Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo:
Las Bienaventuranzas: El Rostro de la Felicidad Verdadera
Jesús comenzó su discurso presentando las Bienaventuranzas, una serie de declaraciones que describen el carácter y las actitudes de aquellos que son verdaderamente dichosos a los ojos de Dios y heredarán el Reino de los Cielos. Estas virtudes, a menudo opuestas a las expectativas mundanas, incluyen:
- Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
- Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
- Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
- Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
- Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
- Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
- Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Jesús enfatiza que seremos bienaventurados cuando seamos injuriados, perseguidos y calumniados por su causa, animándonos a alegrarnos y regocijarnos, ya que nuestra recompensa será grande en el Cielo, de la misma manera que se persiguió a los profetas que nos precedieron.

La Sal de la Tierra y la Luz del Mundo: La Influencia del Discípulo
Jesús exhortó a sus discípulos a ser la sal de la tierra, una metáfora que representa la capacidad de preservar, sazonar y mantener la integridad moral. Si la sal pierde su sabor, pierde su valor. Asimismo, los llamó a ser la luz del mundo, comparándolos con una ciudad situada en lo alto de un monte que no puede ocultarse. La luz no se pone debajo de un celemín, sino sobre un candelero para alumbrar a todos los de la casa. La enseñanza es clara: nuestra luz debe brillar ante los hombres para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre celestial.
La Plenitud de la Ley: Interpretación y Cumplimiento
Jesús aclaró que no había venido a abolir la Ley o los Profetas, sino a darles su plenitud. Subrayó la permanencia de la Ley, afirmando que mientras el Cielo y la tierra existan, ni la más pequeña letra o trazo de la Ley permanecerá hasta que todo se cumpla. Explicó que quien quebrante uno solo de estos mandamientos, y enseñe a otros a hacerlo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos, mientras que quien los cumpla y enseñe será grande.
La justicia requerida por Jesús es superior a la de los escribas y fariseos. En este sentido, reinterpretó mandamientos clave:
- No matarás: Jesús amplió esta ley, considerando la ira contra el hermano como un acto de juicio, llamar "raca" como un acto ante el Sanedrín, y llamar "renegado" como un acto merecedor del fuego del infierno. Enfatizó la importancia de la reconciliación inmediata con el hermano antes de presentar la ofrenda en el altar.
- No cometerás adulterio: Jesús advirtió que el adulterio comienza en el corazón, al mirar a una mujer con deseo. Propuso medidas drásticas para evitar el pecado, como arrancarse el ojo derecho o cortarse la mano derecha si estos miembros causan escándalo.
- Sobre el divorcio: Jesús estableció que repudiar a la mujer fuera del caso de fornicación la expone a cometer adulterio, y quien se une a la repudiada comete adulterio.
- No jurarás en vano: Jesús enseñó a no jurar en absoluto, ni por el Cielo, ni por la tierra, ni por Jerusalén, ni por la propia cabeza. Su recomendación fue que el modo de hablar sea simplemente "sí, sí" o "no, no", pues lo que exceda de esto proviene del Maligno.
- Ojo por ojo y diente por diente: Jesús instó a no replicar al malvado, sino a presentar la otra mejilla al que golpea, a dejar la capa al que quita la túnica, a andar dos millas al que fuerza a andar una, y a dar a quien pide y no rehuir al que quiere algo prestado.
- Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo: Jesús expandió este mandamiento, llamando a amar a los enemigos y a orar por los que persiguen, para ser hijos de nuestro Padre Celestial que hace salir su sol sobre buenos y malos. Cuestionó el mérito de amar solo a quienes nos aman, contrastándolo con la práctica de los publicanos y paganos. La exhortación final es a ser perfectos, como nuestro Padre Celestial es perfecto.

Prácticas de Devoción Genuina: Limosna, Oración y Ayuno
Jesús advirtió contra la práctica de la justicia delante de los hombres con el fin de ser vistos, ya que esto impide recibir recompensa del Padre Celestial. Detalló cómo deben ser las prácticas de devoción:
- Limosna: No pregonarla como los hipócritas, sino darla en secreto, para que el Padre, que ve en lo oculto, recompense.
- Oración: No ser como los hipócritas que oran para exhibirse, sino entrar en el aposento, cerrar la puerta y orar al Padre en lo oculto. Advirtió contra el uso de muchas palabras como los gentiles, y enseñó la oración modelo conocida como el Padre Nuestro: "Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal." Subrayó la importancia del perdón mutuo para recibir el perdón del Padre Celestial.
- Ayuno: No fingir tristeza como los hipócritas para que los hombres noten el ayuno, sino perfumar la cabeza y lavarse la cara para que el ayuno sea advertido solo por el Padre, que ve en lo oculto.
Tesoros en el Cielo y la Confianza en la Providencia Divina
Jesús instruyó a no amontonar tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y los ladrones los roban, sino a acumular tesoros en el Cielo, donde son permanentes. Afirmó que donde está nuestro tesoro, allí estará nuestro corazón.
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo es sencillo, todo el cuerpo estará iluminado; si es malicioso, todo el cuerpo estará en tinieblas. Nadie puede servir a dos señores: a Dios y a las riquezas.
Ante la preocupación por las necesidades materiales (qué comer, qué vestir), Jesús llamó a la confianza en la Providencia Divina. Fijaos en las aves del Cielo y en los lirios del campo, que no siembran ni hilan, pero son alimentados y vestidos por el Padre Celestial. Exhortó a no andar preocupados por el mañana, sino a buscar primero el Reino de Dios y su justicia, confiando en que todo lo demás se dará por añadidura. A cada día le basta su contrariedad.
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El Juicio, la Oración Persistente y la Puerta Angosta
Jesús enseñó la importancia de no juzgar, ya que seremos juzgados con la misma medida. Advirtió sobre la hipocresía de notar la mota en el ojo del hermano y no la viga en el propio, instando a sacar primero la viga. También advirtió de no dar lo santo a los perros ni echar perlas a los cerdos, para evitar que lo profanen.
Fomentó la persistencia en la oración: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá". Explicó que si los padres malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre Celestial dará cosas buenas a quienes le pidan.
Presentó la Regla de Oro: "Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos".
Instó a entrar por la puerta angosta, ya que el camino ancho conduce a la perdición y son muchos los que entran por él, mientras que el camino estrecho conduce a la Vida y son pocos los que lo encuentran.
Discernimiento de Falsos Profetas y la Importancia de la Acción
Jesús advirtió sobre los falsos profetas, que vienen disfrazados de oveja pero son lobos voraces, y señaló que por sus frutos se les conocerá. Un árbol bueno da frutos buenos, y un árbol malo da frutos malos. Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y arrojado al fuego.
Enfatizó que no todo el que dice "Señor, Señor" entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Advirtió que muchos dirán haber profetizado, arrojado demonios y hecho prodigios en su nombre, pero Jesús les dirá: "Yo a ustedes nunca los conocí".
Los Dos Cimientos: La Casa Construida sobre Roca
Jesús concluyó su sermón comparando a quienes oyen sus palabras y las ponen en práctica con el hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. A pesar de las adversidades (lluvia, aguas crecidas, vientos), la casa no se derrumbó porque sus cimientos estaban firmes. En contraste, quien oye sus palabras y no las hace es como el hombre insensato que construyó su casa sobre la arena, la cual se derrumbó ante las mismas adversidades.
Las personas se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
