La industria pesquera constituye uno de los pilares fundamentales de la economía en la región del Biobío, representando aproximadamente el 14% del PIB regional. Las comunas de Coronel y Talcahuano se posicionan como los núcleos estratégicos de esta actividad, donde el procesamiento de recursos pelágicos como la anchoveta y la sardina común juega un rol central tanto en el ámbito productivo como en el exportador.

Desempeño exportador y dinámica comercial
El sector pesquero ha mostrado una resiliencia destacable, liderando el desempeño regional en periodos recientes. Según informes de ProChile, los envíos pesqueros han experimentado crecimientos interanuales significativos, alcanzando cifras de hasta US$ 92 millones en un solo mes. La eficiencia en este mercado se ha visto potenciada por la modernización tecnológica; el uso de plataformas digitales como Sicex-Siscomex ha permitido a empresas como Camanchaca, Orizon y Blumar reducir los tiempos de tramitación de permisos, facilitando la exportación de harina de pescado y otros productos procesados.
A pesar de la relevancia económica, el sector enfrenta el desafío de la transparencia y la trazabilidad. La industria opera principalmente bajo un modelo donde el 78% de la extracción de la pesquería mixta de anchoveta y sardina es realizada por el sector artesanal, mientras que el 100% del procesamiento es ejecutado por la gran industria.
Desafíos regulatorios y brechas en la cadena productiva
Organizaciones como Oceana han identificado riesgos críticos en la cadena de control de desembarque y procesamiento. Un estudio técnico detectó 20 brechas principales que afectan la transparencia del sector, entre las que destacan:
- Falta de trazabilidad clara en la recepción de materia prima.
- Acumulación de descargas artesanales en pozos que dificultan el seguimiento de la línea de producción.
- Impactos ambientales en comunidades locales debido a la emanación de olores en zonas industriales.
- Resistencia de gran parte de la industria a la apertura de información sobre el abastecimiento de plantas.

Históricamente, la falta de controles estrictos permitió la existencia de fauna acompañante no declarada. Se estima que, entre 2009 y 2018, se procesaron cerca de 645 mil toneladas de fauna acompañante, las cuales habrían derivado en 155 mil toneladas de harina de pescado con un valor comercial de US$ 170 millones.
Fiscalización y modernización del sistema
Ante estos desafíos, el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) ha intensificado sus labores de fiscalización. La implementación de la ley de modernización del servicio ha sido clave para mejorar la cobertura en los puntos de descarga. Gracias a estas acciones, los niveles de fauna acompañante reportados han disminuido hasta un histórico 2% a partir de 2019.
La capacidad fiscalizadora se ha puesto a prueba en hallazgos significativos, como la detección de más de 5.600 toneladas de harina de pescado sin acreditación de origen legal en bodegas no registradas. Este volumen de producto ilegal implicó el uso de más de 31 mil toneladas de sardina común y anchoveta en procesos no declarados, lo que ha derivado en procesos judiciales contra las empresas involucradas.
Conoce cómo se produce nuestra harina de anchoveta
Las autoridades regionales han enfatizado que el compromiso estatal es garantizar que toda la cadena, desde la extracción hasta la exportación, cumpla estrictamente con la normativa vigente para asegurar la sostenibilidad del recurso y la transparencia del mercado exportador del Biobío.