Aprender a preparar uno de los alimentos más básicos de la cocina es una habilidad útil y gratificante. El queso, adorado en todas sus formas (seco, húmedo, derretido, fermentado, granuloso), es un ingrediente fundamental en cocinas de todo el mundo. Desde el brie hasta el gouda, cheddar, parmesano o mozzarella, existen cientos de variedades que se han creado a lo largo de la historia.

¿Qué es el queso y cuál es su historia?
El queso es un alimento que nace de la fermentación, el cuajado, el desuerado y la maduración de una leche animal, que puede ser de vaca, cabra, búfala o oveja, entre otros. El resultado final depende de la calidad de la leche, los métodos de elaboración, los tiempos y temperaturas a las que se mantiene el sólido, y el grado de madurez alcanzado.
El primer registro de la producción de queso en la historia data de hace más de 8000 años, lo que evidencia su perdurabilidad en nuestra dieta básica. Aunque las grandes productoras de queso cuentan con fábricas y maquinaria para un mejor desarrollo del producto, este es un alimento que puedes preparar desde casa, controlando el tiempo de maduración, el nivel de sal y su uso en tus preparaciones.
Ingredientes necesarios para hacer queso casero
Cocinar nuestros propios alimentos no solo permite que los productos que consumamos sean más sanos, sino que también nos permite ahorrar dinero y aprender algo nuevo. Para empezar, los ingredientes que necesitarás para la preparación del queso son:
- Leche fresca: Lo ideal sería usar una leche lo menos tratada posible, ya que eso determinará la consistencia del producto final. Si no consigues leche fresca, es mejor que utilices leche pasteurizada antes que leche UHT (Ultra High Temperature). Entre leche entera, semidescremada o descremada, lo más recomendable es usar la entera.
- Limón o vinagre: Tan solo necesitas media taza, lo que permitirá que el queso tenga una consistencia más cremosa y que la leche cuaje bien en el proceso.
- Sal: Solo necesitas una cucharadita, pero la cantidad queda a tu gusto. Recuerda probar antes para ajustar la sal según tu preferencia.
- Yogur natural o crema agria: Este es un ingrediente opcional, pero sin duda le dará más consistencia al producto final.
Estos ingredientes son sencillos de encontrar, y ahora que los conoces, podemos adentrarnos en la elaboración.
Paso a paso de cómo hacer queso casero
Para preparar queso fresco en casa, podemos usar leche fresca pasteurizada o leche UHT de brik.
1. Preparar la leche
Coloca la leche en una olla (preferiblemente de acero inoxidable) lo suficientemente grande. Calienta a fuego medio-alto. Cuando la leche esté caliente y antes de que llegue a hervir (justo cuando empiece a humear), saca una taza de leche para mezclarla con el yogur (si lo usas). Apaga el fuego de la olla principal y deja reposar un minuto. Luego, añade la taza de leche con yogur (o simplemente la leche si no usas yogur) y el vinagre o el zumo de limón. Remueve bien y verás cómo se forma la cuajada, separándose del suero.
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2. Extraer el suero del queso
Una vez que la leche se cuaje, se dividirá en una parte de suero y otra de cuajo. Es con este cuajo con lo que haremos el queso. Con la ayuda de un colador cubierto con un paño de trama más o menos suelta (como una gasa o cheese cloth), separa la cuajada del suero del queso. Este suero no es necesario para nuestra preparación y se puede desechar o usar para otras recetas. Es importante drenar el queso para conservar su consistencia y sabor.
3. Amasar el cuajo
Una vez eliminado el suero, es hora de comenzar a amasar y aplastar la masa de queso. En este paso se agrega la sal y se mezcla. Este es el momento ideal para experimentar: algunos le añaden mantequilla derretida, otros especias para potenciar su sabor. Cuanto más líquido elimines del queso, menos humedad y más consistencia tendrá. El resultado final va en gustos: si prefieres un queso más grumoso, amasa poco tiempo; si prefieres uno más duro y firme, amásalo todo lo que puedas.
4. Moldeado y enfriado
Después de lograr la textura deseada, coloca la leche cuajada en un molde plástico con orificios que permitan el drenaje, dándole una forma adecuada. Si no tienes un molde especial, puedes usar un colador. Pon algún peso encima (como un par de latas de conservas) para ayudar a prensar y drenar el suero restante. Deja enfriar la masa de queso unos 10 minutos, luego envuélvela en papel film y llévala al refrigerador por al menos 24 horas antes de consumirla. Al día siguiente, desmolda, corta y sirve. Es normal que suelte más suero, así que drena según sea necesario.

Conservación del queso casero
Preparar queso es fácil, pero es un alimento delicado y requiere un cuidado adecuado para mantenerse fresco y evitar que se estropee rápidamente. Una de las sugerencias más prácticas es envolver el queso en papel de horno o, en su defecto, papel de aluminio. Esto permitirá que el queso respire, pero no se seque, manteniendo su textura habitual.
Recetas con queso casero
El queso es un ingrediente fundamental en la gastronomía mundial. Después de preparar tu propio queso casero, puedes utilizarlo en una gran variedad de platos. Aquí te dejamos algunas ideas:
- Crema de queso: Si tienes mucho queso, córtalo en lonchas, júntalo con unas rebanadas de pan en una olla honda y calienta hasta que hierva el caldo. Puedes añadir hierbas aromáticas y servir con tus panes favoritos.
- Lasagna de berenjenas con queso crema y queso parmesano: Un clásico italiano que no pasa de moda. Puedes reemplazar la carne molida por berenjenas asadas. Corta el queso en tajadas y haz pequeñas torres intercalando con la pasta, luego hornea.
- Croquetas de queso: Una receta francesa clásica, ideal para acompañar con salsa tártara. Son deliciosamente crujientes y el placer de ver el queso estirarse en la primera mordida.
- Dip de queso con brócoli y pepinillos: Una opción ideal para acompañar nachos o panes. Para espesar la salsa puedes usar harina o un poco de crema de leche.
- Pasta pesto con tomate y queso de búfala: Ideal si preparaste queso de búfala. Una pasta pesto (con mucha albahaca y pimentón) siempre combina bien con espaguetis o penne.
- Mozzarella con rúcula y miel: El plato más sencillo de la lista, pero de gran sabor. Corta queso mozzarella, vierte miel y añade hojas de rúcula. Es un equilibrio perfecto entre salado, dulce y frescura.
- Macarrones con queso: Una de las recetas americanas por excelencia. Rápida y con pocos ingredientes, su preparación dura unos 15 minutos, solo necesitas pasta y el queso que más te guste.
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