La sopa de maní es una delicia que ha trascendido fronteras, pues son muchos los extranjeros que se han llevado su delicioso recuerdo. En Tarija, este plato se lo encuentra en casi todos los restaurantes que ofrecen un menú tradicional o gourmet. Aunque en muchos departamentos se la prepara muy bien, en Tarija encontramos las mejores ofertas de este plato en el mercado Central, pero también en restaurantes puntuales como El Rincón Criollo, la Cabaña de Pedro y, por supuesto, en el campo.
Con fideo, arroz o simplemente con papas fritas; con carne de res, de pollo o de llama, así es como se prepara en diferentes regiones del país. Afirma que cuando ya esté listo se agregan las zanahorias y las arvejas. “Es más riquita cuando se la acompaña con mote cocido a leña y llajua”, dice y asegura que este es uno de los aspectos que aprecian sus clientes.
El gusto por la sopa de maní es evidente. Un sondeo realizado a 50 personas reveló que 40 de los consultados aseguraron que es su sopa favorita, mientras que los otros hicieron alusión a la sopa de arroz con papa frita. Clara Guerrero, quien vive en el barrio Senac, asegura que una de las mejores sopas que ha probado es la de doña Nico, quien vende sus deliciosos platos en el tradicional mercado Central. Ella se da una escapada de sus labores cotidianas al menos tres veces por semana para disfrutar de esta deliciosa sopa. “No he probado otra mejor. En otros lugares la hacen muy chua, con poco maní o sin papa frita, para mí el que sea espesita con sabor a maní y tenga papa frita es muy importante”, asegura.
Según Julio López, tarijeño de pura cepa, creció tomando sopa de maní. “Mi abuelita era cocinera, ella tenía un restaurante tradicional en la calle Cochabamba y nosotros íbamos todos los días a almorzar ahí. No había día que yo no me pida la sopita de maní y hasta ahora me encanta, aunque no he probado otra mejor que la de mi abuela que en paz descanse”, cuenta.
Hay platos que logran contener el alma de un país en una sola cucharada. En Bolivia, esa cucharada humeante y sabrosa se llama sopa de maní. Blanca, envolvente, con cuerpo, siempre reconfortante, esta preparación ha resistido el paso del tiempo sin perder su lugar en la mesa diaria y en el corazón colectivo. No es solo un plato típico: es un símbolo. Y como todo símbolo, tiene múltiples formas, historias y significados.
Orígenes e influencias históricas
Se dice que la sopa de maní tiene su origen en la cazuela de maní, una preparación que aún se conserva en los valles bolivianos. Espesa, energética y abundante, esta receta tradicional incluye arroz, garbanzos, repollo, carne, verduras y maní.
Detrás de su ingrediente estrella hay una historia ancestral. El maní que usamos hoy nació en el sur de Bolivia hace unos 9.400 años, como resultado del cruce natural de dos especies silvestres, gracias a la migración y recolección humana. Comenzó a cultivarse hace entre 7.000 y 8.000 años y fue la cultura inca la que lo expandió por Sudamérica y Mesoamérica.
La historiadora Beatriz Rossells señala que no hay un registro del origen específico de la sopa de maní, “aunque se sabe que el maní es originario de Bolivia sus ingredientes la muestran mestiza: papa y maní prehispánico, zanahoria, arroz y fideo europeos”, explica. Los indicios del caldo son relativamente recientes, pues se desconocen registros que lo ubiquen antes del siglo XIX. La sopa de maní actual combina ingredientes precolombinos -como el maní y la papa- con aportes españoles como el arroz, la zanahoria y la pasta.
Un dato importante es que el maní que se utiliza en esta sopa no es tostado. La sopa de maní es una variante de la sopa de cacahuete, tradicional y popular de la gastronomía boliviana. Esta variante de sopa de cacahuete es una preparación local boliviana que es usada frecuentemente para saciar el hambre.

Variaciones regionales de la sopa de maní
Una de las maravillas de la sopa de maní es su capacidad de adaptarse al territorio. No existe una única versión de la sopa de maní; su preparación varía según la región y las tradiciones familiares.
En los llanos
En los llanos, la sopa de maní se suele servir con arroz, yuca e incluso nunca puede faltar el plátano de freír.
En los valles
En algunas zonas de los valles, a la sopa de maní incorporan el ají colorado molido en piedra, caldo de chivo o res, y papa.
En el altiplano
En el altiplano, la sopa de maní es muy conocida por llevar en su preparación cordero y papitas fritas.

Logros y reconocimiento de la sopa de maní
La tradicional sopa de maní con papa frita, que forma parte de la gastronomía tarijeña, resultó ganadora con el tercer lugar en el primer festival regional de comidas típicas y de las sopas que se desarrolló en Amberes, Bélgica, el 22 de agosto de 2009. Frank Mortelmans, miembro de los bomberos de Amberes, dio a conocer el logro y destacó la participación de los residentes bolivianos en el concurso.
Pero este no fue el único logro de esta delicia. El 31 de julio, después de casi un mes de lanzado el concurso, se cerró la votación. El plato ganador se dio a conocer cerca del 6 de agosto, como una de las actividades del aniversario patrio. La sopa de maní se coronó como el plato bandera de Bolivia.
En 2014, la boliviana Elba Rodríguez ganó la primera edición de MasterChef Argentina con su versión del plato. En criterio de la chef Rodríguez, dicho Viceministerio decidió nombrar como plato bandera a la sopa de maní porque Elba Rodríguez ganó el concurso MasterChef en Argentina, en 2014, con ese plato. ¿Quién no recuerda cuando Elba Rodríguez se presentó a ese concurso televisivo junto con otras 5.500 personas? Con el transcurso de los días, ella fue quedando como una de las favoritas hasta el día que preparó la sopa de maní, cuya sazón hizo delirar a los tres jurados.
El proyecto de ley para declarar plato bandera
A raíz de toda la aceptación en Bolivia sobre este plato, en noviembre del pasado año se presentó un proyecto de ley que busca que la sopa de maní sea declarada “plato bandera de Bolivia”. El acto se realizó en la Casa del Artista del Ministerio de Culturas y Turismo, en La Paz, con la presencia de autoridades, chefs y personas ligadas a la gastronomía boliviana.
“Con esto empezamos la defensa del patrimonio cultural de la gastronomía boliviana. Entregamos este proyecto para que la sopa de maní sea el plato bandera de todos los bolivianos. Luego seguiremos trabajando con los otros platos, porque tenemos más de 500 platos típicos originarios que no se conocen”, expresó el chef Juan Chacolla, secretario general de la Federación Sindical Mixta de Trabajadores Gastronómicos y Hoteleros de Bolivia.
La esencia de la sopa de maní
La sopa de maní es un plato completo, lleno de vegetales, con la pasta y la proteína del maní. Es un plato que queda muy rico, es suave, la consistencia es cremosa, pero si dejamos sentar la sopa, se irá un poco abajo el maní.
La auténtica sopa de maní requiere tiempo y paciencia. Su base se prepara con maní crudo pelado, molido hasta formar una pasta fina. Desde el punto de vista nutricional, la sopa es equilibrada: el maní aporta proteínas vegetales de alta calidad, magnesio y antioxidantes; las verduras, fibra y vitaminas.
Los chefs bolivianos contemporáneos reinterpretan la sopa de maní en la alta cocina sin perder su esencia tradicional. Servida en un puesto de mercado, en una mesa familiar o en un restaurante contemporáneo, expresa identidad regional, historia agrícola y una memoria compartida.
Receta: Sopa De Maní Boliviana
La combinación de sabores de maní, palillo, orégano, repollo, garbanzo, caldo de carne de res y otros ingredientes da como resultado una sopa ni muy espesa ni tan líquida. Se llama “cazuela de maní” y es un plato típico de Chuquisaca. La chef Rosario Rodríguez hace notar que en Sucre la deliciosa cazuela de maní se elaboraba originalmente con el “wasa tullo” de cordero (nudos de la espalda de ese animal), además de garbanzo, chuño, arroz, repollo, el habitual recado de las sopas, palillo, zanahoria, orégano y ají amarillo en poca cantidad. Posteriormente se cambió el cordero por trocitos de costilla de res. En la actualidad, como adorno, se coloca encima de la cazuela un ají colorado quemado o tostado en vaina.
La sopa de maní es parte esencial del ritual del fin de semana, con recetas transmitidas de generación en generación. Es un plato que, de alguna manera, nos une. Porque aunque cada región y cada hogar tiene su versión -más espesa o más ligera, con diferentes cortes de carne o ingredientes- la mayoría de los bolivianos la ama.
El maní o cacahuete (Arachis hypogaea) es originario de Sudamérica. Restos arqueológicos hallados en el valle de Ñanchoc, en el actual Perú, indican su cultivo hace unos 7.800 años, mucho antes del Imperio inca. Cuando los europeos llegaron en el siglo XVI, el maní ya formaba parte esencial de la alimentación andina. Bolivia, sin embargo, ha conservado una expresión culinaria única basada en este fruto.
El 8 de octubre de 1967, en el remoto pueblo de La Higuera, la maestra Ninfa Arteaga habría ofrecido un plato de sopa de maní a un hombre herido: Ernesto “Che” Guevara. Según los relatos, fue su última comida antes de ser ejecutado.