La Eucaristía es la gran plegaria de la Iglesia para fortalecer la fe. La Misa consta de dos partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto. En la Misa se dispone la mesa, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, en la que los fieles encuentran instrucción y alimento cristiano. La celebración eucarística es un convite pascual donde el Cuerpo y la Sangre de Cristo son recibidos por los fieles como alimento espiritual.

El Ofertorio: Preparación de los Dones
El ofertorio es un momento importantísimo en la celebración eucarística, pues es de mayor participación de los fieles. Los obispos y sacerdotes celebran la Misa, instituida por Cristo en la Última Cena. La Iglesia ha dispuesto la Liturgia Eucarística con las partes que responden a las acciones y palabras de Cristo, empezando por la preparación de los dones dentro de la parte llamada "Ofertorio".
¿En qué consiste la preparación de los dones?
La preparación de los dones consiste en llevar al altar las ofrendas del pan y del vino con agua. Estos son los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos y son los dones que se convertirán en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. El ministro ordenado que preside la Misa, al recibir las ofrendas eucarísticas, bendice a Dios por el pan y el vino que se han recibido de su bondad y que son fruto de la tierra, de la vid y del trabajo del hombre, presentándolos para que se conviertan en pan de vida y en bebida de salvación.
Antes de levantar y ofrecer el vino, el ministro ordenado o el diácono agrega una gota de agua al vino, lo que representa la unión hipostática de la divinidad y humanidad de Cristo. También simboliza la unión de nuestra ofrenda con la ofrenda perfecta de Cristo en la Cruz, junto a cada uno de nosotros, indicando nuestra participación en el sacrificio de Cristo; es signo de la participación de nuestra naturaleza humana con la naturaleza divina de Cristo.
El Papa explica el significado de la presentación del pan y el vino en la Misa
El papel de los fieles y la procesión de ofrendas
Es muy bueno que sean los fieles quienes presenten al sacerdote el pan y el vino para que él los deposite sobre el altar. En la Iglesia primitiva las ofrendas del pan y del vino eran llevadas de casa por los mismos fieles al lugar de la celebración. Por esto, sería oportuno recuperar el hermoso gesto de que las ofrendas siempre sean presentadas por los fieles, al menos en los días de fiesta. Y a pesar de que las modalidades hayan cambiado, el rito de presentarlos conserva su significado espiritual, su sentido y su fuerza.
Cuando haya presentación de los dones se debe organizar una procesión. Las ofrendas son presentadas por los fieles, no por los servidores del altar. En la procesión siempre se deben llevar en primer lugar el pan y el vino y después otros dones que sean para el servicio de los pobres (alimentos) o de la iglesia (objetos litúrgicos, etc.). La procesión se hará por el corredor central de la Iglesia.
Los que participen de la procesión harán una inclinación de cabeza antes de entregar la ofrenda al ministro ordenado que preside la celebración u otro ministro delegado por él y, sin decir nada, regresan a su lugar. El canto del ofertorio acompaña esta procesión, prolongándose por lo menos hasta que los dones han sido depositados sobre el altar.
También pueden recibirse dinero u otros dones para los pobres o para la iglesia, traídos por los fieles o recolectados en la iglesia, los cuales se colocarán en el sitio apropiado, fuera de la mesa eucarística. Otro tipo de objetos pueden llevarse con carácter simbólico. Estos pueden simbolizar agradecimiento a Dios, nuestro compromiso de fidelidad a Él, nuestras buenas acciones, nuestros trabajos y sacrificios.
La Verdadera Naturaleza de las Ofrendas de Pan y Vino
Es importante saber y tener siempre presente que en el pan y el vino están representados todos los dones de Dios que, en el sacrificio, vuelven a Él. Y es el momento de ofrecernos a nosotros mismos, con todo lo que somos y tenemos. Y esa ofrenda luego nos la regresa el Señor transformada en Él mismo. El Papa explicó en la audiencia general que en la Misa la Iglesia "usa los mismos signos y gestos que realizó Jesús la víspera de su Pasión para hacer presente el sacrificio de la nueva alianza sellada por Él en el altar de la Cruz". En esta ofrenda espiritual de toda la Iglesia, se recoge la vida, los sufrimientos, las oraciones y los trabajos de todos los fieles, que se unen a los de Cristo en una única ofrenda.
Pan y Vino: Realidad, no solo signo
Al referirse al pan y el vino, el texto subraya una distinción crucial: el pan y el vino no son signos de nada, porque realmente se van a transformar verdadera, real y sustancialmente en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. No son signo del Cuerpo de Cristo, sino que son la realidad, realmente el Cuerpo de Cristo. Nos puede parecer poco lo que nosotros ofrecemos, pero ese poco es lo que necesita Jesús para transformarlo en el don eucarístico, capaz de alimentar a todos y de hermanar a todos en su Cuerpo que es la Iglesia. Con la oración sobre las ofrendas, el sacerdote pide a Dios que acepte nuestra pobre ofrenda y que la transforme con el poder del Espíritu Santo en el sacrificio de Cristo que, como el incienso, sube al Padre, que lo recibe con agrado.

Moniciones y Ofrendas Simbólicas: Una Crítica Litúrgica
La liturgia establece la forma y el sentido de la presentación de las ofrendas. Las añadiduras superfluas han convertido este rito tradicional en una presentación de elementos simbólicos con los que expresarse; cada “ofrenda” se convierte en algo simbólico y no en una ofrenda real, y necesita ser explicada por una monición (muchas veces dirigida directamente al Señor como una oración), en vez de estar sonando el canto del ofertorio o los acordes del órgano.
Ejemplos de "ofrendas" problemáticas:
- "Este libro como símbolo de nuestro aprendizaje en catequesis": se cuestiona si un libro es una ofrenda real.
- "la camiseta y la pañoleta…": no es una ofrenda real para solventar necesidades de los pobres de la Iglesia, y su valor es sentimental más que de fe.
- "un árbol de cartulina, con hojas donde están escritos los sentimientos": no tiene un propósito litúrgico o caritativo claro después de la Misa.
- "Te ofrecemos esta Sagrada Biblia en representación…": se considera un contrasentido ofrecer a Dios su propia Palabra, la cual ya está presente y significada en el Leccionario. Una ofrenda real sería llevar cien biblias para misiones o nuevos Leccionarios para el templo.
- "Te ofrecemos estos materiales que representan el esfuerzo y dedicación en nuestros estudios": si bien el esfuerzo es valioso, el objeto en sí no constituye una ofrenda litúrgica.
- "Con este despertador queremos simbolizar, Señor, nuestro deseo de estar con los cinco sentidos puestos en Ti": se cataloga como una banalidad.
Las ofrendas "simbólicas", si se miran fríamente, dejan estupefactos por lo banal que representan; son añadidos, una enfatización, ajenos a la liturgia y su sentido. El P. Navarro, delegado episcopal de liturgia de la Diócesis de Cartagena, destaca que "el lenguaje está muy cuidado. No aparece en ningún momento el verbo ‘ofrecer’." Concluye que "el momento de la preparación de los dones tiene su importancia, pero no hasta el punto de ser el momento central de la celebración", invitando a "No convertir este momento en lo que no es, en lo que vendrá después."
Las Moniciones en el Ofertorio
Las moniciones (que no están permitidas ofrenda por ofrenda) son de escaso gusto y sentido católico en su contenido y además se dirigen a Dios en vez de ser sencilla monición, advertencia o explicación dirigida a los fieles. Los símbolos son lo más contrario que pueda haber a este momento: se requieren ofrendas reales para necesidades de la Iglesia y de los pobres y, sobre todo y exclusivamente, todo el pan y vino necesarios para el Sacrificio eucarístico. Estos elementos simbólicos con monición no lo permite la liturgia en su Misal.
Si además de las ofrendas eucarísticas del pan y el vino se llevan otras ofrendas, es oportuno precederlas de alguna monición durante la procesión. Si no hay monición, debe haber un canto apropiado. La ofrenda de dinero que se recoge durante la procesión de los dones, que es también parte de la ofrenda, debe colocarse en un lugar visible, cerca del altar.