Conocido como "el hombre con el brazo de oro", el australiano James Harrison dedicó más de seis décadas de su vida a una inusual misión: donar sangre y plasma regularmente, un acto que, según estimaciones, salvó la vida de aproximadamente 2,4 millones de bebés. Su compromiso y la particularidad de su sangre lo convirtieron en una figura legendaria en la medicina y un símbolo de generosidad.

Un Legado de Vida: El Compromiso de James Harrison
La historia de compromiso de James Harrison con la donación comenzó en su juventud. Cuando tenía 14 años, este australiano fue sometido a una cirugía mayor de tórax para la que necesitó recibir 13 transfusiones de sangre. Sin ellas, no habría sobrevivido. Tras esa intervención, su padre le contó lo importantes que habían sido los donantes de sangre para que él estuviera bien, lo que lo motivó a convertirse en donante. James Harrison tenía pánico a las agujas, pero la posibilidad de devolverles a los demás lo que habían hecho por él era más fuerte que cualquier miedo a un pinchazo. Debió esperar hasta cumplir los 18 años, pues las leyes australianas no permitían en aquella época que los menores de edad donaran sangre.
Desde que tenía 18 años, en 1951, y tras una cirugía mayor, los médicos descubrieron que tenía "sangre mágica". Poco después, un hallazgo científico hizo que se convirtiera en uno de los donantes de sangre más prolíficos del mundo.
El Descubrimiento de la "Sangre Mágica"
Los profesionales médicos encontraron que la sangre de James Harrison contenía un raro anticuerpo con el cual se podía crear un tratamiento para salvar vidas, más específicamente, vidas de bebés que sufren la enfermedad hemolítica del recién nacido o EHRN. Durante los 1950, los científicos habían descubierto que el anticuerpo de la madre que causa daños en el feto, llamado globulina hiperinmune Rh (RhIg), conocido en Australia como Anti-D, también podía utilizarse para crear un tratamiento. Los médicos descubrieron que la sangre de Harrison contenía, en grandes cantidades, ese compuesto Anti-D que podía salvar la vida de los bebés con EHRN.
James Harrison recuerda que después de la operación le llamaron a la oficina de los médicos y le preguntaron si aceptaría hacer un ensayo clínico con ellos. "Me dijeron que me asegurarían por medio millón de dólares. Hablé con mi esposa y ella dijo que podría gastarse ese millón de dólares con facilidad. Entonces decidimos que sí participaría en el ensayo", le cuenta James Harrison a la BBC. Él mismo contó en 2018: "Me pidieron que fuera un conejillo de indias, y desde entonces he donado sangre".
Comprendiendo la Enfermedad Hemolítica del Recién Nacido (EHRN)
La enfermedad hemolítica del recién nacido (EHRN) es un trastorno en el que la madre durante el embarazo produce anticuerpos en la sangre que destruyen los glóbulos rojos del feto. Esto ocurre cuando la madre y el bebé tienen tipos de sangre diferentes, la mayoría de los casos se producen cuando la madre tiene sangre Rh negativo y el feto sangre Rh+, heredada del padre. La enfermedad no causa ningún problema a la madre, pero sí puede conducir a que el bebé se vuelva anémico, se perjudique su desarrollo, padezca ictericia y en ciertos casos muera. A esto se lo llama incompatibilidad Rh.

Si bien es más común ser Rh positivo que Rh negativo -en Australia, solo el 17% de la población es Rh negativo-, y que el grupo sanguíneo de una persona sea Rh negativo no es una enfermedad por sí sola, en las embarazadas puede provocar este choque de compatibilidad. Si las sangres de madre e hijo se mezclan durante la gestación, el cuerpo de la madre genera unas proteínas llamadas anticuerpos Rh que no son un problema para el primer embarazo, pero sí pueden serlo para los siguientes.
La inyección de RhIg provoca la destrucción de los glóbulos rojos del feto que han entrado en la circulación materna, impidiendo que el cuerpo de la madre genere anticuerpos peligrosos que pueden causar complicaciones en el feto o complicar futuros embarazos. "De la sangre yo donaba tomaban el plasma, que es un componente de la sangre, y la llevaban a los laboratorios para producir inyecciones con el Anti-D", le contó Harrison a la BBC. "Estas son las inyecciones que se suministran a las mujeres con sangre Rh negativa, que son identificadas durante su primer embarazo con un análisis de sangre. La primera inyección se da en los primeros meses del embarazo y la segunda después del parto", explica Harrison. Antes de que se desarrollaran las intervenciones "anti-D", uno de cada dos bebés diagnosticados con la enfermedad hemolítica del feto y del recién nacido moría.
Una Trayectoria de Donaciones Sin Precedentes
Harrison se dedicó a donar sangre y plasma de forma regular durante más de seis décadas, desde que tenía 18 años. Según el diario Sydney Morning Herald, Harrison realizó 1.172 donaciones: 1.162 del brazo derecho y 10 del brazo izquierdo. El joven australiano ya era un donante regular, pero con esta noticia comenzó a donar su sangre cada semana o cada 15 días.

Por alguna razón no determinada, aunque algunos lo atribuyen a la cantidad de transfusiones que Harrison recibió por su operación de tórax, el cuerpo de este hombre producía enormes cantidades del antígeno D, que previene las enfermedades por la incompatibilidad Rh. Y cuando donaba sangre, su cuerpo producía aún más anticuerpos. Jemma Falkenmire, del Servicio de Donación de Sangre de la Cruz Roja Australiana, señaló: "Muy poca gente tiene estos anticuerpos en concentraciones tan altas (como las de Harrison). Su cuerpo produce gran cantidad de ellos y cuando dona sangre, su organismo produce aún más".
Para prevenir que contrajera anemia, el plasma se retiraba de la sangre donada y las células rojas le eran reinyectadas. Como no le gustaba ver el pinchazo, en cada sesión miraba a las enfermeras, al techo o a las manchas en la pared. "Es demasiado macabro, pienso, verte a ti mismo siendo pinchado con la aguja", señaló en una ocasión. Del total de donaciones, solo 10 veces le habían quitado sangre del brazo izquierdo. "Puede ser que todo esté en mi cerebro, pero puedo sentir el pinchazo cuando es en el brazo izquierdo, así que solo me han lo han hecho 10 veces en ese brazo. En el brazo derecho no lo siento", explicó a The Sydney Morning Herald.
El Servicio de Donación de Sangre de la Cruz Roja Australiana calcula que Harrison, en el curso de su vida, ayudó a salvar la vida de unos 2,4 millones de bebés. Si un donante promedio salvaba la vida de 17 personas, según la Cruz Roja Australiana, cada donación de Harrison le salvaba la vida a más de 2.000 bebés. Con esto contribuyó a los tratamientos de millones de mujeres en Australia, incluida su propia hija. "Mi propia hija recibió una de estas inyecciones y su hijo, mi nieto, cumple ahora 23 años. Esto me ha hecho muy feliz, porque yo pude tener un nieto sano y también muchas otras personas", afirma James Harrison. De hecho, su hija Tracey y dos bisnietos de Harrison se encuentran entre los más de 2 millones de personas que recibieron la vacuna anti-D.
El Fin de una Era y su Eterno Reconocimiento
James Harrison hizo su última donación cuando cumplió 81 años en 2018, superando así las 1.000 donaciones. "Es el fin de una era", dijo en esa oportunidad. No tenía intención de abandonar esa práctica que había salvado a miles de niños y niñas, incluyendo a sus nietos, ya que la hija de Harrison había tenido que recibir la vacuna anti-D durante el embarazo de dos de sus hijos. "Tengo mucho tiempo. (…) He dicho que lo dejaré de hacer cuando tengan que usar las dos manos para introducir la aguja y no quieran usar mi pierna", declaró en 2017 al diario The Sydney Morning Herald. Pero al año siguiente, y después de 1.172 donaciones, llegó el día de la última. No pudo continuar porque los médicos temieron que le provocara problemas de salud, ya que había superado la edad límite para ser donante.

"Seguiría adelante si me dejaran", declaró entonces, con 81 años, en una emotiva ceremonia en la que estuvo acompañado por algunas de las madres y padres cuyos bebés nacieron gracias a su plasma. "Durante mi última donación el viernes llegaron unas doce madres con sus bebés para agradecerme lo que he hecho", cuenta Harrison. "Fue bastante triste, el fin de una era para mí". Y es que todas o casi todas las inyecciones de la vacuna anti-D en Australia tenían plasma de James Harrison. "Es un día triste para mí. El final de una larga carrera", afirmó Harrison mientras su sangre fluía desde su brazo derecho hacia la máquina.
"Hay un poco de mí en cada donación que llega a las madres que lo necesitan, y eso me hace sentir bien", dijo en una entrevista en 2009. "Es realmente el regalo de la vida. Es muy importante", afirmó en otra oportunidad. En 1999 fue condecorado con la Orden de Australia por su aporte a la sociedad y en 2005 obtuvo el récord mundial Guinness de mayor cantidad de plasma sanguíneo donado. "Es el único récord que espero que sea superado", le dijo al Canal 10 de Australia en 2011. Once años más tarde, su sueño se cumplió cuando fue superado por otro hombre en EE.UU.
Su Fallecimiento y el Futuro del Anti-D
El 17 de febrero de 2024, James Harrison, el "hombre del brazo de oro", murió mientras dormía en una residencia en Nueva Gales del Sur, Australia. Tenía 88 años. Su hija, Tracey Mellowship, aseguró que su padre estaba "muy orgulloso de haber salvado tantas vidas sin ningún coste ni dolor" y que le alegraba saber que su generosidad había permitido la existencia de tantas familias. "Como beneficiaria de anti-D, él ha dejado atrás una familia que tal vez no hubiera existido sin sus valiosas donaciones (...) Le hacía feliz saber que había muchas familias como la nuestra que habían sobrevivido gracias a su generosidad", apuntó la hija. Por su parte, Stephen Cornelissen, director del departamento de recolección de sangre de Cruz Roja Australia, describió a Harrison como un hombre "generoso, que se comprometió a dedicar toda su vida a la donación".
A pesar de la valiosa contribución de James, la comunidad médica se enfrenta hoy en día a un desafío: cada vez hay menos donantes con la capacidad de generar este anticuerpo en cantidad suficiente. En Australia, por ejemplo, hay menos de 200 personas que pueden donar Anti-D, pero su plasma ayuda a unas 45.000 madres y bebés cada año. Para asegurar el suministro de este tratamiento, investigadores del Instituto de Investigación Médica Walter y Eliza Hall, en colaboración con la organización Lifeblood, trabajan en la creación de Anti-D sintético en laboratorio. El doctor David Irving, director de investigación de Lifeblood, ha descrito este experimento como "el santo grial" de la medicina transfusional. De lograrse, podría garantizar la protección de millones de embarazos en todo el mundo, asegurando que la generosidad de Harrison trascienda las barreras del tiempo y el espacio.