El Mito del Maíz: Origen Divino del Hombre en Mesoamérica

La Cosmovisión Maya y la Esencia del Maíz

El mito es un producto social con características y funciones tan diversas como culturas hay en el mundo. Entre sus múltiples definiciones, podemos decir que se trata de un complejo de creencias contenidas en un discurso (oral, visual o escrito) que tiene el propósito de mostrar y explicar una realidad determinada, casi siempre relacionada con los seres vivos y el orden del cosmos (López Austin, 2006: 45). Por lo general, las hazañas relatadas en los mitos ocurren en un tiempo primordial, es decir, en momentos previos a la existencia de los seres humanos.

Uno de los mitos con mayor presencia entre los mayas de la época prehispánica y contemporánea se vincula con el origen del Dios del Maíz y del vegetal mismo. Según su cosmovisión, se trata nada más y nada menos de la planta que da sustento a los seres humanos; y no solo eso, también es el elemento con el que estos fueron hechos. El maíz, elemento central en la agricultura y, en consecuencia, en el origen de las grandes culturas de Mesoamérica, resulta lógicamente humanizado en sus mitos.

Antes de iniciar propiamente con el mito del Dios del Maíz entre los mayas, hay que decir que este ha sido reconstruido a partir de la revisión de distintas fuentes, tales como pintura mural, cerámica, códices, textos coloniales y trabajos etnográficos. La narrativa del origen del Dios del Maíz maya se compone de varios episodios, no siempre referidos en una misma fuente, por lo que los pasajes han sido recuperados y estudiados por diversos especialistas con la finalidad de obtener la secuencia completa. Dichos pasajes ocurren en el tiempo de los dioses y no solo tratan de las actividades creadoras vinculadas con el Dios del Maíz, sino también con el origen del ser humano. En esta exposición, se abordarán varios episodios del mito en los que la deidad en cuestión nace, muere, renace y vuelve a morir.

El Ciclo del Dios del Maíz: Muerte y Renacimiento

El Nacimiento del Bebé Semilla

El primer episodio del mito del Dios del Maíz trata de su nacimiento. Según algunas vasijas del periodo Clásico (K5164, K1645, K0688), un Bebé Semilla con características de jaguar, cuyo nombre es Wuk ? Yax Chan?, nació producto de la relación incestuosa del Dios Itzam y una señora llamada Wayaab.

Vasija K5164 en la que se muestra al dios viejo, Itzam, seduciendo a la Señora Wayaab

Tras el nacimiento, el Bebé Semilla fue presentado ante un señor para hacerle creer que se trataba de su hijo legítimo; sin embargo, este se percató de que en realidad el verdadero padre era el Dios Itzam y arrojó al bebé al interior de la montaña Pa’axil (K1200, K4384, K8655).

Vasija K4013 en la que se aprecia al Bebé Semilla (derecha) siendo arrojado

Las Cualidades Iconográficas del Dios del Maíz

Durante su estancia en el inframundo, el Dios del Maíz adquirió todas sus características, mismas que nos permiten identificarlo iconográficamente en las fuentes prehispánicas. Sus cualidades distintivas son:

  • La cabeza alargada para semejar la forma de una mazorca.
  • El cabello tonsurado.
  • Algunas veces presenta foliaciones que emergen de la parte superior de su cabeza.
  • Cuerpo y rostro andrógino y joven.
  • La falda de red.
  • Un cinturón con la cabeza de un tiburón (xook) y un medallón de concha spondylus (Taube, 1985: 3, 5; García Capistrán, 2018: 33).

El Renacimiento y la Travesía

Luego, el Dios del Maíz renació con la ayuda de Chaahk, dios de la lluvia, y de otra deidad conocida como Serpiente Acuática. Según las representaciones en cerámica y en la pintura mural de San Bartolo, Guatemala, la deidad danzó y tocó un caparazón de tortuga para provocar el rompimiento de otro caparazón de tortuga que simboliza el espacio inframundano. Así, a través del sonido del instrumento sonoro, asociado con el trueno, el Dios del Maíz emergió al plano terrestre y renació. En otras narraciones, es el dios Chaahk quien, a través de su hacha y del trueno, rompe la montaña sagrada donde surge el Dios del Maíz.

El Mito del Dios Maíz

Fragmento del mural en Sub 1-A de San Bartolo, Guatemala, en el que se aprecia al Dios del Maíz tañendo con un asta de venado un caparazón de tortuga para renacer, dibujo de H. Hurst

En el entierro 116 de Tikal, lugar en el que reposan los restos del gobernante Jasaw Chan K’awiil, fueron hallados varios huesos como parte de su ofrenda. La escena de un hueso inciso representa la travesía que realizó esta deidad hacia el inframundo acompañado por una iguana, un mono araña, una guacamaya y un perro. La canoa sobre la que se encuentran estos personajes es dirigida por dos deidades conocidas, a partir de este ejemplo, como Dioses Remeros. Uno es el Remero Jaguar, por llevar elementos de felino, y el otro es el Remero Espina de Raya, quien lleva una espina de este pez en el septum (Velásquez García, 2010: 115).

Dibujo de hueso incisado con el viaje al inframundo del Dios del Maíz acompañado por animales y los Dioses Remeros

El Hombre Hecho de Maíz: Mitos Fundacionales

Es bien sabido que el maíz juega un papel central en la cosmovisión de las culturas azteca y maya: en ambos casos se relata que el ser humano fue creado a partir del maíz. Este vegetal permitió la humanización de los hombres como seres verdaderos.

El Popol Wuj: La Creación K'iche'

El ejemplo más socorrido de esta noción -el maíz como esencia misma del ser humano-, se encuentra en un pasaje del libro maya conocido como Popol Wuj. El Popol Wuj, o Popol Wuj en el idioma quiché, es la historia de la creación de los mayas. Los miembros de los linajes reales quiché que gobernaron las tierras altas de Guatemala registraron la historia en el siglo XVI para preservarla bajo el reino del imperio colonial.

El Popol Wuj, que significa “Libro de la comunidad”, narra el relato de la creación maya, los cuentos de los Héroes Gemelos y las genealogías y derechos de tierra quiché. En esta historia, los Creadores, Corazón del Cielo y otras seis deidades incluyendo la Serpiente Emplumada, querían crear seres humanos con corazones y mentes que pudieran “llevar la cuenta de los días”. Pero sus primeros intentos fracasaron. Cuando estas deidades finalmente crearon humanos usando maíz blanco y amarillo que podían hablar, ellos quedaron satisfechos.

Nuestra historia de la creación nos enseña que los primeros abuelos de nuestra gente fueron hechos de maíz blanco y amarillo. El maíz es sagrado para nosotros porque nos conecta con nuestros antepasados y alimenta nuestro espíritu al igual que a nuestros cuerpos. En otro ciclo épico de la historia, los Señores de la Muerte del Inframundo convocaron a los Héroes Gemelos a jugar un memorable juego de pelota donde los Gemelos derrotaron a sus contrincantes. Los Gemelos subieron a los cielos y se convirtieron en el Sol y la Luna.

Ilustración de las deidades mayas creando al hombre y la mujer de maíz según el Popol Wuj

Otras Narrativas de Origen

Los Anales de los Cakchiqueles

En otro texto maya, los Anales de los Cakchiqueles, se consigna que los primeros humanos fueron creados de una mezcla de masa de maíz con la sangre del tapir y la serpiente.

La Cosmovisión Mexica: Chicomecóatl

Cabe señalar que esta idea del hombre formado de maíz se encuentra en otras culturas; por ejemplo, de una de las diosas del maíz entre los mexicas, Chicomecóatl, se decía que era la carne y la vida de los hombres. Otros nombres de deidades del maíz en el panteón mesoamericano incluyen Xilonen, Ilamatecuhtli, Centéotl, Tonantzin y Xipe Totec.

El Mito de Zazil Tunich y Kukulkán

En el corazón palpitante de la península de Yucatán, donde las estrellas parecen conversar con las aguas susurrantes de los cenotes, se teje una de las historias mayas que es el alma misma de un pueblo: los mayas. En los albores del tiempo, cuando la tierra era joven y el cielo aún no había sido adornado con el brillo de la Vía Láctea, los dioses mayas se reunieron. Los dioses intentaron primero con figuras de barro, pero estas se deshacían al contacto con el agua, incapaces de albergar el aliento divino. Los dioses, en su infinita paciencia, no se desalentaron.

Fue entonces cuando Kukulkán, la serpiente emplumada, portador de la sabiduría y la renovación, emergió de las profundidades de Zazil Tunich con granos de maíz en sus fauces. El maíz, dorado y puro, era el regalo de los dioses, el sustento de la vida y ahora, la esencia de la humanidad. Con gran reverencia, los dioses molieron los granos de maíz y mezclaron la harina con el agua sagrada del cenote. Así, con cantos y oraciones, modelaron el cuerpo del primer hombre y la primera mujer mayas. Les dieron ojos para admirar las estrellas, oídos para escuchar el murmullo de la selva y una voz para cantar alabanzas a sus creadores.

Representación de Kukulkán entregando el maíz, un elemento vital para la creación

Los primeros mayas, hechos de maíz, eran seres perfectos en armonía con la naturaleza y el cosmos. Pero la verdadera prueba sería su capacidad para sobrevivir y prosperar. Los dioses les enseñaron a cultivar el maíz, a construir sus hogares y a estudiar los astros. Les otorgaron conocimientos de medicina, matemáticas y escritura, para que pudieran registrar su historia y sus logros. Los mayas aprendieron a respetar los ciclos de la vida, a celebrar las cosechas y a honrar a los dioses en ceremonias llenas de música y danza. Descubrieron el valor de la comunidad y la importancia de transmitir su sabiduría a las futuras generaciones.

Zazil Tunich, con sus aguas claras y tranquilas, se convirtió en un lugar sagrado, un punto de encuentro entre los mortales y lo divino. Hoy, Zazil Tunich sigue siendo un lugar de poder y misterio. Los visitantes pueden sumergirse en sus aguas y sentir la conexión con aquellos primeros habitantes de maíz. Este relato es una invitación a descubrir la magia de Zazil Tunich, a explorar la riqueza de la herencia maya y a ser parte de una historia que continúa escribiéndose.

Cenote Zazil Tunich, un lugar sagrado y místico en la península de Yucatán

El Maíz como Metáfora de Renacimiento y Axis Mundi

Además, en cierto modo, el ciclo del maíz -que iba de la colocación de la semilla bajo la tierra hasta su surgimiento como una planta que crece hacia el cielo plena de vigor- permitía considerar a la planta como una metáfora del renacimiento. Es por ello que, en el Clásico maya, se encuentran frecuentes representaciones del nacimiento del dios joven del maíz por una abertura en la tierra.

Planta de maíz como axis mundi, Códice Borgia, lám. 53

Un Legado Imperecedero

El maíz juega un papel central en la cosmovisión de diversas culturas mesoamericanas, donde los mitos humanizan al maíz, no solo como alimento fundamental sino como la esencia misma de la creación del ser humano. Esta profunda conexión entre lo divino, lo humano y el maíz, como señala Enrique Vela, perdura a través del tiempo, reafirmando su valor sagrado y su rol como cimiento de la identidad cultural.

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