La curación del jamón es un proceso meticuloso y tradicional que implica la conservación de la carne de cerdo mediante la salazón y el secado controlado. Este proceso se lleva a cabo en varias etapas, cada una de las cuales contribuye de manera significativa al desarrollo de los sabores y la textura característica del jamón. La clave de la curación está en el tiempo y la paciencia.
Fases de la Curación del Jamón
La elaboración del jamón, ya sea serrano o ibérico, consta de varias fases fundamentales que transforman la pieza de cerdo en un manjar apreciado. Estas etapas son esenciales para garantizar la conservación, el desarrollo del sabor, aroma y textura característicos.
1. Preparación Inicial
Antes de iniciar el proceso, los jamones deben tener una temperatura interior máxima de 3 grados Celsius. Además, se someten a presión para evacuar toda la sangre que pudiera quedar en la pieza, lo cual podría estropear el producto final. La matanza del cerdo, momento que en muchos lugares era todo un acontecimiento, se hacía coincidir con el 11 de noviembre, día de San Martín en la religión católica, de ahí el dicho popular: ‘A todo cerdo le llega su San Martín’.
2. Salazón
Esta es la primera etapa importante en el proceso de curación. Consiste en cubrir el jamón o paleta con sal marina. La sal actúa como un conservante natural, extrayendo la humedad de la carne a través de un proceso de ósmosis y creando un ambiente hostil para las bacterias. El tiempo que el jamón pasa en salazón varía según el peso de cada pieza y las condiciones específicas de cada secadero. Las condiciones de temperatura, humedad y ventilación de la cámara de salado deben ser óptimas para:
- Evitar el desarrollo de microorganismos.
- Evitar la desecación externa del jamón o paletilla, que impediría la penetración de la sal hacia el interior de la pieza.
Durante la salazón, el jamón adquiere su color y aroma típicos. La sal penetra en la carne, impartiendo sabor y preservando la textura característica del jamón.

3. Lavado y Cepillado
Tras el proceso de salazón, los jamones se someten a un proceso de lavado y posterior cepillado. Este paso sirve para eliminar la sal sobrante de la superficie del jamón. Las piezas ya habrán absorbido la cantidad de sal que necesitan, y no se desea un exceso de salado. El lavado se realiza con agua templada, y se cepilla para eliminar cualquier resto adherido. Este proceso inhibe el crecimiento de microorganismos, produce el aroma y sabor característico del jamón y ayuda a eliminar el agua superficial.
4. Reposo (Post-Salado)
También llamada fase de post-salado o asentamiento, durante esta etapa los jamones se mantienen a una temperatura controlada, que oscila entre los 0 y los 6 grados Celsius, durante un mínimo de 40 días. El objetivo es que la sal se distribuya de manera homogénea en el interior de cada pieza. En esta fase, la sal y los nitrificantes continúan introduciéndose homogéneamente por el interior de la pieza, inhibiendo el crecimiento microbiano y canalizando los procesos bioquímicos de hidrólisis responsables de producir el aroma y sabor característicos del jamón. Es un momento de transición, pero no por ello menos importante, donde se busca la distribución homogénea de la sal en el interior del jamón.

5. Secado y Maduración
En esta fase se produce la deshidratación gradual de los jamones. El secado es el tratamiento mediante el cual se reduce la cantidad de agua presente en los jamones y paletas. Durante esta etapa, tiene lugar el llamado ‘sudado’ del jamón, un proceso natural de fusión de parte de las grasas del tejido graso. El ‘sudado’ marca el final del secado y el inicio del periodo de maduración. La grasa comienza a fundirse de forma natural, infiltrándose en la carne y distribuyéndose en las fibras musculares, aportándole esa jugosidad y textura. La temperatura se sube muy levemente y se controla la humedad. En esta fase prosigue la deshidratación paulatina del producto y el sudado de parte de las grasas. Se controla que la temperatura no exceda de 34º Celsius y la humedad relativa se encuentre en valores entre el 60% y el 80%.
6. Envejecimiento (Afinamiento)
Esta es la última fase, que dura el tiempo necesario para completar el proceso. Los jamones terminan de adquirir sus propiedades organolépticas, gracias a procesos bioquímicos naturales. Es una fase de afinamiento, con el fin de que el jamón adquiera sus propiedades tan características de sabor, olor, color y textura. Las piezas se mantienen en la bodega natural donde se controlan las condiciones de temperatura y humedad. Durante esta fase, el jamón pierde humedad de manera progresiva y controlada. Al mismo tiempo, la grasa empieza a reblandecerse y a integrarse mejor en el conjunto, desarrollando aromas más profundos y un perfil gustativo más complejo.

Factores que Influyen en el Tiempo de Curación
El tiempo necesario para curar un jamón puede variar significativamente según varios factores, como el tipo de pieza, la calidad de la carne, las condiciones de curación y el resultado deseado. La curación es un proceso que no puede improvisarse; hace falta experiencia, control y una lectura muy fina del comportamiento de cada pieza. No todos los jamones evolucionan igual, aunque procedan de animales similares.
Tipo de Jamón
- Jamones Ibéricos: Considerados de alta calidad, tienen un proceso de curación más largo. El jamón ibérico de bellota, uno de los más apreciados, a menudo se cura durante al menos 36 meses, y algunos ejemplares pueden llegar a curarse durante 48 meses o más.
- Jamones Serranos: Se pueden considerar curados a partir de los 210 días (aproximadamente 7 meses), pero es más habitual encontrarse piezas de 9 a 18 meses.
El jamón ibérico de cebo de campo puede ofrecer una mayor complejidad aromática y una evolución algo distinta, por lo que la curación debe adaptarse al comportamiento de la pieza. En el caso del jamón ibérico de bellota, la calidad de la materia prima y el perfil de la grasa hacen que la curación cobre aún más protagonismo. La paleta ibérica se cura más rápido porque es una pieza más pequeña y con otra estructura anatómica.
Peso y Morfología
El peso y la morfología del jamón también condicionan el proceso. Una pieza grande necesita más tiempo para curarse bien, ya que la penetración de la sal, la pérdida de humedad y la maduración interna avanzan de forma más lenta.
Grasa Infiltrada
La grasa infiltrada protege la carne, aporta jugosidad y funciona como soporte de muchos compuestos aromáticos. La raza ibérica tiene una capacidad única para infiltrar grasa en el músculo, lo que influye en la jugosidad, el aroma y la textura característica del jamón. La alimentación del cerdo influye directamente en el perfil graso y, por tanto, en la evolución del jamón durante su curación.
Condiciones Ambientales
La temperatura y la humedad son cruciales. La temperatura influye en la velocidad a la que se producen ciertos cambios dentro del jamón. La humedad, por su parte, regula cómo se pierde el agua. Si el ambiente es demasiado seco, la superficie puede endurecerse demasiado pronto.
Características de un Jamón Bien Curado
Saber si un jamón está bien curado requiere una combinación de observación visual, olfativa y gustativa. El maestro calador es la persona encargada de supervisar cuidadosamente la evolución del proceso y determinar el momento exacto en que el jamón está listo para ser disfrutado. Certifica la calidad de cada pieza evaluando su forma, textura firme y uniforme, y realizando una cala para examinar la maduración interna.
Aspecto y Textura
- Color de la carne: Debe tener un color uniforme y atractivo. En el jamón serrano, suele ser de un tono rosa pálido a rojo oscuro. En el jamón ibérico de bellota, la carne puede ser más oscura.
- Grasa: La grasa que cubre el jamón debe tener un color amarillo dorado o beige.
- Textura: La superficie de la carne debe sentirse firme y seca al tacto, pero no dura como una roca. Debe ser flexible y agradable al paladar. La loncha no puede parecer rígida ni correosa, ni resultar excesivamente grasa o pesada.
- Vetas de grasa: En el jamón ibérico de bellota, se buscan vetas de grasa intramuscular que se distribuyan uniformemente por la carne.
Aroma y Sabor
- Olor: Un jamón bien curado debe tener un aroma característico, agradable y ligeramente dulce. Las notas deben ser limpias, elegantes y profundas.
- Sabor: Debe ofrecer equilibrio entre sal, dulzor, umami y persistencia.
La curación del jamón es la etapa que transforma una buena materia prima en un producto con identidad, profundidad y un enorme valor gastronómico. Es el proceso mediante el cual el jamón evoluciona desde su estado inicial hasta alcanzar el punto óptimo de consumo.
Conoce el proceso de curación del jamón ibérico
El Jamón Ibérico vs. Jamón Serrano
Las principales diferencias entre el jamón ibérico y el jamón serrano se encuentran en la alimentación y crianza de los cerdos, lo que influye significativamente en el sabor final. Otra gran diferencia es el tiempo de curación de estas piezas: el jamón ibérico se cura, de media, unos 36 meses, frente a los 9-24 meses del jamón serrano. El jamón serrano es una variedad de jamón que se obtiene a partir del cerdo blanco y que tiene también mucha tradición en la Dieta Mediterránea. La denominación jamón serrano está protegida como Especialidad Tradicional Garantizada (ETG) por el Reglamento de la Unión Europea 2082/92.
Propiedades Nutricionales del Jamón Serrano
En cuanto a sus propiedades nutricionales, en el jamón serrano destaca su alto contenido en vitaminas del grupo B (B1, B2, B3 y B6), así como la vitamina D. También es fuente de ácidos grasos y rico en ácido oleico, que ayuda a prevenir el colesterol malo (LDL).