Los dulces de yema de huevo son una delicia que trasciende fronteras, encontrándose desde la Península Ibérica hasta países tan lejanos como Tailandia. Su historia está profundamente ligada a prácticas culinarias y sociales antiguas, evolucionando hasta convertirse en iconos de la repostería y la gastronomía mundial.
Historia y Origen de los Dulces de Yema
Tradicionalmente, se pensaba que los dulces de yema eran exclusivos de España, Portugal y de la dulcería de algunos países americanos. Sin embargo, su presencia en Tailandia, documentada por la investigadora Su-Mei Yu en su artículo "Dulces tailandeses a base de huevo: La leyenda de Thao Thong Keap-Ma", revela una historia más compleja y global.
La Llegada a Tailandia: El Legado de María Guiomar da Pinha
En Tailandia, los dulces de yema son conocidos por nombres como Thong yib, foy thong, med khanoon y thong yawd. Su característico color dorado "simboliza la victoria y la riqueza", y su sabor dulce "promete dulzura y felicidad", haciéndolos imprescindibles en fiestas y bodas, según Su-Mei Yu.

Estos dulces llegaron a Tailandia en el siglo XVII de la mano de María Guiomar da Pinha, una mujer de familia luso-japonesa. Ella huyó de las persecuciones contra cristianos en Japón y se casó con Constantinos Phaulcon, quien ascendió a consejero del rey Narai el Grande, integrándose en la alta aristocracia política de Ayyuthaya, la capital de Siam.
Tras la caída en desgracia y ejecución de Phaulcon en 1688, María Guiomar da Pinha fue encarcelada y separada de su hijo, pero finalmente fue liberada para trabajar en las cocinas del palacio del nuevo rey. Desde allí, logró alcanzar una posición semejante a jefa de las cocinas e introdujo estos dulces que su familia había traído desde Japón, aprendidos a su vez de misioneros portugueses y españoles.
Los Orígenes Peninsulares: Vinos y Convento
Para comprender la historia de estos singulares dulces, es necesario regresar más atrás en el tiempo, a la Península Ibérica. Una costumbre antigua era la clarificación de los vinos mediante la clara de huevo. Las yemas, un subproducto resultante, eran aprovechadas en los obradores de zonas vinícolas.
Esta práctica, también arraigada en Francia, donde las yemas se utilizaban para el engorde de la ternera lechal, no implicaba el uso de azúcar refinado, esencial para los jarabes de alta densidad requeridos en esta confitería, ya que no disponían de este ingrediente.
Hacia el siglo XII, en Córdoba, el desarrollo del alambique (aparato de origen chino) permitió obtener el alcohol etílico, o 'espíritu del vino'. Este avance fue fundamental para un aumento espectacular en la producción de vinos en España y Portugal.
El éxito de Los dulces del convento.
En el siglo XVI, la mejora en las naves y la navegación facilitó la exportación de vinos a través de las rutas atlánticas. Para evitar que las bebidas se "marearan" en los viajes marítimos, se descubrió que encabezar los vinos con destilados aumentaba su calidad y grado alcohólico, evitando su deterioro. Esto impulsó la producción de vinos del Guadalquivir y del Duero, incrementando consecuentemente la cantidad de yemas disponibles como subproducto para surtir mercados como Gran Bretaña y las colonias europeas.
Así, la combinación del azúcar refinado traído por los hispano-musulmanes y el descubrimiento cordobés del alcohol en el siglo XII, sentó las bases para el desarrollo de estos dulces peninsulares, cuya creación se desvinculó de la cultura culinaria árabe o judía.
Primeras Noticias y Viajes a América
A mediados del siglo XX, el profesor Tovar encontró en los archivos de la Universidad de Salamanca una descripción de dulces de yema del siglo XVI. Estos dulces eran servidos por los doctorandos para agasajar a los examinadores al final de sus banquetes. Consistían en ximbos o capuchinas, cortados en pastelillos, recubiertos de mazapán, espolvoreados con azúcar y con un toque quemado.
La capuchina en formato pequeño es el antiguo ximbo o chimbo, que se prepara con un batido muy subido de yemas, cocido en moldes en horno moderado, y luego empapado en un almíbar hirviente.
Los Quimbos de América
Hoy, estos dulces son los quimbos de Argentina, un postre con aires religiosos que endulza paladares desde tiempos coloniales. Se elaboran con azúcar, yemas y alcohol, manteniéndose en el recetario nacional y ascendiendo en el escalafón culinario.

Los huevos quimbos no son una creación local, sino que nacen en los conventos españoles y portugueses, donde las claras de huevo eran muy demandadas para clarificar vino o almidonar prendas. Las yemas, al ser un subproducto abundante, se utilizaron para crear postres como la ambrosía y, posteriormente, los codiciados huevos quimbos.
Estas "criaturitas bañadas en licoroso almíbar" eran una delicia selecta para superiores eclesiásticos y se obsequiaban a los benefactores de las religiosas. Al igual que otros platos, los huevos quimbos desembarcaron en América con los conquistadores, consolidándose en la época colonial en países como Argentina, Chile, Perú, Brasil, Colombia, Venezuela, Guatemala, Nicaragua y México, cada uno con sus matices propios.
El secreto clave en todas las variantes es el batido intenso de las yemas. La receta de los huevos quimbos es sencilla: separar las yemas con cuidado, verter la preparación en moldecitos enmantecados hasta la mitad, cocinar en horno moderado (7-10 minutos) hasta que crezcan y doren, y comprobar la cocción con un palillo. El almíbar se prepara con azúcar, agua, esencia de vainilla y un toque de ron, whisky, coñac o brandy. Los budincitos cocidos se ahogan en el almíbar caliente hasta que se inflen y absorban el sabor.
Para convertirlos en "masas finas", se pueden coronar con chantilly, dulce de leche o una cerecita.
La Yema de Huevo: Composición, Propiedades y Mitos
La yema de huevo es una parte esencial del huevo, llevando en su centro el disco germinal y el vitelo, y suspendida por las chalazas. El disco germinal es el núcleo celular antes de la fecundación, donde se desarrolla el embrión. El vitelo es una reserva de nutrientes del citoplasma del óvulo originario.
Propiedades Nutricionales
La yema de huevo es una fuente importante de vitaminas y sales minerales. Contiene prácticamente toda la vitamina A, D y E del huevo, siendo uno de los pocos alimentos que aportan vitamina D de forma natural. Una yema grande tiene aproximadamente 60 kcal (250 kJ), mientras que la clara tiene unas 15 kcal (60 KJ).

La yema constituye la tercera parte del peso total del huevo y su función biológica es aportar nutrientes y calorías. Su característico color amarillo se debe a la presencia de carotenoides, ricos en vitamina A. Además, contiene:
- Vitaminas: B, B12, D y K.
- Minerales: Calcio, sodio, hierro, potasio.
- Ácidos grasos: Insaturados omega 3 y 9.
- Otros compuestos: Colina, luteína, zeaxantina, lecitina y un alto contenido en antioxidantes.
Estos componentes son esenciales para una buena salud y pueden incorporarse fácilmente en diversas recetas con yema de huevo. Es importante destacar que el color de la yema (más pálida o más intensa) no afecta su composición nutricional, ya que depende de factores como la alimentación del animal o su salud intestinal.
Mitos sobre el Consumo de Yema
Existe la creencia común de que el consumo excesivo de huevo puede conducir a la hipercolesterolemia. Sin embargo, esta hipótesis ha sido rechazada en los últimos tiempos, ya que el metabolismo del colesterol implicado en su regulación es endógeno y no está especialmente influido por la ingesta de huevo, sino más bien por las grasas saturadas que a menudo lo acompañan en otros alimentos.
La Yema como Emulsionante
La yema de huevo fue el emulsionante preferido desde la antigüedad y hasta mediados del siglo XIX para confeccionar las pinturas de temple o témpera. Para ello, se mezclaban homogéneamente los pigmentos molidos con la yema de huevo hasta obtener la coloración deseada.
Técnicas para Separar y Almacenar Yemas
En muchas recetas, es necesario separar las yemas de las claras. Aquí se presentan algunas técnicas:
Cómo Separar la Yema de la Clara
- Con la cáscara: Rompe el huevo con un golpe suave y ve pasando la yema de una mitad de cáscara a la otra, dejando que la clara caiga en un recipiente. Si cae un trozo de cáscara, recógelo con otra mitad.
- Con las manos: Rompe el huevo y vierte el contenido en la palma de tu mano limpia, dejando que la clara se escurra entre tus dedos.
- Con una botella: Rompe el huevo sobre un plato. Aprieta ligeramente una botella de plástico vacía y limpia, coloca la abertura sobre la yema y suelta para absorberla.
El éxito de Los dulces del convento.
El color característico del carotenoide xantofila también contribuye a que las recetas con yemas de huevo tengan un atractivo color amarillo y dorado, el cual se conserva a través de la cocción, horneado y congelación.
Cómo Almacenar las Yemas
Las yemas de huevo se pueden almacenar en el refrigerador durante 2 a 4 días. Para mantenerlas frescas y preservar su textura, colócalas en un recipiente y cúbrelas con agua. Escúrrelas antes de usar.
Si se planea usarlas en un plazo más largo, se pueden congelar hasta por un año. Para evitar que la yema se espese o pierda viscosidad, se aconseja mezclarla con una pizca de sal o ½ cucharadita de azúcar o jarabe de maíz antes de congelar.
Recetas Destacadas con Yema de Huevo
Las yemas de huevo ofrecen una versatilidad increíble en la cocina, permitiendo crear desde salsas hasta postres. Aquí algunas ideas:
Salsas y Platos Salados
Las yemas de huevo son un ingrediente fundamental en varias preparaciones saladas, aportando cremosidad y sabor.
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Salsa Holandesa
Esta famosa salsa, de origen francés, es una base culinaria esencial. Se elabora con yemas de huevo, mantequilla y un toque de zumo de limón, siendo el acompañamiento ideal para pescados, mariscos, verduras y el ingrediente principal de los huevos benedictinos.
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Steak Tartare
Un plato tradicional para los amantes de la carne cruda. El steak tartare o bistec tártaro combina carne de vacuno cruda con cebollas, pimientos, alcaparras y una yema de huevo, junto con otras especias que le confieren un sabor único.
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Pasta Carbonara
En su versión italiana más tradicional, la pasta carbonara se elabora utilizando únicamente la yema de huevo. Las yemas se baten con queso rallado, sal y pimienta, logrando una salsa intensa y una textura perfecta para la pasta.
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Mayonesa
La mayonesa es una emulsión de grasa y agua donde la yema de huevo juega un papel clave como un excelente emulsionante natural, uniendo estas dos fases para crear la salsa cremosa que conocemos.
Postres y Dulces Icónicos
La repostería española e internacional ofrece una gran variedad de dulces donde la yema de huevo es la protagonista.
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Sabayón o Sambayón
Un postre italiano con pocos ingredientes, ideal para rellenar tartas o disfrutar directamente en copa. Es una preparación espumosa y dulce a base de yemas.
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Yemas de Santa Teresa
Uno de los dulces más famosos de la repostería española. Se preparan cociendo agua, piel de limón y azúcar hasta obtener un almíbar a punto de hebra fina (105ºC). Las yemas batidas y coladas se vierten lentamente sobre el almíbar caliente, mezclando hasta ligar. Luego, la mezcla se cuece a fuego suave sin dejar de batir hasta que espese y se despegue de las paredes. Una vez fría, se bolea suavemente (engrasando las manos con aceite vegetal) y se reboza en azúcar glasé. Se recomienda servirlas como petit four junto con café o infusión.

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Yemas de Ronda o del Tajo
En Ronda (Málaga), las yemas son un estandarte gastronómico. Su origen, aunque incierto, se relaciona con las bodegas y conventos locales. Los bodegueros ofrecían las yemas, subproducto de la clarificación del vino blanco, a las monjas para que las utilizaran en sus dulces. Esto explica la existencia de productos similares en otras ciudades vinícolas como Ávila o Jerez de la Frontera (con el tocino de cielo).
La receta básica de las Yemas de Ronda implica un jarabe de agua y azúcar sobre el que se vierten las yemas declatadas (a unos 72 grados). La mezcla se cuece con calma. Algunas casas añaden un toque de anís (confitería Daver) o agua de azahar (Rafael Pimentel en El Califa), e incluso brandy (Las Campanas). Una vez fría, la masa se introduce en una manga pastelera o se forman bolitas con una cuchara, que luego se embadurnan en azúcar glas.
Las Yemas del Tajo son una denominación patentada por el establecimiento Las Campanas, que hace referencia al icónico puente de Ronda. Preparan más de 2.000 al día y son tan apreciadas que incluso se sirven como postre en restaurantes con estrellas Michelin.
