La Voz de Jesucristo en el Día Postrer: El Don del Espíritu Santo

La memoria de eventos pasados a menudo nos trae consigo detalles vívidos y emociones profundas. Un recuerdo de infancia, como la mañana de Navidad de 1959, puede evocar la expectativa de un regalo deseado: una bicicleta nueva. La situación familiar, compartiendo una bicicleta antigua entre hermanos, subraya la realidad económica de muchos hogares y la sensibilidad que se debe tener al pedir presentes costosos. La llegada de la mañana de Navidad y la búsqueda infructuosa de la bicicleta esperada, seguida por la sorpresa de encontrar una nueva en la cocina, es un relato que resalta la generosidad y el amor familiar.

Ilustración de un niño recibiendo una bicicleta como regalo de Navidad.

Sin embargo, este relato personal sirve como preámbulo para un don mucho más significativo que la bicicleta: el bautismo y el don del Espíritu Santo. Jesús mismo enfatizó la importancia fundamental de estos actos al declarar: “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

El Valor Incalculable del Espíritu Santo

El don del Espíritu Santo es un regalo de poder inmenso, cuyas bendiciones están detalladas en las Escrituras. El Espíritu Santo:

  • Da testimonio del Padre y del Hijo (D. y C. 20:27).
  • Enseña todas las cosas y recuerda lo que se ha enseñado (Juan 14:26).
  • Guía a la verdad y revela las cosas que han de venir (Juan 16:13).
  • Ilumina la mente y llena el alma de gozo (D. y C. 11:13).
  • Permite conocer la verdad de todas las cosas (Moroni 10:5).
  • Muestra lo que debemos hacer (1 Nefi 4:6; D. y C. 8:2).
  • Inspira a quienes enseñan (2 Nefi 33:1).
  • Facilita la remisión de los pecados a través de la Expiación, “por el bautismo y por fuego, sí, por el Espíritu Santo” (D. y C. 138:3).

Este don de la compañía constante del Espíritu Santo está disponible para aquellos que han sido bautizados y confirmados miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si bien el Espíritu Santo puede influir en cualquiera que busque la verdad, su plenitud se reserva para quienes han aceptado los convenios del Evangelio restaurado.

Representación artística del Espíritu Santo como una paloma o luz.

El presidente Wilford Woodruff subrayó la necesidad vital de esta guía para cada Santo, instando a la oración para obtener el Consolador, una promesa inherente al bautismo.

Navegando el Mundo Moderno con Discernimiento Espiritual

En la actualidad, vivimos en una era de avances tecnológicos sin precedentes en transporte, comunicación e información. Sin embargo, los principios morales fundamentales como la honradez, la castidad, el respeto al día de reposo, la responsabilidad familiar y la santidad de la vida, que antes compartían el mundo y los Santos de los Últimos Días, ahora son objeto de debate y diversas interpretaciones. Ante este panorama, el desarrollo de tecnologías y comunicaciones nos desafía a estar “en el mundo, pero no ser de él”, exigiendo una toma de decisiones constante y consciente.

El saber discernir espiritualmente se vuelve de suma importancia. Como discípulos de Cristo, debemos integrar el don del Espíritu Santo de manera consciente en nuestra vida diaria, convirtiéndolo en un asunto de oración constante.

Utilizar el Don Celestial como Brújula

Para utilizar este don celestial como una brújula vital en nuestras acciones diarias, debemos:

  • Creer que la voz suave y apacible que sentimos, incluso en nuestras debilidades, proviene de nuestro Padre Celestial.
  • Orar, pedir y buscar, y no temer cuando las respuestas lleguen a nuestro corazón y mente.

Un ejemplo inspirador de cómo el Espíritu Santo actúa se remonta a febrero de 1847, cuando el profeta José Smith se apareció en visión a Brigham Young. El mensaje transmitido fue claro: “Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el Espíritu del Señor, el cual le guiará con rectitud. Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará [lo que deben] hacer y a dónde ir; les proveerá los frutos del reino.”

Ilustración de un faro guiando un barco en la noche, simbolizando la guía del Espíritu.

Manifestaciones del Espíritu Santo en la Vida Diaria

Existen numerosos ejemplos de cómo el Espíritu Santo se manifiesta en la vida de los miembros de la Iglesia. Estos eventos, a menudo apacibles e íntimos, cobran mayor significado al observar los cambios que produjeron. Una mujer que consideraba opciones laborales sintió la advertencia en un pasaje bíblico leído durante la reunión sacramental: “No busques las riquezas ni las vanidades de este mundo, porque he aquí, no las puedes llevar contigo” (Alma 39:14). Un niño de ocho años, tras su confirmación, sintió una emoción abrumadora al compartir su testimonio. Un misionero sintió un potente sentimiento al llamar a la puerta de una investigadora que ya había leído el Libro de Mormón y creía en sus enseñanzas. Una estudiante universitaria, sintiéndose sola, recibió un sentimiento de consuelo y la idea: “Nunca estás sola”. Un padre angustiado por las decisiones erradas de su hijo, encontró consuelo y dirección en sus oraciones durante un largo viaje.

Una joven de 16 años, al escuchar una lección sobre la Expiación, tuvo una imagen vívida que la ayudó a comprender el sufrimiento del Salvador. Estos testimonios ilustran cómo el Espíritu Santo, a través de impresiones sutiles y confirmaciones internas, guía y consuela en momentos cruciales.

La Importancia de la Obediencia y la Paciencia

En un mundo saturado de elementos malignos y avances tecnológicos que pueden insensibilizarnos ante el don del Espíritu Santo, la obediencia se presenta como el remedio más eficaz para una mayor claridad y fe en la voz del Espíritu. El presidente James E. Faust ofreció una solución simple y eterna: “Escuchemos y sigamos la voz del Espíritu.” Esta solución, aunque requiere paciencia en un mundo de gratificación instantánea, es silenciosa y sutil, contrastando con el estruendo del mundo moderno.

Es crucial proporcionar a nuestros hijos momentos de reflexión y enseñarles a escuchar la voz suave y apacible. Al obedecer las impresiones del Espíritu, aprendemos a confiar en su origen divino. El presidente Thomas S. Monson aconsejó nunca posponer la obediencia a un susurro del Espíritu, enfatizando la importancia de “velar y esperar” y escuchar esa voz.

Las impresiones del Espíritu. | Gary E. Stevenson | Octubre 2023 Conferencia General

El presidente Monson relató la experiencia de su amigo Stan, quien, al borde de la desesperación, recibió la visita oportuna del presidente Monson, quien sintió el impulso del Espíritu de ir a verlo. Este acto de bondad demostró a Stan que no estaba solo, y que la guía del Espíritu puede manifestarse a través de las acciones de otros.

El Cristo Vivificante: El Espíritu en Nuestro Interior

La Segunda Venida de Cristo nos recuerda la importancia de mantener activo el don del Espíritu Santo. Aquellos que son prudentes, han recibido la verdad y tienen al Espíritu Santo por guía, “aguantarán el día” (D. y C. 138:12).

Vivimos en una época de grandes oportunidades, pero también de engaños del adversario. La prudencia y la guía del Espíritu Santo son esenciales para protegernos.

La Voz del Señor en la Conferencia y la Vida Personal

Las conferencias generales son momentos en los que esperamos escuchar “la voluntad del Señor… la intención del Señor… la voz del Señor y el poder de Dios para salvación”. La preparación para estos eventos implica oración, ayuno, estudio y fe, y la dirección para los discursos a menudo llega en momentos de quietud. La frase “No lo sabes todo, ¡pero sabes lo suficiente!” ha servido como confirmación divina para muchos, incluyendo una joven que dudaba sobre una propuesta de matrimonio.

El élder Dallin H. Oaks, al ser preguntado sobre la preparación de discursos, indicó que la idea principal puede llegar rápidamente, pero el desarrollo de los detalles requiere un esfuerzo espiritual considerable. La promesa es que, si preparamos nuestro espíritu y venimos con expectativa, recibiremos pensamientos y sentimientos personalizados.

La experiencia del élder Robert D. Hales, quien preparó un mensaje a pesar de su delicada salud, y las palabras del presidente Russell M. Nelson sobre la súplica del presidente Monson de apresurar el paso en la difusión del Evangelio, ilustran la importancia de la acción inspirada. El presidente Nelson, al aceptar la invitación de aprender mandarín, experimentó oportunidades únicas para compartir el Evangelio.

Es vital no alarmarse cuando las palabras de los siervos del Señor difieren de las ideas del mundo o de nuestras propias perspectivas. La dirección divina se encuentra en los mensajes de las conferencias generales, esperando ser descubierta.

Imagen de una conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cristo: El Espíritu Vivificante

Más allá de la comprensión común del Espíritu Santo, es fundamental reconocer que Cristo hoy es el Espíritu vivificante. Esta verdad, basada en 1 Corintios 15:45, significa que Cristo no solo es nuestro Redentor y Salvador, sino también el Espíritu que imparte vida en nuestro interior. Él es nuestra justicia, santificación y redención.

Si Cristo no fuera el Espíritu vivificante dentro de nosotros, no podría ser tan subjetivo a nuestra experiencia. La vida eterna no es solo una promesa futura, sino la presencia de Jesús mismo en nuestro interior. La invocación del nombre del Señor, “¡Oh, Señor Jesús!”, permite Su entrada en nosotros, no solo como una figura celestial, sino como una presencia interna.

Como se explica con el ejemplo de la electricidad, Cristo es la “electricidad celestial” instalada en nuestro espíritu. Cuando lo necesitamos, no debemos buscarlo en los cielos, sino volvernos a nuestro espíritu, donde Él reside. 1 Corintios 6:17 nos enseña: “El que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.

La mayor parte del cristianismo ha pasado por alto la importancia de 1 Corintios 15:45, centrándose más en Juan 3:16. Sin embargo, incluso Juan 3:16 implica que Cristo es el Espíritu vivificante, ya que la vida eterna es tener a Jesús en nuestro interior.

Ejercitando Nuestro Espíritu para Discernir

Para conocer las cosas de Dios, no debemos ejercitar nuestra mente natural o alma, sino nuestro espíritu. El apóstol Pablo afirmó que “El hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

La vida cristiana se desarrolla en nuestro espíritu, como lo demuestran pasajes como 1 Corintios 16:18 y 2 Corintios 7:13. Debemos invocar a Cristo, no solo orar o pedirle. Invocar implica un clamor desesperado por ayuda, similar a gritar “¡Fuego!” ante una emergencia.

Al ejercitar nuestro espíritu, nos conectamos con Cristo, el Espíritu vivificante que reside en nosotros. La clave está en la invocación y en el discernimiento espiritual, permitiendo que Cristo sea nuestra justicia, santificación y redención.

Diagrama que ilustra la conexión entre el creyente, el Espíritu Santo y Cristo.

Finalmente, las Escrituras profetizan el regreso del Señor, cuando Él descenderá del cielo con voz de mando, voz de arcángel y trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero (1 Tesalonicenses 4:16). Este evento culminante subraya la realidad de la presencia divina y la esperanza de la resurrección.

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