La historia detrás del Guatón Loyola: entre la parrilla y la leyenda

La figura del parrillero: Joaquín Jerez

Joaquín Jerez es de esos parrilleros que se toman en serio algo muy simple: si vas a prender el fuego, tiene que ser para comer increíble. Obsesivo con la calidad de los cortes y el punto justo, Joaquín trabaja con una idea fija: en la parrilla no hay atajos.

Su metodología se basa en elementos fundamentales para lograr un resultado de excelencia:

  • Fuego a carbón.
  • Fierro bien temperado.
  • Tiempo justo para que cada lomo, entraña o asado de tira salga jugoso, sabroso y en el punto que a ti te gusta.

Más que un dueño, Joaquín se siente anfitrión. Le gusta caminar entre las mesas, recomendar cortes, sugerir un vino o una cerveza helada y asegurarse de que cada experiencia sea redonda: desde la primera provoleta hasta el último café. Si eres de los que disfruta la conversación larga, la mesa llena y la parrilla humeando, Joaquín te está esperando.

Fotografía de un parrillero profesional trabajando con cortes de carne de alta calidad sobre una parrilla encendida.

La leyenda del Guatón Loyola

Todos los años escuchamos y zapateamos esta famosa cueca, ¿pero usted sabía que está basada en una historia real? No hay quien pueda permanecer sentado cuando comienza la canción. Es un hit dieciochero por excelencia que saca a bailar tanto al más pequeño como a la abuela que mira sentada el espectáculo casero. Y es que el “puñete” que recibió el ‘Guatón’ Loyola es la golpiza más célebre de nuestra historia.

Origen y creación de la cueca

Esta cueca fue escrita por el humorista y libretista de radio Alejandro Gálvez en 1954. La canción trata de un desafortunado hombre que se ve inmerso en peleas donde recibe golpizas azarosas por doquier. El Flaco Alejandro Gálvez y el Chico interpretaron su historia y la cueca prendió como por arte de magia, siendo cantada en todos los rodeos.

El hecho real: honor y combate

La historia real es así: Loyola, un típico chileno, de más de 90 kilos de peso, tras ver mancillado el honor de unas garzonas en el casino de un rodeo, fue a encarar a quienes cometían la fechoría. Enfrentándose solo ante un trío de sujetos, finalmente fue derrotado a la vista de los mirones. Se levantó raudamente para defender el honor de la dama, pero sin mediar espera, se trenzaron a combos a vista y paciencia hasta de la policía.

Las cantoras siguieron su canto, saltaban los vasos, los jarros y el comistrajo; peleaban salvajemente y las empanadas volaban por entre las ramas. Los puñetazos iban en todas las direcciones y los combos locos que se perdían los recibía el Guatón Loyola. Tan grande fue la pelea que traspasó los límites de la situación y de pronto todo Parral hablaba de ella.

Ilustración o fotografía histórica de un rodeo tradicional chileno donde se originó la disputa.

La versión del protagonista

Sobre su particular reto pugilístico bajo una mesa, Loyola dijo al diario el Llanquihue de Puerto Montt: “Bueno, algo hubo. En uno de los entreveros caí, y el otro tipo agarró una silla y tuve que esquivarlo. Alguien trató de quitarle la silla, pero no resultaba. Entonces, un amigo echó mano atrás y el que peleaba conmigo pensó que iba a sacar una pistola y se espantó. En verdad, fue un manojo de llaves”.

El desenlace de una figura popular

El 28 de agosto de 1978, a los 54 años y luego de varias operaciones que intentaron extirparle quistes que sufría en el estómago, el Guatón Loyola muere y es sepultado en el más absoluto anonimato.

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