Origen y Significado de la Tradición de la Tarta en las Celebraciones

La Frase Atribuida a María Antonieta: "Que Coman Pasteles"

La frase "Que coman pasteles" es la traducción tradicional de la expresión francesa «Qu'ils mangent de la brioche». Se dice que fue pronunciada por una "gran princesa" al enterarse de que los campesinos carecían de pan. Dado que el brioche es un pan enriquecido con mantequilla y huevo, la frase podría interpretarse como una muestra de indiferencia de la realeza hacia las clases bajas o un reflejo de su desconocimiento sobre la realidad del pueblo.

Esta cita apareció por primera vez en la obra autobiográfica de Jean-Jacques Rousseau, "Confesiones". Los primeros seis libros de esta obra fueron escritos entre 1765 y 1767, un período en el que María Antonieta tenía entre nueve y doce años. La publicación de la obra tuvo lugar en 1782.

Rousseau no especifica el nombre de la "gran princesa". Sin embargo, la frase se popularizó atribuyéndosela a María Antonieta, supuestamente dicha durante uno de los períodos de hambruna que afectaron a Francia durante el reinado de su esposo, Luis XVI.

La primera atribución de esta frase a María Antonieta se realizó por Alphonse Karr en su revista satírica mensual "Les Guêpes" en marzo de 1843. A pesar de la amplia difusión de esta anécdota, no existen pruebas concluyentes de que María Antonieta pronunciara tales palabras.

Las objeciones a esta leyenda se basan en varios puntos: la personalidad de María Antonieta, evidencias internas de la familia real y la cronología de los hechos. Se ha señalado que la frase "Que coman pasteles" fue pronunciada aproximadamente cien años antes de María Antonieta por María Teresa, la esposa de Luis XIV.

La atribución a María Antonieta carece de credibilidad. Lady Antonia Fraser, en su análisis, cita las memorias de Luis XVIII como justificación para la atribución alternativa a la esposa de Luis XIV. Luis XVIII, que tenía alrededor de catorce años cuando se escribió la obra de Rousseau, no menciona a María Antonieta en sus propias memorias, sino que afirma que la frase era una vieja leyenda familiar, atribuida a la princesa española que se casó con Luis XIV en la década de 1660.

Otro argumento en contra de la veracidad de la anécdota es la inexistencia de períodos de hambruna generalizada durante el reinado de Luis XVI, a pesar de que sí ocurrieron dos incidentes relacionados con la escasez de pan. El primero tuvo lugar entre abril y mayo de 1775, poco antes de la coronación del rey el 11 de junio. Este período de escasez desencadenó las revueltas conocidas como la "guerra de las harinas" en varias regiones de Francia.

Adicionalmente, existe otro factor que hace inverosímil la atribución de la frase a María Antonieta: su edad y ubicación en el momento en que Rousseau escribió la anécdota. Aunque "Confesiones" se publicó en 1782, su redacción finalizó en 1769. En ese momento, María Antonieta tenía entre trece y catorce años y se encontraba en Austria, sin haber llegado a Francia hasta 1770.

La atribución de la frase a María Antonieta también se relaciona con la creciente impopularidad de la reina en los años previos a la Revolución Francesa. Durante su matrimonio con Luis XVI, fue percibida como frívola y extravagante, y se la señaló como uno de los factores de la crisis financiera del país. Su género y su origen austriaco fueron determinantes en un contexto de creciente xenofobia y nacionalismo en Francia. Muchos antimonárquicos la responsabilizaron de la ruina económica, apodándola "Madame Déficit". Los panfletos y artículos de la época atacaban a la familia real y a la corte, exagerando hechos, relatando eventos ficticios y difundiendo calumnias.

Una hipótesis sugiere que, tras la Revolución, la frase fue atribuida a varias princesas de la familia real francesa, recayendo la leyenda en María Antonieta por ser la última "gran princesa" de Versalles.

Retrato de María Antonieta de Francia

El Origen de las Celebraciones con Pasteles y Velas

Las tortas de cumpleaños, o pasteles, han sido un elemento central en las celebraciones durante siglos. La tradición de colocar un pastel en la mesa, cantar "Feliz Cumpleaños", pedir un deseo y soplar las velas hasta apagarlas se replica en gran parte del mundo occidental.

Los registros históricos apuntan a los antiguos griegos como los creadores de los primeros pasteles, llamados "obelinas". Estos eran ofrendas elaboradas en honor a Artemisa, la diosa de la luna, la caza y los bosques. Se cree que su forma redonda, con velas encendidas dispuestas alrededor, simulaba una miniatura de las hogueras donde se realizaban sacrificios a los dioses.

Durante los primeros cuatro siglos de la era cristiana, las celebraciones de cumpleaños eran consideradas una costumbre pagana. Con el paso del tiempo, diversas culturas y religiones han otorgado diferentes significados a los elementos de estas festividades.

En la Edad Media, se creía que las velas encendidas en el pastel tenían la función de proteger al cumpleañero de los demonios y los malos espíritus.

Ilustración de antiguos griegos celebrando con ofrendas

La Evolución de la Pastelería y el Chocolate

El descubrimiento del chocolate en Europa marcó un hito en el desarrollo de la pastelería. Mientras que en las antiguas civilizaciones mesoamericanas, como los Olmecas, Aztecas y Mayas, el cacao se utilizaba para elaborar bebidas similares a cervezas consumidas en rituales, en Europa su incorporación a la repostería se produjo al combinarlo con azúcar y leche, en contraste con el agua y el chile utilizados en Mesoamérica.

En el siglo XVI, durante el reinado de Carlos IX, se fundó la Corporación de Pasteleros. Su objetivo era regular el aprendizaje y estandarizar recetas para la elaboración de helados, bollos, donas y pasteles.

Los nombres de las tortas de cumpleaños varían según el país. En España se les llama "tartas", mientras que en México se les conoce como "pasteles". En México, las "tortas" son sándwiches elaborados con pan salado, rellenos de diversos ingredientes. En Colombia, se utiliza el término "ponqué", una adaptación del inglés "pound cake".

Tradiciones de Tartas de Boda: Un Símbolo de Unión

Una tarta de bodas puede ser tan emblemática de una ceremonia matrimonial como el vestido de la novia. Sin embargo, la tradición de compartir dulces en este día ha evolucionado considerablemente.

Según "Gastronomica: The Journal of Critical Food Studies", los recién casados solían compartir algunas migas de la torta como uno de sus primeros actos como pareja. Esta práctica se remonta a la antigua Roma, donde los romanos introdujeron la tradición de romper el pan en las ceremonias de boda tras la conquista de Gran Bretaña en el año 43 a.C.

Durante la Edad Media, los ingleses comenzaron a apilar bollos, bizcochos y galletas especiadas para formar estructuras altas, precursoras de las actuales tartas escalonadas. Los novios intentaban besarse sobre estas torres; la leyenda dice que si lo lograban sin que todo se derrumbara, tendrían buena suerte.

La que podría considerarse la primera tarta de boda oficial data de 1865, con una receta de "Bride’s Pye". Esta consistía en una corteza de hojaldre rellena de ostras, testículos de cordero, garganta, cresta de gallo y piñones. En Yorkshire, Inglaterra, se creía que comer esta tarta garantizaba una vida feliz en pareja, por lo que rechazar una porción, incluso una con ingredientes inusuales, era impensable.

En la época medieval, existía también la costumbre de esconder un anillo dentro de la tarta; quien lo encontrara sería el próximo en casarse, similar a la tradición de lanzar el ramo de flores en las bodas actuales.

En el siglo XVII, las tartas de boda dulces comenzaron a reemplazar las versiones más tradicionales. Algunas parejas esperaban a llegar a su nuevo hogar para probar sus tartas. La novia tomaba un bocado y lanzaba el resto sobre su cabeza, como una versión primitiva del lanzamiento del ramo, con la esperanza de que la pareja consiguiera todo lo que deseaba en la vida. El novio también participaba arrojando un plato sobre su cabeza.

Con la mayor disponibilidad y abaratamiento del azúcar refinado en Inglaterra, un glaseado blanco brillante se convirtió en la decoración preferida para las tartas de boda.

Ilustración de una antigua tarta de bodas romana

El Origen de las Tartas de Boda Escalonadas y las Figuras Decorativas

Las tortas escalonadas, tal como las conocemos hoy, tienen su origen, según la leyenda, a finales del siglo XVIII. Se dice que el aprendiz de un panadero londinense, enamorado de la hija de su jefe, deseaba crear una tarta elaborada para impresionarla al proponerle matrimonio. Inspirado por la torre escalonada de la iglesia de St. Bride, el aprendiz recreó esta estructura en forma de pastel.

La apariencia de estas tartas se mantuvo relativamente uniforme durante un tiempo, aunque hoy en día dan paso a alternativas creativas inspiradas en diversas temáticas, como mini cupcakes o barras de helado.

Las figuras que coronan las tartas de boda han sido una tradición de más de un siglo. Estas figuras simbolizan el amor y la unión, añadiendo personalidad a la tarta. Hoy en día, no solo adornan tartas de boda, sino también de bautizos, cumpleaños, aniversarios e incluso jubilaciones.

Según la leyenda, en 1901, la hija de un panadero, a punto de casarse, pidió a su padre que creara algo que simbolizara su amor por su futuro esposo. Días antes de la boda, el padre elaboró dos figuras, una de su hija y otra de su futuro marido, y las colocó en la parte superior de la tarta nupcial. La novia quedó encantada con el resultado.

Las primeras figuras para tartas de boda, tanto de novio como de novia, se fabricaban con pasta de goma y yeso. Para la década de 1920, se habían popularizado entre la alta sociedad. Las primeras figuras producidas comercialmente eran de vidrio, papel y madera.

En 1924, un catálogo mayorista en Estados Unidos ofreció las primeras figuras de cera, y en 1927, el catálogo de Sears Roebuck dedicó una página completa a las figuras para tartas de boda. En 1928, se comenzaron a fabricar figuras de parafina y celuloide.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las figuras del novio a menudo vestían uniformes militares. Los años 50 y 60 vieron la introducción de figuras más elaboradas y una mayor variedad, con compañías situando las figuras debajo de un arco.

En la actualidad, las parejas tienen a su disposición una amplia gama de figuras para sus tartas de boda. Las opciones son prácticamente ilimitadas, abarcando diversos materiales como celofán, papel, papel maché y cera. Estas figuras son personalizadas según los gustos e intereses de la pareja, permitiendo elegir colores, diseños, materiales, tamaños, estilos y temas.

Figuras de Novios en Fondant

Agustín Fernández Mallo: Un Físico y Poeta que Explora la Realidad

Agustín Fernández Mallo es una figura multifacética: físico y poeta, con incursiones en la narrativa. Originario de Galicia, España, ha desarrollado conceptos poco convencionales que invitan a la reflexión.

Su obra ha explorado temas como la postpoesía y la apropiación en el arte contemporáneo. En su libro "El hacedor (de Borges)", abordó la figura de Borges, lo que le generó problemas legales con María Kodama. Fernández Mallo también acuñó el concepto de "nomadismo estético".

Desde su infancia, demostró una naturaleza inquieta y curiosa, colgándose de las cortinas como si fueran lianas, similar a su experiencia tras ver "Tarzán". Como hijo menor y único varón entre cuatro hermanos, su espíritu explorador se manifestó tempranamente.

Fernández Mallo se licenció en Ciencias Físicas. Él sostiene que la perspectiva de un poeta y la de un científico comparten una similitud fundamental: ambas se preguntan sobre la naturaleza de las cosas y buscan desarrollar respuestas a través de diferentes lenguajes, respuestas que nunca son definitivas. Se considera poeta, argumentando que la buena poesía es una oferta constante de nuevas preguntas.

Su padre, al enterarse de que había aprobado su última materia, le dijo con una palmada en la espalda: "Vale, hijo, ya eres un analfabeto. Ahora de aquí para adelante". Este comentario, lejos de desalentarlo, parece haber impulsado su búsqueda artística y científica.

Además de su labor creativa, Fernández Mallo dedicó más de una década a la investigación sobre la cura contra el cáncer, trabajando en el Hospital Son Dureta de Palma de Mallorca. Durante todo este tiempo, nunca dejó de escribir.

El camino de Fernández Mallo es extenso y variado, abarcando su pertenencia al "Grupo Nocilla", una propuesta narrativa transversal en España, la conformación del dúo musical Fridalaponia, un espectáculo junto al escritor Eloy Fernández Porta, y el ya mencionado juicio impulsado por María Kodama.

Heredero de la teoría de "Pierre Menard, autor del Quijote", Agustín Fernández Mallo nació en A Coruña en 1967. A los 34 años, decidió autoeditar su primera obra, "Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus". Once años después, Alfaguara incluyó este libro en su catálogo, al igual que sus textos narrativos desde 2008. Previamente, Candaya había publicado el inicio de su trilogía "Nocilla Dream", alcanzando un notable éxito de ventas.

Por su originalidad, a menudo se le tilda de "raro" en el ecosistema literario español, una etiqueta que, en parte, él mismo reconoce.

En cuanto a su narrativa, Fernández Mallo afirma que no narra nada más allá de la realidad. Para él, la realidad se construye a través de un "pacto", similar al de la ficción. La memoria, según su perspectiva, funciona mediante un mecanismo que utiliza elementos del pasado para construir el presente.

Su próximo ensayo abordará cómo la creación no surge únicamente de ocurrencias propias, sino fundamentalmente de materiales legados por otros, que luego son adaptados y actualizados. Este proceso de transmisión, que comúnmente se denomina "inspiración", adquiere un carácter de obra en sí mismo cuando se utiliza de manera explícita y sin ocultamiento desde mediados del siglo XX. El apropiacionismo se ha convertido en una rama importante en todas las artes.

Desde esta perspectiva, Fernández Mallo concibe su escritura como "orgánica", pues no concibe otra forma de hacerlo. Afirma que no piensa en el lector al crear, ya que lo contrario sería una falta de respeto hacia él. Para Mallo, la realidad y el mundo son rizomáticos, y la poesía también debe serlo.

Con "Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma", quedó finalista del Premio Anagrama en 2008. En esta obra, critica cómo la poesía en España, salvo excepciones, se ha vuelto "peligrosamente inofensiva". Él busca remediarlo con obras que generan incomodidad en quienes esperan expresiones decimonónicas.

Siguiendo su propia premisa de ser miembro de la "Generación Nocilla" (una generación que supuestamente nunca existió), ha mezclado formatos y lenguajes en libros como "Creta Lateral Travelling" (2004), "Joan Fontaine Odisea" (2005), "Carne de Píxel" (2008) y "Antibiótico" (2012). Este último, un poemario, fue escrito en un pueblo perdido de León, donde, según él, solo coincidía con otro habitante sin llegar a cruzarse con él, aunque veía sus huellas en la nieve cada mañana.

Además de sus conceptos sobre creación y realidad, Fernández Mallo inventó el "nomadismo estético", que consiste en "crear mapas de tránsito entre diferentes espacios y disciplinas, y con ello suscitar emociones, hacer un realismo que integre la complejidad de lo contemporáneo. Ello pasa por extraer de la tradición todo cuanto te suscite ideas y te resulte valioso para releerlo hoy, y actualizarlo. Son procesos que viajan en todas direcciones".

Esta concepción del mundo como "rizomático" se refleja en su obra, así como en la explicación de que la portada de su último libro esté integrada por tres círculos concéntricos con letras que se expanden.

Aunque se define principalmente como poeta, no niega su formación como físico. Admira la obra de Ernesto Sabato, especialmente su libro "Uno y el universo", que lo influyó significativamente.

Fernández Mallo continúa su búsqueda, manteniendo su firma en el blog "El hombre que salió de la tarta". Su concepción de la identidad, defendida en su novela "Limbo" (2014), se resume en la idea de que "no estamos en ninguna parte, estamos vagabundeando".

Portada del libro

La Tarta de Bodas: Evolución y Simbolismo a Través del Tiempo

La tradición de la tarta de bodas se remonta a la antigua Roma, donde se elaboraba una torta de trigo que el novio rompía sobre la cabeza de la novia. Posteriormente, todos los invitados compartían las migas.

Esta costumbre evolucionó a lo largo de los siglos. En el siglo XVIII, en Inglaterra, los invitados a la boda solían traer tortas que se apilaban formando una pirámide. Los novios debían besarse sobre estas torres para asegurar la buena suerte en su matrimonio.

Cada región y cada época han desarrollado sus propias tradiciones alrededor de la tarta de bodas. Desde la antigua Roma, la tarta ha sido un símbolo destinado a traer felicidad y prosperidad a los recién casados, representando también la abundancia y la esperanza de una familia numerosa.

Independientemente de la tradición específica, la tarta de bodas simboliza la unión de la pareja y el comienzo de una nueva vida juntos.

Después de evolucionar hasta convertirse en el postre de varios pisos que conocemos hoy, la tarta de bodas ha experimentado una notable transformación en la época moderna. Durante el siglo XX y hasta la actualidad, la diversidad de colores, sabores y decoraciones se ha ampliado enormemente.

Aunque muchas parejas optan por tartas tradicionales, hoy en día es posible disfrutar de una amplia variedad de sabores. El mundo de las tartas de bodas ha avanzado a pasos agigantados, dejando atrás los diseños rígidos y monocromáticos para dar paso a una ola de creatividad y personalización.

Las "naked cakes" (tartas desnudas) son una de las tendencias más populares en la actualidad, mostrando la evolución de este dulce nupcial desde sus orígenes en la antigua Roma hasta su forma actual. Más allá de su sabor y apariencia, la tarta de bodas sigue siendo un poderoso símbolo de unión, felicidad y el inicio de una nueva etapa.

Ejemplo de una tarta de bodas moderna y creativa

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