La relación entre el ser humano y los alimentos ha trascendido la mera supervivencia biológica, convirtiéndose en una fuente inagotable de sabiduría popular y reflexiones filosóficas. A lo largo de la historia, diversas frases han intentado definir nuestra identidad a través de lo que consumimos y cómo nos comportamos en la cocina.
La filosofía detrás de “Somos lo que comemos”
Seguramente habrás escuchado o leído la frase “Somos lo que comemos”, una expresión muy común que suelen decir sobre todo aquellas personas que están intentando darnos un consejo respecto de nuestra salud. Pero, ¿qué significa realmente esta expresión?
En pocas palabras, dado que la alimentación es un proceso voluntario de los seres humanos a diferencia de otros como la respiración, somos nosotros los que elegimos qué comemos, cuándo lo comemos y por qué procesos pasan esos alimentos antes de consumirlos.

Origen histórico de la máxima
La conocida expresión la dijo por primera vez Ludwig Feuerbach, filósofo y antropólogo alemán. Bajo el concepto «Der Mensch ist, was er isst», la frase se traduce al español de la siguiente manera: «Si se quiere mejorar al pueblo, en vez de discursos contra los pecados denle mejores alimentos. El hombre es lo que come».
Ludwig Feuerbach era un humanista y ateo. Escribió esta frase para criticar la visión de la iglesia, que decía que los seres humanos únicamente necesitaban pan y agua para vivir. La base de la creencia religiosa es que únicamente hay que alimentar el alma, pero Feuerbach no estaba de acuerdo con ella. Poniendo esta frase en contexto, a mediados del siglo XIX, defendía el derecho de las clases sociales más desfavorecidas a tener una buena alimentación.
Mitos y realidades sobre la frase
Existe la creencia errónea de que la expresión viene de Hipócrates o de William Shakespeare, pero ninguno de ellos habla sobre ella en sus obras. Ahora bien, Hipócrates sí pronunció la frase «Sea el alimento tu medicina, y la medicina tu alimento».
La dieta como reflejo de nuestra personalidad
Antes de ingerir un alimento hemos tomado una serie de decisiones que no sólo están afectadas por factores externos, como qué disponibilidad de tiempo tenemos para preparar el almuerzo o la cena, sino también por nuestra personalidad y forma de ver las cosas.
Al final, comemos como somos y somos lo que comemos porque, con el paso de los años, la dieta por la que optamos influye en nosotros. Probablemente una persona activa siga un régimen alimentario acorde a esa exigencia física, mientras que una persona sedentaria no reparará en ello. Independientemente de cada caso, a medio o a largo plazo las secuelas de la alimentación se harán notar.

Nutrición y responsabilidad social
La explicación detrás de este fenómeno está en la nutrición, el proceso por el cual nuestro organismo absorbe nutrientes de los alimentos. Un metabolismo bien nutrido tendrá menos deficiencias y desarrollará menos enfermedades que pueden empeorar la calidad de vida. Justamente por esto los profesionales de la nutrición nos recomiendan comer saludablemente.
Por si eso fuera poco, tenemos que pensar además en nuestros hijos y quienes nos rodean, ya que están atentos a todo lo que hacemos. Siempre que vean que nuestra alimentación es poco variada, con excesos de alcohol o tabaco, creerán que eso es lo más correcto.
Otros refranes culinarios y su origen
La cultura popular está llena de dichos que utilizan la cocina como metáfora. A menudo buscamos el origen de refranes que nos invitan a conformarnos con lo que tenemos, tales como:
- «Comida que escasea, bien se saborea».
- «A falta de caldo, buena es la carne».
El enigma de Juan Palomo
Otro refrán muy popular es: «Yo me lo guiso, yo me lo como». ¿Quién fue Juan Palomo? Lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta quién fue, o quizá ni siquiera existió realmente. En esta ocasión, el refrán tiene dos acepciones diferentes e incluso contrarias entre sí. Por un lado, se trata de alabar la capacidad de una persona de ser autosuficiente a la hora de llevar a cabo una tarea.
¿Cuál es su posible origen? Puede que sea literario y se encuentre en la «Letrilla Satírica III» de Francisco de Quevedo (1580-1645). Concretamente, uno de sus pasajes dice así: «Más estimo un dan que un don; / y es mi fuerza y vigor tanto, / que un testimonio levanto, / aunque pese más que plomo».