A 20 kilómetros de Cabrero, en la región del Biobío, se encuentra Villa El Manzano, reconocida como el primer pueblo de transición en Chile y Latinoamérica. Este diminuto poblado, de no más de tres calles sin pavimento, autos ni el habitual ruido urbano, aspira a la autosustentabilidad ecológica.
En este lugar, donde el sonido predominante es el viento entre las hojas de los árboles y el canto de los pájaros, el terreno arenoso, casi por milagro, permite el cultivo de tomates, zapallos italianos, arándanos, lechugas, papas, porotos, pimentones, ajíes, duraznos, manzanas y ciruelas. Pese a que el suelo es de arena seca, abundan las betarragas y zanahorias, y las matas de frambuesas se esparcen, consumidas directamente por sus habitantes, ya que están sanas.
Contexto Geográfico y Orígenes
La Villa El Manzano está ubicada a 20 km de Cabrero y a 75 km de Los Ángeles, en los Arenales de la Región del Biobío. Este singular territorio, con un 90% de arena volcánica, se formó tras una milenaria erupción del volcán Antuco. Los arenales, delimitados por los ríos Itata y Laja, constituyen el único sector de Chile con este tipo de suelo. Históricamente, la tierra de El Manzano, como gran parte de Chile, fue dividida, vendida a grandes compañías madereras, deforestada y luego reemplazada con pinos, lo cual empobreció el suelo.

La Visión de los Hermanos Carrión y la Permacultura
La transformación de El Manzano comenzó con la llegada de los hermanos Javiera (32, agrónoma), Jorge (29, agrónomo) y José (25, técnico agrícola) Carrión. Desde chicos, visitaban el fundo de su abuelo en El Manzano, desarrollando un amor por la tierra y una preocupación por el desgaste del planeta, la contaminación y el colapso del sistema. Javiera señala: “El petróleo se está agotando, somos ciento por ciento dependientes de este combustible fósil, y el cambio climático es cada vez más evidente”. Jorge, por su parte, se desencantó de la educación universitaria que, según él, "enseñaba a controlar la naturaleza, no a colaborar a que siga su curso".
En 2007, la madre de los Carrión estuvo a punto de vender el fundo. Javiera, quien había estudiado permacultura en Nueva Zelanda, se fue a vivir allí con su marido Grifen Hope (35, planificador y urbanista). Jorge se unió con su pareja, Carolina Heidke (27, ingeniera ambiental), y José también se sumó al proyecto. Su sueño era lograr la soberanía alimentaria, independizarse de los supermercados y vivir en la abundancia, creyendo que en ese terreno arenoso podría funcionar la agricultura orgánica.
<La Permacultura como Fundamento
La permacultura, método creado a mediados de la década del 70 por los australianos Bill Mollison y David Holmgren, se ha transformado en un movimiento internacional. Se enseña en varios institutos de educación superior y en la globalizada Universidad Gaia, impulsando proyectos de ecoaldeas y ecoescuelas. Los hermanos Carrión adoptaron este enfoque, que se basa en el cuidado de la tierra, de las personas y la repartición justa. Actualmente, hay 348 "transition towns" en el mundo, distribuidos en 31 países, y El Manzano es uno de ellos.

Prácticas de Autosustentabilidad y Respeto por la Tierra
La comunidad de El Manzano, habitada por 72 personas, se esfuerza por ser autosustentable en alimentos, infraestructura y energía. Las prácticas implementadas buscan minimizar el impacto ambiental y maximizar el aprovechamiento de los recursos:
- Lombricultura y Compostaje: Diez familias tienen lombriceras en sus patios para procesar todos los restos orgánicos de la basura, obteniendo abono para las plantas. Para fertilizar sus cultivos, utilizan compostaje hecho con paja y excremento de animal, asegurando mucha comida de su propio suelo.
- Baños Secos: En cinco casas, se utilizan baños secos (con un hoyo y aserrín en lugar de agua) para no malgastar el agua. Los desechos caen en cámaras preparadas para convertirlos en compost, que luego se utiliza como abono para la tierra. Estas habitaciones se ubican en el segundo piso de las construcciones para facilitar la técnica.
- Acceso al Agua: Las 30 familias de la villa no contratan agua potable. En los Arenales del Biobío, las napas subterráneas están tan cerca de la superficie que, al hacer un agujero de seis metros, el líquido brota. Cada casa tiene una bomba manual para sacar esta agua.
- Huertos Caseros y Autosuficiencia Alimentaria: Cada poblador tiene una chacra casera. Han logrado cultivar arándanos orgánicos de exportación, frutillas, lechugas, tomates, porotos y diferentes tipos de trigo. El objetivo es alcanzar el ciento por ciento de autosuficiencia alimentaria, y ya han logrado un 70 por ciento.
- Ganadería Regenerativa: Los animales también tienen un trato diferente. Cerdos y ovejas andan libres por ciertos sectores para arar la tierra o desmalezar las praderas, evitando el uso excesivo de maquinaria. Las "gallinas felices" pastorean, y sus desechos sirven para regenerar y abonar los cultivos, produciendo huevos sin el estrés del encierro tradicional.
- Bioconstrucción y Eficiencia Energética: Las viviendas incorporan elementos amigables con el medio ambiente para minimizar el gasto energético. Han implementado cambios de mentalidad como apagar la luz y aislar techos y paredes. Han construido casas de barro que mantienen el calor en invierno y el fresco en verano, utilizando adobe de casas destruidas en el terremoto de 2010, residuos de paja, maderas del sector y botellas de vidrio como elementos decorativos.
- Independencia Energética: Actualmente, las familias dependen del sistema eléctrico, pero buscan activamente la independencia energética. Están postulando a fondos para instalar paneles solares y cambiar su demanda energética por fuentes renovables no convencionales.

Impacto en la Comunidad Local y Adaptación
Al principio, los Carrión se plantearon como objetivo motivar a la comunidad y empezaron a reunirse con los vecinos cada sábado. Los pobladores de El Manzano, aunque no usen las palabras "permacultura" o "autosustentabilidad", reconocen y valoran el cambio impulsado por los hermanos, asociándolo al ahorro y la dignificación de su propio estilo de vida. Miguel Suazo, un campesino de 62 años, quien conocía a Javiera desde niña, es uno de los pobladores más comprometidos. Él, por ejemplo, ha adoptado una vivienda construida con técnicas de bioconstrucción, con lombricera, bomba manual de agua y una huerta con sandías, maíz, arvejas, porotos y papas. Su experiencia le ha permitido no depender de la compra de verduras, excepto tomates.
Jorge Carrión comenta que "cuando llegamos al Manzano, la gente solo quería irse a la ciudad. Nosotros, en cambio, somos gente que vivió en la modernidad y que decidió volver a la vida simple." Los habitantes comenzaron a trabajar codo a codo con los Carrión en las áreas agrícola, forestal y ganadera, aprendiendo a hacer compost y lombriceras, y a manejar recursos de forma eficiente. Esta nueva manera, además de ser más amigable con la naturaleza, resultó ser más barata, lo que "enganchó" a los pobladores, quienes se dieron cuenta de que vivir en el campo no era tan caro como creían.
Proyectos, Reconocimiento y Resiliencia
Los Carrión han obtenido Fondos de Protección Ambiental (FPA) del Estado para invertir en la villa y comprar materiales. Realizan cursos de permacultura para visitantes, quienes permanecen dos semanas aprendiendo sobre autosustentabilidad. La escuelita municipal de El Manzano, que estuvo a punto de cerrarse por falta de niños, fue integrada a un programa de establecimientos sustentables del Ministerio del Medio Ambiente, donde los alumnos aprenden permacultura y reciclaje. Ahora, buscan capacitar a profesores de otras comunas. También asesoran a la Municipalidad de Cabrero, logrando que esta entregue lombriceras en lugar de herbicidas a los campesinos. Han creado el Instituto Chileno de Permacultura, una asociación que reúne a otros permacultores chilenos, e incluso exportan arándanos orgánicos a Canadá.
La importancia de su particular estilo de vida se manifestó tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. En la misma región del epicentro, mientras localidades vecinas sufrían por el desabastecimiento, en El Manzano se sintieron seguros. Nunca les faltó agua ni comida, la cual estaba siempre al alcance de la mano en sus patios.
Creemos: La resiliencia es la esencia de la naturaleza humana
Filosofía de Vida y Desafíos
Para la mayoría de la sociedad, la vida en el campo puede parecer del pasado. Sin embargo, para los cerca de 80 habitantes de El Manzano, que involucra un fundo de 120 hectáreas (de la familia Carrión Raby) y un caserío, es una elección consciente. Allí, los niños se divierten subiendo a los árboles o comiendo frutas del huerto, y la bicicleta es el principal medio de transporte. Carolina Heidke afirma que "tuvimos que desaprender muchísimas cosas". La vida en el campo, aunque tranquila, está llena de trabajo, y "el campo no descansa, está vivo". El ritmo es diferente: "Cuando quieres algo al poco tiempo ya está en tus manos. En el campo todo es más lento, tienes que esperar para comer algo, porque tiene que madurar. O también las formas de moverse son distintas. Cambiar el auto por la bicicleta".
Los Carrión consideran la proyección educativa de sus hijos un gran desafío. Los niños mayores asisten a la escuelita rural unidocente de la localidad. Aunque no les preocupa en lo inmediato, esperan que, a medida que crezcan, puedan impartirse cursos superiores en el sector. La segunda alternativa es dar exámenes libres, como permite el Ministerio de Educación. Javiera prefiere que sus hijos se eduquen cerca y bajo su apoyo, aunque la mayoría envíe a sus niños a colegios en Cabrero.
Comunidad Global e Impacto Futuro
El Fundo El Manzano no solo es un proyecto local, sino también un centro de aprendizaje y encuentro internacional. En su "cocó" (cocina-comedor), una gran construcción de barro, se ven personas de distintas nacionalidades (peruanos, uruguayos, alemanes, mexicanos) que participan en diplomados y cursos sobre agricultura orgánica, bioconstrucción, manejo amigable de recursos y permacultura. Eugenio Gras, experto internacional de la organización MasHumus, imparte cursos en la Ecoescuela El Manzano, la rama educativa para adultos de los hermanos Carrión. Gras señala que "el ser humano fue desplazado a la ciudad no por gusto, sino por necesidad... Esa realidad está cambiando, gracias a las nuevas tecnologías disponibles, que le permiten a un agricultor ser altamente rentable, con bajos costos, buena productividad de alimentos sanos, regenerando su medio ambiente".
Iniciativas como El Manzano son parte de un cambio global, donde "todo está volviendo a los orígenes". Aunque en Chile pueda parecer atípico, existen más de 400 asentamientos humanos similares en el mundo. El Manzano fue certificado como la primera "transition town" de Chile y Latinoamérica por Transition Network, un movimiento que busca disminuir el impacto del cambio climático, lograr independencia del petróleo y fomentar una sociedad autosuficiente. Con una política de puertas abiertas, El Manzano recibe más de 500 personas al año para visitas guiadas y programas. Personas como Claudia Carmen de Perú, Gastón Carro de Uruguay y Carmen Schwartz de Alemania llegan para aprender y replicar estas prácticas. Carro, agrónomo, cree que "vivir en el campo es la única opción que le queda al hombre para vivir dignamente", recuperando la memoria de ser parte de la naturaleza y del cosmos.
Según Javiera Carrión, cuando El Manzano se formó en el año 2000, no había otras comunidades intencionales de agricultura orgánica en Chile. El Manzano ha sido pionero, innovador, y su estrategia principal para sobrevivir en un contexto adverso para la regeneración ha sido hacer alianzas con socios internacionales como Gaia University, Gaia Education, GEN, CASA y Regrarians. También han estado activos ofreciendo capacitaciones y, más recientemente, una incubadora de proyectos regenerativos en Chile y América Latina. Carrión observa que lo que antes requería buscar fuera de Chile, "ahora está explotando por todas partes".
El Manzano es una comunidad integral de aproximadamente 80 personas, con viviendas, una escuela primaria y un centro educativo que enseña permacultura, agricultura orgánica, diseño de ecoaldeas, meditación y yoga. Es autosuficiente financieramente, sustentándose a través de tres negocios: educación y diseño para la regeneración, tala y molienda de árboles, y agricultura orgánica. Más allá de mantenerse a sí mismo, busca crear un futuro viable para las próximas generaciones, dentro y fuera de la comunidad. "Brindamos servicios básicos para que nuestros jóvenes puedan quedarse aquí y ganarse la vida", afirma Carrión. "Este es un proyecto intergeneracional. Queremos crear una pequeña ciudad increíble en un océano de pinos."
Sin embargo, Carrión enfatiza que no pueden hacerlo solos: "Podemos hacer lo que queramos con nuestra propiedad, pero necesitamos trabajar con otros para proteger y regenerar toda nuestra área".