Niño sin apetito: causas, diagnóstico y tratamiento

La alimentación es un tema frecuente de preocupación para los padres, quienes a menudo expresan frases como "mi niño no come" o "mi niña come poco". Es fundamental entender las razones detrás de la falta de apetito en los niños para garantizar una alimentación saludable y equilibrada.

Trastorno de Alimentación Restrictivo o Selectivo (ARFID)

El trastorno de alimentación restrictivo o selectivo es un trastorno de la conducta alimentaria relativamente nuevo y suele empezar a edades más tempranas que los demás trastornos de la conducta alimentaria, siendo más frecuente en varones.

Signos del Trastorno de Alimentación Restrictivo o Selectivo

Los niños con este trastorno son sumamente quisquillosos al comer y, a veces, les interesa muy poco comer alimentos. Es posible que coman una variedad muy limitada de alimentos preferidos, lo que puede llevar a un escaso crecimiento y a una mala nutrición. Algunos niños son sumamente selectivos con lo que comen y tal vez tengan reacciones extremadamente negativas a los olores, los sabores, las texturas y los colores de los alimentos.

Quizás tengan mucho temor a los nuevos alimentos, algo que recibe el nombre de "neofobia" y les cause miedo las experiencias negativas relacionadas con alimentos que no conocen. Es posible que algunos niños tengan un desinterés generalizado por la comida y tengan muy poco apetito o sientan que comer les causa poca o nula satisfacción. Con frecuencia, estos niños niegan tener hambre.

Otros niños tienen miedo de lo que podría ocurrir si comen; por ejemplo, sentir dolor, atragantarse o vomitar. Algunos niños con el Trastorno de alimentación restrictivo o selectivo solo pertenecen a una de estas categorías, mientras que otros pueden pertenecer a más de una. Muchos niños con este trastorno tienen bajo peso. Otros alcanzan un peso normal, pero tal vez su dieta sea tan limitada que no crezcan o interfiera con la escuela, la familia y su vida social.

Esquema de los signos del trastorno ARFID en niños

Problemas asociados al ARFID

El trastorno de alimentación restrictivo o selectivo puede llevar a tener problemas derivados de la desnutrición.

Causas del ARFID

Se desconoce cuál es la causa exacta del trastorno de alimentación restrictivo o selectivo. Muchos expertos creen que se debe a una combinación del temperamento, los genes y los acontecimientos desencadenantes (como un atragantamiento).

Diagnóstico del ARFID

Los síntomas no se pueden deber a la falta de acceso a los alimentos (inseguridad alimentaria), otro trastorno de la alimentación (como anorexia) u otros problemas médicos. Los niños con trastorno de alimentación restrictivo o selectivo también tienen miedo o están preocupados por su peso. Los médicos pueden pedir análisis de sangre, análisis de orina o un electrocardiograma (ECG) para evaluar la presencia de otros problemas médicos. Si usted cree que su hijo podría tener un trastorno de alimentación restrictivo o selectivo, hable con su médico.

Tratamiento del ARFID

Lo mejor es que el trastorno de alimentación restrictivo o selectivo sea tratado por un equipo de profesionales especializados en trastornos de la conducta alimentaria, formado por un médico, un dietista o nutricionista y un terapeuta especializado en trastornos de la alimentación. El tratamiento puede incluir asesoramiento nutricional, cuidados médicos y terapia para comer bien, con el objetivo de alcanzar y mantener un peso y patrones de alimentación saludables, y aprender maneras de comer que no se asocien al miedo de sentir dolor o atragantarse.

Los médicos pueden recetar medicamentos para aumentar el apetito o para tratar la ansiedad. La mayoría de los niños diagnosticados con este trastorno pueden recibir tratamiento en casa, pero algunos se deberán someter a un programa hospitalario más intensivo. Quienes tengan una importante pérdida de peso y desnutrición o graves problemas de salud deberán recibir tratamiento en un hospital. El trastorno de alimentación restrictivo o selectivo puede ser difícil de superar, pero aprender a comer de manera saludable y abordar los miedos puede ayudar a los niños y adolescentes a encontrarse mejor y a comer mejor.

Causas comunes de la pérdida de apetito en niños

Es normal que el apetito de los niños fluctúe. A veces, siempre están pidiendo bocadillos o preguntando cuándo está lista la cena. Otros días, no paran de apartar el plato. La pérdida de apetito puede ser un problema preocupante para los padres, pero muchas veces es temporal y no indica un problema grave.

Ilustración de un niño comiendo y otro rechazando la comida

Factores médicos y de desarrollo

  • Infecciones y enfermedades: Es frecuente que los niños pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una pérdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. Las enfermedades más graves como la neumonía y la faringitis también pueden afectar el apetito.
  • Dentición y problemas dentales: Cuando a un niño le están saliendo los dientes, sus encías pueden estar adoloridas y sensibles, lo que puede provocar que pierda el apetito o tenga problemas para comer. Los problemas dentales como caries o enfermedades de las encías también pueden causar dolor o malestar al comer, llevando a que los niños eviten la comida.
  • Cambios en el ritmo de crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal. Durante el primer año, los bebés crecen muy rápido y por tanto ingieren más cantidad de alimentos. Pero a partir del año de vida este ritmo va más lento. A partir de los 2 años el crecimiento va mucho más despacio, y el cuerpo se autorregula y adapta a las nuevas necesidades, por lo que el niño pasa a comer menos. Esto se conoce como "anorexia fisiológica" y es totalmente natural entre el primer año de edad y los 5 años.
  • Reflujo gastroesofágico: En poblaciones infantiles seleccionadas, como los niños derivados a una unidad de gastroenterología y nutrición pediátrica, los problemas médicos son responsables de más del 80% de los trastornos de la alimentación, siendo el reflujo gastroesofágico el problema médico identificado con más frecuencia.
  • Problemas de deglución: La patología de la deglución en niños pequeños puede manifestarse únicamente con rechazo del alimento, lo que puede complicar el diagnóstico.
  • Efectos secundarios de medicamentos: Algunos medicamentos, como los antibióticos y calmantes para el dolor, pueden provocar pérdida del apetito en los niños. Los fármacos pueden causar anorexia como efecto secundario produciendo lesiones digestivas, deprimiendo el apetito, alterando el sentido del gusto o desencadenando una discinesia que se traduce en disfagia.
  • Trastornos de procesamiento sensorial: Algunos problemas de alimentación están relacionados con problemas de procesamiento sensorial, donde el niño siente un "embotellamiento" en sus sentidos ante la textura o el sabor de los alimentos.

Factores psicológicos y ambientales

  • Estrés y ansiedad: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño (viajes, nacimiento de un hermanito, inicio de la escuela) puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación. El estrés tóxico, por su parte, puede interferir con el apetito y la digestión del niño.
  • Neofobia alimentaria: Es el miedo que pueden tener los niños a probar nuevos alimentos, sobre todo entre los 2 y los 6 años. Para los niños, enfrentarse a un nuevo sabor, color, textura o incluso olor puede resultar abrumador.
  • Hábitos alimentarios inadecuados:
    • Comer en exceso entre horas: Los niños que comen demasiados refrigerios o alimentos de baja calidad nutricional (galletas, yogures de sabores, zumos envasados, batidos, dulces, patatas chips) pueden saciarse y desplazar la ingesta de alimentos saludables, generando una falsa pérdida de hambre.
    • Forzar a comer: Una mala técnica alimentaria, como forzar a comer o tener horarios excesivamente rígidos, puede influir negativamente en el desarrollo de la conducta alimentaria. Esto convierte la hora de la comida en una situación de malestar y crea un condicionamiento que lleva al rechazo del alimento.
    • Distracciones durante la comida: Las tabletas y los smartphones pueden hacer que se pierda el interés en la comida. Es importante limitar las distracciones y hacer de la comida un momento para la comunicación familiar.
    • Excesivo control parental: Si los padres no toleran el desorden al comer solo o no estimulan al niño a practicar sus habilidades de alimentación por prisas o miedo a que no coma lo adecuado, pueden entorpecer el desarrollo del autocontrol del niño.
  • Conflictos emocionales: Las anorexias no orgánicas incluyen formas psicógenas en las que el niño rechaza el alimento como respuesta a conflictos sociales, familiares o escolares. Esto puede verse en niños con madres angustiadas u obsesivas, sobreprotegidos, de familias desestructuradas, maltratados o con hospitalizaciones prolongadas.
  • Fobia a la comida: Se ha descrito una entidad específica en niños que rechazan toda ingesta después de un episodio de atragantamiento, desarrollando un miedo intenso a ingerir sólidos.

Anorexia en niños pequeños: prevalencia y clasificación

La anorexia se define como la disminución del deseo fisiológico de comer tras un período de ayuno más o menos prolongado. El rechazo del alimento puede consistir en una reacción de oposición al alimento en sí o de rechazo a las circunstancias en que le es ofrecida la comida. En los niños menores de 2 años este problema se manifiesta de distintas formas no excluyentes: constante ausencia de hambre a la hora de las comidas (52%), o dar por finalizada la comida tras haber comido escasa cantidad (42%), o mostrarse caprichosos y selectivos en la ingesta de alimentos (35%).

Prevalencia

El rechazo del alimento del niño pequeño es un problema muy frecuente. Junto con la fiebre y la tos constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica pediátrica. Según algunos autores, hasta el 25% de todos los niños, el 40-70% de los prematuros y hasta el 80% de los niños con alguna discapacidad del desarrollo, padecen en algún momento dificultades para alimentarse. En España supone el 12% de las consultas pediátricas en atención primaria, y el grupo de edad que más consulta por disminución del apetito es el comprendido entre 1 y 4 años.

En un estudio publicado en Reino Unido en 2001, el 40% de las madres de niños de alrededor de 15 meses de edad referían tener algún problema o una gran dificultad para alimentar a su hijo. En estudios realizados en EE.UU., el 20-50% de los niños eran descritos por sus padres al menos como "maniáticos" durante las comidas. En un estudio poblacional en Nueva Zelanda, el 24% de los padres de niños de 2 años tenían problemas para dar de comer a sus hijos, y en el 17% de los casos los problemas se prolongaban hasta los 4 años de edad. La prevalencia demostrada por los estudios es tan elevada y está tan extendido geográficamente el problema que bien puede decirse que las dificultades de alimentación o rechazo del alimento son más bien una característica del niño normal menor de 2 años.

Clasificación de la anorexia en niños pequeños

Fuera del período neonatal, en la etiología de la anorexia del niño pequeño se ven siempre implicados distintos factores: médicos, nutricionales, conductuales, psicológicos y ambientales. Raramente estos factores actuarán de forma aislada o independiente.

Anorexias Orgánicas

Son anorexias secundarias a distintas enfermedades. Pueden ser agudas y transitorias (la más habitual es la que acompaña a los procesos infecciosos) o crónicas. Característicamente son anorexias globales, en las que el niño rechaza todo tipo de alimento y en las que se suele constatar un estancamiento o descarrilamiento del desarrollo ponderal. El diagnóstico diferencial es muy difícil de establecer debido al gran número de enfermedades que pueden producirla. Es necesaria una exhaustiva valoración de otros síntomas, la exploración física y los datos de pruebas complementarias.

Anorexias No Orgánicas

Hasta en el 52% de los niños con problemas de alimentación en los países desarrollados se reconocen los trastornos de conducta como la causa primaria. La anorexia conductual es un proceso multicausal en el que intervienen sobre todo factores psicológicos y psicosociales, como la excesiva ansiedad de los padres por la ganancia ponderal del niño (coincidiendo con frecuencia con una etapa fisiológica de menor crecimiento), estrés familiar, descoordinación de los padres a la hora de educar al niño en los hábitos alimentarios y la mala técnica alimentaria.

#EscuelaDeFamilias: A mi hijo le cuesta comer, rechaza los alimentos o siempre quiere comer lo mismo

Factores que influyen en el desarrollo de la conducta alimentaria

Para lograr la adquisición de una adecuada conducta alimentaria es necesario reconocer y respetar el ritmo de maduración y los hitos del desarrollo del niño en cuanto a alimentación se refiere. Forzar a comer al niño, pasando por alto de forma continuada este proceso de maduración, puede desembocar en una anorexia conductual.

  1. Alimentación a demanda: Durante las primeras semanas de vida, el lactante tiene un patrón rítmico de hambre y solicita comida cada 2-4 horas. La madre debe aprender a reconocer cuándo el niño reclama su alimento. La alimentación a demanda permite que el lactante aprenda a asociar el comienzo de la toma con la sensación de hambre y su fin con la saciedad.
  2. Desarrollo de la percepción y preferencia por los sabores: Los recién nacidos muestran una fuerte aceptación de los sabores dulces. A través de la leche materna el lactante experimenta los sabores de los alimentos que la madre consume en su dieta, y esto influirá en las preferencias del niño.
  3. Introducción de la alimentación complementaria: Con la introducción de alimentos complementarios, el niño debe aprender a aceptar nuevos alimentos. La exposición repetida a un alimento lleva a una aceptación progresiva del nuevo alimento, aunque puede ocurrir con cierta lentitud y precisar de 10 a 15 exposiciones. Si estas etapas de diversificación no se cumplen, pueden originarse trastornos de la conducta alimentaria.
  4. Regulación de la ingesta energética: Los lactantes y niños pequeños poseen capacidad para ajustar el aporte alimentario en función del contenido energético de los alimentos. Es importante saber que a los 15 meses empieza una etapa de "anorexia fisiológica" coincidiendo con un período de crecimiento lento.
  5. Capacidad de comer solo: Desde los 5 meses en que el niño empieza a coger el biberón hasta los 24-36 meses, va adquiriendo habilidades en cuanto a la comida que hay que facilitarle que practique.
  6. Aspecto social de la comida: La alimentación ocurre en un contexto social. Si los padres reconocen el carácter de su hijo, su nivel de desarrollo y sus preferencias a la hora de la comida, se reforzará la relación padres-hijo.
  7. Técnica de alimentación empleada: Una mala técnica alimentaria (como forzar a comer, horarios excesivamente rígidos, distracciones frecuentes, ambiente inadecuado o impedir que el niño utilice sus habilidades) puede influir de manera negativa.

Consecuencias de la anorexia conductual

En el niño por lo demás sano, la falta de apetito suele ser un motivo de preocupación solamente temporal. Las dificultades de alimentación más comúnmente encontradas son: escasa ingesta de alimento, apetitos selectivos en cuanto a alimentos o texturas de éstos, conductas anómalas a la hora de la comida o excesiva duración de las comidas. Pero en algunos casos el problema se vuelve crónico y se convierte en una inapropiada alimentación de forma prolongada, por lo general en forma de problemas menores. Se ha observado una persistencia de conductas alimentarias caprichosas y selectivas hasta los 18 años en niños en los que se detectó dicho problema antes de los 10 años de edad.

Muy raramente aparecen déficit nutricionales significativos y solo en el caso en que estas alteraciones se desatiendan durante mucho tiempo o en los que la ingesta de comida sea tan selectiva que el niño no reciba los nutrientes apropiados, comprometiendo su crecimiento físico y desarrollo.

Consejos para padres

El trastorno de alimentación restrictivo o selectivo y la anorexia conductual van acompañados de emociones y preocupaciones intensas relacionados con los alimentos. Es importante no culparse, ya que los problemas con la comida son diferentes en cada familia.

Cómo pueden ayudar los padres

  • Apoye a su hijo y favorezca las actitudes positivas sobre el ejercicio físico y la nutrición en casa. Sea un buen ejemplo para su hijo.
  • Coma con su familia con regularidad.
  • Encuentre maneras de gestionar la ansiedad y el estrés sobre los alimentos. Hacer un par de respiraciones profundas puede ayudar a su hijo a relajarse. El yoga, la meditación, la música, las artes plásticas, el baile, la escritura o hablar con un amigo pueden ayudar a manejar el estrés.
  • Mantenga la calma y evite culpar a su hijo o criticarlo por sus problemas para comer.
  • Si lo preocupa que su hijo pueda tener un trastorno de la conducta alimentaria, llame a su médico para pedirle consejos. El médico les puede recomendar profesionales de la nutrición y de la salud mental que tengan experiencia en el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria en niños y adolescentes.
Familia comiendo junta en un ambiente relajado

Estrategias efectivas cuando el niño rechaza la comida

  • Limitar los refrigerios: Limitar la cantidad de snacks, bocadillos o frutas que se consumen entre comidas, ya que muchas veces los niños rechazan la comida porque han consumido muchos refrigerios a lo largo del día.
  • No forzar ni obligar a comer: Aunque pueda parecer que los castigos, las amenazas y los regaños son efectivos, la verdad es que hacen lo contrario y generan una relación negativa con la comida. Es responsabilidad de los padres que el momento de comer sea agradable.
  • Limitar las distracciones: Restringir el uso de tabletas y smartphones mientras se come para que el niño no pierda el interés en la comida.
  • Servir las cantidades adecuadas: Lo mejor es servir raciones pequeñas, ya que si tienen hambre, lo más probable es que pidan más comida.
  • Analizar los patrones de alimentación: Es importante saber con qué comida tiene una mejor relación el niño y en qué momento del día tiene más hambre.
  • Introducir nuevos alimentos sin presión: Introducir los alimentos nuevos de forma progresiva y repetida, y hacer lo posible por darle un buen ejemplo a los niños respecto al tema de la alimentación.
  • Jugar con la presentación de la comida: Hacer la comida más atractiva e involucrar a los niños en la preparación de los alimentos.

Hábitos saludables en casa

  • Mantener horarios regulares para las comidas y las meriendas, lo que regula el apetito del niño.
  • Ofrecer una alimentación variada desde el principio, presentando alimentos en diferentes preparaciones.
  • Comer junto a los niños y evitar las pantallas, haciendo de la comida un momento especial para compartir.

Cuándo consultar al pediatra o nutricionista

Si se presenta alguno de estos síntomas, es muy conveniente hacer una cita para que un profesional de la salud evalúe al niño:

  • Pérdida de peso o ausencia de aumentos de peso durante un periodo de seis meses.
  • Fracturas óseas.
  • Ansiedad relacionada a la comida.
  • Pérdida del apetito y rechazo a comer cualquier alimento durante dos o tres días.
  • Arcadas o vómitos constantes al momento de comer.
  • Piel amarillenta u otras señales de ictericia.

Un pediatra puede determinar si estos síntomas requieren de algún tipo de intervención y hacer recomendaciones específicas para que los niños tengan una dieta balanceada y saludable. Un nutricionista también puede evaluar la comida de tu hijo, los análisis de sangre, los medicamentos y otras cosas para ver si hay algún problema. También se puede trabajar con otros terapeutas o especialistas de la salud.

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