Por qué los niños rechazan las verduras y el agua: Comprendiendo la neofobia alimentaria

Muchos padres se encuentran desamparados frente a un niño que no quiere comer un alimento desconocido. Esta reacción natural es la neofobia alimentaria, el miedo y el rechazo a probar alimentos nuevos o desconocidos. Este miedo viene de un reflejo primitivo de protección y afecta generalmente a los niños de 2 a 6 años, aunque a veces puede prolongarse hasta la edad adulta. Con mayor frecuencia se trata de las frutas, las verduras y el pescado, lo que puede tener consecuencias adversas para la salud del niño si no supera su miedo, porque su dieta es menos variada.

infografía sobre la neofobia alimentaria infantil

El instinto de supervivencia y el sabor amargo

Ante un plato con acelgas, alcachofas o pepino, muchos niños exclaman un sonoro "no me gusta" y ponen una expresiva cara de asco. Sin embargo, el gesto cambia si lo que tienen entre manos es un dulce o un helado. Así lo explica Julie Menella, una investigadora estadounidense que ha llevado a cabo un trabajo sobre los mecanismos que influyen en el sentido del gusto. Menella señaló al diario español El Mundo que es el instinto de supervivencia el que va marcando el camino de lo que comemos. Sin embargo, rechazamos de forma innata lo amargo como las verduras, porque es el sabor que precisamente tienen muchos productos venenosos.

“Tenemos 27 receptores para los sabores amargos, mientras que sólo tres para los dulces”, explica. La cosa cambia cuando se trata de medicinas. Los niños pequeños no pueden tomar cápsulas o comprimidos, por lo que los tratamientos infantiles orales suelen suministrarse en forma líquida. Si, lo que hasta ahora considerábamos una manía o rechazo típico de los niños, es un instinto de supervivencia arraigado en nuestro ADN.

Según los investigadores, este rechazo tajante se debe a que la evolución humana ha programado a los bebés para ello. Las plantas pueden ser peligrosas si se desconocen; algunas pueden contener toxinas, venenos o defensas físicas como las espinas. Nuestros antepasados, hace miles de años, vivieron estos peligros de envenenamiento y por eso esta información tan valiosa sigue presente en nuestra biología. Por si esta explicación fuera poco, hay que añadir que el ser humano tiene 27 receptores para el sabor amargo y tan solo 3 para el dulce; este mecanismo para detectar “venenos” nos hace que seamos muy reacios al amargor por considerarlo peligroso.

Las verduras tienen mucho calcio, mineral esencial para nuestros huesos, pero por desgracia, es el responsable del sabor amargo. Así que no debemos desesperarnos por la negativa recurrente de los peques a comer verdura; lo que podemos hacer es buscar alternativas para que se vayan acostumbrando a su olor y sabor.

¿Por qué los niños rechazan lo nuevo? Causas de la neofobia alimentaria

La neofobia alimentaria es el miedo y el rechazo a probar alimentos nuevos o desconocidos. Este miedo viene de un reflejo primitivo de protección y afecta generalmente a los niños de 2 a 6 años (pero a veces puede prolongarse hasta la edad adulta). Con mayor frecuencia se trata de las frutas y verduras y el pescado, por lo tanto, puede tener consecuencias adversas para la salud del niño, si no supera su miedo, porque su dieta es menos variada.

Varios factores han sido identificados como causas de la neofobia alimentaria, como la oposición a los padres o incluso la búsqueda de seguridad con los alimentos conocidos. Además, la neofobia alimentaria estaría asociada con una mentalidad menos abierta y menos placer al comer. Parecer que para las mujeres, el factor genético es el principal determinante de la neofobia alimentaria, mientras que en los hombres, suelen ser factores ambientales los responsables de este trastorno.

Este fenómeno está condicionado por diversos factores sociales, ambientales y conductuales:

  • Preferencias individuales.
  • Aspectos neurológicos y de salud mental individual.
  • Experiencias pasadas.
  • Comportamiento de los progenitores.
  • Influencia del entorno.
  • Disponibilidad de los alimentos.
ilustración de un niño probando una verdura con curiosidad

La neofobia alimentaria en diferentes etapas

La neofobia alimentaria en niños entre los 2 y los 3 años es un proceso natural dentro de la maduración y el crecimiento. A la edad de 2 años, casi la mitad de los niños adoptan comportamientos neofóbicos y selectivos (aceptación de un número mínimo de alimentos dentro de los alimentos conocidos). Entre los 2 y 9 años, los niños neofóbicos comen menos frutas y, sobre todo, menos vegetales, tanto en términos de variedad como de cantidad.

En general, el repertorio alimentario se amplía luego del período de neofobia alimentaria. Sin embargo, los niños que comen menos variedad en la primera infancia también son los que comen menos variedad más tarde, hasta la edad adulta. Por lo tanto, se debe fomentar el acceso a una variedad de alimentos a una edad temprana, dejando de lado la sospecha de alergias alimentarias.

La neofobia alimentaria en adolescentes responde a mecanismos diferentes. En estas edades, el modo de relacionarse con la comida es diferente. Para los niños es una forma de “descubrir el mundo que les rodea”. Aquí entra en juego la presión del grupo: si todos añaden chía al yogur o toman quinoa con la ensalada, el adolescente es muy probable que lo haga para sentirse uno más.

Trastorno de alimentación restrictivo o selectivo (ARFID)

El trastorno de alimentación restrictivo o selectivo (ARFID, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la conducta alimentaria relativamente nuevo. Los niños con este trastorno son sumamente quisquillosos al comer y, a veces, les interesa muy poco comer alimentos. Es posible que coman una variedad muy limitada de alimentos preferidos, lo que les puede llevar a un escaso crecimiento y a una mala nutrición.

El ARFID suele empezar a edades más tempranas que los demás trastornos de la conducta alimentaria y es más frecuente en los varones. Algunos niños son sumamente selectivos con lo que comen y tal vez tengan reacciones extremadamente negativas a los olores, los sabores, las texturas y los colores de los alimentos. Quizás tengan mucho temor a los nuevos alimentos, algo que recibe el nombre de "neofobia", y les causen miedo las experiencias negativas relacionadas con alimentos que no conocen.

Es posible que algunos niños tengan un desinterés generalizado por la comida y tengan muy poco apetito o sientan que comer les causa poca o nula satisfacción. Con frecuencia, estos niños niegan tener hambre. Otros niños tienen miedo de lo que podría ocurrir si comen; por ejemplo, sentir dolor, atragantarse o vomitar. Algunos niños con ARFID solo pertenecen a una de estas categorías, mientras que otros pueden pertenecer a más de una.

Muchos niños con este trastorno tienen bajo peso. Otros alcanzan un peso normal, pero tal vez su dieta sea tan limitada que no crezcan o interfiera con la escuela, la familia y su vida social. El ARFID puede llevar a tener problemas derivados de la desnutrición.

Causas y diagnóstico del ARFID

Se desconoce cuál es la causa exacta del trastorno de alimentación restrictivo o selectivo. Muchos expertos creen que se debe a una combinación del temperamento, los genes y los acontecimientos desencadenantes (como un atragantamiento).

Para diagnosticar el ARFID, los síntomas no se pueden deber a la falta de acceso a los alimentos (inseguridad alimentaria), otro trastorno de la alimentación (como anorexia) u otros problemas médicos. Los niños con ARFID también tienen miedo o están preocupados por su peso. Los médicos pueden pedir análisis de sangre, análisis de orina o un electrocardiograma (ECG) para evaluar la presencia de otros problemas médicos.

Tratamiento del ARFID

Lo mejor es que el ARFID sea tratado por un equipo de profesionales especializados en trastornos de la conducta alimentaria, formado por un médico, un dietista o nutricionista y un terapeuta especializado en trastornos de la alimentación. El tratamiento puede incluir asesoramiento nutricional, cuidados médicos y terapia para comer bien.

Los objetivos del tratamiento son:

  • Alcanzar y mantener un peso saludable y patrones de alimentación saludables.
  • Aprender maneras de comer que no se asocien al miedo de sentir dolor o atragantarse.

Los médicos pueden recetar medicamentos para aumentar el apetito o para tratar la ansiedad. La mayoría de los niños diagnosticados con este trastorno pueden recibir tratamiento en casa, pero algunos se deberán someter a un programa hospitalario más intensivo. Quienes tengan una importante pérdida de peso y desnutrición o graves problemas de salud deberán recibir tratamiento en un hospital.

El ARFID puede ser difícil de superar, pero aprender a comer de manera saludable y abordar los miedos puede ayudar a los niños y adolescentes a encontrarse mejor y a comer mejor.

Estrategias para fomentar el consumo de verduras y agua

Las verduras aportan vitaminas, como las vitaminas A y C que mantienen nuestras defensas fuertes contra infecciones, y minerales, como hierro, zinc, potasio, calcio y magnesio, esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Otro beneficio de comer vegetales y hortalizas es su bajo contenido de sodio y su riqueza en potasio, una combinación que ayuda a prevenir la hinchazón, la retención de líquidos y la hipertensión.

Ante la negativa recurrente de los peques a comer verdura, no debemos desesperarnos. Lo que podemos hacer es buscar alternativas para que se vayan acostumbrando a su olor y sabor. En la Universidad de Granada hicieron un estudio muy interesante sobre las verduras y los niños. Descubrieron que cuando a las niñas y niños se les permitía elegir las verduras que iban a comer ese día, la respuesta era más positiva. De hecho, aumentaron 40 gramos en el consumo diario todos los alumnos que pudieron elegir durante un mes.

Aquí algunas estrategias y consejos para padres:

  1. El ejemplo es fundamental: Como todo en la vida, los niños aprenden con el ejemplo. Si ven que tú no comes 5 raciones de verduras y frutas al día, ellos tampoco lo harán. En cambio, si ven que las verduras forman parte de la dieta diaria de la familia y te ven comerlas con gusto, seguramente se interesen por ellas y quieran probarlas. El ejemplo de los padres es el primer paso para lograr que los niños coman verduras.
  2. Comer en familia: De la mano de este consejo viene otro: intenta que la comida sea en familia. Comer en familia es una buena manera para que el niño aprenda a comer bien.
  3. No obligar a comer: Muchas veces, los padres pecamos al preocuparnos de más e intentamos obligar a los niños a "limpiar" su plato. La realidad indica que los pequeños no pueden ingerir la misma cantidad de comida que un adulto, motivo por el cual no deberíamos obligarlos a comer lo que nosotros creemos que necesitan. Los mismos niños decidirán la cantidad de alimentos adecuada para su cuerpo. Es nuestro deber como padres preocuparnos por la calidad, no por la cantidad. E incluso en este punto, vale la pena destacar que obligar a comer no es enseñar a comer. Obligando a un niño a comer hortalizas y vegetales, solamente lograremos que genere rechazo hacia ellas. Imagina que te obligan a comer algo que no deseas, ya sea porque no te convence el sabor o porque no tienes hambre, ¿cómo te sentirías? Con los niños pasa lo mismo. La mejor táctica para que los peques coman verduras a largo plazo es no obligarlos a comerlas.
  4. Exposición repetida y variada: Diferentes estudios concluyen que "un alimento tiene que ser probado entre 10 y 15 veces para ser bien aceptado". Así que... ¡no desistas! Insistir presentando verduras en cada comida diaria no es lo mismo que obligar a comerlas.
  5. Cocinar con los niños: Cocinar con los niños no sólo es divertido, ¡es también una buena manera para que los niños se interesen por la comida!
  6. Evitar sobornos con postre: Un grave error que muchos padres cometemos es intentar "sobornar" a los peques con el postre. ¿Sabes a qué me refiero? Sí, a la famosa frase: "si te comes las verduras, te daré postre". No es recomendable usar el postre como premio porque el niño puede percibir como un castigo comer las verduras.
  7. Incluir verduras de forma creativa: Intenta incluir las verduras en todas las comidas de cada miembro de la familia. Juega con las texturas, los colores y los sabores e inclúyelas en toda clase de recetas. Por ejemplo, puedes preparar bocatas con pimientos, lechuga y tomate, huevos revueltos con vegetales e incluso, bizcochos de zanahoria.
  8. Presentación atractiva: Los niños se guían por la vista a la hora de decidir si prueban o no un alimento. ¡Prepara entonces platos que llamen su atención y los inviten a comer! Puedes crear un sinfín de dibujos utilizando las verduras y jugando con sus formas y colores. Seguramente a los peques les parecerá muy divertido comer una cara sonriente hecha de verduras, o una casa, o un coche ¡o una isla de verduras!
  9. Combinar con platos favoritos: Aprovecha los platos que gustan a tus hijos para incluir las verduras. ¿A tus peques les gusta la tortilla? Pues bien, prepara una tortilla de patatas con vegetales. ¿Prefieren las pastas? Perfecto, cocina salsas con zanahorias, cebollas, tomates y pimientos. ¡Las posibilidades son infinitas! Puedes incluir verduras en sopas, cocidos, croquetas, ensaladas, pastas rellenas, empanados y ¡todo lo que te propongas!
  10. Introducir gradualmente: Utilizando diferentes técnicas que recomienda el M.Sc., se puede lograr que el niño pruebe el alimento hasta 10 veces. Es un proceso constante y con mucha paciencia.

Consejos para alimentar a niños selectivos a la hora de comer | American Academy of Pediatrics (AAP)

Las recomendaciones que se ofrecen en este artículo periodístico tienen carácter informativo. En caso de que su niño o niña presente problemas de alimentación, debe consultar directamente con una persona profesional en salud.

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