Los altoparlantes del metro en la Línea 4 anuncian: "Próxima Estación, Vicuña Mackenna". En un vagón se encuentran un músico y dos comerciantes ambulantes. Una de ellas, Ailine, ofrece bombones por $100, mientras Pamela vende vitaminas y chocolates. El cantante interpreta a todo volumen canciones de Luis Miguel, amplificado por un parlante. Al llegar a la estación Hospital Sótero del Río de la Línea 4, el cantante desciende. Ailine y Pamela, en tanto, continúan ofreciendo sus productos y conversan cada vez que se cruzan en los vagones.
La Rutina Diaria: Viaje por las Líneas del Metro
La estación Plaza Puente Alto marca el final del recorrido, y el chofer anuncia que "todos deben descender". Las dos comerciantes salen conversando y saludan a un grupo de vendedores que esperan al final del andén. Allí, deben esperar alrededor de 15 minutos, dependiendo de la cantidad de vendedores, en una fila improvisada para subirse a otro carro a vender sus productos. Esta de Plaza Puente Alto es una de las más de 20 filas distribuidas en todas las líneas del metro, en estaciones clave como Vicuña Mackenna, Franklin, Tobalaba, Irarrázaval, Plaza de Armas o Los Héroes.
A través de este sistema, los vendedores ambulantes se organizan, a espaldas de la administración del Metro, para dividirse los carros y así evitar la competencia entre ellos, buscando obtener mayores ganancias. Cuando un nuevo tren llega a la estación y es el turno de un vendedor, como el apodado "chino", este se despide entre bromas y entra al tren anunciando a viva voz sus productos.

La Organización Clandestina: El Sistema de "Filas"
El sistema de organización de los vendedores ambulantes en el metro es simple, aunque no oficial. Todas las líneas han sido divididas por tramos y al inicio de cada sector hay una "fila". Estas filas, en su mayoría, pasan inadvertidas entre la gente, pero con atención se pueden encontrar grupos de 4, 8 o hasta 10 vendedores ambulantes, dependiendo de la hora y el día, esperando su turno en los andenes. Así, cada vendedor aguarda pacientemente hasta que le corresponde un tren en el que puede subir a vender sin competencia.
Sin embargo, existen excepciones a esta regla de exclusividad. Puede haber más de un comerciante en el mismo tren, pero solo si los productos que ofrecen no son los mismos, lo que permite una coexistencia. Ejemplos de combinaciones aceptadas son chocolates y chicles; chicles y agua; o agua y parches curitas.
Acceso al Sistema: El "Apadrinamiento" y los Desafíos
Ailine, quien lleva cuatro años como comerciante en la Línea 4 del metro, explica que a pesar del orden, "aquí no es llegar y entrar a la fila. Esto es como una empresa privada y los choros no dejan entrar a cualquiera". Ella añade que en este negocio hay muchas familias enteras, incluyendo hermanos y primos, y si alguien desea ingresar, "tiene que llegar apadrinado de algún choro".
Ailine relata un caso reciente de un cubano que llegó al metro con la intención de vender. Este hombre "no tenía casa, trabajo y estaba solo en Chile, pero no lo dejaron entrar porque ya somos muchos trabajando y hay algunos que piensan que este negocio es de ellos". Una trabajadora de aseo de la estación Plaza Puente Alto, que prefiere mantener su identidad en reserva, afirma que los comerciantes "se tomaron el lugar". Ella asegura haber escuchado a un vendedor de chocolate decir que en un día gana $50 mil, lo que explica por qué no permitirían que otros les quiten el negocio.

Dinámica Interna y Conflictos: El "Orden del Más Fuerte"
La tensión y las jerarquías son parte de la dinámica en este entorno. Pamela cuenta un episodio donde gritó a un joven con una caja de chocolates: "¡Ponte a la fila entonces!", a lo que él respondió con un chasquido y siguió caminando. Pamela advierte que "ese choro no está ni ahí con el orden, pero se va a pillar con uno más choro que le va a poner la puñalada". Pamela, quien vende en el metro desde hace cinco años tras ser abandonada por su marido, explica que las filas nacieron para evitar las peleas entre los vendedores, especialmente cuando la cantidad de ambulantes en el metro comenzó a crecer.
Existen dos tipos de filas: la de los vendedores ambulantes y la de los músicos, siendo estas últimas "mucho más tranquilas", según Pamela. Aunque ella y Ailine ofrecen chocolates, decidieron subir juntas a vender para "cuidarse si hay peleas". Ailine añade que si un vendedor nuevo se sube en una estación sin fila, "le van a decir en buena que así no funciona la cosa, pero cuando se repite es que empiezan los conflictos. Tampoco es que la puñalada ande gratis".
Vagoneros hacen del Metro un mercado sobre ruedas
Rentabilidad y Preferencias de las Líneas
El "chino" es uno de los vendedores que hace fila todos los días en la Línea 4. Su historia de vida en el comercio ambulante comenzó a los 12 años, después de ser echado de su casa. Pasó de vender helados en la calle a plumillas, y finalmente encontró en el metro un negocio más rentable. Él se describe como una persona tranquila y asegura que, si bien hay filas en todas las líneas del metro, no todas son iguales.
Según el "chino", "La 4, la 5 y la 4A son las mejores para trabajar, porque hay menos seguridad y el negocio deja más lucas, pero ya están tomadas. En las otras líneas no se respeta tanto las filas como acá". Después de poco más de dos horas de trabajo, Ailine y Pamela salen del metro alrededor de las 13:30 para reabastecerse. Se dirigen a una fábrica de golosinas cercana en Puente Alto y compran bombones y chocolates al por mayor. No tienen un horario fijo, trabajan hasta alcanzar su "cuota" del día, que suele ser de $30 mil.

La Interacción con la Seguridad del Metro
Los vendedores ambulantes han desarrollado estrategias para lidiar con la seguridad del Metro. Ailine y Pamela relatan que la mayoría del tiempo los guardias las dejan vender tranquilas y que ellas ya saben cuándo les dan la orden de sacar a los ambulantes. Pamela afirma: "Cuando los guardias están en el andén en la línea amarilla es que están de sapos y significa que a la estación siguiente está lleno de guardias por los dos lados".
Asegura que cuando eso sucede no tienen nada que hacer porque "cuando el tren llega, el guardia ya sabe cómo andas vestido y te pesca y te saca". Por su parte, Ailine comenta que los guardias les dicen que es "por un rato no más, porque los mandan y nos piden que dejemos de andar todos juntos", lo que sugiere una dinámica de obediencia temporal a las directrices de seguridad.
