Laura Ana Merello, universalmente conocida como Tita Merello, nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1904 y falleció en la misma ciudad el 24 de diciembre de 2002. Fue una figura polifacética del espectáculo argentino, destacándose como actriz, cantante de tango y milonga, y presentadora de televisión. Su vida, marcada por la pobreza y las dificultades desde la infancia, la llevó a transitar por una infinidad de trabajos antes de encontrar su vocación en el teatro a finales de la década de 1910. Allí, brilló en espectáculos de revista en emblemáticos escenarios como el Teatro Bataclán y el Maipo, consolidándose como una de las pioneras de la modalidad vocal femenina en el tango durante los años 20.
La destreza de Merello como cantante de música ciudadana le otorgó una gran popularidad, siendo recordadas especialmente sus interpretaciones de temas como «Se dice de mí» y «La milonga y yo». Su incursión en el cine, que se cree inició con el film mudo desaparecido Buenos Aires tenebroso (1928), tuvo su registro más importante en ¡Tango! (1933), la primera película sonora argentina, donde compartió protagonismo con Libertad Lamarque. A lo largo de la década de 1930, Tita Merello consolidó su carrera cinematográfica, consagrándose como actriz dramática con su papel en La fuga (1937), una película de culto dirigida por Luis Saslavsky, con quien volvería a colaborar en Ceniza al viento (1942).
Entre 1942 y 1948, Merello vivió un intenso romance con el actor Luis Sandrini, un período durante el cual dedicó gran parte de su energía a apoyar la carrera de él, llegando a radicarse ambos en México hacia 1946. Allí, Tita filmó Cinco rostros de mujer, actuación que le valió el prestigioso premio Ariel a la Mejor Actriz de Reparto. A su regreso a Argentina, protagonizó éxitos teatrales y cinematográficos como Don Juan Tenorio (1949) y Filomena Marturano (1950).
El apogeo de su carrera artística se situó en la década de 1950, tras su separación de Sandrini. Alcanzó su máximo reconocimiento al encabezar tres filmes de Lucas Demare: Los isleros (1951), Guacho (1954) -su película predilecta- y Mercado de Abasto (1955). Tras la Revolución Libertadora, enfrentó un período de inactividad que la llevó a exiliarse en México. De vuelta en su país, participó en Amorina (1961) bajo la dirección de Hugo del Carril, y posteriormente, la mayoría de sus trabajos fueron dirigidos por su amigo Enrique Carreras, quien a menudo veía sus películas realzadas por la sola presencia de Merello.
En 1972, Tita Merello publicó su libro semiautobiográfico La calle y yo. Fue una figura recurrente en el ciclo televisivo Sábados Circulares, y su interpretación de María Salomé Loredo en La Madre María (1974), dirigida por Lucas Demare, le granjeó elogios de la crítica y una revitalizada popularidad. Se retiró de la actuación en 1985, tras filmar Las barras bravas, aunque continuó participando en eventos públicos y en programas de radio y televisión hasta poco antes de su fallecimiento.
La trayectoria de Tita Merello fue reconocida con distinciones como «Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires» en 1990, y el Premio Podestá a la Trayectoria en 1991. Hacia el final de su vida, su longevidad, su filosofía de vida y su vasta experiencia la convirtieron en una figura querida y admirada. Falleció a la edad de 98 años, en la Nochebuena de 2002, en la Fundación Favaloro.
Infancia y Formación de una Estrella
La infancia de Tita Merello estuvo marcada por la pobreza y la prematura muerte de su padre, ocurrida cuando ella contaba apenas con siete meses de edad. Esta circunstancia la llevó a definir su vida con la frase «el dolor nació conmigo», conservando de su padre tan solo una fotografía. La falta de cariño fue otro rasgo definitorio de su niñez; su madre la reconoció formalmente en la partida de nacimiento cuando Tita tenía cuatro años. Tras una estancia en un asilo, vivió de forma intermitente en Montevideo, donde trabajó como sirvienta sin remuneración.
Poco antes de cumplir los diez años, y tras un diagnóstico erróneo de tuberculosis, se trasladó con un tío a Bartolomé Bavio, una localidad cercana a Magdalena, donde su madre trabajaba. Allí, Tita se desempeñó en diversos oficios para contribuir económicamente a la familia: ordeñaba vacas, cortaba cardos, preparaba asados y limpiaba chiqueros. Sobre estas labores, ella misma relató: «Trabajaba como un hombrecito, entre los hombres. Pasaban los días, las noches. Nunca un gesto de ternura». La soledad, la pobreza y el abandono emocional forjaron su personalidad, llevándola a definirse de niña como una «chica triste, pobre y, además, fea». En su adultez, reconoció su rebeldía y tendencia a la agresividad como mecanismos de defensa personal.
En 1910, su madre, quien se había unido a un hombre de apellido Anselmi, dio a luz a su medio hermano Pascual. En 1916, Tita y su madre se mudaron a una vivienda precaria en la calle Corrientes 1318. Merello experimentó la escasez de alimentos en múltiples ocasiones y fue analfabeta hasta bien entrada la década de 1920, reconociendo que solo distinguía la «a» de la «o». Su alfabetización comenzó de la mano de Simón Irigoyen Iriondo, bajo la tutela de Eduardo Borrás, con la ayuda de un diccionario adquirido por la propia Merello. Se especula que la relación entre Tita e Irigoyen Iriondo trascendió lo académico, y ella asistió a su funeral.
En palabras de Irigoyen Iriondo, Tita era «terca, muy terca, a veces ella parecía la maestra y yo el alumno», siempre ansiosa por saberlo todo. Su biógrafo Néstor Romano destacó que Merello «jamás pasó por un conservatorio de arte escénico ni educó su voz en escuelas de canto. Simplemente se hizo en la calle. «No empecé por vocación, sino por hambre... Me costó trabajo aprender a vivir, pero aprendí a vivir, a leer, a pensar por mi cuenta».
Inicios en el Espectáculo y la Consagración
En 1922, Tita Merello continuó su carrera en el Teatro Bataclán, un local de reputación modesta en el Bajo Flores, donde presentó actuaciones de carácter erótico. Su trayectoria comenzó a ascender notablemente, y en 1923, tras haber aprendido a leer, se integró como vedette en el Teatro Maipo. Allí, en el espectáculo Las modernas Scherezadas, cantó su primer tango, «Trago amargo», con letra de Julio Navarrine y música de Rafael Iriarte. El director Roberto Lino Cayol la bautizó con el apelativo de «la vedette rea». Durante su paso por el Maipo, compartió escenario con figuras cómicas como Pepe Arias, Marcos Caplán y Luis Arata.
El periodista Jorge Göttling recordó que fue en el Maipo donde Merello cantó su primer tango en público, describiendo su voz como «feroz y desafinada». En 1925, estrenó el tango «Leguisamo solo», de Modesto Papavero, en la obra En la raya lo esperamos, presentada en el Teatro Bataclán. Paralelamente a su carrera actoral, Merello realizó incursiones en el ámbito discográfico. En 1927, grabó dos tangos para el sello Odeón: «Te acordás reo» y «Volvé mi negra», que permanecieron inéditos.
A finales de los años 20, participó en la película muda Buenos Aires tenebroso, de la cual no existen registros ni copias. Merello siempre afirmó que su debut cinematográfico fue con ¡Tango! en 1933. En 1929, grabó veinte temas para el sello RCA Victor, incluyendo «Tata... Llevame pal centro», «Che... Pepinito» y «Te has comprado un automóvil». El historiador de tango Oscar del Priore señaló que Tita Merello y Sofía Bozán fueron «las grandes creadoras de ese tango humorístico y transgresor», destacando que en su caso «estaban de más los alardes y los despliegues de técnica vocal».
En 1930, Tita Merello reemplazó a Libertad Lamarque en El conventillo de la Paloma, uno de los sainetes más populares de Argentina, escrito por Alberto Vaccarezza. Allí interpretó el personaje de la «Doce pesos». Aunque no fueron amigas, Lamarque, al igual que Merello, se había convertido en cantante solista y provenía de un hogar humilde. Merello estuvo a punto de participar en Luces de Buenos Aires (1930) en los estudios franceses de Joinville, pero el viaje se frustró por motivos desconocidos. Rumores sugieren que Carlos Gardel no deseaba su participación, lo que generó en Merello un sentimiento de desprecio hacia el cantante.
Su primera actuación registrada en cine fue en ¡Tango! (1933), la primera película sonora argentina. Por su participación, recibió 200 pesos por cinco días de filmación, y por contrato, todos los actores del elenco debían aparecer en los créditos después de la protagonista principal, Libertad Lamarque. El rodaje implicaba la presencia de los actores durante seis horas diarias en estudio.
En el teatro, tras el éxito de El conventillo de la Paloma, Merello actuó como figura principal con la compañía de Francisco Canaro en la obra La muchachada del centro (1932), que tuvo 900 representaciones. Durante esta obra, interpretó los tangos «La muchachada del centro» y «Me enamoré una vez». Francisco Canaro relató una anécdota del ensayo de esta obra, donde Tita le expresó su preocupación por el volumen de la orquesta en relación a su voz: «Ojo, Pirincho, que yo tengo una voz muy chica y usted toca con mucho ruido».
En 1934, Merello volvió a trabajar con Canaro en la inauguración de su productora Estudios Río de la Plata, con la película Ídolos de la radio. Posteriormente, interpretó a Dora, un personaje detectivesco, en la película musical Noches de Buenos Aires (1935), su primera colaboración con Manuel Romero. Tras dos años sin propuestas cinematográficas, continuó actuando en teatro, presentando temas como «La chiflada», «No salgas de tu barrio» y la ranchera «Yo soy así pa'l amor». Curiosamente, recibió una multa de 20 pesos por aparecer en público sin medias de nailon, lo que en la época se consideraba un acto de inmoralidad. Ya anciana, Tita recordaría este episodio con humor: «Pensar que ahora las mujeres salen totalmente desnudas en un escenario o en las playas. Los tiempos han cambiado. ¡Y cómo!».
En 1937, protagonizó junto a Luisa Vehil Así es el tango, una película destinada a realzar la música popular. Se le había asignado el estreno del tango «Nostalgias», de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián, pero los directores decidieron que fuera interpretado por Luisa Vehil para mantener la coherencia del argumento. Según el director Eduardo Morera, «Tita no quedó nada conforme».
Luis Saslavsky, buscando revertir su imagen de «director maldito», eligió a Merello para La fuga (1937). El director explicó su elección: «¿Por qué elegí a Tita para que formara parte del elenco? No sé. Aún me pregunto por qué lo hice. La verdad es que saqué su nombre de alguna de las tantas películas populares de la época. Buscaba una imagen así. Podía ser ella o alguna otra. A mí, en realidad, siempre me gustó Libertad Lamarque. Pero Libertad no daba el papel». El personaje de Merello en esta película contrastaba con sus roles anteriores, interpretando a una cantante de cabaret vinculada a un hampón.

"El Choclo": Origen e Interpretación por Tita Merello
«El Choclo» es un tango de estilo «criollo» con orquestación de Ángel Villoldo, estrenado en 1903 y cuya partitura fue publicada en 1905. La melodía, representativa de la llamada «Guardia Vieja» del tango, se cree fue compuesta hacia 1898. Su autoría se atribuye a Casimiro Alcorta, un violinista de raza negra que murió en la indigencia.
El estreno oficial de «El Choclo» tuvo lugar el 3 de noviembre de 1903 en el restaurante El Americano de Buenos Aires, interpretado por la orquesta de José Luis Roncallo, quien había adaptado la partitura. El término «choclo», proveniente del quechua «chuqllu» (maíz tierno), se refiere en el Cono Sur a la mazorca de maíz. La letra original de Villoldo hacía alusión a este alimento, y posteriormente escribió otra versión titulada «Cariño puro». Una versión posterior, interpretada por Ángel Vargas, contó con letra de Marambio Catán, desde la perspectiva de un malevo: «Y me llamaban El Choclo, compañeros, / tallé en los entreveros / seguro y fajador».
En 1947, Enrique Santos Discépolo escribió una nueva letra, que fue estrenada ese mismo año por Libertad Lamarque en la película mexicana Gran Casino, dirigida por Luis Buñuel. Sin embargo, fue Tita Merello quien, a través de su interpretación, logró hacer de este tango una «verdadera creación», integrándolo como parte fundamental de su repertorio básico. Merello fue acompañada en sus interpretaciones de «El Choclo» por diversas orquestas, incluyendo la de Francisco Canaro.
La melodía de «El Choclo» trascendió fronteras y fue adaptada en 1952 por Lester Allan y Robert Hill con el título «Kiss of Fire». Aunque reconocieron la autoría de Villoldo en la partitura publicada, modificaron dos compases de la primera parte, añadieron un fraseo de inspiración flamenca a la segunda y eliminaron por completo la tercera. El 19 de marzo de 1955, Louis Armstrong grabó «Kiss of Fire». Julio Iglesias incluyó una versión en su álbum de 1996 Tango.
La hermana del compositor, Irene Villoldo, aclaró el origen del título: «"El Choclo" era en realidad un personaje malevo y “fioca” que había sentado sus reales en las inmediaciones de Junín y Lavalle, a quien se le denominaba así por el color de sus cabellos». Esta explicación desmiente la versión popularizada por Francisco García Jiménez, quien atribuyó al compositor la frase: «Pa’ mi el choclo es lo más rico del puchero».
Soy del pueblo: Tita Merello - Canal Encuentro
La versión de «El Choclo» interpretada por Tita Merello, con su voz característica y su profunda conexión con el alma del tango, se convirtió en un hito. Su manera de transmitir la picardía, la melancolía y la fuerza de la letra, impregnada de su propia experiencia de vida, hizo de su interpretación una de las más memorables y sentidas de la historia del género.