La incorporación de pescado en la dieta, especialmente aquellos ricos en ácidos grasos omega-3, es una estrategia recomendada para mejorar y mantener la salud del corazón. Estos componentes nutricionales no solo aportan proteínas, vitaminas y minerales esenciales, sino que también ofrecen protección contra diversas enfermedades cardíacas. La Asociación Americana del Corazón, por ejemplo, sugiere consumir pescado rico en grasas insaturadas al menos dos veces por semana.
¿Qué son los Ácidos Grasos Omega-3 y por qué son Beneficiosos para el Corazón?
Los ácidos grasos omega-3 son un tipo de ácido graso insaturado con notables propiedades antiinflamatorias. Al reducir la inflamación en el cuerpo, se previene el daño a los vasos sanguíneos, un factor que puede desencadenar enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Los omega-3 contribuyen a la salud cardiovascular de varias maneras:
- Mantienen el corazón sano al reducir ligeramente la presión arterial.
- Disminuyen los niveles de triglicéridos en la sangre, un tipo de grasa que, en exceso, puede ser perjudicial.
- Reducen el riesgo de experimentar latidos cardíacos irregulares.
El consumo regular de pescado, particularmente el rico en omega-3, se asocia con una menor incidencia de enfermedades cardíacas, incluyendo una reducción significativa en el riesgo de muerte cardíaca súbita.
Pescados Ricos en Omega-3 y su Aporte Nutricional
Si bien muchos mariscos contienen pequeñas cantidades de omega-3, los pescados grasos son los que presentan las mayores concentraciones, ofreciendo beneficios más pronunciados para el corazón. Entre las opciones más destacadas se encuentran:
- Salmón
- Sardina
- Caballa del Atlántico
- Bacalao
- Arenque
- Trucha de lago
- Atún enlatado en agua
Una investigación realizada por académicos chilenos del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (INTA) y de la Universidad Católica analizó especies de la costa chilena. El estudio determinó que el jurel y el bilagay encabezan la lista con aproximadamente 300 miligramos de omega-3 por cada 100 gramos de filete. Otras especies de consumo habitual como la merluza, la reineta, el lenguado, el blanquillo y la caballa también mostraron un aporte significativo, situándose en un rango de 200 a 300 mg del ácido graso por cada 100 gramos de filete.
La reineta, en particular, es un pescado blanco muy popular, valorado por sus múltiples beneficios para la salud y su versatilidad culinaria. Como el resto de los pescados, aporta ácidos grasos omega-3 de cadena larga, además de ser bajo en grasas saturadas y colesterol, lo que lo convierte en un alimento de fácil digestión y nutritivo.
El doctor en Química Avanzada, Miguel Ángel Rincón, del Laboratorio de Lípidos del INTA de la Universidad de Chile, explica que el pescado de origen marino contribuye al mantenimiento de un buen estado de salud gracias a su elevado contenido en EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico). El EPA se asocia principalmente con la salud cardiovascular, mientras que el DHA es vital para el desarrollo y mantenimiento de la función visual y neurológica en todas las etapas de la vida. El estudio del INTA confirmó que el contenido de DHA es mayor que el de EPA en la mayoría de las especies analizadas, como el bilagay y el jurel, que aportan alrededor de 300 mg y 280 mg de DHA por 100 g, respectivamente.

Recomendaciones de Consumo y Porciones
La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) recomienda el pescado como parte de una dieta saludable para la mayoría de las personas. Para la mayoría de los adultos, se sugieren dos porciones de pescado rico en omega-3 a la semana. Una porción estándar se define como 4 onzas (aproximadamente 113 gramos), equivalente al tamaño de una baraja de cartas.
Es importante prestar atención a la preparación del pescado para maximizar sus beneficios. Métodos como asar a la plancha, a la parrilla o al horno son opciones más saludables que freírlo.
Consideraciones sobre Mercurio y Otros Contaminantes
Una preocupación común respecto al consumo de pescado es la presencia de mercurio u otros contaminantes. Si bien el mercurio puede acumularse en el cuerpo con el consumo excesivo de pescado contaminado, para la mayoría de los adultos, los beneficios de los ácidos grasos omega-3 suelen superar los posibles riesgos de exposición a contaminantes.
El mercurio es particularmente perjudicial para el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso en fetos y niños pequeños. Por ello, existen recomendaciones específicas:
- Mujeres embarazadas, que planean un embarazo o están amamantando: Deben evitar el pescado que generalmente contiene mucho mercurio, como el tiburón, pez espada, caballa real y blanquillo. Se recomienda limitar el consumo total de pescado y mariscos a 12 onzas (340 gramos) por semana y el atún blanco a 4 onzas (113 gramos) semanales.
- Niños pequeños: Tampoco deben consumir pescado con niveles elevados de mercurio. Se les debe ofrecer pescado con bajo contenido de mercurio una o dos veces por semana, ajustando el tamaño de la porción según la edad (1 onza o 28 gramos para menores de 2 años).
Las principales toxinas asociadas al pescado son el mercurio, las dioxinas y los bifenilos policlorados (PCBs). Las cantidades varían según el tipo de pescado y su origen. Los peces grandes, ubicados en la cúspide de la cadena alimentaria, tienden a acumular más mercurio debido a su mayor longevidad y dieta. Los peces que pueden contener niveles más altos de mercurio incluyen:
- Tiburón
- Blanquillo
- Pez espada
- Caballa real
A pesar de estas preocupaciones, la FDA considera que los niveles de contaminantes en el pescado de piscifactoría, aunque pueden contener antibióticos o plaguicidas, no parecen ser perjudiciales para la salud.
Bioacumulación de metales en peces
¿Se pueden obtener los beneficios de los Omega-3 de otras fuentes?
Si bien comer pescado rico en omega-3 y otros nutrientes es considerado superior para la salud cardíaca en comparación con depender únicamente de suplementos, existen otras fuentes de ácidos grasos omega-3:
- Linaza y aceite de linaza
- Nueces
- Aceite de canola
- Soja y aceite de soja
- Semillas de chía
- Verduras de hoja verde
- Cereales, fideos y productos lácteos fortificados con omega-3
Sin embargo, los beneficios para la salud del corazón derivados del consumo de estos alimentos no parecen ser tan pronunciados como los obtenidos al consumir pescado.
Además de sus beneficios cardiovasculares, los omega-3 están siendo investigados por su potencial rol en la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, la demencia y la depresión, al mantener concentraciones adecuadas de estos ácidos grasos en el cerebro.