Orígenes y Formación de un Polímata
Infancia y Primeros Estudios
Ernesto Ángel Quesada Medina nació en Buenos Aires el 1 de junio de 1858. Fue hijo del doctor Vicente G. Quesada, un distinguido diplomático e historiador, y de doña Elvira Medina, hija del doctor Ángel Medina, presidente del Superior Tribunal de Justicia. El ambiente familiar tuvo una influencia decisiva en su desarrollo intelectual.
Comenzó sus estudios primarios en 1869, asistiendo al Colegio San José en Buenos Aires hasta 1872. En ese tiempo, disfrutaba vacacionar en la estancia de su amigo Rafael Obligado. En 1872, su padre solicitó licencia de su cargo de director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires con el propósito de viajar a Europa para la educación de su hijo.
Viajes y Estudios Europeos
En 1872, Ernesto viajó a Europa con su padre, visitando Southampton, Londres y Colonia antes de incorporarse al Vitzthum-Gymnasium de Dresde, en Sajonia (Alemania), donde permaneció durante 1873 y 1874. Durante este primer viaje por Europa, tuvo la oportunidad de visitar a Juan Manuel de Rosas en su chacra en Swaythling, cerca de Southampton, y a Mercedes Tomasa de San Martín, hija de José de San Martín, en París. Esta experiencia temprana de contacto directo con figuras históricas dejaría una profunda huella en su futura obra.
A su regreso a Argentina, concluyó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. A los 20 años, inició su vida universitaria, cursando simultáneamente en las Facultades de Humanidades y Derecho de Buenos Aires. En 1879, a mitad de su carrera, suspendió sus estudios universitarios locales para asistir a cursos en las Universidades de Leipzig, Berlín y París durante varios meses de ese año y el siguiente. Al retornar a Argentina en "el barco que traía las cenizas de San Martín", se recibió de abogado y obtuvo su doctorado en 1882 con una tesis sobre el régimen de quiebras.
Regreso y Consolidación Académica y Legal
Tras un nuevo viaje a Europa en 1883, que incluyó los países anglosajones, Ernesto Quesada instaló su estudio jurídico. De manera simultánea o alternada, fue director de varias empresas y ocupó importantes cargos políticos. En 1877 y 1878 sirvió como asistente de bibliotecario en la Biblioteca Nacional. En 1878, participó del Círculo Científico-Literario responsable de la publicación de la Revista Literaria, junto a figuras jóvenes notables de su generación como Enrique García Mérou y Julio E. Mitre.
En 1880, fue designado profesor de Literatura extranjera y estética en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde dictó clases hasta 1884.
Vida Familiar y Rasgos Personales
En 1883, Quesada contrajo matrimonio con Eleonora Pacheco, nieta del general Ángel Pacheco, con quien tuvo cinco hijos: Fernando Vicente (1885-1950), Rodolfo Ernesto (1886-1952), Ernestina Beatriz (1888-...), Vicente (1891-1968) y Eduardo Ángel Quesada Pacheco (1893-1919). Se divorciaron en 1912.
Dos años después, en 1914, Quesada conoció en Buenos Aires a la periodista y escritora alemana Leonore Niessen-Deiters (1879-1939), quien se encontraba de viaje por Sudamérica. Mantuvieron un intercambio epistolar durante los años de la Primera Guerra Mundial. Leonore se divorció de su marido en 1919 y se trasladó a Argentina, donde tuvo un importante rol en la difusión de la obra del filósofo Oswald Spengler, contrayendo nuevo matrimonio con Quesada. Leonore Niessen-Deiters se había divorciado del abogado J. Niessen y era hija del pintor alemán Heinrich Deiters (1840-1916). Fue enviada por el diario Kölnische Zeitung como activista de la “Auslandsbundes Deutscher Frauen”, organización preocupada por mantener la pureza étnica de las mujeres alemanas radicadas en el extranjero.
La figura pública de Quesada lo mostraba como un hombre corpulento, de cabellos canos cortos, siempre con un habano de gran tamaño en la boca, vistiendo chaqué o levita, envuelto en una gran humareda, eternamente enguantado y hablando con voz poderosa y de inflexión particular. Con los años, abandonó su antigua barba y dio a su bigote una forma aún más kaiseriana. Este rasgo, junto a su gesto erguido, sus lentes sujetos con cinta (en la intimidad de su casa usaba anteojos) y su eterna corbata plastrón prendida con un singular alfiler, le otorgaba el aspecto exterior de un clásico profesor alemán, cuya seriedad quebraba con estentóreas carcajadas y dichos socarrones.

Trayectoria Pública y Aportes a la Sociología y la Historiografía
Carrera Diplomática, Política y Judicial
En 1882, Ernesto Quesada fue secretario de la delegación diplomática en Río de Janeiro, y posteriormente promovido a la delegación diplomática en Washington D.C. En el último decenio del siglo, fue intendente de la localidad de San Miguel (provincia de Buenos Aires) desde diciembre de 1892 hasta agosto de 1893, y también miembro electo del Concejo Deliberante de Buenos Aires.
Su actividad principal fue la magistratura judicial, a la que ingresó en 1898 como Fiscal en lo Penal. Ascendió a Juez de Primera Instancia en lo Civil en 1902 y a Fiscal de Cámara de ese fuero en 1910, cargo que desempeñó durante tres lustros, hasta su jubilación a comienzos de 1926. Durante la Reforma Universitaria de 1918 fue Interventor en la Facultad de Derecho de la UBA. Se retiró de la docencia universitaria en 1921. En Berlín fue nombrado profesor emérito con renta vitalicia.
El Nacimiento de la Sociología Académica en Argentina
Desde 1903, Quesada fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. En la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ocupó la cátedra de Sociología en 1904 y se hizo cargo del dictado de los cursos. Esta fue la primera cátedra de su especie en Argentina, creada por resolución de 1898 y dictada inicialmente en 1899 por Antonio Dellepiane como suplente. Quesada fue el responsable de la programación de la asignatura y ejerció la titularidad de la cátedra hasta 1924, cuando fue sucedido por Ricardo Levene. Cada año, exponía un aspecto diferente de la disciplina: doctrinario, histórico o de aplicación. Este hito institucional subraya su rol fundamental en la articulación de una sociología para el estado, al establecer los cimientos académicos para el estudio sistemático de la sociedad.
Contribuciones Historiográficas con Enfoque Sociológico
Al retornar a Argentina, Quesada inició una etapa prolífica como escritor, abordando campos tan diversos como las finanzas, la crítica literaria y la historia. Obras como Las finanzas municipales (1889), Dos novelas sociológicas (1892) y El impuesto sobre la renta (1894) son algunos ejemplos de su producción en ese período. Heredó del general Ángel Pacheco un voluminoso archivo historiográfico sobre esta familia y sobre la actividad de Juan Lavalle y Gregorio Aráoz de Lamadrid, lo que fue de gran utilidad para sus investigaciones históricas.
La historia fue uno de los ejes de sus preocupaciones intelectuales, publicando un número importante de trabajos de carácter histórico, siendo los más significativos durante la década de 1890. En 1893 se editó La decapitación de Acha, y un año después, un trabajo sobre la batalla de Ituzaingó. Durante la segunda mitad de esa década, publicó textos históricos en diversos periódicos y revistas como El Tiempo, La Quincena y La Revista Nacional.
Una síntesis y recopilación de esos trabajos fue publicada bajo el título La época de Rosas: su verdadero carácter histórico en 1898. Esta obra fue considerada "su mejor volumen" y el aporte central de Quesada al estudio de la historia argentina desde la perspectiva sociológica. Ernesto había conocido personalmente al antiguo gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante su viaje a Europa con su padre entre 1873 y 1875, visitándolo en su residencia de exilio en Southampton. Una síntesis de esa entrevista fue publicada por Ernesto en una reedición de su libro 25 años después de su primera aparición. Fue considerado, muchos años más tarde, como uno de los pioneros en la reivindicación y rehabilitación de la figura de Rosas.
La irrupción de Quesada en la investigación histórica, como en su obra sobre Acha, aparecía casi como un deber familiar, pero también se articulaba con una fuerte demanda a favor de la profesionalización de la disciplina. Quesada diferenciaba entre el "historiador" y el "panfletista", insistiendo en la necesidad de que el primero no se permitiera calumniar y actuara con objetividad, privilegiando el estudio sistemático de los documentos. Sus escritos de esta época reiteraban que su conocimiento se basaba en pruebas sólidas, destacando la necesidad de construir materiales fundamentados para el estudio de la historia. Este enfoque metódico y objetivo reflejaba un interés en la aplicación rigurosa de principios para el conocimiento social, un pilar para una sociología que pudiera informar al estado.

Producción Intelectual y Compromiso con la Lengua Española
Su amplia producción jurídica, política, histórica y literaria comprende 564 títulos. En 1910, Ernesto Quesada fue uno de los cofundadores de la Academia Argentina de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, junto a su padre Vicente y otras personalidades como Calixto Oyuela, Rafael Obligado y Joaquín V. González. Quesada fue un defensor de la lengua española como idioma nacional de los argentinos y de Hispanoamérica, y un adalid de la consideración de España como Madre Patria de las Repúblicas de habla española.
En sus últimos años en la FFyL-UBA, Quesada se dedicó a la divulgación de la obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente (1918), a la cual accedió a partir de su vínculo con Leonore Deiters, su segunda esposa. Esto marcó una transición en sus intereses y en el ambiente intelectual sociológico.
El Valioso Legado Bibliográfico de los Quesada
La muerte de su padre en 1913 produjo en Ernesto Quesada un fuerte impacto, agudizando sus problemas de salud. En este período, señaló: "No salgo casi nunca, paso todo el día en mi biblioteca..."
Las Colecciones de Vicente G. Quesada
Debemos al propio Vicente G. Quesada el detalle de las colecciones que había reunido en el desaparecido petit hôtel de Libertad 948, las cuales incluían una rica biblioteca. En su testamento ológrafo, otorgado en Buenos Aires el 5 de febrero de 1912 en su casa familiar de la calle Libertad 948, Plaza Libertad, dispuso su última voluntad:
“Respecto de mis muebles y colecciones artísticas, reunidas durante los veinte años de mi vida diplomática, mi deseo es que mi hijo Ernesto solicite del gobierno argentino la adquisición de esas colecciones, para que sean conservadas en cualquiera de los museos nacionales, en una o varias salas, sin desmembrar ni dividir el todo, y bajo la expresa condición de que lleve el título “Colección Vicente G. Quesada”. Dichas colecciones se componen: Primero: de mi museo de tallas. Segundo: de la serie de tapices. Tercero: de los muebles artísticos.”
El testamento detallaba el museo de tallas, formado por objetos de arte, imágenes originales antiquísimas y modernas, clasificadas por siglos por el pintor Moreno Carbonero en Madrid. Las tallas eran en su mayoría españolas, pero también italianas y francesas, e incluían numerosos objetos tallados en madera, muchos de los cuales habían pertenecido a personajes célebres. Respecto a los tapices, la serie de hermosos tapices flamencos fue adquirida de un agente, pertenecientes a la catedral de El Burgo de Osma, a la cual habían sido donados a principios del siglo XVI por el emperador Carlos V. Los otros tapices eran gobelinos antiguos y pocos modernos, formando un total de trece de gran valor.
Vicente Quesada también legó a su hijo Ernesto todos sus papeles y libros inéditos, con el encargo de publicarlos oportunamente. Autorizó a Ernesto a solicitar fondos del Congreso de la Nación para una edición de sus obras completas, tanto publicadas como inéditas, en reconocimiento a sus servicios al país, especialmente en cuestiones de límites.
Finalmente, expresó su deseo de que su hijo Ernesto se desprendiera de la biblioteca, en vida o por testamento, para alguna institución pública, siempre que el gobierno compensara en dinero cuanto padre e hijo habían gastado en formar "tal colección de libros, manuscritos y papeles históricos, quizá la única hoy en el país en poder de particulares". Vicente G. Quesada falleció el 13 de octubre de 1913.
Juan Bautista Ambrosetti, en 1913, brindó un cuadro vívido de estas colecciones al describir la casa de don Vicente, incluyendo vistas fotográficas que permitían observar espejos y cornucopias del siglo XVIII, un escritorio de un cardenal romano del siglo XVI, colgadura de seda de Pekín, un gobelino del siglo XVIII, un tapiz flamenco donado por Carlos V, y un sofá tapizado con un vestido de la reina Isabel II.

La Biblioteca de Ernesto Quesada: Una Colección Única
Ernesto Quesada, tras la muerte de su padre, se instaló con su familia en el petit hôtel de Libertad 943 y 948, frente a la Plaza Libertad, al que sumó su propia biblioteca personal, constantemente actualizada. Esta biblioteca se convirtió en una colección de aproximadamente 80.000 libros y manuscritos.
Antonio Pérez-Valiente de Moctezuma, quien visitó el petit hôtel en 1918, describió la Biblioteca Americana como de 50.000 volúmenes, instalada en un salón de 35 metros de largo por 10 de ancho, con un archivo en una salita adjunta. Cabe agregar que los volúmenes se agrupaban en secciones temáticas: Hispanoamérica, América del Norte, Argentina y países limítrofes, Ciencias Sociales, Ciencias Político-Económicas y Sociología. Su escritorio de trabajo había pertenecido a Alberdi.

El Ex Libris como Sello Personal
Ernesto Quesada puso su propio ex libris a los volúmenes de su biblioteca. Se trata de una estampa del artista Idrus, de 1915, de 70 x 100 mm. El texto en el soporte reza: "Ex Libris. Ernesto Quesada", y en el propio ex libris el lema Ars et scientia tenent cor meum. El motivo es una figura alegórica femenina junto a una columna, y otra sentada, leyendo en una biblioteca con cuadros, esculturas y un escudo heráldico.

Destino Internacional: La Biblioteca Quesada y el Instituto Ibero-Americano de Berlín
Búsqueda de un Destino para la Biblioteca
La publicación del testamento de Vicente G. Quesada en 1914 trajo consigo una oferta de adquisición de la biblioteca por parte de la Universidad de Washington, pero Ernesto Quesada no tenía apuro en deshacerse de ella, y la oferta estadounidense no le resultaba "demasiado simpática". También recibió ofertas de compra desde Europa, incluyendo la de la Universidad de Hamburgo, a través del Profesor Dr. Schädel.
Para cumplir con la voluntad testamentaria de su padre, de buscar una institución pública como destinatario de la biblioteca, Ernesto Quesada explicó que las negociaciones se llevaron a cabo inicialmente en 1923 con la Universidad de Buenos Aires, durante el rectorado del Dr. José Arce, quien manifestó su intención de adquirirla. Sin embargo, el gobierno adujo que no era posible.
Negociaciones con Alemania y la Donación a Prusia
Entonces, Quesada consideró a Alemania. Su propósito fue favorecido por la llegada a Buenos Aires del Dr. Schädels, de la Universidad de Hamburgo, como profesor visitante. Enterado de la oferta de la Universidad de Washington, Schädel pidió espontáneamente a Quesada que esperara antes de comprometerse hasta que él pudiera hacer la misma oferta para el Instituto Iberoamericano. Esta propuesta resultó a Quesada "más simpática que la norteamericana, porque cumplía mis deseos de una conexión espiritual más estrecha entre Argentina y Alemania".
Aunque los deseos del Prof. Dr. Schädel fracasaron debido a circunstancias externas, Quesada recibió en Bremen un telegrama del Prof. Dr. Gast, fechado el 16 de agosto de 1927, que se había adelantado a una carta del 2 de agosto. La carta contenía el pasaje: "Encontré gran interés en el asunto del destino de la biblioteca, por lo que me autorizaron para negociar en nombre del Ministerio".
Quesada se encontró con el profesor Gast en Lübeck, donde las negociaciones se llevaron a cabo verbalmente en nombre del Ministerio de Arte, Ciencia y Educación Pública de Prusia y concluyeron en pocos días. El 29 de agosto de 1927, la donación fue confirmada por el titular de dicho Ministerio, expresando: "Me gustaría trasladarle mi más sincero agradecimiento por su generosa voluntad de hacer que su biblioteca sea útil para la ciencia alemana. Espero que su realización redunde en una consolidación efectiva de las relaciones entre Argentina y Alemania". Entre otras condiciones, se dispuso que "La biblioteca se mantendrá y administrará conforme a los principios de la tecnología bibliotecaria y, sin perjuicio de su incorporación a una institución científica, llevará la denominación de Biblioteca Quesada". Prusia aceptó la donación. Finalmente, donó su biblioteca privada, de aproximadamente 80.000 libros y manuscritos, al Estado de Prusia en 1928, con la ambición de que fuera parte del patrimonio de los estudiantes.
Fundación e Inauguración del Instituto Ibero-Americano
La donación al estado prusiano fue el origen de la fundación del Instituto Ibero-Americano en Berlín (IAI) en 1930. Para octubre de 1929, la nueva institución que cristalizaba en torno a la Biblioteca Quesada ya tenía nombre: "Instituto Iberoamericano de Berlín". Se le asignó un edificio propio, un palacio neobarroco construido de 1896 a 1901 como Königlicher Marstall, las caballerizas reales de la corte prusiana hasta 1918. Además, se resolvía la incorporación de otras iniciativas previas al proyecto de Berlín.
Ernesto Quesada hubiera preferido que la institución se denominara "Instituto Latinoamericano", y de hecho así firmó, el día de año nuevo de 1930, desde su retiro suizo en Villa Olvido, el artículo que le solicitaron desde la revista Ibero-Amerikanisches Archiv: "Die Quesada-Bibliothek und das Lateinamerika-Institut" (La Biblioteca Quesada y el Instituto Latinoamericano), publicado en Berlín en abril de 1930.
El Instituto Ibero-Americano de Berlín se inauguró formalmente el 12 de octubre de 1930, Día de la Raza, dirigido por Otto Boelitz (1876-1951), ex ministro del Estado prusiano y eminente hispanista germánico. La nueva institución berlinesa, organizada en torno al núcleo principal de la Biblioteca de Vicente Quesada y de Ernesto Quesada, absorbió desde su constitución el Institut für Lateinamerikakunde (fundado en 1925 en Hamburgo), del que fagocitó unos diez mil volúmenes, y la Biblioteca Mexicana de la Universidad de Magdeburgo, organizada en 1925 por el geógrafo Hermann B. Hagen.
En el Día de la Raza de 1931, el Instituto Iberoamericano de Berlín celebró una brillante fiesta con la participación de diplomáticos de España, Portugal y América, y autoridades alemanas, destacando discursos del director Otto Boelitz, el ministro de Colombia, y el embajador de España, entre otros. El Instituto se consolidó como un centro de cultura y ciencia, cultivando las relaciones entre Alemania y América Latina. Una parte de los libros y de los manuscritos se perdió durante la Segunda Guerra Mundial.

El Contexto de la Sociología Argentina Post-Quesada
Transformaciones de la Sociología en el Período de Entreguerras
La sociología argentina de principios del siglo XX se caracterizó por su creencia en el progreso indefinido, con la misión de la disciplina de constituirse en una guía científica para promoverlo. La cuestión social, producto del aluvión inmigratorio, y la democracia, impulsada por la ley Sáenz Peña, fueron los temas centrales.
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial (1914-1918), que marcó el final del "largo siglo XIX", fue determinante para las modificaciones sustantivas en las ideas y perspectivas sociológicas en Argentina. El progreso comenzó a adquirir límites precisos, y las verdades sostenidas sin reservas se desvanecieron. La Reforma Universitaria de 1918, si bien no tuvo el mismo impacto en Buenos Aires que en Córdoba, marcó un quiebre en la historia institucional de la sociología en la capital, provocando el alejamiento de profesores relevantes, entre ellos Ernesto Quesada de algunas de sus cátedras. En este contexto de crisis y reorientación, la sociología en Buenos Aires dejó de ser objeto de reflexiones del calibre conocido hasta entonces, desplazando el eje productivo hacia otras casas de estudio, como Córdoba.
En la FFyL-UBA, Ernesto Quesada dedicó sus últimos años a la divulgación de la obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente, lo que reflejaba un cambio en las preocupaciones intelectuales y una apertura a corrientes de pensamiento menos optimistas sobre el destino de la civilización.
El Rol de Ricardo Levene y la Influencia Durkheimiana
En este contexto de transición, Ricardo Levene, quien había sido suplente de la cátedra de la FFyL-UBA desde 1911, se convirtió en el único heredero de la primera generación de sociólogos porteños. Levene ejerció la docencia en las cátedras de Sociología de la FFyL-UBA (suplente 1911-1921, titular 1922-1947) y de la FaHCE-UNLP (1924-1947). Sus primeros trabajos sociológicos, como Los orígenes de la democracia argentina (1911), estaban enmarcados en la sociología del Centenario, abordando la cuestión social y la democracia.
Durante el período de entreguerras, la sociología argentina se expandió, incorporando influencias de las sociologías alemana y, en menor medida, norteamericana. Sin embargo, la escuela francesa de Émile Durkheim y sus continuadores, agrupados en torno a L’Année Sociologique, mantuvo una primacía significativa en la enseñanza de la sociología en la FFyL-UBA. Levene fue, de hecho, considerado un representante local de la sociología francesa, dedicando gran parte de sus programas a la concepción de Durkheim y su escuela. A pesar de incorporar progresivamente a autores como Simmel, Stammler, Weber y Vierkandt a partir de mediados de la década de 1920, la mayoría de los textos propuestos en sus programas seguían perteneciendo a autores franceses, predominantemente durkheimianos.
Este panorama muestra una sociología en Buenos Aires que, aunque experimentó una merma productiva, logró un interesante aggiornamento en su enseñanza, bajo la dirección de Levene, quien consolidó una línea de pensamiento que, aunque diversa, mantenía fuertes raíces en la tradición francesa, sucediendo así a los pioneros como Quesada en la institucionalización de la disciplina.
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Últimos Años
Por motivos de salud y de su avanzada edad, en 1928, tras haber depositado en Berlín los seiscientos cajones de su biblioteca, Ernesto Quesada se asentó con su esposa, Leonore Deiters, en una villa que denominó "Villa Olvido" en la ciudad suiza de Spiez, cantón de Berna, en las proximidades del lago Thoune, en las montañas del Oberland bernés. El nombre de la villa tal vez reflejaba su estado de ánimo en ese tiempo, con un epígrafe que rezaba: "El gaucho en los Alpes".
Allí dedicó sus últimos años a preparar la publicación de los 30 tomos de las memorias de su padre, tarea que no llegó a terminar. Ernesto Quesada falleció a los 75 años, el 7 de febrero de 1934, en Spiez, Suiza. Su viuda Leonore pasó en aquella casa los últimos cinco años de su vida.
