Litio: Usos, Indicaciones y Consideraciones Clínicas

El litio es un medicamento de receta médica utilizado principalmente en psiquiatría. Este elemento, conocido hoy en día también por su empleo en las baterías de los móviles, es un tratamiento médico crucial para diversas condiciones mentales. Se administra en forma de sales de litio, siendo un elemento químico cuyo símbolo es Li y número atómico 3. Es el metal más ligero de la tabla periódica y muy reactivo, por lo que no se encuentra en su forma elemental, sino en forma de sales o minerales.

A pesar de ser moderadamente abundante en nuestro planeta, el litio es prácticamente indetectable en el organismo humano. Esto significa que los niveles de litio en sangre de una persona sana son de 0 mEq/L, ya que no es una sustancia que el cuerpo humano o el cerebro necesiten para funcionar correctamente de forma natural.

Historia y Descubrimiento

El descubrimiento del litio como estabilizador del ánimo y antimaniaco se atribuye al psiquiatra australiano John Cade en 1949. Cade, mientras investigaba la relación entre los episodios maníacos y la función tiroidea en un hospital psiquiátrico de Melbourne, observó que el litio producía sedación en cobayas. Publicó los resultados de sus experimentos controlados en un documento titulado "Las sales de litio en el tratamiento de excitación psicótica", que fue publicado en el Diario Médico de Australia.

Su descubrimiento fue notable, considerando los métodos crudos e invasivos de tratamiento, como descargas eléctricas y lobotomías, que prevalecían en esos momentos para los trastornos mentales. Las sales de litio abanderaron la revolución psicofarmacológica que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX, ayudando a consolidar la diferenciación entre la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Esquema de las vías neuronales afectadas por el litio en el cerebro

¿Para qué se Receta el Litio? Indicaciones Clínicas

Las sales de litio se utilizan fundamentalmente como estabilizador del estado de ánimo. El litio es el tratamiento de primera elección para la prevención de recaídas, tanto maníacas como depresivas, en el trastorno bipolar. Es uno de los tratamientos más efectivos y seguros para este trastorno y el único que ha demostrado reducir significativamente el riesgo de suicidio en estos pacientes. Además, sirve no solo para minimizar la gravedad de los episodios depresivos, sino también para prevenir la recurrencia de las fases maníacas.

En la actualidad, la medicación de litio se administra como procedimiento estándar por profesionales de la salud mental para abordar con eficacia la depresión y el trastorno bipolar. Los trastornos mentales en los que se utiliza el litio incluyen:

  • Trastorno bipolar (tratamiento de mantenimiento).
  • Episodios maníacos e hipomaníacos (tratamiento agudo).
  • Trastornos depresivos resistentes, como complemento a los antidepresivos cuando estos no resultan efectivos por sí solos. En casos seleccionados de depresión unipolar recurrente, el litio puede considerarse como alternativa profiláctica a los antidepresivos.
  • Trastorno esquizoafectivo.

Además, fuera de indicación en ficha técnica, el litio también se puede emplear en trastornos del control de los impulsos, trastornos de personalidad y en otras enfermedades más raras, como el síndrome de Kleine-Levin o de la bella durmiente. El litio es uno de los pocos medicamentos que ha demostrado tener efecto en la prevención del suicidio.

Aunque más raramente, el litio también puede prescribirse para la prevención de trastornos psicoafectivos y de un tipo de dolor de cabeza (cefaleas acuminadas o en racimo).

Mecanismo de Acción del Litio

El mecanismo de acción de las sales de litio en el organismo es, hasta la fecha, desconocido. Sin embargo, se sabe que se absorbe bien por vía oral, se distribuye por casi todo el cuerpo y se elimina fundamentalmente por los riñones. Se cree que en el cerebro, más concretamente en los lugares responsables de las emociones y de algunas conductas, el litio actúa sobre posibles alteraciones químicas, estabilizando de esta forma el estado de ánimo.

Este medicamento actúa inhibiendo la despolarización (neutralización de la polaridad de la superficie de la membrana de las células nerviosas) que provocan las catecolaminas (transmisores químicos del impulso nervioso) en el sistema nervioso central. Cuando se ingiere litio, se absorbe por el tubo digestivo sin necesidad de pasar por el hígado, pasa a la sangre y, de ahí, llega a las neuronas donde produce cambios en la producción de ciertas sustancias que van a regular de forma eficaz las alteraciones anímicas. El efecto del litio sobre el sistema nervioso central, aunque no se conoce con exactitud, ha demostrado ser muy eficaz en la estabilización del estado de ánimo de una persona, resultando en un mejor control sobre las emociones.

Administración, Dosificación y Monitorización

El litio requiere un control médico estricto, ya que es un fármaco muy eficaz, especialmente en el trastorno bipolar, pero tiene una estrecha ventana terapéutica. Esto significa que pequeñas variaciones de dosis pueden provocar tanto una disminución de la eficacia del fármaco como la aparición de efectos adversos e intoxicación.

Antes de Iniciar el Tratamiento

Antes de empezar a tomar litio, es importante que:

  • Un médico especialista en psiquiatría haya realizado el diagnóstico y la indicación de tratamiento con litio.
  • Se midan la tensión arterial y el peso corporal.
  • Se realice un electrocardiograma (ECG).
  • Se realice una analítica completa que incluya función tiroidea (TSH) y función renal (creatinina y aclaramiento de creatinina).

Pautas de Administración

El litio debe administrarse en la menor dosis efectiva y repartido en dos o tres tomas a lo largo del día. La dosis se ajusta hasta que se consigue una concentración estable en la sangre y dentro de unos márgenes terapéuticos. Esta dosis varía en cada persona, ya que depende de la edad, del estado general de salud y de los fármacos que se estén tomando.

Es muy importante tomar siempre la dosis recomendada por el especialista y no compensar una dosis olvidada con otra doble.

Monitorización de Niveles en Sangre (Litemias)

Los pacientes en tratamiento con litio deben someterse con regularidad a análisis de sangre para medir la concentración plasmática de este medicamento (litemias). Los niveles de litio se deben medir preferiblemente a las 12 horas de haber hecho la última toma. Si se modifica la dosis, no se consiguen niveles estables hasta pasada una semana, por lo tanto, una semana es el tiempo que hay que esperar para repetir los niveles de litio.

El rango terapéutico del litio es de 0,6 a 1,2 mmol/L. Dentro de este rango, la mayoría de las personas no presentan síntomas de toxicidad. La dosificación y la concentración deseable se deben establecer individualmente. Para el tratamiento de mantenimiento del trastorno bipolar, los niveles de litio oscilan entre 0,6 mEq/L y 1,2 mEq/L, aunque algunos pacientes (ancianos, por ejemplo) pueden tener suficiente con 0,4-0,6 mEq/L. En los casos de manía aguda, los niveles recomendados son mayores de 1,0 - 1,5 mEq/L.

Normalmente, el médico de cabecera o un psiquiatra monitoriza los valores de litio. No es posible determinar el litio en casa, ya que la medida requiere una instrumentación especial.

¿Qué pasa con nuestras muestras de sangre una vez que ingresan al laboratorio?

Litio Bajo en la Analítica

Las personas que no toman litio como tratamiento tendrán niveles de litio en sangre indetectables (0 mEq/L). Si un paciente en tratamiento presenta litio bajo en la analítica, la principal causa suele ser no haber tomado correctamente el tratamiento. En este caso, se debe consultar al psiquiatra, quien probablemente recomendará repetir la analítica en una o dos semanas, vigilando que no aparezcan síntomas de descompensación.

Otras causas de niveles bajos pueden ser una dosis insuficiente o interacciones con otros medicamentos, lo cual también debe ser discutido con el psiquiatra. Si la concentración de litio se sitúa por debajo del margen terapéutico, seguramente el individuo no estará recibiendo la dosis correcta y el tratamiento podría no ser efectivo.

Litio Alto en la Analítica

Niveles de litio alto en sangre mayores de 1,6 mEq/L se consideran tóxicos y pueden suponer una intoxicación. En este caso, se debe contactar inmediatamente al psiquiatra, al médico de atención primaria o acudir directamente a urgencias. Si la concentración de litio se sitúa por encima del margen terapéutico o el individuo presenta síntomas secundarios, probablemente la dosis sea demasiado alta.

Valores superiores a 1,6 mEq/L son peligrosos y pueden ocasionar un fallo renal agudo. Concentraciones de más de 1,5 mmol Li + / L se consideran generalmente sobredosis y pueden ser fatales, causando temblor, ataxia, disartria, nistagmo, deterioro renal, confusión y convulsiones.

Efectos Secundarios y Toxicidad del Litio

El litio tiene una ventana terapéutica muy estrecha, lo que significa que pequeñas variaciones en su concentración en sangre pueden provocar efectos secundarios potencialmente graves. Los llamados efectos terapéuticos se sitúan en un continuo con las manifestaciones de la toxicidad.

Efectos Secundarios Frecuentes

  • Temblor fino: frecuente (15% de los casos) y habitualmente transitorio.
  • Acné: se debe tratar como el acné juvenil.
  • Caída del cabello: en un 6% de los pacientes, suele resolverse por sí mismo.
  • Aumento de peso: sobre todo en el primer año, después se estabiliza.
  • Diarrea: frecuente, se debe vigilar que no haya intoxicación.
  • Síndrome de polidipsia/poliuria: muy frecuente (25-35% de los pacientes), consiste en la necesidad continua de beber agua y de orinar. Se produce por antagonizar los efectos de la hormona antidiurética (ADH). Se recomienda consultar con un especialista y beber la cantidad de agua correcta.
  • Hipotiroidismo: frecuente, por lo que se recomienda hacer análisis de TSH cada 6-12 meses.
  • Náuseas, sequedad de boca, dolor abdominal, sed excesiva.
  • En raras ocasiones, puede causar confusión, dificultades en el habla o bocio.

Síntomas de Intoxicación por Litio

La intoxicación por litio puede ser aguda (deliberada o accidental), crónica o crónica reagudizada. La toxicidad aguda ocurre por la ingesta de una cantidad excesiva de litio, mientras que la crónica se desarrolla por un consumo ligeramente superior al recetado durante un tiempo, a menudo facilitada por deshidratación u otras interacciones. La crónica reagudizada es una combinación de ambas.

Los síntomas que deben hacer sospechar una intoxicación por litio son:

  • Elevada temperatura corporal.
  • Marcha inestable (ataxia).
  • Temblor grosero.
  • Debilidad muscular.
  • Somnolencia.
  • Habla pastosa (disartria).
  • Dolor abdominal, náuseas y vómitos.
  • Vértigo.
  • Visión borrosa (nistagmo).
  • Arritmia cardiaca.
  • Convulsiones, estupor, insuficiencia renal y, en casos extremos, la muerte.

La recuperación de la toxicidad aguda depende de la cantidad ingerida y la rapidez de la ayuda. Si aparecen síntomas neurológicos serios, estos problemas pueden ser permanentes. La toxicidad crónica, al ser difícil de diagnosticar hasta etapas avanzadas, puede llevar a problemas a largo plazo, como problemas de memoria y del estado anímico, incluso después de diálisis. La sobredosis crónica reagudizada a menudo tiene el pronóstico más desalentador, con síntomas neurológicos que pueden persistir.

Precauciones y Consideraciones Especiales

Determinados factores pueden incrementar los niveles sanguíneos de litio y favorecer las intoxicaciones. Es crucial mantener la siguiente información en cuenta:

Precauciones Generales

  • Monitorización regular: Repetir litemias (niveles de litio en sangre) cada 6 meses mínimo, habitualmente cada 3-4 meses.
  • Hidratación: Asegurarse una correcta hidratación bebiendo suficiente agua, sobre todo en situaciones especiales como ejercicio intenso, olas de calor, vómitos o diarrea. La deshidratación puede producir una elevación de los niveles de litio y, por tanto, una intoxicación. Se recomienda una ingesta diaria de dos a tres litros de líquidos.
  • Dieta: Echar sal a las comidas con normalidad y evitar las dietas sin sal, ya que la pérdida corporal de agua y sal puede aumentar la concentración de litio.
  • Medicación: Tomar la medicación según la pauta indicada, preferiblemente, repartida en más de una toma a lo largo del día.
  • Consulta médica: No se debe iniciar ni suspender el litio por cuenta propia. Es fundamental consultar siempre con un especialista.
  • Además de la medicación, es recomendable que las personas con enfermedades mentales busquen apoyo psicológico, eviten situaciones estresantes y practiquen deporte para mantener buenos hábitos de sueño.

Interacciones Medicamentosas

Las sales de litio tienen interacciones medicamentosas muy relevantes porque aumentan el riesgo de intoxicación por litio al disminuir su eliminación por la orina. Es crucial informar al médico de cualquier otra medicación que se esté tomando. Las interacciones más importantes son con los siguientes fármacos:

  • Bicarbonato sódico: utilizado como antiácido.
  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): como ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, indometacina, ketoprofeno y piroxicam. De forma esporádica como analgésico se puede tomar paracetamol o ácido acetilsalicílico (Aspirina ®) bajo supervisión médica.
  • Determinados diuréticos: como los llamados tiacídicos (hidroclorotiazida) y, en menor medida, los diuréticos del asa (furosemida).
  • Fluoxetina (Prozac ®): un tipo de antidepresivo.
  • Aciclovir, antidepresivos (otros tipos) y anticonvulsionantes.

Existen muchos fármacos, suplementos y preparados que se dispensan sin receta médica que pueden interferir en la concentración de litio en sangre, aumentando o disminuyendo su concentración.

Litio durante el Embarazo y la Lactancia

Aunque cada caso debe valorarse individualmente, en principio, el litio está contraindicado tanto durante el embarazo como durante la lactancia. El litio tiene riesgo potencial de producir teratogenicidad, es decir, puede producir malformaciones fetales, en especial en el sistema cardiovascular (anomalía de Ebstein). El mayor riesgo es durante el primer trimestre de embarazo. Por este motivo, en algunos casos, se suspende el fármaco solo durante el primer trimestre y se reintroduce a partir del segundo trimestre o en la segunda mitad del embarazo.

Si se mantiene el tratamiento con litio durante el embarazo, hay que ajustar la dosis, intentando mantener niveles lo más bajos posibles con más tomas diarias (hasta cinco al día). Durante la última semana de gestación, se recomienda reducir la dosis a la mitad y suspenderlo al comienzo del parto. Una vez alcanzada una situación estable en el posparto, se podrá reintroducir.

Durante la lactancia está desaconsejado el tratamiento con litio puesto que se excreta en leche materna y puede afectar a los sistemas renal y neurológico, todavía inmaduros en el bebé. Por ello, se recomienda a las mujeres que quieran quedarse embarazadas que acuerden con sus psiquiatras otras alternativas.

Litio antes de una Cirugía

Se recomienda suspender el tratamiento con litio el día previo a toda cirugía mayor. Tras la cirugía, podrá reintroducirse el litio cuando los análisis de sangre reflejen valores normales, especialmente en el balance hidroelectrolítico. En cualquier caso, debe ser consensuado con el anestesista, cirujano y psiquiatra.

Contraindicaciones Adicionales

El carbonato de litio no debe usarse en personas con alergia a la sustancia, insuficiencia renal o cardíaca grave, y en aquellos que estén muy deshidratados o con bajos niveles de sodio en sangre.

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