La historia de Dagón postrado ante el Arca de Jehová es un relato bíblico que Charles Spurgeon, conocido como el "Príncipe de los Predicadores", utilizó como una poderosa alegoría para la vida espiritual. Este suceso, que tuvo lugar cuando los filisteos capturaron el Arca, es un símil de la victoria de la gracia divina sobre el pecado y los ídolos en el corazón humano.
La Captura del Arca y el Honor Divino
El púlpito del Tabernáculo Metropolitano, del cual Spurgeon era pastor, a menudo abordaba pasajes como el de los "Altibajos de Dagón". En 1 Samuel 5, se narra cómo los filisteos tomaron el arca de Dios y la metieron en la casa de Dagón, poniéndola junto a su ídolo. Al día siguiente, Dagón apareció postrado en tierra delante del arca de Jehová.
El arca de Jehová fue capturada por los filisteos, aunque estaba custodiada por todos los hombres armados que Israel pudo juntar para la batalla. Cuando estuvo protegida por sacerdotes desarmados, no sufrió ningún daño. Y a lo largo de todo el funesto período de los Jueces, el arca nunca fue capturada. Sólo fue capturada cuando estuvo protegida por el arma carnal.
Cuando el poder civil se unió al espiritual, y el brazo de carne se entrometió para apoyar y para vincularse al brazo de la fortaleza de Dios, entonces el arca fue transportada en triunfo por sus enemigos. Este hecho instructivo demuestra que la verdad de Dios se cuida a sí misma, sin ayuda de reyes ni de príncipes, leyes o instituciones. Por otro lado, si se intenta ataviarla o protegerla con sabiduría y prudencia carnales, la verdad entrará en cautiverio.
Cuando los filisteos derrotaron a los israelitas en la batalla, capturando el arca, se jactaron como si hubiesen derrotado a Dios mismo. Ellos evidentemente consideraban el estuche de oro como la parte más preciosa del botín, y lo colocaron como un trofeo en el templo principal de su dios Dagón. Esto lesionó al instante el honor de Jehová, y como Él es un Dios celoso, eso auguraba el bien para Israel. La respuesta de Jehová fue que Dagón fue hecho pedazos ante Su arca, y los filisteos fueron heridos con tumores.
La Llegada de Cristo al Alma: Dagón como el Idólo del Pecado
Spurgeon interpretaba este pasaje de una manera espiritual, convirtiéndolo en un canal de enseñanza práctica: cuando el Dios vivo viene al alma, Dagón, el dios-ídolo del pecado y de la mundanalidad, debe caer.
Descripción de Dagón y su Significado
De acuerdo a la mejor información disponible, Dagón era el dios-pez de Filistea, cuya parte superior era un hombre o una mujer, y la parte inferior del ídolo estaba tallada como un pez. Era una imagen tallada, y el templo de Asdod era el santuario principal de su adoración. El arca del pacto de Jehová era una pequeña caja de madera, recubierta de oro, sagrada por simbolizar el pacto de Dios.
La simple entrada del arca en el templo del ídolo fue un cuadro adecuado de la introducción de la gracia de Dios en el corazón humano. Cuando la gracia entra por primera vez en el corazón, encuentra al pecado entronizado allí. La primera gracia que entra en el alma la encuentra en la oscuridad y en la muerte, bajo el dominio del pecado. No tenemos que liberarnos del pecado y de la muerte para entonces obtener la gracia; sino que, cuando aún estamos muertos, la gracia nos visita.
Cuando esa gracia entra en el alma, lo hace sin ser vista, y el pecado inicialmente sabe lo mismo acerca de la gracia entrante, que lo que Dagón sabía acerca del arca. Tenemos a Dagón y al arca en el mismo templo, al pecado y la gracia en el mismo corazón, pero este estado de cosas no puede durar largo tiempo. Habrá un conflicto y una victoria, y cuando la gracia de Dios entra en el alma, el pecado recibe el aviso de marcharse.
La Caída de los Ídolos Personales
Esa noche, Dagón cayó postrado en tierra delante del arca. No se inclinó, sino que cayó, y no fue una caída a medias. El arca fue colocada al pie de la imagen de Dagón, y ahora Dagón está ante el arca como si se postrara en adoración. De igual manera, la gracia no tarda mucho en echar fuera al pecado.
La Justicia Propia como Ídolo
Muy probablemente, el Dagón de muchos tenga la forma de la justicia propia. El hombre que tiene justicia propia se jacta diciendo que es tan bueno como los demás, si es que no es mejor, aunque no sea cristiano. Cuando la gracia entra en el alma, el dominio del autocontrol llega a un fin, y al suelo va el dios-pez postrado delante del arca del Señor, y el hombre descubre que no tiene esa justicia en la que confiaba.
Una vez que el evangelio de Jesucristo entra en el corazón del hombre, este ídolo comienza a caer y, al igual que Dagón, quien cayó y quedó decapitado y con las manos cercenadas delante del arca del Señor, el fariseísmo cae haciéndose añicos.
Los Pecados Favoritos
Otros tienen otros pecados favoritos. Si hay algo en este mundo que se ama más que a Cristo, nunca se contemplará el rostro de Dios con alegría. Si hay algún pecado que se quiere seguir cometiendo, es necesario cambiar de idea y dejar de cometerlo, aunque haya que cortarse la mano derecha o quitarse el ojo derecho.
El Amor al Placer
En muchos corazones, el amor al placer está entronizado. No son vencidos tanto por los pecados que calificamos como más burdos, sino por su livianidad y falta de seriedad. Les gusta estar siempre entretenidos, satisfechos, produciendo adrenalina. Esto puede llevar a entablar relaciones ilícitas, formando vínculos prohibidos por la Palabra de Dios, como unirse en yugo desigual con inconversos.
El Temor a la Alabanza de los Hombres
Muchísimos adoran a un ídolo llamado alabanza de los hombres. El temor a la reacción de los familiares o a la opinión pública mantiene a muchos esclavizados mental y moralmente. La libertad que Cristo nos da es la de hacer y enfrentar lo que la conciencia manda en su nombre. Este ídolo del temor al hombre devora a miles de almas; es un ídolo sediento de sangre.
El Culto a DAGÓN del que nadie habla
Charles Spurgeon: Vida, Ministerio y la Importancia de la Historia de la Iglesia
Para comprender la profundidad de estas enseñanzas, es útil considerar la vida y el ministerio de Charles Haddon Spurgeon (1834-1892), un influyente pastor bautista en Inglaterra y el predicador más leído de la historia, a excepción de los que se encuentran en las Escrituras.
La Conversión de Spurgeon y sus Inicios en la Predicación
Spurgeon se crió en un hogar cristiano, pero se convirtió en 1850 a los quince años, en una pequeña capilla metodista primitiva. Fue en ese momento que escuchó el mensaje: "Joven, mira a Jesucristo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¡Nada tienes que hacer sino mirar y vivir!" Su primer sermón fue predicado ese mismo año, "engañado" a hacerlo por un hombre mayor.
Continuó predicando en persona hasta trece veces por semana, reunió a la iglesia más grande de su época y pudo hacerse oír en una multitud de veintitrés mil personas (sin amplificación). La congregación de Spurgeon creció exponencialmente, mudándose a lugares cada vez más grandes, hasta que en marzo de 1861, se trasladó al Tabernáculo Metropolitano, donde predicaría los próximos 31 años y personalmente vería a más de 14,000 hombres y mujeres profesar su fe en Cristo.
Principios Teológicos y Ministeriales de Spurgeon
Spurgeon creía firmemente en la importancia de una enseñanza doctrinal sana. Para él, la teología era como la astronomía: el sistema solar tiene sentido solo cuando el sol es central, y los sistemas de pensamiento teológico son coherentes solo cuando Cristo es central. Toda doctrina debe encontrar su lugar y significado en su relación correcta con Cristo.
La regeneración fue una de las "tres R" (ruina, redención y regeneración) que Spurgeon siempre buscó predicar. Él veía la regeneración como una obra de pura gracia y siempre esperaba verla mientras predicaba el evangelio. Creía que los ministros cristianos deben esperar que se les dé un grado especial de sufrimiento como una manera de formarlos para un ministerio compasivo.
Spurgeon amaba la vida y veía la creación como una bendición de Dios para ser disfrutada. Era conocido por su humor y alegría, los cuales para él eran una cuestión teológica y una manifestación de esa felicidad y gozo que se encuentra solo en Cristo.
La Importancia del Espíritu Santo y el Avivamiento
Spurgeon enfatizaba el poder del Espíritu Santo en el ministerio. Argumentaba que el Espíritu Santo no es un don individual, sino colectivo para el cuerpo de Cristo, que ha enseñado a otros y los usa para enseñarnos. Por lo tanto, animaba a usar los comentarios bíblicos y a estudiar la historia de la iglesia, ya que es "arrogante pensar que no tenemos nada que aprender del pasado".
El ministerio de Spurgeon estaba dedicado al avivamiento; él no se conformaría con algo menos. Para que esto sucediera, se dio cuenta de que el Espíritu necesitaba primero comprometer su propia alma, buscando una renovación personal. Tras esto, oraba por su iglesia, lo que resultó en un aumento del 60 por ciento en la asistencia a las iglesias protestantes en Londres durante sus años de ministerio.
Spurgeon no buscaba emociones extraordinarias, sino el derramamiento del Espíritu de Dios, un "viento recio y poderoso, que se lleve todo delante de él". Este anhelo de avivamiento, aunque no siempre observable a simple vista, puede ser discernido a través de los ojos de la fe, en el contexto de los siglos pasados.