Marina Gambardella, doctora por la Universidad Politécnica de Madrid y académica de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), ha dedicado años al mejoramiento genético vegetal. Su trabajo, estrechamente ligado al mundo de las frambuesas, ha permitido transformar la fruticultura nacional mediante la creación de variedades que ofrecen mayores rendimientos, mejor calidad y mayor rentabilidad para los agricultores.

La visión del mejoramiento genético
Para la investigadora, el mejoramiento genético es la espina dorsal de los programas de investigación vegetal. Su objetivo fundamental es generar nuevas variedades que se ajusten a las condiciones de cultivo y que beneficien tanto al agricultor, con mayores retornos, como al consumidor final, quien recibe frutas de mejor calidad, con mayor durabilidad y mejores propiedades nutricionales, como un mayor contenido de antioxidantes.
La creación de una nueva variedad es un proceso complejo que requiere entre 10 y 12 años de trabajo. Sin embargo, el equipo de la doctora Gambardella logró reducir estos tiempos mediante la evaluación en maceteros, lo que permitió un manejo ambiental más eficiente. Este desarrollo incluye la búsqueda de resiliencia ante el estrés biótico y abiótico, seleccionando plantas con resistencia a plagas como la arañita, enfermedades como la Phytophthora, y una mayor tolerancia a la sequía y altas temperaturas.
Las siete "Santas": Innovación chilena en berries
Chile se ha posicionado históricamente como un actor clave en la exportación de frambuesas. No obstante, la industria ha enfrentado una pérdida de competitividad, pasando de 12.000 a cerca de 5.000 hectáreas plantadas. Ante este escenario, surgieron las llamadas siete "Santas", variedades desarrolladas por el programa de la UC para reemplazar a la tradicional variedad Heritage, que presentaba bajos rendimientos.
Variedades destacadas:
- Santa Teresa, Santa Clara y Santa Catalina: Variedades remontantes de alta productividad, con un rendimiento que puede alcanzar hasta el doble que la variedad Heritage (entre 30 y 35 toneladas por hectárea).
- Santa Eduvina: Muy productiva y de tamaño superior.
- Santa Rosa: Ideal para la industria, con cosecha mecanizada y sin espinas.
- Santa Isabel: Frambuesa amarilla, de valor ornamental y uso en pastelería.
- Santa Guillermina: Altamente productiva y de gran firmeza.

El rol de la pequeña agricultura y el cambio climático
El programa ha tenido un impacto profundo en la pequeña agricultura, permitiendo que productores desde Santo Domingo hasta la Patagonia (Aysén) diversifiquen sus cultivos y mejoren su calidad de vida. La doctora Gambardella enfatiza que la pequeña agricultura requiere un alto nivel tecnológico y una gestión precisa, ya que no existe la ventaja de la economía de escala.
Además, ante el cambio climático, se observa un desplazamiento de la fruticultura hacia el sur de Chile, donde zonas como Osorno y Valdivia han incrementado sus superficies cultivables. El desafío futuro, según la académica, es consolidar una agricultura más sustentable que requiera menos agroquímicos y sea eficiente en el uso de los recursos hídricos.
Perspectivas hacia el futuro
Aunque el programa de mejoramiento ha marcado un hito en la exportación de genética chilena a países como España, Portugal, México y Australia, la investigadora hace un llamado a fortalecer la inversión pública en investigación. "Un programa de mejoramiento no sirve por 3 o 4 años, necesita continuidad", subraya. La meta es seguir apoyando a los pequeños productores para que el sector recupere su competitividad y se convierta en un motor de desarrollo rural sostenible.
Programa de mejoramiento genético del frambueso
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