Análisis Métrico de "Oda a la Cebolla" de Pablo Neruda

La "Oda a la Cebolla" fue escrita por Pablo Neruda y pertenece al libro Odas Elementales, publicado en 1954. Pablo Neruda, cuyo nombre de nacimiento era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (Parral, 12 de julio de 1904 - Santiago, 23 de septiembre de 1973), fue un poeta chileno, considerado uno de los artistas más influyentes de su siglo.

Contexto y Origen de las Odas Elementales

En julio de 1954, Pablo Neruda publicó Odas Elementales, que continuó con Nuevas Odas Elementales (enero de 1956) y Tercer Libro de las Odas (diciembre de 1957), todos editados por la Editorial Losada de Buenos Aires. En estos poemas, Neruda recurre al género lírico de la oda, típicamente destinado a ensalzar a alguien o algo.

En este momento, Neruda vivía una etapa relativamente tranquila, a diferencia de la década anterior, cuando había sido elegido senador, había sufrido el desafuero, vivido en la clandestinidad y se había exiliado en Argentina. En los tres libros de las Odas, el poeta chileno deja de lado el barroquismo y la retórica del Canto General que había escrito en sus escondites y publicado en México en 1950. Es decir, pasó de la complejidad a la sencillez, de la poesía política a la de los hechos y las cosas cotidianas, de la elaboración a la espontaneidad.

Neruda se propuso un basamento originario en las Odas Elementales: "Quise redescribir muchas cosas ya cantadas, dichas y redichas. Mi punto de partida deliberado debía ser el niño que emprende, chupándose el lápiz, una composición obligatoria sobre el sol, el pizarrón, el reloj o la familia humana. Ningún tema podía quedar fuera de mi órbita."

Este inventario de cosas y asuntos simples se sostiene por un lenguaje de armazón simple, y muchas veces transparente, sin osadías de complejidades verbales ni conjeturas, porque Neruda persigue antes que nada la ambición de que le entiendan, de que le entienda cualquiera. En Odas Elementales, Pablo Neruda canta a la esperanza y al caldillo de congrio, a la madera y a la alegría, al vino y al pan, a los poetas populares y al fuego, al libro, al traje, a la lluvia, a la vida. Y a la cebolla. Esta última no es el único vegetal al que exalta, pues también dedica sus respectivas odas a la alcachofa, una castaña en el suelo, la flor azul y el tomate.

Portada del libro Odas Elementales

La Oda como Instrumento de Reivindicación de lo Cotidiano

Lo primero que sorprende de un poema de este tipo es justamente su nombre y el objeto al cual se canta: una cebolla. En una oda tradicional (desde Píndaro hasta los románticos y toda la tradición castellana), el objeto al cual se canta tiene un alto valor simbólico, social o sentimental: la amada, la luna, la muerte, la vida, convirtiéndose en un canto laudatorio y en un homenaje mediante el cual el poeta expresa su sensibilidad respecto al objeto, figurado o abstracto: amistad, amor, naturaleza, etc. Sin embargo, en este caso, se canta a un elemento tan sencillo y humilde como a una cebolla.

Esta es una propuesta típicamente vanguardista, que intenta sacar un objeto de su contexto habitual para ubicarlo en otro altamente poético. El poeta nos demostrará que, mirado con ojos “nuevos”, como si se mirara por primera vez, cualquier objeto puede adquirir propiedades estéticas que lo ascienden a una jerarquía relevante, y que no necesariamente aquello que tomamos como importante tiene que ser algo valioso, sino que puede ser una simple cebolla. "Oda a la cebolla" es un poema en el que culmina el tratamiento poético de la comida en la obra de Pablo Neruda.

Neruda se aleja deliberadamente de una poética en la cual se canta desde la subjetividad y la expresión de un poeta lírico aislado en su torre de marfil. Por el contrario, al reconocer en la simpleza de la naturaleza una fuerza poética, propone habitar el mundo de una manera más objetual y por lo tanto natural. Consideraba que "es muy conveniente observar profundamente los objetos en descanso. De ellos se desprende el contacto con el hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Una poesía impura como traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio sin excluir deliberadamente nada, sin aceptar deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor. Quien huye del mal gusto cae en el hielo."

La poesía sin purezas, de la cual "Oda a la Cebolla" forma parte, se encuentra en un registro muy diferente de los primeros poemarios de Neruda o de sus poemas explícitamente militantes, como los de Canto General o los poemas tempranos de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Aquí los objetos reemplazan el lugar de la subjetividad humana, son utilizados para exaltarse en sí mismos y no son solamente cosas que están en el mundo para compararse: tienen vida propia.

Análisis Estructural y Recursos Poéticos

Estructura Externa

La estructura externa de la "Oda a la Cebolla" se caracteriza por poseer versos libres, ya que estos no riman y además tienen número de sílabas variable, es decir, con métrica irregular. La "Oda a la Cebolla" está escrita en verso libre, como todas las composiciones de Odas Elementales. Esto significa que no tiene métrica regular ni rima deliberada; las rimas que pueden encontrarse son meros «accidentes» del discurso poético en versos blancos. La esticomitia (coincidencia entre la unidad sintáctica y la unidad métrica) está frecuentemente alterada por los encabalgamientos originados en el escaso número de sílabas de buena parte de los versículos.

La sencillez del lenguaje denota la clara intención de ser entendido por todos los lectores. A este propósito contribuye el uso casi exclusivo de sustantivos concretos que dan al discurso poético una consistencia y una naturalidad que son difíciles de lograr con sustantivos abstractos.

El Yo Lírico

El "yo lírico" aparece en la sexta estrofa, utilizado para expresar lo que significa la cebolla para el poeta y su punto de vista. El temple de ánimo del hablante es de admiración y afecto hacia la cebolla, ya que la hace ver como algo majestuoso y sagrado, mostrando afecto hacia la cebolla durante todo el poema. El hablante y el sujeto poético es Pablo Neruda, quien le demuestra su amor y su afecto hacia esta.

Literatura y gastronomía Oda a la cebolla de Pablo Neruda

Temática y Simbolismo

El texto repasa las fases de la cebolla, desde que nace hasta que sirve de alimento a humildes comensales, al tiempo que describe su naturaleza y fisonomía mediante numerosos recursos poéticos. El tema podría enunciarse como las etapas, perfección y utilidad de la cebolla. Neruda destaca cualidades como luminosa, clara, redonda, eterna, intacta, pura, hermosa. La cebolla es uno de los elementos más importantes en la cocina criolla, y Neruda describe sus virtudes culinarias debido a su gran uso.

La cebolla nace gracias a la tierra que "acumuló su poderío / mostrando tu desnuda transparencia, / y como en Afrodita / el mar remoto / duplicó la magnolia". Neruda explora entonces esas posibilidades poéticas de la cebolla, sus sentidos sociales y poéticos en la historia. La cebolla es de los alimentos más básicos para la mesa, y con frecuencia se asocia a los pobres y a su pobre cena. Pero acá la pobreza pasa a significar tal vez la esencialidad, en la medida en que la cebolla y su simpleza "al alcance / de las manos del pueblo, / regada con aceite, / espolvoreada / con un poco de sal, / matas el hambre / del jornalero en el duro camino".

La relación entre el yo lírico (que habla desde un hipotético nosotros) y la cebolla es íntima y profunda, y el acto de servir la mesa o preparar una ensalada cobra tal importancia, que el poeta puede liberarse de su peso y de los problemas del mundo. Esta es una reacción importante frente a los objetos del mundo si se considera que en otros poemas del mismo Neruda la experiencia del yo poético en el mundo es de hostilidad y aprehensión.

Mientras que en un poema como “Walking Around” el yo lírico menciona: “El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. // Sólo quiero un descanso de piedras o de lana”, en “Oda a la cebolla” pareciera encontrar ese descanso en un objeto natural: “y al cortarte / el cuchillo en la cocina / sube la única lágrima /sin pena. / Nos hiciste llorar sin afligirnos”. De esta manera, hay un desplazamiento de una poesía intelectualista, hermética, de expresión del yo, hacia una poesía popular, cotidiana, donde el poeta es el portavoz del pueblo en varios niveles.

Dibujo de una cebolla con sus capas

Metáforas y Personificaciones

  1. La primera estrofa utiliza una metáfora al relacionar la cebolla con una redoma, por el parecido redondeado de sus formas. Las capas de la cebolla las embellece al llamarlas pétalos, como si la cebolla fuera una flor, y todo para realzar la belleza de esa planta herbácea. Vuelve a poner de manifiesto la forma redondeada de la cebolla al compararla mediante una metáfora con el "vientre de rocío".
  2. La segunda estrofa humaniza a la cebolla, dándole atributos humanos.

Versos como "y en el secreto de la tierra oscura / se redondeó tu vientre de rocío" y "la tierra acumuló su poderío / mostrando tu desnuda transparencia", por su empleo de imágenes fisiológicas, subrayan la naturaleza corporal de nuestra "luminosa redoma". Esta identificación con el reino inferior se enfatiza aún más por la inclusión de "el pueblo" y "los pobres", los seres que históricamente han contado con la cebolla para sustentarse.

La Cebolla como Símbolo de Ciclos Naturales

La cebolla también funciona como una imagen de los ciclos de la naturaleza y la complementariedad del cultivo y la reproducción, ya que es una planta de ciclos anuales: “En el primer año de cultivo tiene lugar la “bulbificación” o formación del bulbo, mientras que el segundo año se produce la emisión del “escapo floral” o fase reproductiva”. No es gratuito, por otro lado, que Neruda relacione la forma de la cebolla a la del Sol, puesto que “la bulbificación tiene lugar como consecuencia de un aumento del fotoperiodo (periodo de iluminación diurna) acompañado de un ascenso de las temperaturas, ya que la cebolla es una planta de día largo”.

Conclusión de la Visión Poética

Lo natural le sirve para abrirse al mundo, para habitar lo más elemental, lo popular, la comida de los pobres, el banquete popular en el que se expresa la corporalidad, lo grotesco que es liberado de las formas elevadas de la comida. Por otro lado, la noción de “elementalidad” de las Odas Elementales no implica una simplicidad o una desazón, algo corriente y poco elaborado, sino que refiere a la ritualidad elemental en los ciclos de la tierra, un llamado a comprender el culto primigenio.

De hecho, existen interpretaciones del tema de la comida en la obra de Neruda que lo vinculan con un culto popular (el banquete medieval en Bajtín) y con una reivindicación, a través de la comida popular, de una identidad latinoamericana basada en la simpleza y en el compartir una comida sencilla, opuesta a la elaborada y artificial mesa burguesa. La cebolla, un alimento que normalmente se puede ver todos los días, un alimento básico, que se encuentra tanto en platos de ricos como de pobres, que al verlo a simple vista no genera interés, pero al detallarlo, al ver sus cualidades, al observarla de una manera más profunda, se puede apreciar de verdad todas las cualidades que posee esta hortaliza.

El poema mismo propone un ejercicio de interpretación en el cual los objetos adquieren nuevas significaciones, o gracias a la historia, invitan a escudriñar otras posibilidades de sentido. Neruda, con este poema, permitió ver a las personas que lo leyeron que cualquier cosa, acto o situación cotidiana, tiene su parte poética, su parte hermosa.

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