El libro "El cabrito", la tercera obra de su autor, se adentra en una profunda reconstrucción de la infancia en la provincia, específicamente en Punitaqui, una comuna del Norte Chico chileno, ubicada a casi 30 kilómetros al sur de Ovalle.
Una Infancia Marcada por la Diferencia
En la década del 80, en esa lengua de tierra donde creció el autor, se le conocía como “El maraco de la Condell”, en referencia a la calle donde vivía. Desde niño, se le percibía como “marica y afeminado”. En el libro, se lee sobre este niño curioso y creativo, que le gustaba dibujar vestidos y leer las revistas que compraba el abuelo. Se le recuerda en tercera persona por el narrador, quien señala: “Desde que llegó al kínder solo ha acrecentado su fama de delicado y pusilánime”. Desde que tiene memoria, ha vivido con sus abuelos, Carlos y María (quienes eran sus tíos biológicos), siendo Carlos un detenido en dictadura y María quien lo incitaba a defenderse.

El Bullying y la Disidencia
La obra aborda el bullying, una realidad que en aquel entonces “no tenía nombre” y era “algo naturalizado”, parte de un proceso de aprendizaje malentendido, donde “el bullying era hacerse hombre”. El libro es más que la historia de un chico gay; también deja entrever la represión en provincia bajo dictadura, la discriminación ante la pobreza y las carencias. Sin embargo, también rescata las amistades y un paisaje diverso, semiárido y luminoso.
El autor reflexiona sobre la diferencia en la provincia, escribiendo en el libro: “Sabe que el pueblo castiga la diferencia”. Subraya que el respeto a las disidencias, que a menudo se percibe como una fantasía, en ciertos grupos simplemente no existe.
Entrevista a Trixia Valle y Renata Legorreta, autoras del libro Mi bully y yo / Comunidad
Estructura Narrativa y Proceso Creativo
El libro se construye con una voz a distancia, presentando las escenas del pasado protagonizadas por el niño en Punitaqui. Las páginas se intercalan con fragmentos de textos en cursiva: el diario del hombre adulto -sus recuerdos y reflexiones- que alguna vez fue un niño en provincia. El autor describe el proceso de escritura: “El hombre escribe, duda y borra. Narrar la infancia no es algo simple”.
El periodista del diario El Mercurio y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Chile, Salinas, es el autor. Le pidieron desde la editorial que escribiera un libro sobre haber crecido en la provincia. A medida que deshilvanó los recuerdos, apareció el desasosiego que entonces lo dominaba. “Todo empezó ahí lo bueno y lo malo. ‘Ahí’, repite”.
Salinas escribió a mano, en varios cuadernos, el texto que finalmente llevó el título de "El cabrito", citando al animal con el que creció y vio tantas veces matar. Para recrear ese pasado, el territorio y las voces ajenas que lo humillaron, Salinas leyó una serie de libros, incluyendo poesía, memorias y novelas de autores como Didier Eribon, Édouard Louis, W.H. Hudson, Maggie O’Farrell y Joan Margarit. Sentía que la única forma de escapar del rigor del libro era describiendo el paisaje, intentando hacer poesía, hablando del atardecer, las polillas y los grillos, lo que le daba un poco de respiro al texto.
Influencias y Memorias
Uno de los tres epígrafes del libro es de la autora Flannery O’Connor: “Cualquiera que haya sobrevivido a su infancia tiene suficiente información sobre la vida para el resto de sus días”. El autor también rememoró, escribiendo y recordando, el maltrato hacia los animales. Vuelve a ese norte que le permite respirar. Cuando comenzó a urdir este nuevo libro, Salinas volvió a viajar a Punitaqui, encontrándose con que no todos querían recordar. Relata la experiencia: “Un 18 de septiembre, un amigo me invitó a un asado y mataron a un cabrito y yo sabía todo ese proceso. ¡Lo vi tantas veces! Mi abuela mataba a las gallinas frente a mí, y mi abuelo mataba los cabritos y los dejaba colgando por días”. Reconoce que al comienzo nadie le hablaba.
La historia de las revistas que leía de niño también es un tema recurrente. Menciona que el libro es la infancia del hombre que le dio VIH después, estableciendo un hilo que continúa a lo largo de su vida.