La crisis socioambiental ocurrida en el archipiélago de Chiloé en 2016, conocida como el "Mayo chilote", marcó un hito en la historia de Chile. Este evento, que combinó una severa floración algal nociva (marea roja) con el controvertido vertimiento de miles de toneladas de salmón en descomposición, desató una movilización social sin precedentes y generó un profundo debate sobre la industria salmonera, la protección del medio ambiente y la responsabilidad estatal.

Antecedentes de la Crisis en Chiloé
El sur de Chile ha sido históricamente afectado por el fenómeno de la marea roja, causado por la microalga Alexandrium catenella. El primer registro oficial de una floración algal nociva (FAN) de esta microalga en territorio chileno ocurrió en el Estrecho de Magallanes en octubre de 1972, con un saldo de tres intoxicados y tres fallecidos. Desde entonces, las FAN de Alexandrium catenella se han repetido con frecuencia, avanzando hacia la Región de Aysén y luego hacia la Región de Los Lagos.
En Chiloé, la pesca artesanal es una de las actividades económicas más importantes, junto con el cultivo de chorito o mitilicultura, que se desarrolla principalmente en los archipiélagos de Chiloé y Calbuco, y en Puerto Montt. Estas actividades dependen directamente de la salud del ecosistema marino.
Mortalidad Masiva de Salmones y la Solicitud de Vertimiento
Entre enero y marzo de 2016, la región enfrentó una floración de microalgas tóxicas, incluyendo Alexandrium catenella, que provocó mortalidades de moluscos en Aysén. Posteriormente, una segunda oleada de la especie Pseudochattonella verruculosa causó una "marea café" con consecuencias devastadoras para la industria salmonera. Estos fenómenos, gatillados por una combinación de la corriente de El Niño y la crisis climática, resultaron en la muerte de salmones equivalentes a 40.000 toneladas en plantas acuicultoras cercanas a Chiloé. Estas pérdidas fueron estimadas en 800 millones de dólares, lo que representa la mayor crisis de la industria a nivel mundial.
Ante la magnitud de la crisis y el colapso de la capacidad de las plantas de reducción y vertederos en tierra, el gremio salmonero SalmonChile solicitó el 3 de marzo de 2016 a la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante (Directemar) autorización para verter al mar miles de toneladas de salmón muerto en descomposición. La solicitud fue aceptada en tiempo récord, un día después, el 4 de marzo, sin realizar ningún tipo de estudio de impacto ambiental.
El Controvertido Vertimiento de Salmones
El Gobierno de Chile autorizó el vertido de casi 5 mil toneladas de salmón frente a las costas de Chiloé. La autorización inicial era para 9.000 toneladas, pero las empresas salmoneras aseguraron que se vertieron 4.000 toneladas, realizando un gran esfuerzo para verter la menor cantidad posible, lo que, según ellas, representó solo un 10% de los salmones afectados. El vertimiento se realizó entre el 11 y el 26 de marzo de 2016, con 7 botes realizando 11 viajes para descargar 4.700 toneladas de salmón en descomposición a 130-139 kilómetros del límite noroeste de Chiloé.
CDE expone su postura sobre vertimiento de salmones en Chiloé
Marco Legal y Argumentos del Gobierno
La regulación sobre acuicultura en Chile considera delito arrojar materiales contaminantes al mar. Sin embargo, el Gobierno utilizó como resquicio la Convención de Londres, una norma a la que Chile está obligado y que indica que para el manejo de estos incidentes se deben realizar estudios de los posibles impactos ambientales para garantizar que no habría afectación del medio marino. Según Greenpeace y otros críticos, dichos estudios no se llevaron a cabo en tiempo y forma. El Ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, quien era la principal autoridad en la regulación de la industria acuícola, permitió este vertimiento sin un estudio de impacto ambiental que acreditara la inocuidad de la acción.
Impacto Social y Ambiental en Chiloé
Días después del fin de los vertimientos, a principios y mediados de abril de 2016, llegó la segunda ola de marea roja, totalizando tres eventos de floración masiva de microalgas tóxicas. Desde la segunda quincena de abril y durante mayo, miles de pájaros, picorocos, mejillones, almejas, peces y otros animales marinos muertos repletaron las costas chilotas. Los pescadores cifraron en 31 mil personas afectadas, perdiendo su principal sustento. La falta de recursos y la sospecha de que la industria salmonera había "envenenado el mar" detonaron masivas protestas.
Consecuencias Inmediatas: Varazones y Contaminación
La organización ambientalista Greenpeace, que se desplazó hasta Ancud en Chiloé, reveló que, si bien la zona ya estaba afectada por blooms de algas, la autorización de verter los salmones desencadenó la crisis social y ambiental. Las varazones no se limitaron a especies sensibles a la marea roja, sino que también se registraron de jibias y medusas, especies que no suelen ser afectadas por la toxina. Esta situación llevó a muchos pescadores a afirmar que lo que ocurría no era solo marea roja, sino también el resultado del vertido de salmones muertos con alto contenido de químicos peligrosos.
Testimonios como el de María Georgina Altamirano, quien recolectaba murta porque las playas donde siempre recogía almejas estaban contaminadas, y Ana Caileo, educadora tradicional mapuche, quien afirmaba: "Nos mataron el mar, nos mataron la fuente de trabajo para los pescadores", reflejaron la gravedad de la situación.
La Movilización Social: "Chiloé Paralizada"
Las primeras protestas comenzaron el 1 de mayo de 2016, con manifestantes bloqueando rutas y accesos marítimos a la isla, lo que mantuvo al archipiélago paralizado y aislado del continente por dieciocho días. Las calles fueron tomadas y los caminos bloqueados por pescadores artesanales y sus familias, quienes se unieron en una "minga" de protesta, con barricadas, fogatas y cocinas improvisadas. Seis comunidades, representadas en la Mesa Provincial de Chiloé, exigían bonos para reponer sus ingresos y esclarecer los motivos de la autorización del gobierno a las salmoneras. Ante la falta de acuerdos satisfactorios, las movilizaciones escalaron.

Efectos a Largo Plazo en la Pesca Artesanal y el Ecosistema
La contaminación ambiental provocada por el accionar de la industria salmonera, incluyendo el vertimiento y otras prácticas, ha impactado en el ecosistema costero de Aysén y Chiloé, generando colapso de especies pequeñas, migración de aves y una amenaza a la pesca artesanal como forma de vida. Pescadores artesanales de Aysén y Chiloé denuncian la creciente desaparición de especies nativas de peces y crustáceos, así como la afectación de la biodiversidad marina. Juan Carlos Pérez Mariman, Dirigente de Pescadores Artesanales de Puerto Cisnes, contextualiza esta realidad: "Hoy día muchas especies de las poquitas nativas que estaban quedando aparecen con piojos, aparecen con hematomas... Uno ve que antes donde había varias especies que se podían cosechar hoy día ya no se cosechan, como el pelillo, eso todo murió". Alberto Loncomilla Figueroa, pescador artesanal, observa cómo el salmón, escapado o introducido, "se mete en los esteros y se come todo... está depredando todo".
Los pescadores insisten en que el avance progresivo de la industria salmonera y su modelo extractivista industrial atenta contra la pesca artesanal, afectando profundamente el tejido social y cultural de la comunidad. Ellos hacen un contundente llamado a los consumidores de salmón a pensar en el proceso productivo y en los costos ambientales, sociales y culturales que se están pagando.
La Controversia Científica y Oficial
La presidenta Michelle Bachelet decretó zona de catástrofe y, en un intento por esclarecer las causas, el Ministerio de Economía convocó a una comisión de científicos para determinar las causas de la marea roja.
El Informe del Gobierno: Comisión Marea Roja
En noviembre de 2016, la Comisión Marea Roja entregó su informe final, concluyendo que los salmones muertos en descomposición se habrían movido hacia el norte y fuera de la isla, descartando cualquier relación causal con el episodio agudo de marea roja. El informe indicó que "es altamente probable que la circulación dominante durante marzo y comienzos de abril de 2016 haya transportado el material vertido hacia el oeste y norte-noroeste, y no de regreso a la costa de Chiloé". Este informe, elaborado por científicos como Alejandro Buschmann y Laura Farías, fue objeto de críticas por su metodología.
Estudios Contrapuestos: La Evidencia del "Remolino"
Años después, un estudio elaborado por físicos y oceanógrafos franceses y chilenos (Armijo, Oerder, Auger, Bravo y Molina) aseguró lo contrario: "Nuestro análisis muestra sistemáticamente que el vertimiento bien podría haber jugado un papel potenciador para la marea roja". Esta investigación, publicada en la revista científica Marine Pollution Bulletin, utilizó análisis satelital de corrientes geostróficas y vientos, revelando la aparición de un "remolino" o giro ciclónico pocos días después de finalizados los vertimientos. Este remolino podría haber empujado los restos tóxicos de salmón hacia el sur, es decir, hacia la costa chilota.
El estudio franco-chileno criticó la metodología de la comisión del gobierno, que solo analizó corrientes geostróficas durante siete días de un proceso de vertimiento que duró 15 días, y se centró en las corrientes de viento por más de diez meses. Los autores del nuevo estudio enfatizaron que el patrón del remolino no estaba presente en el análisis de vientos, pero sí en el patrón geostrófico, que la comisión oficial estudió de forma limitada. Además, la presencia de una mancha de amonio frente a la costa de Cucao, detectada por la propia Comisión Marea Roja, fue señalada por los científicos como una evidencia de materia orgánica en descomposición, lo que respaldaría la hipótesis del vertimiento como factor influyente.
Perspectivas y Responsabilidades
Desde Greenpeace se instó al Ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, a responder y asumir su responsabilidad. La organización denunció que los "salmones" vertidos eran en realidad una "masa completamente tóxica que estaba tratada químicamente, y donde jamás se transparentó su composición física y química", y que la evidencia científica que descartara el impacto del vertimiento nunca fue presentada.
Acusaciones contra la Industria Salmonera y el Estado
La industria salmonera, por su parte, mantuvo que la causa de la crisis fue el fenómeno de El Niño. Sin embargo, las comunidades y organizaciones ambientalistas acusaron al gobierno de sacrificar la isla y de permitir a las empresas salmoneras arrojar pescado podrido al océano sin estudios de impacto ambiental. La Corte Suprema, en la causa rol 34.594-2017, condenó a servicios como Sernapesca y Directemar a llevar a cabo procedimientos para proteger la salud de la población y el medioambiente, debido al manejo del desastre ambiental.
La Voz de los Pescadores y Comunidades
Los habitantes de Chiloé, especialmente las comunidades mapuches-huilliches, tienen una profunda conexión cultural y económica con el mar. Para ellos, "el mar se enojó", una metáfora que encapsula la contaminación y el impacto del vertimiento. La confianza en las autoridades y en la industria se vio gravemente dañada. A pesar de los acuerdos que lograron desmovilizar a los pescadores artesanales mediante pagos en efectivo, la crisis persistió.
Fallo Judicial y Persistencia de la Crisis
Un fallo judicial concluyó que la Municipalidad de Ancud no pudo probar la existencia de daño ambiental como consecuencia del vertimiento de los desechos de peces autorizado por Directemar. La sentencia de la Corte Suprema, aunque condenó a los servicios por el manejo, también concluyó que Directemar y Sernapesca actuaron correctamente al autorizar el vertimiento como una medida de emergencia ante una mortandad de salmones que superó las 26.000 toneladas, argumentando que otros medios eran insuficientes y la no eliminación implicaba un alto riesgo para la salud pública. No obstante, Teresa Calfunao, dirigente de Ancud, afirmó meses después que el sector rural de Chiloé seguía en crisis: "Al real implicado, al del sector rural, nunca los remuneraron, nunca los tomaron en cuenta... No hay dinero circulando, no hay dinero fresco. La gente no tiene trabajo." La emergencia ambiental no ha terminado para muchos.