La alergia a las proteínas de la leche de vaca (APLV) es una reacción adversa de base inmunológica frente a las proteínas contenidas en este alimento. Es una de las alergias alimentarias más comunes en los niños, ya que es, a menudo, el primer alérgeno al que se expone el lactante al introducir fórmulas artificiales o tras la sensibilización durante la lactancia materna.

Diferencia entre alergia e intolerancia
Es fundamental no confundir una alergia verdadera con una intolerancia alimentaria. Mientras que la alergia involucra una respuesta del sistema inmunitario (a menudo mediada por anticuerpos IgE), la intolerancia no tiene un componente inmunológico. Si tiene una intolerancia, los síntomas suelen ser digestivos, como hinchazón, gases o diarrea, tras consumir lactosa (un azúcar) o proteínas, pero sin la gravedad ni el mecanismo de defensa desmedido que caracteriza a la alergia.
Síntomas de la APLV
Los síntomas no siempre son los mismos para todas las personas y pueden oscilar desde manifestaciones leves hasta cuadros potencialmente mortales. Por lo general, comienzan entre unos minutos y dos horas después de la ingesta.
- Cutáneos: Son los más frecuentes (presentes en el 70% de las reacciones). Incluyen prurito (picor), urticaria, eritema y angioedema (hinchazón de labios, párpados o manos).
- Digestivos: Vómitos, dolor abdominal tipo cólico, diarrea y, ocasionalmente, heces con sangre.
- Respiratorios: Rinitis, asma, disnea o estridor, a menudo derivados de la ingesta o, en casos más graves, de la inhalación de vapor de leche hirviendo.
- Anafilaxia: Es la manifestación más grave. Puede incluir hipotensión, síncope, shock y colapso vascular. Se considera una emergencia médica que requiere tratamiento inmediato con epinefrina.

Diagnóstico clínico
El diagnóstico de la APLV comienza con una sospecha clínica basada en una historia detallada del paciente. Los pasos principales son:
- Historia clínica: Registro de antecedentes de atopia, tipo de alimentación y relación temporal entre la ingesta de lácteos y la aparición de síntomas.
- Pruebas cutáneas (Prick-test): Técnica rápida y sencilla que consiste en colocar una gota del alérgeno en el antebrazo y realizar una pequeña punción para observar la reacción. Un resultado positivo confirma la sensibilización.
- Análisis de sangre: Determinación de IgE específica en suero, que ayuda a valorar el grado y perfil de sensibilización.
- Prueba de provocación oral: Es el gold standard. Se realiza en medio hospitalario bajo supervisión médica, administrando dosis crecientes de leche para confirmar o descartar la alergia de forma definitiva.
Tratamiento y manejo
No existe una cura inmediata, por lo que el pilar fundamental es la supresión completa de la leche y derivados de la alimentación. Esto incluye no solo lácteos obvios, sino también alimentos procesados que contengan caseína, suero o aditivos lácteos (como E325 o derivados con raíz "lact-").
Estrategias actuales
- Inmunoterapia oral: Un tratamiento avanzado que consiste en administrar cantidades mínimas de leche, aumentando progresivamente la dosis bajo control médico para "reeducar" al sistema inmunitario y lograr que el paciente tolere el alimento.
- Sustitución nutricional: En lactantes, se utilizan fórmulas extensamente hidrolizadas o a base de aminoácidos. En caso de lactancia materna, la madre debe retirar los lácteos de su dieta y recibir suplementos de calcio.
- Plan de emergencia: Los pacientes con riesgo de anafilaxia deben llevar siempre un autoinyector de epinefrina.
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Pronóstico
La evolución suele ser favorable. Cerca del 50% de los niños toleran la leche a los 2 años del diagnóstico, y hasta el 80% lo hace antes de los 5 años. La persistencia más allá de los 8-10 años ocurre en un pequeño porcentaje de casos, generalmente en aquellos pacientes con mayor sensibilización inicial o antecedentes de reacciones graves.