La Construcción Política de la Identidad Indígena: El Caso Mapuche y la Demanda Territorial

Los pueblos indígenas han asumido un sitial entre los actores protagónicos de la política latinoamericana, especialmente durante las últimas dos décadas. Esto se ha logrado en base a su participación, organización y movilización social. Un repaso sucinto de la historia del continente permite encontrar una miríada de ejemplos de la manera en la cual los pueblos indígenas han resistido a la colonización, tanto hispana como de los Estados nacionales creados con posterioridad a las independencias. Sin embargo, en estas últimas décadas han logrado una presencia, participación e influencia casi inimaginables hace sólo unos años, caracterizándose muchas veces desde la literatura como una coyuntura de emergencia de los pueblos indígenas. Dicho aserto no deja de ser controvertido, toda vez que pareciera sugerir que previo a ese momento la expresión indígena movimental no hubiese existido.

La Emergencia Indígena y la Persistencia de la Dominación Colonial

Esta emergencia en el escenario político ha tenido como resultado la concreción de derechos y la presencia de la temática indígena en la agenda de gran parte de los países del continente. Sin embargo, estas transformaciones no han significado necesariamente un verdadero cambio en el modo en el cual muchos de los Estados latinoamericanos se relacionan con sus pueblos indígenas. Persiste una relación de dominación, expresión de lo que Aníbal Quijano denomina colonialidad del poder, plasmándose esta a nivel societal, político, económico, institucional e incluso en la cultura de los diferentes países latinoamericanos.

Esta relación de dominación no se circunscribe a lo teórico o epistémico, sino que también plantea un desafío multidimensional permanente y tangible a los indígenas del continente. De esta forma, desde el movimiento indígena se observa la elaboración de una teoría y práctica decolonial que puede evidentemente asumir formas diversas. Se reconstruye y construye un pensamiento descolonizado, y de la misma manera, resulta relevante la necesidad de descolonizar otros ámbitos del contexto en el cual se desenvuelven estos pueblos, a saber, la historia, las relaciones sociales y, por cierto, la política.

Esquema de la colonialidad del poder y sus manifestaciones en diferentes ámbitos sociales

El "Territorio" como Demanda Política Fundamental

En este artículo, se pretende profundizar en el conocimiento de una de estas aristas, intentando mostrar cómo la demanda y la lucha por el territorio no se limita solo a la disputa por un espacio físico, sino que es, por esencia, política. Para estudiar lo anterior, se ahondará en el caso del pueblo y el movimiento mapuche.

Este análisis se construye sobre dos premisas centrales: por un lado, se entiende que la política convencional es también un territorio a recuperar por parte del movimiento mapuche en Chile; y por otra, que no puede existir en el siglo XXI una democracia consolidada en el país que relegue o excluya a los pueblos indígenas de la política convencional y de las instituciones políticas. Se propone analizar el rol y la utilización de la política convencional por parte del movimiento mapuche. Debemos preguntarnos, ¿es posible hablar de territorio más allá de lo tangible, de la concepción occidental de propiedad privada?

El Caso Mapuche: Colonialismo Interno y Reivindicación Territorial

Verificada la invasión al territorio mapuche, el Estado de Chile instaura y consolida una relación de dominación para con este pueblo. Como el resto de los pueblos indígenas en el país, son asimilados y fagocitados por la idea de que en este nuevo Estado chileno solo cabe una nación. Se inicia de esta forma una dialéctica de dominado-dominador o colonizado-colonizador, donde los pueblos indígenas se llevan la peor parte en esta distribución del poder.

En términos concretos, al remitirse a la idea de colonialidad se estaría haciendo referencia a un proceso complejo multidimensional que persistiría aún en la actualidad, con manifestaciones concretas que exceden lo meramente racial o étnico. Es posible afirmar que la colonialidad se manifiesta “a través de la naturalización de jerarquías territoriales, raciales, culturales y epistémicas, posibilitando la reproducción de relaciones de dominación; este patrón de poder no solo garantiza la explotación del capital de unos seres humanos por otros a escala mundial, sino también la subalternización y obliteración de los conocimientos, experiencias y formas de vida de quienes son dominados y explotados”.

Colonialismo Interno y Exclusión Política

En Chile, lo expuesto tendría su expresión política en la poca presencia y relevancia de experiencias sistemáticas de participación de los indígenas y, concretamente, de los mapuche en la vida política convencional, institucional, electoral y, sobre todo, representativa del país. Es posible afirmar que se establece a contar de entonces -como lo ha referido el sociólogo mexicano Pablo González Casanova- una relación de colonialismo interno, una situación en la cual el pueblo indígena es una colonia en el interior del país.

Al aludirse a este concepto, se nos remite a relaciones sociales de dominio y explotación que se producen históricamente por la conquista de unos pueblos sobre otros. Concretamente, los pueblos de América Latina perdieron su autonomía, siendo en general considerados en una categoría inferior por debajo de naciones dominantes, además de no participar “en los más altos cargos políticos y militares del gobierno central, salvo en condiciones de “asimilados”. En la misma línea, Boaventura de Sousa Santos afirma la dificultad para el progresismo latinoamericano de soñar con el fin del colonialismo, siendo el anticapitalismo su único objetivo legítimo.

La colonialidad y el colonialismo interno ¿Cuáles son las diferencias?

La Lucha Mapuche por la Autonomía y el Territorio

No obstante lo afirmado, los pueblos indígenas del continente sí han logrado interpelar el colonialismo, extendiendo la incapacidad onírica planteada por de Sousa. Con mayor o menor éxito, el movimiento indígena en América Latina ha sido capaz no solo de soñar, sino que además de luchar en distintos ámbitos por confrontar este patrón colonial del poder, de enfrentar el colonialismo interno. Son estas relaciones de dominación las que son puestas en cuestión, confrontadas directa y diversamente por los movimientos indígenas del continente y, por supuesto, por el movimiento mapuche en Chile.

En este marco, existe un enfrentamiento con distintas instancias y momentos de confrontación, con avances y muchas derrotas, pero se pueden identificar logros interesantes del movimiento a pesar de la oposición sistemática desde el Estado chileno. Existen, por ejemplo, conceptos que a pesar de su argüible complejidad, se han asentado dentro del léxico común entre los militantes del movimiento mapuche.

Al igual que en el resto de América Latina, uno de los mayores logros ha sido el posicionamiento del concepto y la reclamación territorial y autonómica como central en el marco del conflicto, siendo esta “lucha por la autonomía uno de los principales discursos emanados desde el movimiento indígena a nivel continental, convirtiéndose en una utopía de libertad”.

Del Concepto de "Tierra" al de "Territorio" en el Movimiento Mapuche

Si concordamos con quienes plantean el nacimiento del movimiento mapuche a inicios del siglo XX, podremos ver cómo en su origen este se focalizó básicamente en dos problemáticas fundamentales. Por una parte, en el contexto de una atmósfera de gran violencia hacia los mapuche, las primeras organizaciones se abocaron a la defensa ante los atropellos y abusos llevados a cabo con posterioridad a la invasión chilena. Mientras que, por otra, se centraron también en la defensa y la lucha por la tierra; la oposición a la división de las tierras fue la principal bandera de lucha de las dos principales organizaciones mapuche de comienzos del siglo XX: la Sociedad Caupolicán y la Federación Araucana.

Desde la institucionalidad también se luchaba en este sentido, es así como podemos ver, por ejemplo, las palabras de Francisco Melivilu, primer mapuche electo diputado quien, desde el Congreso, ya en 1924 defendía de los abusos y despojo de tierras a los mapuche. Él denunciaba cómo se hacían escandalosas concesiones de tierras a señores que no colonizaban y, en cambio, se quedaban con los terrenos. Melivilu señalaba que estos terratenientes atropellaban a colonos nacionales y a los indígenas que vivían en esos terrenos. Más allá de detenernos en las similitudes con la actualidad o la diferencia clara y significativa que se establece en la declaración entre “nacionales” e indígenas, resulta interesante observar cómo ya desde comienzos del siglo XX se utiliza la institucionalidad como escenario de disputa en el marco del conflicto.

La reclamación con respecto a la recuperación de las tierras será central para el movimiento mapuche a lo largo de poco más de un siglo de historia, pudiéndose afirmar que representa la base del conflicto, que es “la demanda que sustenta las acciones reivindicativas de comunidades y organizaciones”.

Es durante la segunda mitad del siglo XX que surge la idea de territorio como concepto que excede lo que abarca la concepción de tierra; se empieza a insinuar en los setenta, pero adquiere su verdadera relevancia en los noventa. Como afirma Ramón Maiz, territorio resulta un elemento discursivo que procede de la reformulación de su previa definición campesinista como tierra. Sobre este basamento se desarrolla el concepto de territorio más en consonancia con la demanda autonómica, influyendo no solamente en los movimientos indígenas, sino también en instrumentos internacionales como el Convenio 169 de la OIT o la Declaración de derechos indígenas de la ONU.

Mapa histórico de la región mapuche antes y después de la ocupación chilena

En lo concerniente al movimiento mapuche, observamos también este indudable cambio cualitativo que ha significado el paso de demandas principalmente de reconocimiento cultural, por tierras o económicas, por aquellas que reivindican las exigencias de tipo autonómicas. A las demandas por tierra o de corte economicista, se agregan elementos de tipo nacional, de autodeterminación, de autonomía, además de demandas culturales. Se evoluciona de una exigencia por tierras usurpadas hacia una reclamación de tipo territorial y autonómica como derechos inalienables como pueblo.

Resulta importante señalar que no nos referimos a un tránsito lineal unívoco; muy por el contrario, la conformación reticular del movimiento mapuche permite ver una miríada de organizaciones con distintas reclamaciones. Sin embargo, la relevancia y centralidad que ha adquirido para aquellas parte de lo que se ha caracterizado como el movimiento mapuche autonomista o de resistencia en las últimas décadas es innegable. Es en este contexto en el cual predominan los conceptos mencionados. Son el resultado de un proceso de construcción y reconstrucción identitaria cuya matriz principal, aunque no única, está en la cultura mapuche, destacándose además la irrefutable conexión y relación existente entre estos.

Nociones de Territorio Indígena

La centralidad de lo territorial en las demandas mapuche y en el contexto del conflicto en concreto es innegable, pudiéndose encontrar en los planteamientos indígenas y la literatura, según Víctor Toledo Llancaqueo, al menos cinco nociones de lo que es territorio indígena, a saber:

  • Territorio como jurisdicción o una zona geográfica bajo control político indígena.
  • Como espacio geográfico de tierras a demarcar o restituir.
  • Como hábitat según la definición del Convenio 169 de la OIT.
  • Como biodiversidad y conocimientos indígenas sobre la naturaleza y su expresión de derechos de propiedad intelectual.
  • Por último, simbólicos e históricos, como una espacialidad socialmente construida vinculada a una identidad colectiva etnoterritorial.

Sea cual fuere la acepción utilizada, lo cierto es que es factible elucubrar, en base a la noción de territorio que emerge como marco interpretativo para los indígenas, dos ideas concomitantes con esta centralidad conceptual. Siguiendo a Tito Tricot, es dable establecer que desde el movimiento mapuche, cuando se hace referencia al territorio, se estaría aludiendo a un espacio que “constituye un universo de dominación configurando un mapa de relaciones de poder, habitado por la memoria, la identidad, el idioma y la vida mapuche en su conjunto”. Rememora pasado, pero construye futuro. Se asienta en cimientos mnemónicos, cosmovisionales y de cosmogonía; pero se agencia en el concepto y la praxis autonómicas, un constructo discursivo y dinámico que enmarca el actuar político de las organizaciones parte del movimiento.

Praxis Autonómica: La Recuperación Territorial como Estrategia

Una vez evidenciado el contexto endocolonial y la centralidad de la demanda territorial en el marco de los movimientos indígenas y del movimiento mapuche, resulta necesario para fundamentar el argumento sostenido al comienzo, clarificar la manera en la cual desde el movimiento mapuche se ha agenciado en la praxis esta idea autonómica. Pudiéndose aseverar que una de las formas más concretas y mediáticas ha sido mediante el repertorio de acción colectiva denominado como “recuperación territorial”.

Evolución de las Estrategias de Recuperación

Ejemplos de organizaciones tomando de facto tierras se pueden encontrar con anterioridad al periodo actual de democracia, específicamente durante la década de los setenta. La primera organización que adoptó luego de la transición democrática como parte de sus repertorios de protesta las recuperaciones territoriales fue el Consejo de Todas las Tierras. Esta organización, ya desde comienzos del nuevo régimen electo encabezado por Patricio Aylwin, sobre la base de tres ideas centrales -protagonismo de las autoridades tradicionales y las comunidades, el derecho al autogobierno y la reclamación de territorio-, inició procesos de recuperación que impactarían mediáticamente el Chile transicional, convirtiendo al Consejo de Todas las Tierras en la organización más visible de aquellos años. Pese a esto, José Mariman señalaba un par de años después que en lo concreto “no ha recuperado un gramo de tierra a favor del pueblo mapuche”.

Esta forma de actuar la retomaría unos años después la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM). Como han señalado varios autores, los hechos acaecidos en Lumaco en 1997 se convertirán en una coyuntura crítica, un punto de inflexión para el movimiento mapuche, iniciándose acá un nuevo momento que entre otras cosas vería acciones más directas y confrontacionales. En este escenario, la CAM, al dejar de lado las recuperaciones simbólicas que se habían visto en los noventa, comenzó a actuar mediante “recuperaciones efectivas, que posteriormente la CAM denominó, control territorial, propusieron otro camino para lograr la autodeterminación”. A esta nomenclatura se sumó también la idea que fue conocida como de “re... (el texto se corta aquí).

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