¡Qué crimen hundir entrañas en las propias entrañas, engordar con avidez el propio cuerpo con otro cuerpo, y vivir de la muerte de un ser vivo como nosotros! Estas palabras, que hoy podrían sonar a la narrativa de un activismo en auge, en realidad no son nuevas. No son el eslogan de una marca moderna de productos plant-based ni una declaración en redes sociales; son una frase atribuida al mismísimo Pitágoras.
Cuando hablamos de vegetarianismo, nos referimos a una dieta que excluye el consumo de carnes, pescados y mariscos. Quien la mantiene puede, sin embargo, consumir derivados de productos animales como la leche, los huevos o la miel. En la actualidad, existen diferentes tipos de vegetarianismo, que varían según los alimentos permitidos:
- Los lacto-vegetarianos comen lácteos, pero no huevos.
- Los ovo-vegetarianos comen huevos, pero no lácteos.
- También se puede ser ovolácteo-vegetariano.
Por su parte, las personas veganas omiten también estos productos derivados. En todos los casos, la conciencia puede ir más allá de la alimentación, extendiéndose a un compromiso ético más amplio.
El recorrido de estas prácticas dietéticas es mucho más largo de lo que se podría pensar. Según estudios y evidencias escritas, este régimen se remontaría al menos hasta la Antigüedad, incluyendo tanto el vegetarianismo como el veganismo. Pitágoras fue uno de los impulsores de estas dietas en aquel momento.

Pitágoras: Filósofo, Matemático y Pionero Ético
Filósofo, matemático, reformador religioso y científico, a Pitágoras se le conoce principalmente por su famoso teorema. No obstante, sus aportaciones van mucho más allá.
Originario de Samos, nacido en torno al año 570 a.n.e., su vida sigue siendo un misterio rodeado de leyendas. Ha cosechado elogios de los más grandes pensadores: Heródoto lo describió como "una de las mentes más grandes de Grecia", y Hegel lo consideró "el primer maestro universal". Su influencia no se limita a la geometría euclidiana, sino que también es recordado por sus trabajos sobre música y cosmología, así como por su doctrina de la transmigración de las almas, una idea muy próxima a la noción moderna de la reencarnación.
Además de su trabajo teórico, Pitágoras fundó una escuela de pensamiento en la ciudad italiana de Crotona, tras viajar por Egipto, Siria, la India y Babilonia. En esta escuela, sus seguidores adoptaron un estilo de vida disciplinado y una particular ética alimentaria.
La Dieta Pitagórica: Ética y Mandamientos
Según los análisis de varios escritos antiguos, es muy probable que Pitágoras fuera uno de los mayores precursores del movimiento vegetariano, o incluso vegano. No son escritos cualquiera, sino textos firmados por figuras como Platón (quien también pudo seguir una dieta basada en vegetales y a quien se atribuye la frase "los dioses crearon ciertos tipos de seres para rellenar nuestro cuerpo… Son los árboles, las plantas y las semillas"), Séneca u Ovidio.
Según estos y otros pensadores que bebieron del griego, Pitágoras habría mostrado siempre una gran dulzura con los animales, deplorando la violencia humana hacia ellos. Sus seguidores debían seguir una serie de reglas estrictas conocidas como "mandamientos pitagóricos": la abstinencia de carne animal, la observancia del silencio, la práctica de la meditación y la justicia para todos los seres vivos, independientemente de su especie. Así, sus seguidores afirmaban poder vivir sin quitar la vida.

La Unión Vegetariana Universal (IVU) explica que "la ética pitagórica se convirtió primero en una moral filosófica entre los años 490 y 430 a.n.e. con el deseo de crear una ley universal y absoluta incluyendo una orden de no matar 'criaturas vivas', abstenerse de la 'desagradable matanza estridente', en particular sacrificios de animales, y 'nunca comer carne'". Tan conocida fue esta práctica que pronto cualquier dieta sin carne se pasó a denominar "dieta pitagórica".
Según Ovidio en su Metamorfosis, Pitágoras decía y recalcaba que "los animales comparten con nosotros el privilegio de tener alma", por lo que debían vivir con los mismos derechos que los seres humanos. En este sentido, el filósofo también condenó la caza, confesando que le repelían particularmente "las masacres sangrientas", e incluso evitaba usar ropa de cuero o de lana.
En la Antigua Grecia, el desarrollo moral de la humanidad era el camino hacia la trascendencia, lo que implicaba llevar una vida comprensiva, justa y alejada del maltrato y la dominancia. Como señalan Joan Boluda y Joseph de la Paz en su pódcast Veganismo, "en un tiempo en el que las palabras 'vegetariano' o 'vegano' no existía, nos encontramos con alguien que no solo aplica estos principios, sino que los difunde en forma de escuela filosófica a todos sus seguidores".
De hecho, hasta la creación del término "vegetariano" en 1815, aquellos que evitaban la carne eran llamados "pitagóricos", en honor a su filosofía.
Según algunas fuentes históricas, Pitágoras exigía a sus estudiantes seguir una dieta estricta, y en algunos casos, también sin productos de origen animal. Se dice que antes de ingresar a su escuela, los estudiantes debían ayunar durante 40 días para purificar tanto su cuerpo como su mente.
La doctrina de la familiaridad entre los hombres y los animales se apoyaba en la teoría de la transmigración de las almas o metempsicosis, según la cual las almas son inmortales y pueden reencarnarse indistintamente en cuerpos de seres humanos y animales. Esta teoría se fundamentaba en el hecho de que seres humanos y el resto de los animales comparten la facultad de la sensibilidad. La anécdota cuenta que Pitágoras le pidió al dueño de un perro que dejara de maltratar a su mascota, pues en ella se había reencarnado un viejo amigo suyo, al que había reconocido por la voz de sus gemidos.
Visiones y Discrepancias sobre el Vegetarianismo Pitagórico
Sin embargo, hay discrepancias entre los historiadores acerca del tipo de abstención dietética de Pitágoras. Según Eudoxo, Pitágoras "no solo se abstenía de alimentarse de animales, sino que tampoco se acercaba a los carniceros y a los cazadores", sugiriendo razones morales para su abstinencia.
Por otro lado, Aristóteles nos informa de que "los pitagóricos se abstienen de comer el útero y el corazón, pero sí que comen los demás alimentos animales", lo que podría indicar una concepción religiosa donde ciertas partes o especies eran consideradas sagradas o impuras.
Además de la carne, los pitagóricos también se abstenían de comer ciertos frutos como las habas. Esta prohibición fue objeto de burla en la época debido a la capacidad de las habas para generar gases. Aristóteles especula que el motivo se debía a la creencia pitagórica de que las habas eran un "fruto del infierno". Curiosamente, la medicina contemporánea ha encontrado un fundamento racional en esta prescripción: las habas contienen compuestos oxidantes como la vicina, que pueden desencadenar una crisis hemolítica severa en personas con deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, una enfermedad conocida como favismo, endémica en la región mediterránea donde se expandió la filosofía pitagórica.
El Resurgimiento y la Huella del Pensamiento Pitagórico
La evidencia de personas que optaron por evitar los productos animales se remonta a más de 2500 años. Ya en el año 500 a.C., Pitágoras promovió la benevolencia entre todas las especies y siguió lo que hoy describiríamos como una dieta vegetariana. Es considerado el primer vegetariano prominente en Occidente, y la "dieta pitagórica" se estableció como el término de referencia para una alimentación sin carne durante siglos.
Desde entonces, el número de personas que adoptan estas dietas ha ido en aumento. Por ejemplo, en España, un informe de 2017 detectó que el 7,8% de la población adulta basaba su alimentación en vegetales; en 2019, esa cifra subió al 9,9%, y en 2021, el estudio más reciente encontró que hasta un 34% se reconocen como vegetarianos o veganos, representando el 13% de la población adulta.
La Eternidad de un Mensaje
Más de dos milenios después, el mensaje de Pitágoras resuena con una vigencia sorprendente, recordándonos su profunda reflexión sobre el consumo de carne y la relación de la humanidad con el resto de los seres vivos:
¡Qué crimen hundir entrañas en las propias entrañas, engordar con avidez el propio cuerpo con otro cuerpo, y vivir de la muerte de un ser vivo como nosotros!
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