La historia de la Madre María Paulina, conocida en religión como Agnès de Jésus, es el testimonio de una vida entregada a la espiritualidad y al servicio. Venerada como la "Madrecita" de Santa Teresita del Niño Jesús, fue una figura fundamental en su comunidad, guiando a sus hermanas durante cincuenta años tras ser nombrada Priora vitalicia por el Papa Pío XI en 1923.

Infancia y Vocación en Alençon
Nacida en la víspera de la Natividad de la Santísima Virgen en 1861, en Alençon, Paulina fue desde pequeña un alma de elección. Doña Martín, su madre, cultivó con amor y vigilancia el carácter de su hija, descrita como una niña virtuosa, cariñosa, burbujeante e impulsiva. Ya a los dieciocho meses mostraba una personalidad definida, destacando por su vivacidad y docilidad ante la educación materna.
Desde temprana edad, Paulina manifestó una profunda inclinación hacia la vida espiritual. En sus propios relatos, recordaba cómo su madre le contaba historias de la vida de los santos, siendo la del Cura de Ars la que más le impresionó. Su fe se fortaleció con visiones místicas y el deseo puro de consagrarse a Dios, expresado en su anhelo infantil de portar la "corona blanca" de las vírgenes en el Cielo.

Formación y Experiencias en la Visitación
En octubre de 1868, Paulina ingresó como interna en la Visitación de Le Mans. Aunque el alejamiento del hogar familiar fue doloroso, este periodo fue crucial para su formación. A pesar de los retos propios de una niña de su temperamento, como su gran vivacidad o las pequeñas vanidades infantiles, sus maestras reconocieron rápidamente sus extraordinarias aptitudes para el estudio y el dibujo.
Durante su estancia, su madre se mantuvo presente a través de una constante correspondencia, brindándole apoyo y consejos. Fue allí donde, con casi once años, realizó su Primera Comunión el 2 de julio de 1872, momento en el que comenzó a gestarse su firme deseo de ser monja. Posteriormente, la llegada de la pequeña Thérèse en 1873 marcó profundamente la vida familiar, dejando un recuerdo imborrable en el corazón de Paulina.
Virtudes y Humildad
A lo largo de su carrera, la Madre María Paulina unió una notable capacidad de iniciativa con un intenso resplandor sobrenatural. A pesar de los halagos recibidos durante su juventud y el cariño privilegiado de su familia, ella mantuvo siempre una actitud de humildad. Como ella misma confesaba, su mayor anhelo fue siempre amar a Dios por encima de todo, buscando en su Misericordia la verdadera luz que guía el alma.
Tras su fallecimiento el 28 de julio de 1951, su legado perduró como un modelo de santidad. La visión de su vida, que comenzó en un hogar cristiano lleno de fe, culminó tras décadas de servicio abnegado en el Carmelo, dejando una huella indeleble en quienes conocieron su bondad y su firme compromiso con la vida contemplativa.