La familia Los Jaivas, un núcleo creativo forjado en la ciudad de Viña del Mar, ha estado marcada no solo por la música, sino por una profunda capacidad de reinventarse ante las ausencias. En este entramado afectivo, la historia de Juanita Parra y su madre, María Eugenia "Kenita" Correa, ocupa un lugar fundamental, siendo un testimonio de amor y resiliencia dentro del universo de la banda más emblemática de Chile.

El encuentro de dos mundos: María Eugenia y Gabriel Parra
El ingreso de María Eugenia Correa al mundo de Los Jaivas no fue detonado por la música, sino por una fuerza todavía más poderosa: el amor. María Eugenia nació en 1931 en el seno de una familia acomodada. A fines de la década de los 60, conoció a un joven músico hippie, barbudo y de sólo 23 años llamado Gabriel Parra. A pesar de la diferencia de casi dos décadas y los orígenes sociales distantes, Correa quedó fascinada con la personalidad visceral y volcánica del baterista.
Para Gabriel, la vida de élite de Correa fue ajena a sus prioridades: un día arribó con un baúl hasta su casa para informar que se mudaba a vivir con ella. Ese baúl, símbolo de un amor incondicional, permanece hasta hoy como un recuerdo familiar.
Juanita Parra: Fruto de un amor singular
A pesar de que en 1970 los médicos le habían indicado a María Eugenia que no podía tener más hijos, el nacimiento de Juanita Parra el 19 de noviembre de 1970 fue una excepción marcada por la determinación de la pareja. Juanita recuerda su origen con orgullo: “Yo soy fruto de un amor increíble. Mi mamá no podía tener más hijos, pero nací yo”.
La infancia de Juanita estuvo marcada por el nomadismo artístico del grupo. Tras el golpe militar de 1973, la familia se trasladó a Zárate, Argentina, y posteriormente a Francia en 1977. En este contexto, mientras Gabriel se consolidaba como uno de los mejores bateristas del mundo, Juanita crecía en un entorno donde su padre, aunque cariñoso, mantenía una disciplina estricta, mientras su madre, "Kenita", gestionaba la vida doméstica y la artesanía en el exilio.

La tragedia y la reconexión: De Francia a Chile
En 1988, la vida de la familia y de la banda cambió para siempre tras el accidente automovilístico que le costó la vida a Gabriel Parra en Perú. Fue un golpe devastador que los separó geográficamente: mientras María Eugenia regresó de inmediato a Santiago por no adaptarse a la vida en París, Juanita decidió permanecer en Francia un tiempo más.
No fue hasta 1996 cuando Juanita, por instinto, decidió volver a Chile para reencontrarse con su madre. “Sentí que tenía que disfrutarla, que no me podía perder esos momentos”, confesaba Juanita. Esta nueva etapa permitió que la relación evolucionara: de la protección que Gabriel ejercía sobre su hija adolescente, pasaron a una complicidad adulta entre madre e hija.
El cuidado y la memoria: "La mamá de mi mamá"
Hace ocho años, ante el deterioro cognitivo progresivo de María Eugenia, Juanita asumió el rol de cuidadora principal. La relación pasó por momentos de una emotividad profunda, especialmente durante la pandemia, donde la confusión propia de la demencia senil llevó a situaciones conmovedoras, como cuando "Kenita" no reconocía a Juanita como su hija, pero sí se identificaba con ella en un nivel espiritual profundo. “Ahí ya se hizo totalmente real: ahora yo era la mamá de mi mamá”, relataba la baterista.
El reciente fallecimiento de "Kenita" marca el fin de una era para la familia Jaiva. El grupo la despidió con profundo amor, recordándola rodeada de sus siete hijos y en paz, reuniéndose espiritualmente con su amado Gabriel. La historia de Juanita y su madre es, en esencia, la crónica de un vínculo inquebrantable que ha sobrevivido a la distancia, al exilio y al paso del tiempo.