Tradición del Arrollamiento del Niño Dios: Significado y Pasos

¿Qué significa arrullar al Niño Dios?

La Nochebuena es una de las noches más significativas en la tradición navideña. Ese día marca la víspera del nacimiento de Jesús, y arrullar al Niño Jesús es una manera de celebrar y recordar este evento. Por esa razón, la Nochebuena es una de las noches más significativas en la tradición católica, y arrullar al Niño Jesús se ha convertido en una práctica muy arraigada como parte de las celebraciones familiares.

El arrullo simboliza la reverencia y el cariño hacia el Salvador recién nacido. Este acto refleja la ternura y el cuidado que se tienen hacia el principio divino de la vida. Así, al arrullar al Niño Dios se busca transmitir un mensaje de protección y devoción, reconociendo su naturaleza sagrada y especial en el corazón de la celebración navideña. Esta costumbre destaca la conexión emocional entre la comunidad católica y el evento milagroso del nacimiento de Jesús. Arrullar al Niño Dios se convierte en una expresión colectiva de amor y adoración, consolidando el sentido de unidad y fe durante la temporada navideña. Es una forma de recordar la importancia espiritual del momento y fomentar la reflexión sobre los valores fundamentales que el nacimiento de Jesús representa para los cristianos.

Además, el acto de arrullar al Niño Dios simboliza el deseo de crear un ambiente de paz y serenidad en el hogar durante la Navidad. Esta tradición invita a las familias a conectarse con la esencia tranquila y benevolente del Salvador, buscando inspiración en su mensaje de amor y esperanza. Así, arrullar al Niño Dios se convierte en un gesto simbólico que trasciende el rito para abrazar el significado más profundo de la temporada navideña: el regalo divino de la redención y la posibilidad de renovar nuestra conexión espiritual.

Significado Espiritual del Arrollamiento del Niño Dios

Desde la fe católica, arrullar al Niño Jesús permite reflexionar sobre un Dios cercano que se hace niño. Al contemplarlo en el nacimiento, se recuerda el misterio central de la Navidad: Dios hecho hombre. Este acto sencillo coloca a Cristo en el centro de la vida familiar y se vive como un momento de paz, gratitud y esperanza. También invita a pensar en quienes viven en pobreza, soledad o duelo, integrando la oración con la solidaridad.

Nos recuerda la naturaleza humilde y vulnerable de la encarnación de Dios. Cuando acunamos al niño Jesús en nuestros brazos, recordamos que Dios eligió venir al mundo como un niño indefenso, envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Este acto de arrullo simboliza nuestra aceptación a la invitación de Dios a abrazar la sencillez y la pequeñez en nuestra propia vida. Al arrullar al niño Jesús, reconocemos que la grandeza de Dios se encuentra en la pequeñez, porque es un recordatorio de que Dios no se revela en el poder y el esplendor mundanos, sino en la pobreza y la humildad de un establo.

Arrullar al niño Jesús también nos invita a contemplar la verdad de que el Creador del universo necesita ser sostenido en brazos, calentado y mimado. Nos recuerda la ternura y la vulnerabilidad del amor de Dios por nosotros. El Verbo eterno se hace niño, niño mudo, para mostrarnos la profundidad de su amor y acercarnos a Él.

Representación de la Sagrada Familia en un pesebre con el Niño Jesús.

¿Quién debe arrullar al Niño Dios?

En la fe católica, la responsabilidad de arrullar al Niño Jesús en Navidad suele recaer especialmente en los padres de familia, ya que este rito simboliza el cuidado y la protección que la Sagrada Familia ofreció al recién nacido en el pesebre de Belén. De esta manera, arrullar al Niño Dios es un momento de profunda conexión espiritual donde los padres, al emular el acto del arrullo, replican el amor y la devoción que María y José tuvieron por el Niño Jesús desde su nacimiento. Esta práctica representa una expresión de fe y gratitud, en la que además se destaca la importancia que tiene la familia como el núcleo donde se cultivan los valores cristianos que debemos respetar y aplicar durante nuestra vida.

La tradición indica que sean los padres quienes arrullen al Niño Dios, en referencia al cuidado de María y José. Sin embargo, pueden participar todos los miembros de la familia.

¿Qué se hace antes de arrullar al Niño Dios?

Previo a arrullar al Niño Dios se puede organizar una posada en familia y con amigos, que incluya el rito para pedir y dar posada. De acuerdo con la tradición, entre las 11 y las 12 de la noche del 24 de diciembre las familias se reúnen en torno al Nacimiento para llevar a cabo la ceremonia para acostar al Niño Dios en el pesebre.

A continuación, el papá o la mamá, inician la ceremonia diciendo:

“Para prepararnos a recibir a Dios, que se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación”.

Todos los miembros de la familia rezan a continuación el Credo:

“Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor”.

El papá o la mamá recuerdan el pasaje sobre el nacimiento del Niño Dios leyendo el Evangelio de San Lucas 2, 1-12:

“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: ‘No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre’”.

Papá o Mamá: Esta es palabra de Dios.

Todos: Te alabamos, Señor.

¿Qué se canta cuándo se arrulla al Niño Dios?

Para arrullar al Niño Dios se le debe colocar en una manta mientras dos personas, normalmente el papá y la mamá, la sostienen. Al ritmo de la canción se mece al Hijo de Dios mientras los asistentes tienen en sus manos velitas encendidas y algunas luces de bengala para iluminar este bello momento.

Arrullo al Niño Jesús

A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Esos tus ojitos ya los vas cerrando,
pero estas mirando todos mis delitos.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Las lágrimas tiernas son prueba que me amas,
pues padeces penas, niñito de mi alma.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Por cuna te ofrezco mi fiel corazón,
mas no lo merezco y te pido perdón.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
No hagas pucheritos, duerme padre amado,
que mi cruel pecado os causa conflictos.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Al dolor me mueve ver dos animales,
que finos y leales tu amor los conmueve.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Quisiste por nombre llamarte Jesús:
como padre amante tú me diste luz.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Recibe gustoso este rorro ro,
que muy placentero te lo ofrezco yo.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Mi querido Padre, Mi Dios, Mi Señor,
que sufres alegre del frío el rigor.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
En el crudo invierno tú, mi dios, naciste;
de todas mis culpas ya me deprimiste.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Delicias del mundo son pena y pesar,
por eso el Eterno se quiso humanar.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
En la gloria te cantan angélicas voces,
para que te duermas y del sueño goces.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.
Coros celestiales con su dulce acento,
canten la ventura de este nacimiento.
A la rorro Niño, a la rorro ro,
que viniste al mundo sólo por mi amor.

Canción Arrullo del Niño Dios

¿Qué oración se reza para acostar el Niño Dios?

Una vez concluido el arrullo y antes de colocarlo en el Nacimiento, el Niño Dios debe llevarse a todos los miembros de la familia y amistades presentes para darle un beso, dirigirle una breve oración y hacerle un ofrecimiento para el próximo año. Una vez que todos hayan pasado unos instantes con el Niño Dios se procederá a acostarlo en el pesebre del Nacimiento, rezando la siguiente oración:

Oración para acostar al Niño Dios

En esta Nochebuena,
al acostar al Niño Jesús,
elevamos nuestras plegarias por la unidad familiar,
la paz en nuestros corazones y
la fortaleza de nuestra fe y amor por Dios.
Que la luz del Niño Jesús
ilumine cada rincón de nuestra vida y hogar en esta Navidad,
guiándonos con su amor, ternura y sabiduría.
Pedimos que su resplandor nos inspire a ser portadores de esperanza, alegría y compasión hacia quienes nos rodean.
Que la gracia divina nos acompañe siempre, construyendo un camino lleno de bondad y paz.

Origen y Evolución de la Tradición

El culto al Niño Dios, con el sincretismo de dos tradiciones, la prehispánica y la cristiana, se logró de manera especial en México y no se repite en ninguna otra parte del mundo. La tradición de poner imágenes del Niño Jesús o Niño Dios viene de Europa, donde se empezaron a hacer las primeras representaciones de la Sagrada Familia. Estas se inician en la catedral en Ravenna, del siglo XI y XII, donde se ve a los Santos Reyes acudiendo a Belén, el pesebre del Niño Jesús, a José y María acompañándolo.

A partir del siglo VI, la madre de Constantino, Santa Elena, mandó a Jerusalén a un grupo de expertos a Belén, donde se creía estaba la gruta en la que nació Jesús. Encontraron restos del pesebre y se los llevaron a la Iglesia de Santa María la Mayor, en Roma, junto con una imagen del Niño Jesús recostado sobre un pesebre nuevo. En el siglo XIII, San Francisco, en su afán de ponderar el nacimiento del niño Jesús, mandó a buscar una cueva. En Greccio, población cercana a Asís, su amigo la encontró y ahí hizo la primera representación de la veneración al Niño Dios. Mandó hacer un pesebre y colocó la imagen de pasta del Niño Jesús, y se celebró una misa, siendo la primera representación de una misa de Navidad con el Niño Jesús para adoración.

Esta práctica se extendió por toda Europa y llegó a España, donde tomó carta de naturalización y se empezaron a hacer figuras diferentes del Niño Jesús. Justo cuando los primeros misioneros llegaron a la Nueva España, lo trajeron y lo propusieron. A los indígenas les encantó la idea, y se juntaron dos tradiciones. En el mundo prehispánico, sobre todo entre los mexicas tenochcas, se acostumbraba hacer una figura de Huitzilopochtli de amaranto, amasada con miel de maguey, que representaba al Niño Huitzilopochtli cuando nació. Los indígenas hacían figuras de amaranto y miel de maguey, las colocaban en su casa y las veneraban; previo a ponerlas en casa, las llevaban al teocalli, es decir, al templo, para ser bendecidas por los sacerdotes.

Fue aquí que se añadió a la evangelización el llevar al Niño Jesús adornado con flores a la Iglesia, y el 2 de febrero, día de la presentación de Jesús en el templo, para bendecirlo. Para ver el sincretismo, en muchos lados escondidos en la canasta o charola van piedras y figuras que, una vez bendecido el Niño Dios, se las llevan a su casa y riegan estas piedras por el campo de cultivo como abono espiritual de la siembra. De ahí que se juntó la más vieja tradición prehispánica con la más vieja tradición cristiana y se logró este culto al Niño Dios que en México se tiene de manera especial.

El vestirlo, buscar padrinos, el compadrar con el pretexto del Niño Dios, el 6 de enero como el 2 de febrero, es en honor del Niño Jesús. Cuando los frailes llegaron al país, los escultores indígenas empezaron a reproducir imágenes del Niño de manera extraordinaria, mostrando algunas que datan de los siglos XVII y XVIII. Los alfareros comenzaron a hacer las figuras del Niño Dios y se creó un mercado para el Nacimiento, recordando lo que hizo San Francisco, y la arrullada el 24 (diciembre) en la noche. Los padrinos recogen a los Niños Dios el Día de los Reyes Magos para llevarlo a vestir y lo devuelven el 2 de febrero, con lo que concluye el ciclo navideño. Las imágenes en Puebla se hacen de barro en Amozoc y se han encontrado imágenes con dicho material en muchos lugares. Al mismo tiempo, la vestimenta es una industria poderosa, hay familias que se dedican a su confección y se vende de manera importante.

Detalle de una figura de Niño Dios elaborada artesanalmente.

El Ritual del Padrinazgo del Niño Dios

Dentro de esta tradición surge la figura del padrinazgo del Niño Dios. Ecodiario ZACATECAS, ZAC.- Una de las tradiciones más arraigadas en la entidad, en esta época decembrina, es el acostamiento del Niño Díos, que regularmente se realiza en vísperas de Noche Buena y Navidad. En los hogares zacatecanos, las familias se preparan para celebrar las primeras horas del nacimiento de Jesús.

Las familias mexicanas se preparan para este gran acontecimiento de manera muy formal y con tiempo prudencial, buscando a los padrinos que tendrán el honor de arrullar, acostar y presentar la imagen del Niño Jesús, en la noche del 24, víspera de la festividad de la natividad. Pero los padrinos no solo tienen tal honor. Ellos, antes de la festividad, deben recoger al Niño en la casa de la familia a quien pertenece la imagen, llevarla a la Misa de Gallo y arrullarla al final de la celebración Eucarística. Los padrinos del Divino Infante deben vestir también la imagen para la Solemnidad de la Presentación de Jesús en el Templo, el 2 de febrero. El compromiso de los padrinos no concluye en Navidad.

La fecha también marca el final de las posadas, que representan el peregrinaje que María y José realizaron para llegar a Belén antes del nacimiento de Jesús. Al finalizar el rito tradicional de la posada, los dueños de la casa elegirán a unos padrinos, como se acostumbra en el bautizo de los niños, quienes se encargarán de arrullarlo como de vestirlo en el Día de la Candelaria.

Dentro de la tradición cristiana existen diversos rezos para celebrar al Niño Dios como para arrullarlo. Estas se deben recitar mientras los padrinos toman la figura y lo arrullan; en caso de ser muy grande, ambos lo pueden sostener con cuidado. Si no, los padrinos con cuidado tendrán que pasarlo para poder arrullarlo; la imagen representativa del niño Jesús se pasa a los asistentes para que lo adoren.

La Ceremonia del Arrollo

La ceremonia para acostar al Niño Dios suele comenzar entre las 11 y las 12 de la noche del 24 de diciembre. Las familias se reúnen en torno al Nacimiento. El papá o la mamá inician la ceremonia, seguidos por el rezo del Credo por parte de todos los miembros de la familia.

Posteriormente, se lee el pasaje del Evangelio sobre el nacimiento del Niño Dios. Tras la lectura, se procede al arrullo, donde se canta mientras se mece la imagen del Niño Jesús. Los asistentes suelen sostener velitas encendidas o luces de bengala.

Una vez concluido el arrullo, y antes de colocarlo en el Nacimiento, el Niño Dios se lleva a todos los miembros de la familia y amistades presentes para darles un beso, dirigir una breve oración y hacer un ofrecimiento para el próximo año. Finalmente, se procede a acostarlo en el pesebre del Nacimiento, rezando una oración especial.

Familia reunida alrededor del Nacimiento, participando en el arrullo del Niño Dios.

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