El fileteado porteño es un arte pictórico tradicional que ha llegado a definir la identidad visual de Buenos Aires, entrelazándose de manera inseparable con el tango, otra de las expresiones culturales más emblemáticas de la ciudad. Nacido a principios del siglo XX de la mano de inmigrantes italianos, este arte se caracterizaba por sus colores vivos, estilos tipográficos ornamentados y una rica iconografía que reflejaba la vida, los valores y el espíritu de la clase trabajadora porteña.

Orígenes y Evolución del Fileteado
Los inicios del fileteado se remontan a finales del siglo XIX, cuando artistas inmigrantes experimentaban con pinceles y textos buscando una identidad para una ciudad joven. La práctica se afianzó a medida que los filetes se incorporaban a los carros tirados por caballos y a los transportes colectivos que comenzaban a fabricarse. De las fachadas art-nouveau de los años 20, se tomaron motivos vegetales y flores de cinco o cuatro pétalos. Las letras cursivas o góticas, con su caligrafía ornamentada, jugaban con el llenado excesivo de las superficies, haciendo que todo el mundo las leyera. Con el tiempo, surgieron filetes engrosados que terminaban en formas de banderines, banderas o cintas argentinas. También se incorporaron símbolos de fuerza masculina como caballos o dragones, hojas de acanto, cornucopias y diamantes, todo ello realzado con vivos colores sicilianos, dorado, y el celeste y blanco argentino.
El apogeo del fileteado en su forma tradicional ocurrió poco antes de 1970. En ese año, la escultora Esther Barugel y su marido, el pintor Nicolás Rubió, organizaron una exposición en la galería Wildenstein con paneles que habían sido parte de los primeros carros tirados por caballos. Sin embargo, en 1975, una disposición municipal prohibió los fileteados en las carrocerías, y el cierre o la casi desaparición de las fábricas de colectivos marcaron el inicio de su declive en la ciudad.

Los Pioneros del Arte
La historia del fileteado se basa en la recopilación de testimonios de los maestros de este oficio. Al igual que en el tango, no hay un artista o fecha exacta para determinar su inicio. Sin embargo, los testimonios coinciden en que tres inmigrantes italianos desarrollaron el filete casi contemporáneamente a principios del novecientos: Cecilio Pascarella, Vicente Brunetti y Salvador Venturo. Sus propios hijos fueron los primeros en continuar con el oficio. Según Alfredo Brunetti, su padre, don Vicente, inició este arte al aplicar un tono intenso sobre el gris municipal que caracterizaba los carros porteños. Miguel Venturo, hijo de Salvador, fue quien incorporó la mayoría de los motivos que conforman el repertorio típico del fileteado. Las frases, pintadas con tipografías góticas o letras muy ornamentadas, fueron definidas por Jorge Luis Borges como «costados sentenciosos».
Posteriormente, el fileteado se adaptó a camiones y colectivos, pero pasó inadvertido para la gran mayoría de los porteños y nunca fue valorado por teóricos y críticos de arte. La desaparición del fileteado en los vehículos se aceleró debido a una ley nacional de 1975 que prohibía filetear los colectivos en la Ciudad de Buenos Aires.
El Fileteado y el Tango: Identidad Porteña
Muchas son las razones que enlazan al fileteado y al tango, dos expresiones artísticas nacidas en Buenos Aires. Mientras el tango surgía en el siglo XIX, el fileteado porteño apareció a principios del siglo XX, convirtiéndose, sin pretenderlo, en la identidad de la Ciudad junto con el tango. La maravilla reside en que ambos compartían elementos comunes.
Nacidos de la Clase Trabajadora
El filete porteño nació a principios del siglo XX en Buenos Aires, de la mano de inmigrantes italianos que trabajaban en las fábricas de carros. Allí, los primeros maestros del oficio dieron vida a este arte de manera espontánea. De forma similar, el tango nació épocas antes, con inmigrantes europeos, afrodescendientes y criollos en las calles porteñas y uruguayas manifestando las primeras expresiones de este género musical. Ambos, nacidos en el seno porteño gracias a las clases bajas, han enfrentado una evolución paralela, siendo expresiones artísticas marginadas por las clases altas. Fruto del trabajo, de las clases populares y de los acontecimientos de la vida en Buenos Aires, engendraron costumbres, ritos, expresiones y técnicas que marcarían la identidad porteña.
Entrevista completa a Luis Zorz para el documental "El Filete" (Kevorkian, 1995)
El Tango Incorporado al Filete Porteño
El filete porteño es una técnica pictórica tradicional que se caracteriza por el uso de colores vivos y estilos tipográficos específicos. En sus comienzos, se utilizaba para ornamentar carros, colectivos y camiones, pero con el tiempo supo adaptarse a cualquier formato: cartelería, gráfica, cuadros, objetos, murales, indumentaria, e incluso body painting y tatuajes. En el filete se pueden encontrar motivos y temáticas. La mayoría de los motivos fueron tomados de las decoraciones ornamentales y arquitectónicas observadas en la ciudad, así como de ornamentaciones vendidas en las pinturerías. Las temáticas surgían del imaginario popular, poniendo en escena los valores socioculturales de Buenos Aires. Se tomaban como iconos las figuras de Carlos Gardel -una clara asociación al tango-, la Virgen de Luján o escenas de campo. Así como se incorporó la imagen de Gardel, con el tiempo el tango fue ganando más espacio en el filete porteño con imágenes, figuras y estilos que incluían representaciones y símbolos relacionados con él.
Patrimonios de la Humanidad y la Vigencia Cultural
Buenos Aires es tango y filete. Si bien la ciudad se caracteriza por muchas otras cosas, el hecho de haber dado origen a estas artes les otorga un lugar privilegiado. El filete y el tango son símbolos porteños, abrazados por los bonaerenses y toda la Argentina, representando la identidad de lo que fue y lo que es.
Tanto el fileteado como el tango han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial. El tango fue declarado en 2009, compartido entre Argentina y Uruguay, logrando difundir el espíritu de la comunidad por todo el mundo. El filete, por su parte, surgió como un oficio en las fábricas de carros de Buenos Aires y ha sabido adaptarse y sobrevivir al paso del tiempo, incluso superando prohibiciones. Sus imágenes se relacionan directamente con el patrimonio cultural de la ciudad, incorporando elementos sociales o religiosos que constituyen una memoria colectiva. Representaciones de santos, personalidades políticas, ídolos musicales y deportivos, así como dichos y refranes, son parte fundamental del fileteado.
Por todo ello, se ha revalorizado al filete porteño, declarándolo Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires en 2006 y, diez años después, en 2015, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A pesar de estas distinciones, la supervivencia de estas expresiones artísticas depende de la participación activa de los ciudadanos. Aprender sobre su historia, difundir su legado y, en el caso del fileteado, incluso aprender la técnica, son formas de mantener vivas estas manifestaciones culturales.

¿Qué Lugar Ocupamos Como Ciudadanos?
La declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad no garantiza la salvación de estas expresiones artísticas. Si los ciudadanos permitimos que mueran, los títulos carecerán de sentido. Si bien la UNESCO trabaja para mantener vivas estas expresiones, la involucración ciudadana es fundamental. Es un buen momento para preguntarnos qué podemos hacer desde nuestro lugar para valorizarlos.
Podríamos aprender más de su historia, aprender a bailar o cantar tango, y hasta aprender la técnica del fileteado. Nada es imposible si existen las ganas y la curiosidad. Simplemente difundir nuestra identidad ya será un valioso aporte para mantenerlos vivos, sobre todo al fileteado. Mucho se conoce del tango, pero poco del filete porteño. Para conocer más sobre este magnífico arte, se invita a participar del Tour Fileteado 054, donde las calles porteñas enseñarán su historia y se podrá tener un primer acercamiento a la técnica de la mano de un maestro fileteador. Cualquier persona puede hacerlo, ya que no se necesita experiencia previa.
Características del Fileteado
En términos estilísticos, el filete se caracteriza por la particular convivencia de motivos decorativos (flores, cintas, espirales y otras formas geométricas), animales, figuras humanas, frases y el uso de una paleta de colores que crea superficies de gran impacto visual. Algunos de los elementos ornamentales, como las hojas de acanto, los óvalos, botones y diamantes, las flores y las líneas espiraladas, encontraron su inspiración en las viviendas porteñas de finales del siglo XIX y principios del XX, resignificando estilos academicistas foráneos y citas clasicistas en versiones estilísticas locales.
El fileteado nunca viene solo: generalmente se utiliza para escribir frases ingeniosas, refranes poéticos o aforismos chistosos, emocionales o filosóficos, expresados en lunfardo, el lenguaje coloquial y tanguero de la ciudad. Las frases se pintaban con tipografías góticas o letras muy ornamentadas, definidas por Jorge Luis Borges como «costados sentenciosos».
Mujeres Fileteadoras
Durante décadas, los hombres fueron quienes crearon y practicaron el fileteado, ya que los pedidos de obras eran realizados principalmente por camioneros y colectiveros, oficios considerados poco apropiados para las mujeres. Sin embargo, a partir de la década de 1990, varias mujeres se sumaron a la práctica. Pintoras talentosas fueron aprendiendo el oficio, y en septiembre de 2003 se organizó una muestra de obras realizadas por 15 mujeres en el Museo de Arte Popular José Hernández. El barrio de San Telmo es un buen lugar para tomar contacto con esta expresión única de la Ciudad.
Si el tango es la música de Buenos Aires, el fileteado es su trazo, su letra escrita a mano, su firma. Enroscado, recargado y dramático, como el espíritu porteño, el fileteado y sus mensajes son un llamado de atención para habitantes y turistas, sobre los orígenes, historia y la filosofía que dio nacimiento a este rincón de Argentina.