La Historia de la Plancha: Desde las Brasas hasta la Era Moderna

Una plancha, o hierro, es un electrodoméstico utilizado en casas, aunque también hay planchas para uso industrial y comercial, usadas en fábricas de ropa y tintorerías. Sirve para alisar la ropa quitándole las arrugas y las marcas, evitando que las prendas no pierdan su forma original con el uso y garantiza la eliminación de bacterias de la prenda, haciendo que estén más limpias. La plancha trabaja alisando los vínculos entre las cadenas largas de moléculas de polímero que existen en las fibras del material. Las fibras se estiran y mantienen su nueva forma cuando se enfrían. Esto lo logra con calor, ya que funciona como una resistencia calentadora con peso.

El deseo del ser humano por obtener prendas alisadas es común a las antiguas civilizaciones orientales y occidentales. Planchar la ropa se convierte en una necesidad desde el momento en que las ropas dejan de ser simples pieles de animales recortadas. Todos queremos llevar la ropa sin arrugas; en la actualidad, esto es sencillo gracias a la plancha, pero no siempre ha sido así.

Orígenes Remotos y Primeras Técnicas de Planchado

Antigua Grecia y Roma: Calor y Presión Manual

Los orígenes de la plancha son remotos. Ya en el siglo IV a.C., los antiguos griegos consideraban como signo externo de refinamiento e importancia social vestir ropa sin arrugas, aunque no les resultaba nada fácil conseguirlo. Para aquel fin, se emplearon en la Antigua Grecia barras cilíndricas de hierro que se calentaban de manera directa, similares a un rodillo de amasar. Se pasaban sobre las ropas de lino para marcar los pliegues.

Un par de siglos después, los romanos planchaban y plisaban la ropa con una especie de mazo plano y metálico, que más que planchar martilleaba las arrugas, convirtiendo el planchado en una tarea muy pesada solo apta para esclavos. Los romanos delegaban este trabajo, que se convirtió en un arte, en sus esclavos, y las clases altas se distinguían por la elegancia de los pliegues y la cualidad de sus planchadores.

Ilustración de antiguos griegos o romanos planchando con barras de metal calentadas o mazos.

China Antigua: El Nacimiento de la Plancha a Brasas

En China, las planchas a brasas tienen un origen muy antiguo. Las cacerolas de metal llenas de carbón caliente se utilizaban para alisar tejidos en el siglo I a.C. Se sabe que los chinos del siglo IV las utilizaron para alisar la seda. Se trataba de unos recipientes de latón con mango, en cuyo interior se colocaba una cantidad de brasas con cuyo calor se quitaban las arrugas del tejido. En algunas estampas chinas del siglo IV ya se ven algunos artefactos en forma de plancha. Estos recipientes de latón de tamaño mediano, provistos de un mango, a menudo introducían trozos de madera aromática ardiendo, para que su suave aroma impregnase los tejidos y las ropas. Pese a ser una plancha antigua, era muy avanzada para la época.

La Evolución en Europa: De Alisadores Fríos a Planchas Calientes

Vikingos y Alisadores Europeos Primitivos

En la Europa medieval, los vikingos del siglo X, a pesar de su fama de gente bárbara, no eran ajenos al encanto de la ropa sin arrugas. Solían planchar e incluso plisar sus atuendos utilizando para ello una pieza de hierro en forma de hongo invertido, que movían adelante y atrás sobre la tela húmeda.

Las primeras planchas europeas fueron alisadores de madera, vidrio o mármol que, hasta el siglo XV, se utilizaron en frío, ya que el empleo de goma vegetal para almidonar no permitía usar el calor.

Sadirons y la Generalización del Uso de la Plancha a Brasas

A partir del siglo XVII, comenzaron a utilizarse los sadirons o sad iron (del inglés medio "sad", que significa sólido). Eran gruesas planchas de hierro fundido, triangulares y con mango, que se calentaban en el fuego o en una estufa. En castellano, la palabra "plancha" no apareció con el significado que hoy le damos hasta el siglo XVII, época en que empezó a utilizarse de forma generalizada.

En ese periodo, las planchas calentadas al fuego se dividían en dos modalidades: artilugios huecos que se llenaban de maderas ardiendo o de brasas, y planchas macizas que se calentaban directamente en el fogón, conocidas como planchas de lavandera, que aparecieron más tardíamente. Un lavandero empleaba un grupo de planchas macizas que se calentaban desde una única fuente: cuando la plancha en uso se enfriaba, podía sustituirse rápidamente por otra caliente. Las familias más humildes empleaban la plancha maciza con mango que se calentaba de vez en cuando al fuego, con la desventaja de que el hollín se pegaba a la superficie y se corría el riesgo de tiznar la ropa. También se trataba de planchas a modo de cajas calientes en cuyo interior se ponía un ladrillo previamente calentado o brasas. Estas planchas de carbón alcanzaron bastante popularidad cuando se generalizó el uso del algodón, que ya se usaba en Perú y la India desde hacía miles de años, haciendo que las planchas se usaran en todos los hogares. Sin embargo, el carbón era un "mal amigo" de la limpieza, y las ropas a menudo permanecían arrugadas o sucias por el hollín.

Ilustración o fotografía de una plancha de carbón antigua, con la chimenea o compartimento para brasas.

Sistemas de Calentamiento Alternativos y la Transición a la Electricidad

Combustibles Líquidos y Gaseosos (Siglos XIX y XX)

A la generación de planchas calentadas directamente al fuego o con brasas, le sucedieron otros sistemas de calentamiento por medio de agua hirviendo, gas e incluso alcohol. A finales del siglo XIX y principios del XX, muchas planchas en uso se calentaban con combustibles como queroseno, etanol, aceite de ballena, gas natural, gas carburo (acetileno, como en las lámparas de carburo), o incluso gasolina. Cuando se instaló la iluminación de gas en los hogares en el siglo XIX, algunos inventores idearon planchas calentadas con esa forma de energía. Sin embargo, la frecuencia de los escapes, explosiones e incendios aconsejaba llevar las ropas arrugadas o perder la vida en el intento. A pesar del riesgo de incendio, las planchas de combustible líquido se vendieron en las zonas rurales de Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial. En Kerala, en la India, se utilizaban cáscaras de coco ardiendo en lugar de carbón vegetal, ya que tienen una capacidad calorífica similar; este método se sigue utilizando como dispositivo de reserva, ya que los cortes de electricidad son frecuentes.

La Plancha Eléctrica: Un Hito Revolucionario

La idea de aplicar la electricidad al calentamiento de la plancha es muy temprana. El estadounidense Henry Seely White inventó la primera "plancha eléctrica" y la patentó el 6 de junio de 1882. Pesaba casi 15 libras (6,8 kg) y tardaba mucho en calentarse. Este artilugio disponía de un arco voltaico abierto que, sin embargo, no pudo ser aprovechado por dos razones importantes: en las casas no había conexión a la red eléctrica, y no existía aún un termostato regulable que evitara que las prendas se quemaran. Por ello, el invento de Henry Seely fue inicialmente llamado "el invento de los tontos", aunque la idea era excelente, su aplicación práctica no era posible de inmediato.

Historia y Evolución de las Planchas | Con Federico Rodríguez

En 1897, un camarero de Minneapolis, Charles Carpenter, dotó a la plancha eléctrica de Henry Seely de una resistencia espiral, solucionando algunos de los problemas que el artilugio presentaba. En 1901, la electricidad comenzó a llegar a los hogares debido a la proliferación de las compañías eléctricas, y la plancha eléctrica empezó a venderse en el mercado, alternando con las llamadas "planchas monstruo" por su tamaño y peso, a menudo superando los cuatro kilos. Las primeras planchas eléctricas no tenían un modo fácil de controlar su temperatura.

Un nuevo escollo tuvo que ser salvado: la electricidad era concebida principalmente como medio de iluminación, por lo que hasta 1905, los responsables de las centrales no suministraban fluido hasta el atardecer y lo interrumpían con la primera luz del día. Esto era un enorme inconveniente para los fabricantes de planchas y pequeños electrodomésticos, ya que la imposibilidad de su uso diurno retraía a muchos compradores. De ello se dio cuenta Earl Richardson, un revisor de contadores canadiense de Ontario, quien inventó su propio artilugio planchador. Richardson habló con los productores de electricidad y los convenció del gran negocio que supondría suministrar fluido eléctrico durante todo el día, proponiendo asignar un día a la semana para hacer el experimento. Así fue, se escogió el martes, y se probó que Earl Richardson estaba en lo cierto. De esta manera, consiguió vender fácilmente las planchas eléctricas hechas de forma artesanal por él. Su diseño inicial, sin embargo, calentaba más por un sitio que por otro, debido a una distribución irregular del calor, creando un "hot point" o punto caliente que podía estropear el planchado. Richardson estudió el problema, lo corrigió y se quedó con el nombre Hotpoint para emplearlo como marca. El éxito fue tal que, en los felices años 20 (1920-1929), se vendían en Estados Unidos alrededor de tres millones de planchas eléctricas cada año.

La solución al problema del sobrecalentamiento y el control de la temperatura llegó con la incorporación de un termostato regulable. La primera plancha eléctrica controlada termostáticamente apareció en la década de 1920, y Joseph W. Myers desarrolló la plancha de termostato en 1924.

La Plancha Moderna: Vapor y Funcionalidades Avanzadas

La Era de la Plancha de Vapor

Para quienes no podían contar con el beneficio de la electricidad o buscaban un mejor resultado, se crearon en 1926 las primeras planchas de vapor. La primera plancha eléctrica de vapor comercializada fue introducida en 1926 por una empresa neoyorquina de secado y limpieza, Eldec Company. Aunque inicialmente no tuvo un éxito comercial arrollador, Eldec desarrolló el invento y poco a poco lo fue perfeccionando. En 1934, Max Skolnik, de Chicago, obtuvo la patente de una plancha eléctrica de vapor y un amortiguador, y en 1938, concedió a la Steam-O-Matic Corporation de Nueva York el derecho exclusivo a fabricar planchas eléctricas de vapor.

Si las primeras planchas de vapor solo tenían un orificio de salida, en la década de los cuarenta se fabricaron con dos, y esta cifra fue multiplicándose. Los orificios de salida del vapor se convirtieron en un asunto trascendental para los fabricantes. La casa Westinghouse fabricaba planchas con dieciséis agujeros, y la Protor-Silex añadió uno más. Las planchas de vapor tienen un depósito de agua dentro, y el vapor que sale de la suela facilita el planchado. En las estaciones de planchado a vapor, el vapor de un generador de vapor separado se alimenta a través de una manguera a la plancha. Estas planchas poseen un indicador que muestra la cantidad de agua que queda en el depósito y calientan la ropa con vapor. La invención de la plancha de vapor se atribuye a Thomas Sears.

Esquema o vista en corte de una plancha de vapor para mostrar los orificios de salida.

Innovaciones y Características Contemporáneas

Las planchas modernas poseen un termostato que asegura el mantenimiento constante de la temperatura, mediante la conexión y desconexión automática del calentador eléctrico contenido en la plancha. El cuerpo exterior de la plancha se encuentra diseñado de manera de poder colocarla en una posición, de modo que la parte caliente no entre en contacto con las prendas o la tabla. La placa caliente, llamada suela, está hecha de aluminio o acero inoxidable pulido para que sea lo más lisa posible; a veces está recubierta de un plástico resistente al calor de baja fricción para reducir la fricción por debajo de la de la placa metálica.

Entre las características actuales se incluyen:

  • Recubrimientos antiadherentes: Algunas planchas vienen con suelas recubiertas de materiales como teflón o cerámica.
  • Sistemas antigoteo: Para evitar que salga agua cuando la plancha no está lo bastante caliente para producir vapor.
  • Función de autolimpieza: Ayuda a eliminar los depósitos minerales y la acumulación de cal de las salidas de vapor.
  • Apagado automático: Por seguridad, muchas planchas modernas tienen una función de apagado automático tras un periodo de inactividad.
  • Diseños inalámbricos: Algunas planchas funcionan con baterías recargables. En 1978, la firma Lyon & Brandfield Limited lanzó la plancha sin cable y sin pilas, que funcionaba con gas mediante recambios de butano o bencina incorporado, dándole una autonomía de cinco horas. La plancha sin cables, invento de los ingleses Howard O. Freckleton y John Stanley Bird, había sido concebida para utilizar en lugares sin red eléctrica, como campamentos o caravanas.

Las planchas que tenemos hoy en día no difieren técnicamente demasiado de las de mediados del siglo pasado, si bien el diseño ha evolucionado notablemente. Recientemente, se ha empezado a comercializar una variante denominada centro de planchado, que dispone de un calderín de agua independiente. Aunque son más caros y tardan más en calentarse, pesan menos y el chorro de vapor dura más tiempo. La última innovación es la plancha de vapor vertical, que permite un gran ahorro de tiempo y molestias, eliminando las arrugas con máxima efectividad. Se han inventado prendas permanentemente lisas para evitar el trabajo de planchado.

Complementos y Contexto del Planchado

Líquidos y Sprays para el Planchado

El líquido más básico y esencial utilizado en el planchado es el agua, especialmente en los hierros de vapor. El agua se calienta para producir vapor, que ayuda a relajar las fibras del tejido y facilita la eliminación de arrugas.

  • Sprays para planchar: Diseñados para aplicarse a los tejidos antes o durante el planchado, ayudan a alisar las arrugas y pueden añadir un aroma fresco. Suelen contener una combinación de agua, agentes acondicionadores y, a veces, solventes suaves o fragancias.
  • Sprays de almidón: Se utilizan para dar rigidez a los tejidos, haciendo que sean más fáciles de planchar y ayudando a mantener un acabado crujiente, especialmente en camisas de vestir o manteles. Contienen almidón de maíz u otros almidones, agua y, a veces, agentes acondicionadores adicionales.
  • Suavizantes de telas: Pueden usarse para suavizar los tejidos y reducir la estática.
  • Sprays antiestáticos: Ayudan a reducir la electricidad estática en los tejidos, útil para fibras sintéticas.
  • Líquidos especializados: Se utilizan para limpiar la suela de la plancha y los componentes internos, eliminando depósitos minerales y residuos.
  • Aromatizantes de telas o eliminadores de olores: Pueden rociarse sobre la ropa para impartir una fragancia agradable o neutralizar olores.

La Tabla de Planchar

La tabla de planchar ya había aparecido en el siglo XIX; eran armatostes plegables, pesados e incómodos que a veces se convertían en una trampa para los dedos y requerían un espacio excesivo para su almacenamiento. En 1986, el inventor Bernard Theeten obtuvo la Medalla de Oro del Salón de Inventores de Bruselas por su tabla de planchar reversible, concebida para ser colocada sobre la mesa y elevable. Era regulable, buscando "Menos cansancio y más eficacia" al adaptarse a la estatura del usuario.

Fotografía de una tabla de planchar moderna y compacta.

Otros Inventos Relacionados: Limpieza en Seco

Asociado a la plancha está el invento de la limpieza en seco. En 1855, el regente de la primera lavandería con servicio de planchado en París, Monsieur Jolly, descubrió que tras caer un poco de esencia de trementina sobre una prenda que estaba planchando, la mancha desaparecía. Este "pequeño prodigio" contribuyó al desarrollo de una de las industrias importantes de nuestro tiempo.

Etimología de la Palabra "Plancha"

La palabra "plancha" no apareció en castellano con el significado que hoy tiene hasta el siglo XVII, época en que empezó a generalizarse su uso. Procede en última instancia de la voz "palanca", a su vez del latín "palanga" (rodillo). El verbo "planchar" no aparece antes de finales del siglo XVII.

El Legado de la Plancha

A modo de curiosidad, existen impresionantes colecciones de planchas de todas las épocas, como la del Castillo de Gochsheim, en Alemania, con más de 1300 piezas. Los objetos que se emplearon hace más de 100 años requerían de mucha destreza para utilizarlos; afortunadamente hoy existen aparatos con alta tecnología y muy ligeros con los cuales realizar esta labor. La plancha en la actualidad es considerada uno de los electrodomésticos imprescindibles en el hogar, permitiendo no solo mantener el orden, sino también lucir una buena imagen. Según la norma ISO 3758, en el etiquetado de los tejidos la temperatura ideal de planchado está indicada por uno, dos o tres puntos colocados dentro de un símbolo de plancha:

  • 1 punto: temperatura entre 70 y 120 °C.
  • 2 puntos: temperatura entre 100 y 160 °C.
  • 3 puntos: temperatura entre 140 y 210 °C.

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