunta a la fauna marina como causa de las fallas, mencionando que “cuando sacamos estos sensores, tienen entre medio de los cables cangrejos”.
Costos Asociados a la Reparación
Las boyas DART de Iquique y de Caldera fueron adquiridas por el Estado a un precio de US$ 600.000 cada una, mientras que las otras tres fueron donadas por EE.UU. a Chile a través de un Memorándum de Entendimiento entre la NOAA y el SHOA. En su respuesta vía Transparencia, la Armada precisó que los costos de las 17 reparaciones de las que informó ascienden a US$ 1.610.479. Es decir, el valor entre la adquisición y los arreglos sube a US$ 2.810.479, equivalentes a 2.651.395.281 pesos chilenos según el cambio actual. El costo de cada restauración, que contempla materiales y gastos operacionales, oscila entre US$ 74.765 y US$ 124.785, lo que representa entre 70 y 117 millones de pesos chilenos por operación.
Gestión de Datos y Discrepancias
Los datos recopilados por todas las boyas DART, incluyendo las chilenas, se transmiten de forma pública en el sitio web del Centro Nacional de Datos de Boyas de EE.UU (NDBC), institución dependiente de la NOAA. El SHOA, de hecho, utiliza esa información para detectar el funcionamiento, o no, de sus dispositivos. La NDBC deja un registro histórico de cuándo los dispositivos midieron el nivel del mar y transmitieron esos datos. Esta información, según la institución norteamericana, es la que recibe el organismo chileno. “Todos los datos recopilados por el sistema están disponibles para cada centro de alerta de tsunamis”, respondieron desde la oficina de asuntos públicos de la NOAA. “Los sistemas DART chilenos son iguales a los más de 70 sistemas distribuidos por todo el mundo”, agregaron.
Sin embargo, estos datos históricos de la NDBC muestran vacíos de información de las boyas DART chilenas, con ausencias que varían de días a años completos. Al mostrar estos antecedentes al SHOA, sus representantes negaron que los datos históricos publicados por la NDBC fueran los mismos que ellos recibieron durante esos periodos, pese a que en su respuesta por Transparencia la Armada señaló que “las estadísticas de funcionamiento o falla (de las boyas) son administradas por el NDBC”.
El SHOA afirma que no tienen los datos que recolectaron los instrumentos durante esos periodos de tiempo, porque “solo interesa recopilar cuando hay eventos (tsunamis)”. No obstante, señalaron que, con tiempo, podrían tenerlos a disposición. La institución envió documentos que evidencian registros de tsunamis ocurridos desde la instalación de las boyas: los de Iquique (2014), Coquimbo (2015), Tonga (2022) y Nueva Zelanda (2024).
En su respuesta por Transparencia, la Armada, usando como base la NDBC, reportó los periodos en que recibieron datos de las boyas durante 2024: Iquique (81,7%), Mejillones (75,3%), Caldera (98,7%), Pichidangui (61,8%) y Constitución (60,1%). No obstante, luego afirmaron tener un sistema de medición que contrasta con esa información, ofreciendo una segunda versión de la operatividad: Iquique (81,7%), Mejillones (100%), Caldera (99,2%), Pichidangui (92,1%) y Constitución (88,5%). El director del SHOA, Carlos Zúñiga Araya, indicó que para ellos, "solo me sirve el dato que estoy viendo ahora. No me interesa cómo está el dato de antes de ayer, ni el de ayer ni el de hace 6 horas. Me interesa el de ahora mismo, porque quiero saber si es que es un tsunami o no es un tsunami".
Consultado sobre los datos de la NDBC, el director sostuvo que “efectivamente los datos que tú ves ahí son los que estamos recibiendo, pero nosotros no nos dedicamos a guardar los datos que están anteriores. Y ahí creemos, bueno, sabemos, que hubo un cambio de servidores hace un tiempo”.
Avances Tecnológicos Complementarios
Monitoreo Satelital de Tsunamis (SWOT)
Un equipo internacional de científicos logró importantes avances en la comprensión de los tsunamis gracias al uso de datos satelitales inéditos. El estudio permitió observar por primera vez en dos dimensiones la propagación de un tsunami generado tras un terremoto ocurrido en Kamchatka, Rusia, en julio de 2025. La investigación, desarrollada por instituciones de Estados Unidos y Europa, utilizó información del satélite SWOT, lo que permitió identificar una secuencia de olas dispersivas a unos 1.000 kilómetros del epicentro, apenas 70 minutos después del sismo.
Este tipo de señales suele ser difícil de detectar con instrumentos tradicionales, lo que representa un avance significativo en el estudio de estos fenómenos. Los expertos explicaron que este hallazgo permite observar con un nivel de detalle sin precedentes cómo se libera la energía en zonas de subducción, áreas clave en la generación de tsunamis. Este conocimiento resulta relevante para comprender mejor el comportamiento de estos eventos en distintas partes del mundo y contribuye a mejorar los mapas de inundación y de peligro, al ofrecer una visión más precisa del comportamiento de los tsunamis en el océano. Aunque la monitorización mediante sensores del fondo marino y medidores costeros ayudó a captar parte del evento, los sistemas se vieron limitados por la cobertura y la atenuación de las ondas de corta longitud.

Potencial Uso de Cables Submarinos
En el futuro se baraja la posibilidad de crear una gran red de cables. Recientemente, investigadores de la agencia NOAA propusieron el uso de cables de datos submarinos para crear una gran red capaz de detectar posibles tsunamis. En teoría, podrían localizarse debido a que el campo magnético que produce el desplazamiento de agua salada sobre el fondo del mar causa pequeñas variaciones (a modo de interferencia) en el voltaje de los cables utilizados para el tráfico de Internet.
La Amenaza de los Tsunamis y la Alerta Temprana
La tecnología actual y los sistemas de alerta temprana, además de una completa red de medición de tsunamis a través de boyas instaladas en toda la cuenca del Pacífico, permiten hoy tener información oportuna que posibilita tomar los resguardos necesarios. Sin embargo, los esfuerzos, advierte Rodrigo Cienfuegos (CIGIDEN), deben estar orientados en educación para generar una cultura de auto-evacuación ordenada inmediatamente después de ocurrido un sismo de larga duración e intensidad. El devastador terremoto y posterior tsunami ocurridos el 11 de marzo en el noreste de Japón de 2011 generó toda una psicosis en la costa occidental de América y especialmente en Chile.
La amenaza de sufrir un nuevo tsunami en las costas de Chile no es lejana, considerando que con el terremoto de Valdivia en 1960, la repercusión en Hawai y Japón dejó cientos de víctimas fatales. En un evento reciente, la llegada del tsunami a Rapa Nui generó expectación en la población con mediciones iniciales de 20 cm y luego de 40 cm. Para aclarar conceptos, BioBioChile consultó a Juan González, experto de la Universidad Andrés Bello, quien explicó la diferencia entre amplitud y altura de ola. Actualmente, la altura en Isla de Pascua ronda 1 metro. De igual forma, complementa el oceanógrafo UNAB, la primera parte del territorio nacional que se podría ver afectada es Isla de Pascua, seguida del Archipiélago de Juan Fernández, donde ya se han tomado los resguardos necesarios.