Quien le Preparaba la Cena a Adam Smith: Un Enfoque Feminista de la Economía

A través de la incisiva pregunta “¿quién le hacía la cena a Adam Smith?”, la periodista y escritora sueca Katrine Marçal desentraña el popularizado concepto de Homo economicus. Su objetivo es desandar un sesgo predominante en los índices y criterios de medición del valor y la riqueza: la exclusión sistemática de las tareas de cuidado.

Marçal, quien ha dado conferencias en instituciones de prestigio como la Universidad de Oxford y la Facultad de Economía de Londres, propone un análisis fascinante de la historia de la economía y del pensamiento económico desde una perspectiva femenina, invitándonos a acabar con el Homo economicus de una vez por todas.

Adam Smith y el "Homo Economicus": La Visión Tradicional

Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna, estableció una tesis fundamental en su obra La riqueza de las naciones. Escribió que no era por la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que podíamos cenar cada noche, sino porque estos se preocupaban por su propio bienestar. Así, el ánimo de lucro, el interés propio y egoísta, hacía girar el mundo y garantizaba el bienestar general.

Esta concepción dio origen al Homo economicus, un ser racional, insensible, asexuado y que se mueve exclusivamente por su interés personal. Este modelo ha dominado nuestra comprensión del mundo desde entonces, y su influencia se ha extendido desde el mercado hasta la forma en que compramos, trabajamos y nos relacionamos.

Esquema visual que compara la teoría del

El "Corazón Invisible": Margaret Douglas y la Crítica al Interés Propio

Sin embargo, Marçal plantea una pregunta crucial: ¿era así realmente? Adam Smith cenaba cada noche gracias a que su madre, Margaret Douglas, le preparaba la cena. Ella no lo hacía por egoísmo o interés propio, sino por amor. Este “corazón invisible” coexistía con la “mano invisible” de la que hablaba Smith, pero no tenía cabida en su teoría económica.

Hoy, la economía sigue centrándose en el interés propio y excluye cualquier otra motivación, ignorando el trabajo no remunerado de criar, cuidar, limpiar y cocinar. Marçal recalca que “la economía nos ha contado una historia sobre cómo funciona el mundo y nos la hemos creído hasta el final”. Pero ha llegado el momento de cambiar esa historia.

La Historia de Margaret Douglas: Un Pilar Fundamental

Para Katrine Marçal, Margaret Douglas es la pieza que faltaba al rompecabezas. Nacida en septiembre de 1694 en una familia noble escocesa, se casó con el padre de Adam Smith en 1721. Su marido falleció en 1723, seis meses antes del nacimiento de su hijo Adam. Viuda a los veintiocho años, Margaret nunca se volvió a casar.

Aunque su hijo heredaría las propiedades de su padre, Margaret solo podía aspirar a un tercio de la herencia, dependiendo económicamente de su vástago. Toda su vida se dedicó a cuidar de Adam, quien nunca se casó y vivió la mayor parte de su vida con ella, junto a una prima, Janet Douglas. Cuando Smith ocupó el puesto de director de aduanas en Edimburgo, su madre se mudó a vivir con él.

La autora advierte que, sin un plato de comida caliente sobre la mesa y los cuidados constantes de su madre, Smith difícilmente hubiese podido publicar -o tan siquiera escribir- su obra más famosa, La riqueza de las naciones.

Retrato de Margaret Douglas, madre de Adam Smith, o una ilustración temática de una mujer cuidando de su hogar en el siglo XVIII

La "Segunda Economía": El Trabajo de Cuidados Invisibilizado

Marçal llama la atención sobre cómo no solo hay un “segundo sexo” sino también una “segunda economía”, que comprende todo el trabajo de cuidados y reproducción social que históricamente ha recaído en las mujeres. Esta esfera de trabajo no remunerado es ignorada por el cálculo económico tradicional, que insiste en que si a las mujeres se les paga menos es porque su trabajo vale menos.

Un chiste común entre economistas ilustra esta desconexión: “si un hombre se casa con su ama de llaves, el PIB del país disminuye. Si, por el contrario, envía a su madre a una residencia de ancianos, aumenta de nuevo”. Este ejemplo muestra cómo el mismo tipo de trabajo puede computarse o no como parte del PIB, revelando un sesgo disciplinario patriarcal.

La exclusión de las tareas de cuidado no es un problema menor. Hoy persiste una amplia brecha de género: en promedio, “las mujeres dedican 2.5 veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres” (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo [PNUD], 2019). En la región latinoamericana, las mujeres dedican más del doble de horas a estos trabajos (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], s.f.).

Marçal da cuenta de cómo la conciliación de la vida laboral y familiar se ha convertido en un malabarismo suprahumano para muchas mujeres. El "poder con todo" se instaló como una demanda digna de una mulier economicus, pero a menudo lleva a que las mujeres vean reducidas su pensión, ganancias futuras y seguridad económica al hacerse cargo de la descendencia.

Un ejemplo contemporáneo que refleja esta mentalidad es el de un presidente que declaró que su madre debería ganar una menor jubilación o haber recibido solo una “asistencia” por haber sido ama de casa, afirmando que “mi mamá no trabajó y mi papá sí”. Estas declaraciones son un síntoma de una época que aún no valora plenamente el trabajo de cuidados.

INFOGRAFIA

Críticas al "Homo Economicus": Un Modelo Abstracto y Limitado

Marçal pone en jaque al Homo economicus, señalando sus características fundamentales: no gesta, lacta ni menstrúa. Esta tríada dirige hacia necesidades diferentes que la sociedad y las agendas gubernamentales han comenzado a incorporar recientemente, como las licencias de paternidad extendidas, la construcción de lactarios o la reducción de impuestos en productos menstruales.

Inspirado en Robinson Crusoe, el Homo economicus permanece aislado, egoísta y ambicioso, un actuario de sí mismo que calcula riesgos para optar por la oferta más beneficiosa. Los afectos no son una excepción, ya que “el hombre económico transforma los sentimientos de las personas en preferencias”, reduciéndolos a un conjunto impersonal de deseos.

Robinson Crusoe como Arquetipo del Individuo Aislado

La novela de Robinson Crusoe, que muchos economistas liberales usan como modelo de auto-suficiencia, revela las fallas de esta idealización. Crusoe naufraga en una isla, pero su “sociedad unipersonal” no se construye solo con su ingenio; regresa trece veces al barco naufragado a buscar materiales y herramientas hechas por otras personas. Cuando es rescatado, descubre que su plantación en Brasil, gestionada por sus empleados, ha cosechado grandes beneficios. La idealización de Crusoe como un individuo aislado y sin historia es el objeto de estudio perfecto para economistas que buscan simplificar el mundo y hacer predicciones, ignorando las interconexiones humanas.

Marçal subraya que esta fábula económica liberal solo puede funcionar con un individuo desprovisto de cuerpo, abstracto y supuestamente asexuado. El Homo economicus es fundamentalmente no-mujer; puede representar la razón y la libertad porque su contraparte femenina representa lo contrario: el sentimiento, el cuerpo, la dependencia, la afección y la abnegación.

Al construir este personaje ficticio, la teoría económica liberal niega todo aquello que nos pone en contacto con nuestra humanidad: el cuerpo, las emociones, la dependencia, la inseguridad y la vulnerabilidad. Partes de la realidad humana que durante miles de años la sociedad nos ha dicho que pertenecían a la mujer.

El Impacto en la Subjetividad y la Política

El Homo economicus ha calado profundamente en la subjetividad contemporánea. La frase “eso que llaman sociedad no existe”, pronunciada por Margaret Thatcher, es un aforismo de la doctrina neoliberal que, en buena medida, reposa en este tipo ideal. Marçal discrepa con esta doctrina porque enflaquece las garantías y protecciones del Estado hacia la ciudadanía.

Ella encuentra llamativo que el neoliberalismo haya sido una opción atractiva para tantos gobiernos en los años 80, pues los países con mayor crecimiento en esa época fueron los que fortalecieron sus bancos centrales, como Japón y Alemania Occidental. En la actualidad, Mariana Mazzucato ha reivindicado el rol de los presupuestos estatales en la ciencia, educación e invención tecnológica, que son insumos indispensables para productos de grandes empresas, como el GPS o el algoritmo de Google.

El Homo economicus antepone la teoría a la realidad, forzándola hasta que encaje en la teoría. Esta ceguera de género de la teoría económica liberal, desde Adam Smith, cuenta un relato absolutamente falso sobre la realidad cotidiana. “No hay almuerzos gratis” es un axioma frecuente entre economistas liberales, pero Marçal añade: “Tampoco hay cuidados gratis”.

Gráfico o ilustración sobre la brecha de género en el trabajo no remunerado a nivel mundial

Hacia una Reorganización Social y Económica

El libro de Katrine Marçal, ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía, propone reorganizar la sociedad contemplando la diversidad de experiencias humanas. Para conseguir una vida sostenible, es preciso acabar con el Homo economicus, esa caricatura del liberalismo que nace "sin necesidad de nadie, sin cuidar de nadie ni ser cuidado".

El mayor aporte de esta obra es repensar el sistema económico capitalista a partir de preguntas y reflexiones feministas. La obra apela a que las tareas de cuidado son un insumo imprescindible de generación de valor y trabajo, algo que muchas feministas han condensado en la consigna: “eso que llaman amor, es trabajo no pago”.

Para el feminismo, la igualdad equivale a la aspiración de erradicar la jerarquía de género, no la diferencia. No se trata solo de que las mujeres sean valoradas por quienes son, sino de tener acceso al proceso mismo de la definición del valor. Marçal invita a pasar “de intentar ser dueños del mundo a intentar sentirnos a gusto dentro de él; como en casa”.

Opiniones Expertas sobre la Obra de Marçal

La obra de Katrine Marçal ha sido ampliamente elogiada por su enfoque fresco y crítico:

  • Will Hutton la describe como “economía vista desde un prisma totalmente distinto, atrevido e iluminador para todo hombre y mujer que lo lea. Y de hecho debería leerlo todo el mundo”.
  • Philip Roscoe comenta que “este libro informado, airado y muy entretenido hará que muchos economistas huyan en busca de protección”.
  • Otros la califican de “aguda e inteligente, busca recuperar una medida de humanidad, empatía y afecto a nuestra imagen de relaciones económicas y de género”.

tags: #quien #le #preparaba #la #cena #a