Historia de la Quiebra de Fábricas en Argentina y sus Desafíos

A pesar de la búsqueda exhaustiva en el material proporcionado, no se encontró información específica ni detalles históricos sobre la quiebra de una fábrica de fideos particular en Comodoro Rivadavia. El borrador contiene una mezcla de eventos no relacionados, como desastres naturales en Comodoro Rivadavia, casos de corrupción, quiebras en el sector lácteo y una visión general de la historia industrial argentina. Por lo tanto, no es posible construir una narrativa detallada sobre el tema solicitado directamente a partir del texto dado.

Contexto de Quiebras en la Industria Alimentaria Argentina

La crisis económica ha golpeado con fuerza a diversos sectores de la industria argentina. Un ejemplo de ello es la situación que vivió el sector lácteo.

  • Caso de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA)

    Más de 400 trabajadores quedaron sin empleo tras la declaración de quiebra de la fábrica que producía yogures y postres para SanCor, un golpe que marcó el cierre definitivo de una de las plantas más reconocidas del rubro. El fallo fue dictado por el Juzgado Comercial N° 29 de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del juez Federico Güerri, quien dispuso la liquidación total de la firma después de meses de intentos fallidos por revertir la situación financiera. La medida dejó sin actividad a las dos plantas productivas que operaban en Buenos Aires y Córdoba, además de impactar en una extensa red logística que abastecía a miles de comercios en todo el país. La compañía venía atravesando una crisis sostenida marcada por deudas, paralización productiva y un concurso preventivo que no logró atraer a inversores. Los trabajadores, que llevaban meses con salarios atrasados y sin certezas, ya se habían declarado despedidos antes del fallo judicial.

    Esquema de un proceso de quiebra de una empresa alimentaria

    Recién se confirmó la sentencia definitiva que puso fin a Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), responsable de fabricar una amplia gama de productos lácteos que durante años formaron parte de la mesa de los argentinos: yogures, flanes, postres y bebidas bajo las marcas Shimy, Sancorito, Sublime, SanCor Vida, Yogs y Primeros Sabores. El proceso judicial de ARSA se extendió durante más de un año. En abril de 2024, la empresa había ingresado en concurso preventivo en un intento por evitar la disolución. Incluso se mencionaron posibles interesados en el salvataje, pero ninguno avanzó con una oferta formal. Con el correr de los meses, la falta de producción y la incertidumbre económica precipitaron el cierre definitivo.

    Historia de ARSA: Cambios de Dueños y Promesas Incumplidas

    La historia de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) estuvo signada por sucesivos cambios de conducción y una gestión cada vez más inestable. Hasta 2022, la compañía había estado bajo control del grupo Vicentin, que la utilizó para relanzar parte del portafolio de SanCor tras el declive de la cooperativa santafesina. Ese mismo año, la firma pasó a manos de los empresarios venezolanos Manuel y Alfredo Fernández, vinculados a la compañía La Suipachense, a través del grupo Maralac S.A. Prometieron reactivar la producción y garantizar los puestos de trabajo, pero los resultados nunca llegaron: las plantas funcionaron de manera intermitente y las deudas crecieron. Con una red logística que involucraba a 165 distribuidores y una cobertura de 70.000 puntos de venta semanales, ARSA llegó a ser una de las principales elaboradoras de productos lácteos del país. Sin embargo, la falta de inversiones, el atraso salarial y la pérdida de contratos con supermercados aceleraron su caída. En los últimos meses, la producción se redujo al mínimo y los trabajadores denunciaron que los directivos abandonaron las instalaciones sin dar explicaciones. La decisión judicial de quiebra, por lo tanto, solo formaliza un cierre que ya se percibía inevitable.

    MS Informa #268: ¿Que sucede con los trabajadores en caso de quiebra de la empresa?

    Con la liquidación confirmada, el futuro de los más de 400 empleados sigue siendo incierto. Algunos esperan una propuesta de continuidad a través de una cooperativa de trabajo, mientras otros iniciaron demandas laborales. Desde el gremio Atilra, que representa a los trabajadores lácteos, denunciaron reiterados incumplimientos por parte de la empresa: salarios impagos, sueldos abonados parcialmente y más de tres años sin aportes a la obra social. Según señalaron, “la situación era insostenible y los empleados llevaban meses sobreviviendo sin respuestas ni diálogo”.

    La caída del consumo interno, los costos crecientes de la materia prima y la inflación constante fueron los factores más mencionados en los descargos de la firma, que también apuntó contra las políticas de control de precios implementadas por el anterior gobierno. Sin embargo, referentes del sector sostienen que la quiebra fue consecuencia de errores de gestión y endeudamiento acumulado, más que del contexto económico general.

  • Cooperativas Recuperadas: El Caso de La Litoraleña

    Un ejemplo de resistencia empresarial es La Litoraleña, una cooperativa recuperada en 2015 que se dedica a fabricar tapas de empanadas, tartas y pastas. Sus empleados tomaron las riendas de la empresa y decidieron defenderla: en el marco de la crisis que atraviesa el país, los tarifazos y la caída del consumo, luchan por mantener 50 puestos de trabajo. Se encuentra ubicada en el barrio de Chacarita. Es una empresa cuyo dueño quebró hace ocho años, pero que empleados y vecinos organizados lograron recuperarla. Iniciaron un juicio ese año para pagar salarios e indemnizaciones, que continúa en la actualidad y pone en riesgo el trabajo de 50 familias. Luis Baini, presidente de la sociedad, explicó que debido a la caída del consumo y el aumento de la materia prima, la situación es cada vez más compleja. “El principal desafío que tenemos como cooperativa es solucionar el conflicto judicial que lleva ocho años sin que tenga una resolución definitiva. En caso de que se concrete el desalojo, estaríamos corriendo el riesgo cincuenta familias de quedarnos en la calle”, detalló.

    En 2015, después de meses sin cobrar los salarios, los empleados decidieron ocupar las instalaciones y parar las actividades. A partir de ese momento, se comenzaron a organizar para crear la sociedad cooperativa y en 2016 lograron conseguir la matrícula. Para 2016, la empresa quebró y los trabajadores se presentaron ante el Juzgado de la Quiebra para poder continuar con las actividades, pero, entre idas y vueltas, pasaron dos años sin novedades, hasta que la Cámara de Apelaciones dictó la legalidad para poder trabajar. Sin embargo, para el 2020 comenzó otra lucha cuando se pidió el desalojo de la fábrica. A pesar de que apelaron la decisión en 2023, la Cámara rechazó el pedido y los trabajadores quedaron a la deriva.

    En cuanto a tarifas, señalaron que pasaron de pagar 900 mil pesos a 3 millones de pesos el mes pasado. “El otro tema que es muy importante es la caída de la demanda, que se sintió en febrero y pero especialmente en marzo, que es el pico de la demanda por la fiesta en Pascua”, explicó Fabián Pierucci, responsable de planificación de la cooperativa. “Estamos sostenidos por la historia de otras experiencias similares, que llamamos la autogestión, por nuestros vecinos y vecinas que cada día confiaron en la responsabilidad social que significa preservar la fuente de trabajo, pero con una apertura en donde la fábrica ya no es de un propietario privado, sino que esté al servicio de la comunidad”, analizaron.

Historia General de la Industria Argentina

El inicio de la industria en la Argentina se remonta a la expansión económica de la generación del 80 en el marco del llamado modelo agroexportador, que consistía en la exportación de productos agropecuarios y en la importación de productos industriales, teniendo la industria una participación secundaria y complementaria. Se crearon algunas fábricas, sobre todo aquellas destinadas a producir para el mercado interno y en ocasiones el externo, generalmente alimentos. Durante el primer Gobierno de Hipólito Yrigoyen se establecieron mayor cantidad de establecimientos industriales. El siguiente período de crecimiento industrial fue el Gobierno de Juan Domingo Perón: se crearon fábricas de equipamientos militares y se radicaron varias industrias pesadas (como las automotrices).

Diagrama de la evolución industrial argentina en el siglo XX

El gobierno de Arturo Frondizi fue de gran expansionismo industrial: se continuaron los proyectos industriales que había comenzado el peronismo, además se radicaron mayor cantidad de industrias a través de la política de los capitales extranjeros, y se forjó el abastecimiento de materias primas como petróleo, acero. Además se cubrió la demanda de automotores que existía en Argentina. Tras la vuelta de Perón en 1973, se realizaron nuevas obras para la industria, y entre 1973 a 1974 se registró la máxima producción histórica en el sector industrial. Pero esta cayó a consecuencia de la crisis del petróleo de 1973.

Las políticas de la dictadura ocasionaron un crecimiento del 600 % de la deuda externa. En 1981 se inició un largo período de ajuste, signado por la deuda y la creciente inflación. En esta década la actividad industrial se vio envuelta en ciclos intensos de altibajos en su producción. El siguiente gobierno democrático de Raúl Alfonsín tuvo que enfrentar la debilidad económica del país; lo hizo mediante el Plan Austral, el cual funcionó por poco tiempo: la inflación se disparó violentamente hacia la hiperinflación. El Gobierno de Carlos Menem, a causa de la política de convertibilidad y la reapertura de las importaciones, redujo drásticamente la rentabilidad empresaria, provocando una fuerte caída de la industria nacional. Se cerraron o privatizaron las industrias y empresas que quedaban bajo poder del Estado, como las privatizaciones de Aerolíneas Argentinas en 1990 o de YPF en 1992. Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, la estructura industrial argentina creció con ciertos altibajos.

Orígenes de la Industria en el Virreinato y Post-Independencia

En los tiempos del Virreinato del Río de la Plata no existían muchas industrias como consecuencia de la economía colonial, en donde las colonias cumplían la única función de abastecer de materias primas al Imperio Español, y éste no permitía el desarrollo de industrias para evitar rivalizar entre los productos manufacturados de las colonias con los europeos. Pese a ello, entre Buenos Aires y Brasil se establecieron vínculos comerciales. Fue el obispo de Tucumán, fray Francisco de Vitoria, quien hizo efectiva la primera exportación de productos elaborados, como lienzos, telillas, cordobanes, sombreros, sobrecamas y frazadas tejidas en Santiago del Estero, rumbo a Brasil el 2 de septiembre de 1587, fecha que ha quedado como Día de la Industria Argentina.

Pero este comercio no fue tolerado por el Imperio Español y, en consecuencia, en 1595 una Real Cédula prohibió introducir en Buenos Aires mercaderías procedentes de las colonias portuguesas. Aunque fuese restringido, ese comercio con el imperio significaba el decaimiento de las industrias del interior del Virreinato. Cuando sucedió la guerra entre el Imperio Español y el Imperio británico que se prolongó desde 1796 hasta 1808, los navíos que abastecían al Virreinato entraron muy espaciadamente por el puerto de Buenos Aires; fue entonces cuando florecieron las actividades manufactureras del interior. Como los efectos importados desaparecieron o sus costos eran muy elevados, desde 1796 Cochabamba, Cuzco y Corrientes abastecieron a Buenos Aires de lienzos y lanas, Tucumán enviaba arroz, Cuyo producía y enviaba vinos, de Quito venían paños y alhajas, Moquegua producía aguardientes, suelas y jabón.

En los primeros años después de la Revolución de Mayo de 1810 la relación entre Buenos Aires y el interior del recientemente país constituido no era buena. Ya en 1809 se había evidenciado que los intereses del puerto de Buenos Aires chocaban con los de las ciudades del interior. A partir de 1810, la aduana recaudó grandes sumas de dinero, que sirvieron a la Junta de Gobierno para salvar las primeras urgencias económicas de la revolución. Al poco tiempo se evidenció que, aparte del decaimiento de la producción vernácula, había una gran evasión de dinero metálico. Tanto la Junta como los triunviratos y el Directorio comprendieron el daño que infligía a las pequeñas industrias del interior la política de puerto abierto, pero solo hicieron algunas excepciones. En poco tiempo el interior fue invadido por las manufacturas británicas; las fábricas no enviaban solamente ponchos, sino vestidos de toda clase, muebles, bebidas y hasta estribos de palo. Lo cierto es que, mientras en Buenos Aires ingresaban cuantiosas sumas monetarias por la aduana del puerto, el interior se iba empobreciendo.

Desarrollo Industrial del Siglo XIX

La mayor parte de los productos industriales que se exportaron en el siglo XIX fueron meros acondicionamientos de productos agroganaderos para su embarque y exportación. Primeramente el salado de los cueros y del tasajo, luego la selección, lavado y enfardado de la lana. El acondicionamiento de cueros, carnes saladas y lana significaban un valor industrial agregado, pero apenas el necesario para poder embarcarlos a su mercado consumidor. Más tarde surgieron las primeras industrias basadas en la agricultura que vendían productos terminados para el consumo: de la caña de azúcar se extraía azúcar blanco y aguardientes, de las hojas del tabaco los cigarros, de la vid el vino y bebidas destiladas; todos estos productos dependían de un sistema de transporte que no existía hasta fines del siglo.

Durante la década de 1820 se produce la expansión de los saladeros en las provincias del litoral, principalmente en Buenos Aires y Entre Ríos, siendo la principal industria hasta la década de 1850. En estos establecimientos se producían grasas, sebo, cueros y tasajo que llegó a ser exportado a los mercados esclavistas de Cuba y Brasil. En el año 1830 se producen reformas en los sistemas productivos de la mano de inmigrantes europeos, los cuales aportaban conocimientos técnicos. En Buenos Aires, en 1846, se inauguró el Molino Harinero San Francisco, siendo el primer molino a vapor de la Argentina y un hito en la evolución técnica del país.

La década de 1860, ya en el marco de la Segunda Revolución Industrial, es el comienzo de la industria moderna en Argentina, hasta entonces prácticamente limitadas a los saladeros o industrias artesanales como la producción de tejidos de lana, harinas, aguardiente, jabones, cigarros, vinos y azúcar. La escasez de población, capitales, mano de obra calificada y transportes habían impedido la formación de un mercado nacional. En 1859, con dinero del presidente Urquiza, se instaló el primer ingenio azucarero mecanizado de la Argentina. A fines de 1864, el estadounidense Melville Sewell Bagley lanzó la Hesperidina, un aperitivo que se presentó como la cura a muchos problemas digestivos. Doce años más tarde, se creó por ley, a instancias del mismo Bagley, la Oficina Nacional de Patentes y Marcas de Argentina. El 27 de octubre de 1876 se le concedió la patente número uno a su invento, la Hesperidina.

En 1860, el alemán Emilio Bieckert fundó la primera fábrica de hielo en Argentina. A principios de la década de 1880 creó la primera fábrica de Cerveza en el país. De forma similar su compatriota Otto Bemberg fundó en 1888 la cervecería Quilmes. En 1875 el italiano José Canale fundó la panadería homónima que finalmente se transformaría en la fábrica de bizcochos Canale. En 1882 el francés León Rigolleau y su sobrino, Gastón Fourvel Rigolleau, inician la Cristalería Rigolleau, principalmente para proveer a Bieckert y Quilmes.

Hacia fines del siglo XIX comienza la etapa de consolidación de la industria argentina. El país se sirvió de la pampa húmeda como gran generadora de divisas en el mercado mundial, basándose en el modelo agroexportador. Sin embargo, en la década de 1880, el país contrajo un fuerte déficit comercial, lo que tuvo que ser balanceado por empréstitos. En un determinado momento, las exportaciones de aquellos productos que se producían en Argentina, bajaron, ya que otros países comenzaron a producirlas en mayor cantidad y a menor costo. Argentina perdió su ventaja relativa en la venta de granos y carnes, lo que desembocó en una aguda crisis económica en 1890.

Tras la renuncia de Celman, asumió el vicepresidente Carlos Pellegrini, quien apuntaba a un modelo más industrializado. Puso como condición para asumir el cargo que un grupo de banqueros, estancieros y comerciantes argentinos suscribieran un empréstito de quince millones de pesos para hacer frente a los vencimientos externos. "La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias." Así, los primeros pasos industriales fueron por los saladeros, los cuales procesaban y exportaban carne y cueros. Estos fueron instalados a partir de 1810 en las zonas más urbanas del país, como en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Con el desarrollo del ferrocarril se buscó desarrollar el transporte argentino, lo que originó un mejoramiento del sector agrario argentino y un desarrollo del sector metalúrgico británico.

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