La expresión "hijo de mis entrañas" resuena con una profunda carga emocional y espiritual, evocando la conexión más íntima y esencial entre un ser y su origen. Esta frase, presente en textos sagrados y obras literarias, trasciende el mero parentesco biológico para explorar dimensiones de creación, conocimiento divino y maternidad en sus múltiples formas.

La Sabiduría de la Madre al Rey Lemuel (Proverbios 31:1-9)
Los Dichos del rey Lemuel de Masá, con los cuales su madre le dio instrucción, comienzan con una poderosa interpelación que subraya la intimidad y el amor de la relación materna-filial. Ella le dice: "Hijo mío, fruto de mis entrañas, respuesta de Dios a mis ruegos, ¿qué más te puedo decir?" o en otras versiones, "Tú eres mi hijo, el hijo de mis entrañas; el hijo que pedí a Dios en oración". Esta exhortación a un rey, proveniente de su madre, establece un tono de profunda preocupación y sabiduría.
La instrucción se centra en advertencias cruciales para un gobernante:
- Moderación en los placeres: "No desperdicies tu fuerza con las mujeres, ni gastes tu energía en ellas, pues destruyen a los reyes." Y también: "Que no gastes tu energía con mujeres, pues por ellas los reyes se pierden."
- Sobriedad en el liderazgo: "No es sabio que los reyes tomen vino, ni que los gobernantes se den a la bebida, ya que por culpa de la bebida pueden olvidarse de lo que manda la ley y violar los derechos de los pobres." Y se añade: "No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos."
- Compasión y justicia: La madre instruye a su hijo a la misericordia, "Deja el vino y las bebidas fuertes para los decaídos y deprimidos; ¡que beban y no vuelvan a acordarse de su pobreza y sufrimientos!" En contraste, enfatiza el deber del rey: "Habla por los que no pueden hablar y defiende los derechos de los desamparados. Alza la voz y hazles justicia; defiende los derechos de los pobres y los necesitados."
La Mujer Ejemplar (Proverbios 31:10-31)
Después de las exhortaciones al rey, el texto bíblico presenta un elogio detallado a la mujer virtuosa o mujer ejemplar, un poema acróstico en algunas versiones. Este segmento, aunque no usa directamente la frase "hijo de mis entrañas", complementa la sabiduría materna al describir las cualidades de una mujer cuya vida es un testimonio de virtud, laboriosidad y devoción, valores que una madre como la de Lemuel buscaría inculcar.
La mujer ejemplar es descrita con características como:
- Su valor: "Una mujer ejemplar, ¿quién la encontrará? ¡Vale mucho más que las piedras preciosas!"
- Su fiabilidad: "Su esposo confía plenamente en ella, y nunca le faltan ganancias. Le hace bien a su esposo toda su vida; nunca le traerá problemas."
- Su laboriosidad: "Va en busca de lana y lino, y con placer realiza labores manuales. Es como un barco mercante, trae de muy lejos sus provisiones. Se levanta bien temprano en la mañana, da de comer a su familia y a las criadas. Ella trabaja muy duro, fuertemente, y es capaz de hacer todo su trabajo."
- Su astucia y previsión: "Inspecciona un terreno y lo compra, y con sus ganancias planta viñedos. Cuida de que el negocio marche bien, y de noche trabaja hasta tarde. Comprueba que sus negocios marchan bien y trabaja hasta tarde en la noche."
- Su generosidad: "Siempre les tiende la mano a los pobres y necesitados. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso."
- Su dignidad y sabiduría: "Se reviste de fuerza y dignidad, y el día de mañana no le preocupa. Habla siempre con sabiduría, y da con amor sus enseñanzas."
El texto culmina con el reconocimiento de su familia y la alabanza pública: "Sus hijos y su esposo la alaban y le dicen: 'Muchas mujeres buenas hay muchas, pero tú eres la mejor de todas.' Los encantos son una mentira, la belleza no es más que ilusión, pero la mujer que honra al Señor es digna de alabanza. ¡Alábenla ante todo el pueblo! ¡Denle crédito por todo lo que ha hecho!"
La Omnisciencia y Omnipresencia Divina (Salmo 139)
El Salmo 139, uno de los textos más emotivos de la tradición judeocristiana, explora el concepto de "entrañas" desde una perspectiva divina, celebrando la omnisciencia, omnipresencia y omnieficiencia de Dios. Este salmo se divide en varias partes que resaltan la íntima relación entre el Creador y el ser humano.
La Mirada Escrutadora de Dios (vv. 1-6)
El salmista expresa un profundo asombro ante el conocimiento absoluto de Dios: "Señor, tú me sondeas y me conoces; tú conoces mi sentar y mi levantar; de lejos percibes mis pensamientos." Cada aspecto de la existencia humana, desde los actos más cotidianos hasta los pensamientos más recónditos, es familiar para Dios. El poeta reconoce: "todas mis sendas te son familiares." Esta omnisciencia divina es tan sublime que el hombre no puede abarcarla: "es sublime, y no lo abarco." La mirada escrutadora de Yahvé abarca cada palabra antes de que sea pronunciada y lo envuelve por completo: "me agarrará tu derecha."
La Presencia Ineludible (vv. 7-12)
El salmo continúa con la omnipresencia divina, donde el poeta reconoce la imposibilidad de escapar de la presencia de Dios. "Aunque suba a los cielos, allí estás tú; si bajo al abismo, allí te encuentro." Ni la oscuridad más profunda puede ocultar al hombre de la mirada divina: "ni aun la tiniebla es oscuridad para ti, y la noche es clara como el día." Esta presencia total, que llena los cielos y la tierra, no infunde temor, sino que se percibe como apoyo y liberación, generando confianza en el creyente.
Adónde me iré de tu Espíritu - Salmo 139 | Reavivados por su Palabra | #RPSP
La Creación Divina y el Ser Humano (vv. 13-18)
Es en esta sección donde la conexión con las "entrañas" adquiere su sentido más literal y metafórico. El salmista alaba a Dios por la maravilla de la creación humana: "Tú has creado mis entrañas; me has tejido en el seno materno. Te doy gracias por tus obras admirables; ¡prodigiosa es tu obra!" La intimidad de la formación humana es un misterio que Dios conoce desde antes del nacimiento: "no desconocías mis huesos" y "mis miembros se estaban formando en el seno materno." Incluso antes de que los días del hombre comiencen, ya estaban escritos en el "libro de la vida": "todos mis días estaban escritos en tu libro, antes que llegase el primero." Este reconocimiento de la omnieficiencia divina en el misterio de la maternidad y la formación del ser humano es un tema central.
El Juicio de Dios y el Camino Eterno (vv. 19-24)
El salmo concluye con una imprecación contra los pecadores y una súplica por guía divina. El salmista pide a Dios que destruya a los malvados, a aquellos que se rebelan contra Él, y manifiesta su aversión por quienes lo aborrecen. En un ruego final, solicita a Dios: "Sondéame, Dios, y conoce mi corazón; examíname y conoce mis pensamientos. Mira si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno." Esta es una expresión de total entrega y confianza en que Dios, que lo conoce desde sus entrañas, lo guiará por las sendas de eternidad.
Gabriela Mistral y la Maternidad: Del Vientre al Espíritu
La figura de Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, ofrece una perspectiva única y compleja sobre la maternidad y el concepto de "hijo de mis entrañas", expandiéndolo más allá de lo biológico hacia lo espiritual y cultural.
La Esencia de la Feminidad en la Maternidad
Desde su adolescencia, Gabriela Mistral fue una activa promotora de la emancipación de la mujer. Ella escribió que la esencia de la feminidad se encontraba en la maternidad. Esta postura la posiciona como una exponente de un feminismo que reivindica los derechos de la mujer fundados en la igualdad con el varón, pero también en la capacidad intrínseca y única de la mujer para ser captadora de vida. Sin embargo, nuestra poeta reclamó que el ser mujer no se agotaba en la maternidad biológica, sino que esta rebasaba su naturaleza biológica, ampliándose a la creación cultural.
Mistral afirmó: "Y sea profesional, obrera, campesina o simple dama, la única razón de ser sobre el mundo es la maternidad, lo material y la espiritual juntas, o la última en las mujeres que no tenemos hijos." En 1922, invitada por el gobierno mexicano, en el prólogo de "Lecturas para mujeres", la autora escribió lo que a algunos les resultaba controvertido: ser madre es el único sentido existencial para la mujer. No obstante, su visión era más profunda, entendiendo la maternidad como una fuerza creativa y trascendente.
Maternidad Biológica y Espiritual
Para Mistral, la maternidad no se reducía a lo físico. "La maternidad no es solo cosa de carne, sino de la carne y del alma." Su poesía que exalta la maternidad es abiertamente carnal, imaginando al hijo "clavado en sus entrañas," "anidará en su cuerpo 'entrabado en las vísceras', hasta que rasgue 'el lienzo al dar su grito'." Pero a esta fuente natural se sumaban principios sobrenaturales. Para ella, los hijos le acompañarían en la vejez, trascenderían al morir perpetuando la especie, y se reencontrarían en el trasmundo. En su oda a la natalidad, Mistral hacía teología judeocristiana, recordando el Génesis: "Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra."
Mistral hizo verdad las palabras del profeta Isaías sobre la bendición de la mujer estéril. Ella amaba a los niños, y escribir rondas infantiles o poesía le producía una sensación de gracia, como si se hubiese "casado con una muchedumbre de criaturas." En el decálogo del artista, escribió: "Darás tu obra como un hijo." Sus poemas, rondas, canciones de cuna y artículos eran manifestaciones de su maternidad espiritual. Pedía en su "Oración de la Maestra": "Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes."

La Maternidad Adoptiva: Yin Yin
Gabriela Mistral experimentó la maternidad adoptiva con Juan Miguel Godoy, conocido como Yin Yin, hijo de su medio hermano. Ella lo acogió en 1926, convirtiéndose en su madre por accidente tras la muerte de la madre biológica. Mistral idolatraría al niño, compartiendo su vida con él hasta su trágica muerte por suicidio en 1943. En su duelo, escribió: "En lo que dura una noche cayó mi sol, se fue mi día."
Su secretaria, Palma Guillén, relató que Mistral "prácticamente vivía para él." La poeta veía en Yin Yin una inteligencia superior y una profunda espiritualidad, llegando a considerarlo su "pequeño dios," un reflejo de su amor inmenso, casi idólatra. A pesar de su dolor, en la nota de suicidio de Yin Yin, él la llama simplemente: "Querida mamá," un testimonio final de la victoria de la poeta de la maternidad.
El Legado de una Madre "Sin Hijos" Biológicos
Aunque Gabriela Mistral nunca tuvo un hijo en sus entrañas biológicamente, su vida fue una constante afirmación de la maternidad. Su "maternalismo" no fue una máscara, sino la expresión de un profundo deseo y una convicción sobre el rol trascendente de la mujer. Ella quiso ser madre y promovió los derechos de la mujer desde la diferencia que surge de la maternidad, una que la sociedad debe proteger y fortalecer. Como mujer sola e independiente, Mistral no necesitaba ser madre para exigir ser valorada, ni pagar el costo de someterse a un marido despótico para tener un hijo.
Ella anatemizó al padre ausente o violento y temía que el matrimonio sometiera a la mujer o que el cuidado de los hijos se convirtiera en excusa para no comprometerse con la reforma social. Gabriela Mistral fue mujer y tres veces madre espiritual. Su proyecto vital fue el de una mujer independiente, madre material y espiritual, que bregó para que algún día todas las mujeres pudiesen llevar una vida plena, como la que ella, a pesar de sus tragedias personales, construyó.