El queso es uno de los alimentos que goza de una gran popularidad en todo el mundo. Cada queso tiene su fecha de caducidad, la cual varía en función de su procedencia y de cómo se almacena. Por ello, lo más recomendable es estar pendiente de cuánto tiempo lo podemos o no guardar. Es necesario saber su durabilidad para consumir el producto en su estado óptimo. El queso es un alimento de tipo lácteo que está “vivo”, por lo que irá cambiando conforme vaya pasando el tiempo, y de acuerdo a su tipología debemos ser cuidadosos con su fecha de caducidad.
Factores Clave en la Duración del Queso
La frescura y el sabor del queso son claves para disfrutarlo, porque si no se consume en su punto óptimo el gusto cambia completamente. La razón es que este manjar es un producto vivo que sigue cursando su proceso de maduración en el mercado y después en nuestras casas. El calor acelera dicho proceso, mientras que el frío lo ralentiza. La temperatura exacta de conservación dependerá del tipo de queso. Cuanta más maduración, menos humedad y una textura más dura, sabor más intenso y con matices que no se encuentran en un queso con maduración menor.

Impacto del Tipo de Queso en la Duración
Existen muchas variedades de queso. La primera clasificación hace referencia al tipo de maduración. Los quesos duros, como el Parmesano, el Emmental, el Manchego o el Cheddar, son los que menor contenido de agua tienen, por lo que se mantienen perfectos durante más tiempo en el refrigerador. Los quesos blandos y frescos contienen mucha más humedad que los quesos duros, eso significa que en la nevera nos aguantarán como mucho una o dos semanas.
El término semicurado define el periodo de maduración. Un queso semicurado, por normativa, debe tener un mínimo de 35 días de maduración, aunque en el mercado podemos encontrarlo con 2 a 3 meses de maduración. Se caracteriza por su sabor suave.
Duración Estimada Según el Tipo de Queso
Quesos Duros
Si se guardan correctamente en el frigorífico, un paquete sin abrir de quesos duros (como el Parmesano, el Emmental, el Manchego o el Cheddar) puede aguantar entre dos y cuatro meses. Al abrirlos, su duración máxima es de seis semanas. Los quesos duros conservan bien su textura y su sabor.
Quesos Semiduros
Los quesos semiduros como el Gouda, el Gruyère o el mantecoso duran en el refrigerador entre dos y tres semanas. Los quesos semiduros duran aproximadamente hasta tres semanas dentro del frigorífico.
Quesos Blandos y Frescos
Los quesos suaves como el Brie, la Mozzarella, el Feta, el Gorgonzola o el Camembert son bastante perecederos. Lo máximo que pueden estar en el refrigerador son alrededor de dos semanas. Las versiones más frescas, al no estar sometidas a ningún proceso de maduración, tienen un tiempo de vida mucho más corto.
El queso fresco es un derivado lácteo que no ha pasado un proceso de maduración. Conserva gran parte del suero de la leche, contiene mucha agua y es de consistencia blanda y color blanco. Se elabora solamente con leche, cuajo y sal, normalmente con leche de vaca, si bien también se puede elaborar con leche de cabra, de oveja o incluso de mezcla.

Métodos Óptimos de Conservación
Conservación en Refrigerador
La forma adecuada de conservar este alimento para que no pierda sus propiedades o se eche a perder antes de tiempo es en el refrigerador y jamás sobre los muebles de la cocina. Todos los quesos deben estar en la nevera, en la zona que mejor recree la temperatura original y óptima para su maduración, como el cajón de las verduras o en la bandeja central. Los quesos frescos y tiernos, conviene guardarlos entre los 4-8 °C. Los quesos duros y más curados admiten temperaturas más altas (8-12 °C).
Finalmente, se recomienda guardar este alimento en la parte delantera del refrigerador o en el cajón de las verduras, y sacarlo unos 30 minutos antes de comerlo para que esté a temperatura ambiente.
5 métodos para conservar el queso en casa
Envoltorio y Almacenamiento
El queso necesita respirar. Lo primero que debemos saber es que el calor acelera dicho proceso, mientras que el frío lo ralentiza. La inmensa mayoría de sus variedades se presentan envueltas en papel transparente o en plástico envasadas al vacío. Sin embargo, esta práctica es desafortunada, por cuanto dichos materiales perjudican su conservación. Además, interfieren en el sabor, puesto que, al no facilitar la transpiración, el producto absorbe el 'gusto' de dicho material.
Para conservarlo, se debe retirar el queso siempre del envoltorio original, luego revisar que tenga suficiente aire porque envolverlos en plástico provoca una especie de asfixia que suele echar a perder el producto. Envolverlo con un papel que permita mantener la humedad justa o también se pueden usar recipientes herméticos.
- Para las variedades de pasta blanda o azules se puede usar un trapo de algodón humedecido con agua. De esta manera, preservarán la humedad y, por tanto, durarán más tiempo.
- Los quesos curados se conservan bastante bien en queseras. En el caso de cubrirlos, será suficiente con tapar la superficie, dejando la parte de la corteza libre para que pueda respirar.
- Para las versiones más frescas, lo aconsejable es introducirlas en un táper o tartera herméticos cuya base esté cubierta con papel de cocina, pues absorberá el suero que va desprendiendo, evitando su deterioro prematuro.
Siempre que sea posible, se recomienda conservar los quesos en casa en su envase original, ya que es el más adecuado para mantener intactas las cualidades organolépticas del producto. Sin embargo, una vez abierto, es crucial tomar medidas adicionales.
Conservación según el formato:
- Quesos enteros: Si no se conserva el envase, se recomienda envolver el queso en film plástico apto para alimentos.
- Quesos comprados en cuña y envasados al vacío: Una vez abierto, conservar en el envase original y envolver en film plástico.
- Queso rallado: Una vez abierto, debe conservarse en el envase original. Si viene con cierre zip, eliminar al máximo el aire y cerrar adecuadamente. Si no viene con zip, quitar el aire, plegar la parte superior del envase y cerrar con una pinza. Este queso fácilmente puede presentar moho en menos de una semana, por lo que es preferible rallar uno al momento de consumirlo. Si no es el caso, prefiere comprar los que tengan envase con cierre hermético y guárdalos tratando que no quede aire en su interior.
- Queso en lonchas: Una vez abierto, conservar en el envase original y envolver en film plástico.
- Queso en aceite: Para conservar el queso en aceite, se corta en tacos, se introducen en un tarro de cristal y se cubren con aceite de oliva virgen extra.

Congelación del Queso
Si se desea guardar el queso para otro momento, se puede congelar. Allí aguantará durante ocho meses. Eso sí, hay que tener en cuenta que el queso congelado puede adquirir un sabor ligeramente diferente del fresco. Al descongelar el queso mantecoso, se recomienda consumirlo dentro de los 3-5 días para mantener su calidad. Los quesos duros como el parmesano o el cheddar se pueden poner en el freezer pero se corre el riesgo de que pierdan su frescura y suele alterarse el sabor. Los quesos semiduros como el Gouda y el Gruyère duran en el freezer hasta tres meses.
Recomendaciones Adicionales
Prácticamente todas las variedades queseras saben mejor a temperatura ambiente o, lo que es lo mismo, a partir de 18 grados. Sin embargo, que dicha temperatura sea la idónea para su consumo no conlleva que lo sea para su conservación. Por tanto, no debemos dejar 'olvidado' el queso en la encimera de la cocina.
En cuestión de quesos, el moho es sinónimo de vida. Son estos microorganismos los que enriquecen su sabor. Si el queso mantecoso desarrolla moho, se recomienda cortar una pulgada alrededor de la zona afectada y desecharla.