La tarta de zapallo y queso se ha consolidado como un auténtico protagonista del otoño cada año, destacándose como un postre dulce e imprescindible. Este tipo de preparaciones con calabaza han ganado popularidad, rivalizando en sabor con otras delicias clásicas como la tarta de manzana, el Crumble de manzana, la tarta de pera o la tarta de membrillo.
La calabaza es un ingrediente que no solo aporta sabor, sino también un vibrante color y un dulzor natural, haciendo de esta tarta una opción ideal para cualquier ocasión otoñal, incluyendo festividades como Halloween. Esta tarta de queso y calabaza es una reinterpretación de la clásica tarta de queso, perfectamente adaptada para la temporada.
Preparación del Puré de Calabaza
Lo primero y esencial es tener la calabaza previamente cocida y hecha puré. Se puede cocinar en agua o en el microondas, asegurándose de que quede tierna. Para ello, se pesa la calabaza fresca, se coloca en un bol y se cuece tapada en el microondas durante unos 4-5 minutos, aunque el tiempo exacto dependerá de la potencia del aparato.
Cabe destacar que, mientras en Estados Unidos es común encontrar puré de calabaza en conserva para estas tartas, para esta receta se cocina la calabaza fresca y se tritura en casa.

Elaboración de la Base de Galleta Crujiente
La base de esta tarta se prepara con la tradicional mezcla de galletas trituradas y mantequilla. Para ello, se pesan las galletas y se trituran finamente en una batidora.
Una vez listas las migas, se forra el fondo de un molde desmontable (en este caso, de 20 cm) con papel de hornear y se extienden las migas de galleta, prensando suavemente para cubrir toda la base. El molde se introduce en el horno precalentado a 160ºC (con aire) o 180ºC (sin aire) y se cuece la base durante unos 10 minutos para que se compacte.
Creación del Relleno Cremoso
El relleno de esta tarta de queso y calabaza es notablemente sencillo de preparar, ya que solo requiere juntar y batir todos los ingredientes.
Para comenzar, se ponen los huevos en la batidora junto con la calabaza cocinada y se bate hasta obtener una mezcla fina. Posteriormente, se añade el queso crema y el azúcar.
En un bol aparte, se pesan la harina, la sal y las especias, que incluyen canela molida y nuez moscada rallada. Estos ingredientes secos se incorporan a la mezcla húmeda, batiendo hasta conseguir una consistencia lisa y homogénea.
Como sugerencia para el relleno, se puede optar por mermelada de albaricoque y un apetitoso frosting de mascarpone. Si se prefiere, el queso tipo Philadelphia también es una excelente alternativa. Una peculiaridad de este relleno es que puede hacerse con miel, lo que le confiere un sabor más rico, aunque también se puede utilizar azúcar.
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Proceso de Horneado al Baño María
Para un horneado perfecto, se envuelve el molde con papel de aluminio, asegurándose de que no entre agua durante el baño maría. Las tiras de papel se adhieren a las paredes por la propia fuerza de la masa, pero para mayor firmeza se pueden untar con mantequilla blanda y pegarlas.
A continuación, se vierte la mezcla del relleno en el molde. Luego, se introduce una fuente en el horno donde quepa el molde holgadamente. Se prepara suficiente agua hirviendo y se coloca el molde dentro de la fuente en el horno precalentado a 155ºC (con aire) o 175ºC (sin aire). Finalmente, se vierte el agua hirviendo en la fuente y se cierra el horno.
Enfriado y Conservación
Una vez transcurrido el tiempo de horneado, se comprueba si la tarta está hecha en el centro introduciendo una brocheta. Si sale limpia, se apaga el horno y se deja la tarta dentro durante 30 minutos más. Luego, se entreabre la puerta para que se enfríe poco a poco.
Finalmente, se saca el molde del horno y se deja que la tarta se enfríe completamente a temperatura ambiente, sin destaparla. Una vez fría, se le coloca papel film a piel (directamente sobre la superficie) y se refrigera por al menos 6 horas. Al día siguiente, se desmolda con cuidado para evitar que se rompa y se coloca en el plato o base deseada para su presentación.
Esta tarta se puede preparar con antelación y congelar. Bien envuelta en papel film, puede conservarse perfecta hasta por dos meses. Cuando se necesite, basta con descongelarla a temperatura ambiente.

El Resultado Final
El resultado es una cremosa tarta de queso con un sutil sabor a calabaza, complementada por unos colores y aromas profundamente otoñales. Su base de bizcocho es sabrosa y esponjosa, y la calabaza contribuye a una textura muy cremosa y suave. Es un postre que, servido con un poco de nata montada o un frosting de mascarpone, siempre garantiza el éxito.