La neumonía es una patología respiratoria aguda que consiste en la inflamación del tejido pulmonar debido a una infección. Esta enfermedad se caracteriza por la multiplicación de microorganismos en el interior de los alvéolos, lo que provoca que estos se inflamen y se llenen de fluidos o moco, dificultando el intercambio de oxígeno.
En las personas de edad avanzada, especialmente aquellas que se encuentran postradas o con movilidad reducida, la neumonía representa una de las principales causas de hospitalización y mortalidad. De hecho, es la sexta causa de muerte entre los ancianos y el cuarto diagnóstico más frecuente al alta en hospitales de agudos.

Tipos de neumonía y clasificación
La clasificación médica de la neumonía ha evolucionado para identificar mejor el origen de la infección y el tratamiento adecuado:
- Neumonía adquirida en la comunidad (NAC): Se contrae fuera del entorno hospitalario. Es común en personas que no han estado recientemente en centros de salud.
- Neumonía asociada a los cuidados de salud (NACS): Afecta a pacientes en contacto frecuente con el sistema sanitario, como residentes en centros asistidos o personas en tratamiento de hemodiálisis.
- Neumonía intrahospitalaria o nosocomial: Aquella que se desarrolla durante una estancia en el hospital por otras patologías.
- Bronconeumonía: Una infección que afecta de forma multifocal tanto a los bronquios como a los alvéolos. Es frecuente en personas encamadas donde la falta de ventilación pulmonar facilita la acumulación de mucosidad.
- Neumonía unilateral y bilateral: La primera afecta a un solo pulmón, mientras que la bilateral compromete ambos órganos, siendo esta última mucho más grave y con mayor riesgo de insuficiencia respiratoria.
La neumonía por aspiración en pacientes postrados
La neumonía por aspiración (NAS) ocurre cuando se inhalan alimentos, líquidos, saliva o vómito hacia los pulmones en lugar de ser tragados hacia el esófago. La boca y la garganta contienen muchas bacterias que, al ser aspiradas, crecen en los pulmones dando lugar a la infección.
El papel de la disfagia
El principal factor de riesgo para la neumonía por aspiración es la disfagia orofaríngea (dificultad para tragar). Este trastorno es habitual en personas con demencia, Parkinson o que han sufrido un accidente cerebrovascular. En el proceso de deglución intervienen 40 músculos; cuando este mecanismo falla, el alimento pasa a la vía respiratoria.
Si la capacidad de toser de la persona está disminuida, el riesgo de inhalar cuerpos extraños es mucho mayor. Se calcula que el 50% de las broncoaspiraciones desembocan en una neumonía, cuya tasa de mortalidad es significativamente alta.
Uso de espesantes artificiales y el paciente con Disfagia y Sd de dependencia
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas de la neumonía en ancianos pueden ser menos evidentes que en jóvenes o presentarse de forma atípica. Es fundamental vigilar:
- Fiebre alta y escalofríos (aunque en algunos ancianos puede no haber fiebre).
- Tos con expectoración de flema con color o moco purulento.
- Disnea: dificultad respiratoria o sensación de falta de aire.
- Dolor torácico: dolor agudo o punzante que empeora al respirar hondo.
- Síndrome confusional: desorientación, delirios o cambios repentinos en la lucidez mental.
- Cansancio extremo y debilidad incapacitante.
La neumonía silenciosa es especialmente peligrosa, ya que no muestra síntomas claros pero provoca una saturación de oxígeno en sangre muy baja.
Diagnóstico y pruebas médicas
Ante la sospecha de infección, el médico realizará una evaluación clínica buscando crepitaciones o ruidos anormales con el estetoscopio. Las pruebas complementarias incluyen:
| Prueba | Descripción |
|---|---|
| Radiografía de tórax | El "gold standard" para confirmar manchas e infiltrados en el pulmón. |
| Gasometría arterial | Mide los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre. |
| Hemocultivo | Análisis de sangre para buscar bacterias y determinar el antibiótico eficaz. |
| Broncoscopia | Procedimiento para observar las vías respiratorias y verificar obstrucciones. |
| Proteína C Reactiva (PCR) | Marcador biológico de inflamación y gravedad de la infección. |

Tratamiento y recuperación
El tratamiento depende de la causa (bacteriana, viral o fúngica) y de la gravedad del paciente. Si la causa es bacteriana, el uso de antibióticos es fundamental y debe iniciarse lo antes posible. Si la causa es viral, como la gripe o el COVID-19, se utilizarán antivirales, ya que los antibióticos no destruyen los virus.
En casos graves, puede ser necesario el ingreso hospitalario para administrar oxigenoterapia (mediante cánula nasal o ventilación mecánica) y líquidos intravenosos. Una vez que se comienza el antibiótico, suele pasar una semana hasta notar mejoría, aunque el cansancio puede persistir durante un mes o más.
Prevención y cuidados de enfermería
La prevención integral es la mejor herramienta para proteger a los pacientes vulnerables:
Higiene y Estilo de Vida
- Higiene bucal: Mantener los dientes y la lengua limpios reduce las bacterias que podrían ser aspiradas.
- Vacunación: Es esencial la vacuna antineumocócica, la de la gripe y la del COVID-19.
- Hidratación: Beber entre 6 y 10 tazas de líquido al día para ayudar a fluidificar las secreciones.
Recomendaciones para la alimentación
Para pacientes con riesgo de aspiración, se debe adaptar la dieta:
- Mantener una posición vertical (sentado) al comer y hasta 30 minutos después.
- Utilizar espesantes para cambiar la viscosidad de los líquidos según la tolerancia del paciente.
- Masticar lentamente y adaptar el tamaño del bocado.
- El uso de vasos especiales antidisfagia (como los escotados para la nariz) facilita la postura correcta de la cabeza.
- Evitar medicamentos que provoquen somnolencia excesiva durante las comidas.
Cuidados en el hogar
Es recomendable realizar ejercicios respiratorios, como tomar aire profundamente 2 o 3 veces cada hora. Además, si el paciente está encamado, elevar la cabecera de la cama unos 30º ayuda a prevenir el reflujo gastroesofágico hacia la tráquea.