Si el tango es la música de Buenos Aires, el fileteado es su trazo, su letra escrita a mano y su firma. Este estilo decorativo popular, nacido a finales del siglo XIX, es un sistema estético enroscado, recargado y dramático que refleja el espíritu porteño. El fileteado no es solo una técnica pictórica, sino una forma de comunicación que invita a los habitantes de la ciudad a no olvidar sus orígenes, su historia y su filosofía de vida.

Orígenes y nacimiento en el ámbito del trabajo
El fileteado nació de una mezcla de pretensiones, picardía y necesidad. A finales del siglo XIX, artistas inmigrantes -en su mayoría italianos- experimentaban con pinceles de pelo largo en busca de una identidad para una ciudad aún muy joven. La leyenda señala que fueron dos niños humildes, Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella, quienes en un taller de carruajes decidieron romper con la monotonía del color gris municipal, aplicando colores vivos como el rojo en los bordes de los carros. Este acto espontáneo fue aceptado con entusiasmo por los propietarios y pronto se convirtió en una tradición.
Más tarde, figuras clave como Salvador Venturo y su hijo Miguel Venturo consolidaron este arte. Miguel, capitán de la Marina Mercante italiana, introdujo gran parte de la fantasía que define al repertorio actual, incorporando pájaros, flores, diamantes y dragones.
Elementos vegetales y simbolismo iconográfico
El repertorio decorativo del fileteado es rico en simbolismo, alimentado tanto por la arquitectura art-nouveau de los años 20 como por el folclore de los inmigrantes. Los motivos no son aleatorios; cada elemento tiene una carga de significado cultural:
- Motivos vegetales: Predominan las flores de cuatro o cinco pétalos y las hojas de acanto, que brindan dinamismo a la composición.
- Simbolismos de origen y fuerza: Los barcos conmemoran el regreso a Europa, mientras que los leones simbolizan el temple firme ante la adversidad.
- Elementos de fantasía: Dragones y aves exóticas, inspirados en ornamentos arquitectónicos de la ciudad, como los del Teatro Nacional Cervantes.
- Iconografía popular: La integración de santos, vírgenes y figuras emblemáticas como Carlos Gardel o personalidades deportivas que conectan el arte con la memoria colectiva.

El lenguaje de los "costados sentenciosos"
El fileteado nunca viene solo; se utiliza como vehículo para frases ingeniosas, refranes poéticos o aforismos expresados en lunfardo. Jorge Luis Borges definió estas inscripciones como «costados sentenciosos». Las letras, trazadas a mano con estilos góticos o cursivos ornamentados, permiten que el mensaje y la forma vayan de la mano, creando una unidad visual donde conviven la nostalgia y la picardía porteña.
Evolución de los soportes: De los carros a los colectivos
La técnica se adaptó a los tiempos: pasó de los carros tirados por caballos a los camiones y, finalmente, a los colectivos. En el transporte público, el fileteado adoptó formas más geométricas y lineales, ya que los conductores buscaban distinción. Sin embargo, en 1975, una ordenanza municipal prohibió su uso en los autobuses, argumentando que dificultaban la lectura de los números de ruta. Esta prohibición casi termina con la tradición, pero obligó a los artistas a buscar nuevos soportes, trasladando el arte a fachadas, pizarras, objetos cotidianos, e incluso a la piel mediante el tatuaje.
Patrimonio de la Humanidad
En diciembre de 2015, la UNESCO declaró al fileteado porteño Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este reconocimiento no solo protege la técnica, sino que compromete a la ciudad a incentivar su investigación y difusión. La creación de la Asociación de Fileteadores ha sido fundamental para garantizar su continuidad, organizando cursos, talleres y exposiciones que integran a nuevas generaciones, incluyendo a mujeres artistas que, a partir de los años 90, han revitalizado este oficio históricamente masculino.