La actividad pesquera de la merluza común lleva años en una situación compleja. A nivel mundial, tres de cada cuatro pesquerías comerciales han sido sobreexplotadas, y la merluza común, considerada la columna vertebral de sistemas pesqueros en diversas regiones, es un claro ejemplo de esta problemática.
La Crítica Situación de la Merluza Común en Chile
En Chile, el estatus biológico de la merluza común seguirá siendo “sobreexplotado” en 2026, lo que completará 13 años consecutivos en esta condición. De acuerdo con la información que provee el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), la merluza común sigue mostrando señales negativas, una tendencia que se observa desde 2022.
Lo definido por los científicos confirma las advertencias respecto a la situación crítica de la merluza común. La reducción de la cuota se suma a la recomendación del Comité Científico Técnico (CCT) de extender el periodo de veda de la pesquería, que actualmente rige durante todo el mes de septiembre.
Se propone ajustar la extensión del periodo de veda hacia los primeros días del mes de octubre para no causar perturbaciones en el proceso de desove. Además, se busca avanzar hacia el inicio de la veda una semana antes, en el mes de agosto, para el próximo año o el subsiguiente.
Desde la pesca artesanal, Omar Méndez, presidente del Sindicato de Pescadores Artesanales de Cocholgüe, Región del Biobío, recordó que en años anteriores, “cuando la cuota fue de alrededor de 42 mil toneladas, advertimos de la inconveniencia de ese aumento y ahora vemos que teníamos razón al concretarse una nueva disminución para 2026”.
Hace algunas semanas, Oceana y organizaciones de la pesca artesanal presentaron una propuesta de cinco medidas para salvar a la merluza común. Estas recogieron los aportes de la pesca artesanal, el mundo científico, la sociedad civil y las discusiones que se han desarrollado en el Congreso. La postura del sector está respaldada por evidencia científica, señalan los dirigentes de la pesca artesanal de la Región de Los Lagos.
Historia y Medidas de Manejo
Para quienes llevan una vida en esta actividad, los inicios de los años 2000 fueron críticos; los desembarques bajaron más del 50% en 2004 y 2005. En la época se discutía de la “gran crisis de la merluza”, que impactó fuertemente al sector artesanal e industrial. Sin embargo, 23 años después, la información obtenida generó un cambio. Actualmente, existen programas anuales de investigación y monitoreo, Comités Científicos Técnicos y un Fondo de Investigación Pesquera y Acuícola fortalecido.

Principales Amenazas para la Merluza Común
1. Pesca de Arrastre de Fondo
A pesar de los avances en investigación, la pesca de arrastre de fondo sigue siendo la principal amenaza para la conservación de la merluza común en Chile, sin que se hayan logrado regulaciones modernas para este tipo de captura. El Gobierno propuso definir qué se entendería por congelamiento de la huella del arrastre, apreciándose dos argumentos centrales.
Primero, el Subsecretario de Pesca señaló ante los diputados y diputadas la necesidad de regulación de esta técnica con el objetivo de dotar a la Subsecretaría de Pesca de mejores y mayores herramientas de manejo espacial aplicadas a la pesca industrial. En segundo lugar, y como un argumento que no ha sido compartido por todos, se indicó que esto solo era posible reformando la ley. Esto pondría como actos ilegales lo anunciado en 2017 por el Gobierno de la Presidenta Bachelet y refrendado, tras consultas a los Consejos Zonales durante el Gobierno del Presidente Piñera, de congelar, por vía administrativa, la expansión de la pesca de arrastre de fondo. Existe un ejemplo importante de este tipo de medida de administración que demuestra su viabilidad.
Desde Oceana, se ha trabajado por años en distintas propuestas basadas en ciencia para recuperar la merluza común. En 2016, presentaron el estudio “Propuesta para la eliminación progresiva de la pesca de arrastre en Chile”, con el fin de congelar la huella del arrastre de fondo, lo cual permitiría evitar la expansión de este arte de pesca a zonas que no han sido arrasadas. Todas estas propuestas, entre otras más, han sido presentadas a las autoridades de turno, buscando aportar desde la ciencia para la recuperación de la pesquería.
2. Pesca Ilegal
Como segunda amenaza para la conservación de la merluza común aparece la pesca ilegal, que se materializa de distintas formas. La merluza común fue la sexta especie con más incautaciones en 2023, sumando 58 toneladas.
3. Sobrepesca y Captura de Juveniles en Argentina
En Argentina, la Fundación Vida Silvestre Argentina lanzó una enfática advertencia sobre el estado de la merluza común (Merluccius hubbsi). La pesca, siendo una de las principales actividades productivas en el mar argentino, es también su principal fuente de amenazas. Las dos amenazas principales de la merluza son la sobrepesca, es decir, pescar más peces de los que se regeneran anualmente, y la captura de peces juveniles, lo que implica pescar ejemplares antes de su primera reproducción.
Luego de casi 500 días sin protección de juveniles, el Consejo Federal Pesquero (CFP) anunció que volverá la obligatoriedad del uso de dispositivos de selectividad. Se estableció el uso obligatorio de alguno de los cuatro dispositivos permitidos, a partir del 10 de junio, siendo Dejupa y Flexigrid los recomendados por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP).
El estado del recurso es crítico. Antes no quedaban adultos, y ahora se sabe que también quedan pocos juveniles. “No tenemos evidencias de que se quiera desarrollar un modelo pesquero sustentable en el largo plazo, ni se han implementado medidas efectivas que eviten un colapso pesquero en el corto plazo. Si continúa la pesca indiscriminada de merluza juvenil y las condiciones ambientales no favorecen su reproducción, la pesquería de merluza podría colapsar en dos años”, advirtió la Fundación Vida Silvestre.

4. Captura Incidental y Descarte
Cuando los buques que pescan merluza y langostino levantan las redes del agua, extraen ejemplares de la especie buscada y también de cualquier otra, lo que se conoce como captura incidental o bycatch. Esta práctica es conocida como descarte y está prohibida en Argentina por la ley federal de pesca, ya que constituye “una amenaza para la sostenibilidad en el sector pesquero”, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La cifra de 110 000 toneladas de descarte de merluza en el mar Argentino fue confirmada por el INIDEP en su informe de 2018. La merluza común (Merluccius hubbsi) es la protagonista por excelencia del Mar Argentino debido a su abundancia y nivel de consumo, pero también porque es la especie que más sufre de pesca incidental.
La merluza es capturada y descartada durante la campaña del langostino patagónico (Pleoticus muelleri), la gran estrella de la producción pesquera del Atlántico Sur, ya que suele nadar junto a estos crustáceos. Pero también es descartada durante las propias campañas merluceras, porque se tiende a seleccionar los ejemplares de mayor tamaño mientras que los más pequeños son devueltos al mar. El problema es que “sacar a un pez del agua es como darle una paliza”, lo que reduce drásticamente las posibilidades de supervivencia de los descartes.
Recuperación del Stock y Desafíos Actuales
En los años noventa, la pesquería de merluza se situó al borde del colapso, con una caída de hasta el 80 por ciento de las capturas. “En aquel tiempo los permisos eran irrestrictos, no había ni un solo límite y se llegó a capturar hasta un millón de toneladas en un año”, recuerda Darío Sócrate, gerente y vocero del Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (CEPA).
Las medidas adoptadas a partir de 1999, como el establecimiento de áreas de protección de juveniles o la limitación de viajes anuales por cada barco, junto con la alta tasa de reproducción de la especie, permitieron su paulatina recuperación. El control estricto logró revertir la tendencia, y desde 2016 la cantidad de merluza común va en aumento, “aunque eso no justifica el descarte”, sostiene Claudia Carozza, directora del INIDEP. Actualmente, los niveles establecidos de captura biológicamente aceptable de la especie están muy alejados de aquella cifra de la década de los noventa. Carozza precisa que el recurso se encuentra en estado sustentable en el Stock Sur y en recuperación en el Norte, en el área compartida con Uruguay.
A pesar de la aparente bonanza actual, la mirada conservacionista mantiene intacta sus dosis de resquemor. Guillermo Cañete, especialista en pesca sustentable, opina que “se siguen matando juveniles, y esto impide recuperar la estructura del stock. Entonces se depende de la calidad de reproducción de cada año y de las condiciones ambientales. En la situación actual, la especie no tendría capacidad para absorber cambios ambientales importantes”.

Regulación y Conciencia sobre el Descarte
Según Julián Suárez, director nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera, puesto que el descarte está prohibido, “cuando tomamos conocimiento de un hecho probado sustanciamos un sumario administrativo e imponemos una multa”. Sin embargo, Guillermo Cañete explica que “la cultura del sector, el conjunto de prácticas, la toma de decisiones, el pensamiento de la gente involucrada, las regulaciones, todo el sistema incluyendo las autoridades ha naturalizado el descarte”. A su vez, Julián Suárez admite que en el caso de la merluza existe un 20 por ciento de captura incidental o bycatch.
Según el abogado Pablo Filippo, “si bien hay una ley, no existen las normativas precisas que regulen qué cosas son de cumplimiento obligatorio; no hay decretos ni resoluciones que indiquen qué cosas pueden hacerse y cuáles no”. No obstante, Darío Sócrate asegura que “desde el ámbito empresarial hay una conciencia creciente de que debe buscarse el modo de disminuir los descartes”. Aunque “la industria está avanzando en ese sentido, resulta imprescindible entender la realidad: el mar no es un supermercado donde uno puede elegir solo lo que quiere. Los peces se mueven todos juntos, incluso pueden mezclarse cardúmenes diferentes y se mezclan especies que son comercialmente rentables con otras que tienen poco o ningún valor de mercado y hasta las que no son pescables”.
El aparente consenso sobre la necesidad de reducir las capturas incidentales no ha servido aún para alcanzar acuerdos que permitan progresar, pero al menos abren la puerta a un diálogo que todos los sectores creen imprescindible.
Saqueo en el Atlántico: Sobrepesca y explotación del mar | DW Documental
El Impacto del Cambio Climático y la Pérdida de Diversidad Genética
Los dirigentes de la pesca artesanal en Chile advirtieron que la actual veda de la merluza austral, vigente durante agosto, resulta insuficiente para proteger el recurso, considerando que el cambio climático ha alterado el ciclo de desove de la especie. Según señalaron, la temporada reproductiva se ha desplazado y la medida debería ampliarse. De manera voluntaria, algunos pescadores ya retrasan el inicio de la captura en septiembre, como una forma de resguardar la sustentabilidad del recurso.
En el contexto científico, la merluza común (Merluccius gayi) en Chile es objeto de investigación para analizar su dinámica poblacional, considerando los efectos que puedan tener los cambios ambientales en los procesos poblacionales e individuales. Los objetivos específicos incluyen efectuar un análisis de la dinámica poblacional en relación con los procesos biológicos individuales y poblacionales, la mortalidad y la distribución del stock, así como determinar y modelar el efecto de cambios ambientales en estos procesos para su incorporación en modelos de evaluación y manejo.
Pérdida de Diversidad Genética en la Merluza Europea
La merluza europea ha perdido más del 90% de su diversidad genética respecto a los niveles que tenía antes de la explotación pesquera industrial. Así lo revela una investigación liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que advierte de que esta pérdida reduce la capacidad de la especie para reproducirse y adaptarse a cambios ambientales, lo que aumenta su vulnerabilidad frente al cambio climático.
El estudio, publicado en la revista ICES Journal of Marine Science, analizó datos genéticos de tres poblaciones de merluza europea situadas en las Islas Baleares, Galicia y el Mar del Norte. Fran Saborido Rey, investigador del CSIC en el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM) y responsable de los proyectos, explica que “estas elevadas pérdidas de diversidad genética disminuyen el éxito reproductivo de las poblaciones y su capacidad de adaptación a los cambios ambientales”.
La diversidad genética es clave para que las especies puedan adaptarse a cambios climáticos o a variaciones en las condiciones físicas, químicas y biológicas de su entorno. Aunque la merluza europea es uno de los recursos pesqueros más importantes en Europa, hasta ahora se sabía poco sobre cómo la disminución de sus poblaciones había afectado a su diversidad genética.
En el caso de Galicia, la población de merluza muestra actualmente una recuperación en su abundancia gracias a las medidas adoptadas por la Comisión Europea en 2006. No obstante, el estudio señala que la recuperación genética es mucho más lenta que la recuperación del número de ejemplares. Mientras la abundancia se ha recuperado cerca de un 10% respecto a los niveles de 1960, la diversidad genética apenas ha aumentado menos de un 1% en la última década. En el Mar del Norte, la pérdida de diversidad genética es similar a la observada en Galicia, aunque las poblaciones actuales son más abundantes.

Hacia un Futuro Sostenible: Desafíos y Soluciones
La Fundación Vida Silvestre, a través de Guillermo Cañete, propone “incorporar a la discusión la dimensión ambiental y económica y pensar en un contexto de cambio climático”. Pablo Filippo propugna acuerdos sectoriales para elaborar las medidas que regulen los descartes. El mundo empresarial, por su parte, alienta un “esquema de discusión participativo para opinar sobre las normas”.
A finales de enero, un video anónimo presuntamente filmado por un tripulante del barco El Marisco II mostró la enorme cantidad de peces y langostinos desechados y devueltos al mar, ya muertos o en estado agonizante. La secuencia causó escozor en el ámbito pesquero, y un inspector de la Subsecretaría de Pesca confirmó la realización del descarte, lo que motivó la apertura de un expediente sancionador.
En este sentido, el Director Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera, Julián Suárez, apuesta por un consenso que ayude a implementar un sistema de monitoreo a bordo que sea eficaz: “Los equipos tienen que ser completamente inviolables y estar adaptados al frío, la lluvia, la humedad y todos los factores climáticos que puedan afectar a un buque pesquero”.
Innovación y Conciencia en la Industria Pesquera
Darío Sócrate admite que en el sector industrial todavía existe una fuerte resistencia a los cambios, “pero antes o después todos tendrán que modificar su postura”. Su seguridad se basa en un punto clave: Argentina exporta el 90 por ciento de lo que captura en sus aguas territoriales, siendo la pesca el quinto rubro exportador del país y generando ingresos por unos 2000 millones de dólares anuales.
Aumentar la selectividad de las artes de pesca es entonces el siguiente reto. Las redes de arrastre siguen siendo las más utilizadas en la captura de la merluza. Julián Suárez informa que están trabajando con la Universidad Tecnológica Nacional en la creación de un dispositivo innovador llamado “Júpiter”. La red, que posee un mecanismo técnico que permite liberar los ejemplares pequeños antes de que sean retirados del agua, será probada en los próximos meses y se ha mostrado muy efectiva.
Las empresas pesqueras no son ajenas al posible cambio y han puesto su flota a disposición de las autoridades para realizar las pruebas. “En el sector hay una conciencia creciente hacia el cuidado de los recursos y se está trabajando en el tema”, afirma Darío Sócrate: “Sería muy necio de nuestra parte creer que el mar es una fuente infinita. Miles de familias dependen de esta actividad y su desarrollo depende de la salud del caladero”.
En los últimos años, las diferentes cámaras empresariales han participado en comisiones y talleres internacionales dedicados a la problemática de los descartes, e incluso algunos de los grupos más poderosos llegaron a diseñar y probar sus propios métodos de selección de capturas, con éxito relativo.
Aprovechamiento Integral y Límites del Monitoreo
Aprovechar mejor los ejemplares pescados de manera incidental es el restante objetivo planteado en la Comisión de Bycatch, y quizás el más complicado de afrontar. “Tirar lo que no resulte valioso es un desperdicio biológico, pero también alimentario que nos pone ante un compromiso ético”. Llevar en la bodega de un barco algunas toneladas de un producto que se sabe de antemano que tiene menor o nulo valor comercial reduce la rentabilidad de una campaña en el mar. Además, Sócrate apunta que “los sueldos de los tripulantes se pagan como si los barcos capturaran lo mejor. Si parte de la carga tiene otro destino, las empresas necesitan apoyo e inversión del Estado. Nos piden renovar la flota y construir un barco cuesta diez millones de dólares”.
Desde el INIDEP son también conscientes de la necesidad de “encontrar alternativas para lograr un aprovechamiento integral de los descartes”, tal como sugiere Claudia Carozza. El aporte que realiza el Instituto es su capacidad para informar de manera precisa y rápida la ubicación de los mejores cardúmenes y los porcentajes de, por ejemplo, la relación langostino/merluzas en un área determinada, para cerrarla si excede cierto porcentaje y de ese modo limitar el bycatch durante la pesca del crustáceo.
Sin embargo, la realidad es que el alcance del instituto de investigación es limitado. “Hay pesquerías que no tienen observadores. No podemos evaluar el descarte si no lo vemos. Sabemos que la castañeta es un pez de escaso valor comercial, pero seguro que cumple un rol en el ecosistema que puede repercutir en el resto. Sin embargo se descarta”.
Las organizaciones ambientalistas hablan de 110 000 toneladas anuales de merluza hubbsi desperdiciadas y de una práctica ilegal. Las autoridades reducen la cifra, pero aceptan que las normas no se cumplen. Los empresarios apoyan algunos cambios, aunque se resisten a perder sus ganancias. El mundo pesquero argentino vive tiempos de intensos debates, y todos coinciden en la necesidad de consenso para garantizar la sostenibilidad del recurso.