El 22 de junio de 1941 se cumplieron 80 años del inicio de la mayor operación militar de la Segunda Guerra Mundial y, a la vez, el mayor fracaso militar de Hitler: la invasión a la Unión Soviética, conocida como Operación Barbarroja. La operación fue denominada así en honor a Federico Barbarroja, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico del siglo XII. Esta invasión marcó la ruptura del pacto Germano-Soviético firmado en 1939.
Antecedentes y el Pacto Molotov-Ribbentrop
En el trasfondo de esta decisión, estaba otra no menos importante. En agosto de 1939, los ministros de relaciones exteriores de Alemania y la URSS habían firmado un tratado mediante el cual dos enemigos ideológicamente irreconciliables se convirtieron en aliados temporales. Este tratado, conocido comúnmente como el Pacto Molotov-Ribbentrop, fue una maniobra táctica temporal para Adolf Hitler, quien siempre consideró la expansión hacia el este como un objetivo central de su política de "espacio vital" (Lebensraum).
Desde la década de 1920, Hitler identificó el comunismo como una de las mayores amenazas para la prosperidad de Alemania. Sin embargo, el pacto le permitió invadir Polonia sin enfrentar un frente doble, concentrando su potencial bélico en Occidente. Una vez logrado esto, el paso siguiente sería la creación del área imperial (Lebensraum) para la expansión de la raza aria y la derrota definitiva del enemigo bolchevique.
Los objetivos de Hitler no eran un misterio para nadie, ya que estaban descritos en su libro "Mi Lucha", publicado por primera vez en 1925. Si su proyecto era ampliamente conocido, incluso por la élite de la URSS, ¿por qué entonces el dictador Stalin aceptó el trato? También por un cálculo racional y realista. En lo inmediato, Stalin se aseguró la ocupación de una franja de Polonia (que coincidía con la llamada Línea Curzon), los Países Bálticos y Besarabia. Ambos líderes sabían que el pacto era un acuerdo temporal por pura conveniencia, ya que la guerra entre ellos era inevitable dadas las diferencias ideológicas y las ambiciones territoriales de Hitler.

Fricciones y retrasos
Hacia 1940, todos los objetivos de Hitler se habían cumplido, salvo uno: la derrota de Inglaterra. Stalin, a pesar de haber cumplido puntillosamente con su parte del trato (incluido el envío a Alemania de ingentes cantidades de alimentos y materias primas), fue sorprendido por la impaciencia de Hitler. La ocupación soviética de Besarabia y el norte de Bucovina llevó al Alto Mando Alemán a planificar la invasión en julio de 1940, bajo el nombre en clave de "Operación Otto", que Hitler autorizó el 18 de diciembre de 1940 como la Directiva N 21 (Operación Barbarroja).
Existían otros escenarios alternativos para la Alemania Nazi en 1941, según Andreas Hillgruber. Uno de ellos, propuesto por la Kriegsmarine (Almte. Raeder y Doenitz), era doblegar a Gran Bretaña primero, intensificando la campaña de submarinos en el Atlántico. Otro, del Ministro de Relaciones Exteriores Von Ribbentrop, sostenía la tesis de una gran alianza ("de Londres a Yokohama") de potencias occidentales y Japón en contra de la URSS, para la cual era necesario llegar a un acuerdo de paz con Inglaterra. En la visión de Hitler, Alemania no tenía intereses radicalmente antagónicos con Inglaterra si esta asumía un rol de "socio menor" supeditado a la hegemonía alemana. A esto se sumó el misterioso vuelo de Rudolf Hess a Escocia en mayo de 1941 para buscar un acuerdo de paz.
La pregunta es por qué Hitler se mantuvo tercamente en su objetivo principal. Su premura, al igual que en la Alemania Guillermina de la I Guerra Mundial, tenía que ver con la percepción de que había una carrera contra el tiempo para evitar que la constelación de sus enemigos se hiciera militarmente más fuerte que Alemania. La destrucción de la URSS era la pasión de Hitler, su "verdadera guerra".
La campaña de Polonia duró cuatro semanas; la de Holanda y Bélgica siete días; la de Francia seis semanas; la de Grecia tres semanas. Los alemanes tenían razones plausibles para creer que la campaña de Rusia, aunque de una magnitud descomunalmente mayor, podría concluir antes de la llegada del temible invierno ruso. La fecha inicial programada para el inicio de la Campaña era el 15 de mayo, pero las campañas de Yugoslavia, Grecia y el Norte de África en auxilio del aliado italiano y no previstas en los planes iniciales alemanes, generaron retrasos y distracción de importantes recursos militares. Además, el invierno de 1940-1941 había sido muy lluvioso, inundando aeródromos y retrasando la redistribución de vehículos de transporte.
La Invasión y sus Objetivos

Con el nombre clave de "Operación Barbarroja", la Alemania nazi invadió la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. Alrededor de tres millones de soldados de las potencias del Eje, la fuerza de invasión más grande de la historia hasta ese momento, invadieron la Unión Soviética a lo largo de un frente de más de 2900 kilómetros. Las fuerzas alemanas, compuestas por 134 divisiones con plena capacidad de combate y 73 divisiones de apoyo, sumaban más de tres millones de soldados alemanes, apoyados por 650.000 tropas de Finlandia y Rumanía, aliados de Alemania. Estas tropas se reforzaron posteriormente con unidades de Italia, Croacia, Eslovaquia y Hungría, e incluso una división de voluntarios españoles, la "División Azul".
Esta operación abrió el Frente Oriental, en el que se comprometieron más fuerzas que en cualquier otro teatro de guerra anterior. El área fue escenario de algunas de las batallas más sangrientas de la guerra, con numerosos crímenes de guerra, y el mayor número de bajas que el mundo había conocido, todo lo cual influiría de manera determinante en el curso de la conflagración.
Una Guerra de Aniquilación y Exterminio
Desde el principio de la planificación operativa, las fuerzas armadas y las autoridades policiacas alemanas tuvieron la intención de librar una guerra de aniquilación tanto contra el gobierno comunista "judeo-bolchevique" como contra sus ciudadanos, en especial los judíos. Durante los meses del invierno y la primavera de 1941, los oficiales del alto mando del ejército (Oberkommando des Heeres, OKH) y la oficina principal de seguridad del Reich (Reichssicherheitshauptamt, RSHA) negociaron los arreglos para desplegar los Einsatzgruppen (unidades ambulantes de exterminio) detrás de la línea del frente. Estas unidades llevarían a cabo el fusilamiento masivo de judíos, comunistas y otras personas consideradas un peligro para el establecimiento del dominio alemán.
Hitler ordenó a un grupo seleccionado de líderes de las SS que la población eslava del este debía reducirse en un 30 por ciento. Mandos militares completos y teóricos racistas tradujeron subsecuentemente “la voluntad del Führer” en órdenes precisas de quién debía ser acribillado y exterminado. Los generales aprobaron estos planes y garantizaron su ejecución. La complicidad activa de la Wehrmacht en los asesinatos masivos ha sido indiscutiblemente documentada. El Generalplan Ost (Plan general este), publicado en junio de 1942, buscaba asesinar a millones de eslavos para crear espacio para colonos alemanes.
El 2 de mayo, varios secretarios estatales y comandantes líderes de la Wehrmacht discutieron las consecuencias económicas de la Operación Barbarroja, concluyendo que "no cabe duda de que decenas de millones de personas se morirán de hambre si le quitamos al país lo que necesitamos". El 13 de mayo, Wilhelm Keitel, titular del Alto Mando de la Wehrmacht, emitió una Orden de Autorización de la Judicatura Militar, que permitía la ejecución de acusados por orden de un oficial y autorizaba actos violentos de castigo colectivo. El 6 de junio, dos semanas antes de la invasión, el Alto Mando, bajo la dirección del teniente general Alfred Jodl, publicó la Orden de los Comisarios, llamando a identificar a los comisarios políticos y "deshacerse de ellos inmediatamente con un arma".
Una de las masacres más conocidas ocurrió el 29 y 30 de septiembre de 1941 en el barranco de Babi Yar cerca de Kiev, donde una unidad de fuerzas especiales mató a tiros a 33.771 judíos en tan solo esos dos días.
Tácticas y desarrollo inicial
El ejército alemán y sus aliados marcharon en tres direcciones: Leningrado (San Petersburgo), Moscú y la Cuenca del Don. El objetivo fundamental no era Moscú, sino encapsular y destruir las divisiones del Ejército Rojo en zonas cercanas a la frontera y capturar las áreas de mayor concentración industrial. La experiencia de campañas anteriores indicaba que la destrucción de la mayor parte del ejército enemigo era previa y más importante que la captura de la capital. El Grupo de Ejércitos Norte debía tomar Leningrado, el Grupo de Ejércitos Centro, Moscú y el Grupo de Ejércitos Sur, la totalidad de Ucrania, con Kiev como objetivo principal y continuar hacia el río Volga.
La operación se diseñó para ser una Blitzkrieg ("guerra relámpago"), con el objetivo de "aplastar a la Rusia Soviética en una campaña rápida" y lograr el derrumbe del Ejército Rojo en un par de meses. Las fuerzas armadas alemanas no se equiparon para combatir en invierno ni estaban preparadas para una guerra de larga duración. Hitler creía firmemente que el gobierno comunista se derrumbaría al primer golpe y lo llamaba despectivamente "el Gigante con los pies de barro".
Los líderes soviéticos se habían negado a aceptar las advertencias de las potencias occidentales sobre la acumulación de tropas alemanas a lo largo de su frontera occidental. Gran parte de la fuerza aérea soviética existente fue destruida en tierra y el ejército soviético fue aplastado al principio. Los primeros meses de campaña fueron mucho mejor de lo previsto para los alemanes, logrando victorias significativas y ocupando áreas económicas importantes de la Unión Soviética. Se crearon varios gigantescos bolsillos de tropas del Ejército Rojo detrás del frente mientras los tanques del Eje avanzaban rápidamente.

Resistencia Soviética y el Giro de la Guerra
La Unión Soviética sufrió catastróficas pérdidas militares en las primeras seis semanas del ataque alemán. Sin embargo, no se derrumbó como lo habían previsto los dirigentes nazis y los comandantes militares alemanes. A mediados de agosto de 1941, la resistencia soviética se endureció, frustrando los planes alemanes de ganar la guerra para el otoño de 1941. La campaña fue despiadada, con políticas de tierra quemada y ejecuciones de comisarios políticos. El "Decreto de Jurisdicción de Barbarroja" dio a los soldados alemanes la libertad de cometer atrocidades contra civiles soviéticos.
Stalin, a pesar de haber sido tomado por sorpresa y de que sus políticas criminales (como las purgas del Ejército Rojo) habían debilitado las fuerzas armadas, reaccionó declarando una "Gran Guerra Patriótica" y movilizando a la sociedad soviética. La economía planificada soviética demostró ser una tremenda ventaja en la producción armamentista. En la segunda mitad de 1941, la producción soviética de armas se incrementó, superando a la alemana en tanques y artillería, incluso tras tener que trasladar fábricas enteras al este.
Para septiembre, el avance alemán ya había perdido su impulso inicial. En octubre llegaron las lluvias y con ellas el barro, transformando la "guerra relámpago" en una guerra de desgaste. Para diciembre, los rusos habían recuperado su capacidad militar, con 17 nuevas divisiones provenientes de Siberia, preparadas para contraatacar. La Batalla de Moscú fue la primera gran derrota alemana, donde las tropas del Eje, sin equipo adecuado para el invierno, fueron empujadas a 280 km de la capital. Este revés fue el punto de inflexión en la Operación Barbarroja.

El Fracaso y sus Consecuencias
En el verano de 1942, los alemanes retomaron la ofensiva con un ataque a gran escala hacia la ciudad de Stalingrado y los yacimientos petrolíferos del Cáucaso. Sin embargo, la capacidad industrial de la URSS y la voluntad de lucha de los rusos superaron las expectativas alemanas. La fracasada experiencia de Napoleón intentando doblegar a la naturaleza, la profundidad de las planicies rusas y el "General Invierno" pueden parecer la crónica de una derrota anunciada. Asimismo, los alemanes subvaloraron la capacidad industrial soviética y sus ingentes recursos humanos.
La Batalla de Stalingrado (1942-1943) fue decisiva y marcó el inicio del repliegue alemán. La Operación Barbarroja se había apoderado de enormes extensiones de tierra, pero había fallado en su objetivo de aplastar la resistencia de los soviéticos. El Eje había perdido casi 918.000 hombres para el 31 de enero de 1942. Se convirtió en una guerra de desgaste donde la URSS podía disponer de mayores recursos y contaba con el apoyo del programa de préstamos y arrendamientos de EE. UU.
Hitler, destituyendo a muchos generales que querían retirarse y proclamándose comandante en jefe, estaba decidido a seguir luchando. La guerra germano-soviética se extendería por tres años más, con combates claves como la Batalla de Kursk, la Batalla de Smolensk y el alzamiento de Varsovia. Stalin ganó su lucha titánica contra Hitler, obteniendo el control de Europa Central y Oriental y marchando sobre Berlín. Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 y Alemania se rindió poco después.
Muchos historiadores identifican la Operación Barbarroja como el punto exacto en que Hitler perdió la guerra. La guerra germano-soviética dejó un saldo de 25 millones de muertes militares y civiles, quizás la mitad de todas las muertes de la Segunda Guerra Mundial. La Unión Soviética, cuyo origen fue la Revolución de Octubre, sirvió como una barrera decisiva contra la caída de la humanidad en la barbarie, demostrando que su fracaso en el Frente Oriental fue un punto de inflexión extraordinario en los asuntos globales.