La sopaipilla es un tipo de fritura, un pan frito, elaborado a partir de una masa de harina de trigo que se cocina en aceite o manteca de cerdo. La receta de este popular alimento presenta numerosas variantes regionales, adaptándose a los ingredientes y gustos de cada zona. Se denomina sopaipilla en países como Chile y en el sur de Bolivia, específicamente en Tupiza y Tarija. En otras regiones de Bolivia, como La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba, este mismo alimento es conocido como buñuelo. En Argentina, la sopaipilla es popular en la región de Cuyo, abarcando provincias como Mendoza y San Juan, mientras que en gran parte del resto del país se le conoce como torta frita.
La masa básica de la sopaipilla se elabora con harina de trigo y puede ser preparada tanto en versión dulce como salada. La cocción se realiza en aceite caliente o grasa animal. La competencia en las ventas ha impulsado la innovación en la cantidad y variedad de aderezos con los que se acompaña.

Variaciones Regionales de la Sopaipilla
En Chile
En Chile, la masa de las sopaipillas tradicionales de Santiago tiene como ingrediente principal el zapallo cocido. Sin embargo, en el sur de Chile, la receta tradicional de la sopaipilla se elabora sin este ingrediente. Debido a su sabor neutro, las sopaipillas pueden ser consumidas tanto dulces como saladas.
Sopaipillas Dulces
Las versiones dulces se untan con salsa de chancaca, a la que se añade aroma con canela y cáscara de naranja. Estas se conocen popularmente como «sopaipillas pasadas». Otra forma tradicional de consumirlas es durante la merienda conocida como «las once», rociadas con azúcar flor. Tradicionalmente, las sopaipillas se preparan y consumen con mayor frecuencia durante el invierno.
Sopaipillas Saladas
Las sopaipillas saladas suelen acompañarse con una variedad de aderezos, entre los que se incluyen mostaza, ketchup, pebre y, con menor frecuencia, manjar, palta o queso.
Existen versiones de sopaipillas sin zapallo que se pueden adquirir fácilmente en supermercados, panaderías y puestos callejeros.
En el Archipiélago de Chiloé
En el archipiélago de Chiloé, el término «sopaipilla» se refiere a una masa dulce de forma romboidal que contiene huevo y levadura, y que se fríe en aceite o manteca. Tradicionalmente, se preparaban durante los reitimientos (fiestas comunitarias). Se consumen acompañando carnes y milcaos en el lloco (una especie de guiso) o como merienda, acompañadas de miel o mermelada. Estas sopaipillas chilotas se asemejan a los calzones rotos, pero su masa no lleva ralladura de limón y es más esponjosa. Adicionalmente, se denomina «sopaipilla» a las versiones planas y romboidales, de carácter salado, que sirven como acompañamiento de las parrilladas. Existe también una variante cuya masa incluye papas cocidas.

Tradición y Consumo Invernal en Chile
Por tradición, las sopaipillas son un alimento reconfortante consumido en los hogares chilenos durante los días lluviosos del invierno austral. Por esta razón, su venta callejera se intensifica durante esta estación.
Las sopaipillas se venden a bajo precio en las calles de las ciudades chilenas. Es importante notar que el zapallo original utilizado en las sopaipillas caseras ha sido reemplazado en muchas preparaciones comerciales por un colorante amarillo. Las empresas que abastecen el comercio callejero las producen en grandes cantidades, con formas circulares geométricas. Los carros expendedores las fríen a la vista del público, permitiendo que cada persona elija sus aderezos preferidos.
La Sopaipilla en el Contexto de la Conquista y Colonización
Si bien el texto proporcionado se centra en la gastronomía chilena y boliviana, y no detalla explícitamente la "conquista" en su título, se puede inferir la antigüedad de la preparación. El glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes (Simonet, 1880) sugiere raíces históricas profundas para términos relacionados con la alimentación en la península ibérica, lo que indirectamente conecta con las tradiciones culinarias traídas durante la colonización. La referencia a la "cocina campesina, obrera y popular que necesitaba de platos contundentes y económicos" y la mención de panes como el "Pan galleta" o la "gran galleta latifundista" en el contexto de la vida rural chilena, sugieren que preparaciones sencillas y nutritivas como la sopaipilla habrían tenido un papel fundamental en la dieta de las clases trabajadoras y en el sustento de los trabajadores agrícolas a lo largo de la historia.
La mención de la "invasión árabe de la península española" como origen de la sopaipa, y su posterior llegada a través de los conquistadores españoles a América, resalta la herencia cultural y la evolución de esta receta a lo largo de siglos. La descripción de la sopaipa original como un pan mojado en aceite que acompañaba los días fríos y lluviosos, y su adaptación en Chile para acompañar platos como el Chancho en Piedra, subraya su persistencia y versatilidad a través del tiempo y las geografías.

Influencias y Orígenes
La masa de la sopaipilla, elaborada con harina de trigo, agua y sal, es un alimento básico que comparte similitudes con otras preparaciones fritas o panes planos de diversas culturas. Su sencillez y la disponibilidad de sus ingredientes la han convertido en un pilar de la cocina popular.
En el estado de Nuevo México, en el suroeste de Estados Unidos, la sopaipilla también es considerada una especialidad típica, lo que sugiere una posible difusión e influencia a través de las rutas migratorias y culturales.
La Sopaipilla en la Gastronomía Moderna
Hoy en día, la sopaipilla sigue siendo un elemento omnipresente en la cultura culinaria chilena. Se puede encontrar en puestos ambulantes a la salida de terminales de buses, en esquinas concurridas de las ciudades y en eventos deportivos. La versión invernal, la Sopaipilla Pasá, es especialmente apreciada, preparada con una mezcla de chancaca, cáscara de naranja, clavos de olor y chuño.
La versatilidad de la sopaipilla permite que sea un acompañamiento ideal para una amplia gama de platos, desde guisos y carnes hasta postres. Su presencia constante en la dieta chilena, desde tiempos coloniales hasta la actualidad, demuestra su arraigo cultural y su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos.