La dieta vegana se define como aquella que rechaza el consumo de alimentos de origen animal. En ella no se consumen productos de origen animal, y consiste en un plan de comidas que incluye legumbres, hortalizas, semillas, verduras y frutas, excluyendo carne, pescado, lácteos, huevos, miel y gelatina. Los motivos que impulsan a las personas a seguirla son variados, incluyendo la salud personal, argumentos éticos, ambientales y económicos.
Definiendo el veganismo como un estilo de vida más ético que dietético, surge la pregunta sobre su diferencia con otros estilos nutricionales como el vegetarianismo. Ambos comparten la inclusión de legumbres, vegetales, cereales, hortalizas, frutas y semillas en la dieta, y en la mayoría de los casos, la aversión por comer carne. Sin embargo, los vegetarianos sí consumen otros productos de origen animal como huevos, miel o lácteos.
Motivaciones para adoptar una dieta vegana
- Salud personal: Muchas personas encuentran en este estilo de vida una forma de llevar a cabo una vida saludable alejada del consumo de productos procesados y con elevados contenidos de azúcares y grasas.
- Ética y derechos de los animales: Una parte significativa de los veganos adopta esta dieta por la preocupación hacia los animales y su bienestar.
- Argumentos ambientales: El impacto de la ganadería en el medio ambiente es una motivación para muchos.
- Coste económico: Una dieta que no incluye carne, pescado y lácteos puede ser más económica, aunque los productos vegetales frescos también implican un gasto.

Impacto de la dieta vegana en la salud
Existe evidencia que relaciona el tipo de dieta con ciertas patologías como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. La evidencia científica revisada coincide mayoritariamente en las ventajas y la mejora de las enfermedades no transmisibles, siendo la dieta vegana un cambio en el estilo de vida favorable para controlar los perfiles glucémicos, la pérdida de peso y un factor protector para reducir el riesgo cardiometabólico.
Obesidad y sobrepeso
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad y el sobrepeso como el acúmulo excesivo o anormal de grasa que puede resultar perjudicial para la salud. Cada año mueren aproximadamente 2,8 millones de personas en el mundo a consecuencia de la obesidad y el sobrepeso. Los pilares fundamentales para la prevención de este tipo de patologías son la dieta y la actividad física.
Según un ensayo clínico aleatorizado realizado con una muestra de 75 personas con sobrepeso, la dieta vegana supone un aumento en el consumo de carbohidratos y una disminución significativa en la ingesta de grasas y proteínas. Esto se traduce en beneficios como la disminución del peso corporal y la resistencia a la insulina. En este estudio, la intervención consistió en proporcionar una dieta vegana baja en grasas a la mitad de los participantes, mientras el resto continuó con su dieta habitual.
Se ha demostrado que una dieta a base de plantas reduce la cantidad de grasas saturadas y monoinsaturadas, aumentando las grasas poliinsaturadas. La disminución de la ingesta de grasas saturadas, trans o totales se asoció con una disminución de la masa grasa. A su vez, dicho cambio en la composición de ácidos grasos en la dieta se relacionó con una menor resistencia a la insulina. En este estudio, se demostró una relación inversa entre la ingesta relativa de ácidos linoleico (C18: n2) y α-linolénico (C18: 3 n3) y la resistencia a la insulina, ácidos grasos que se encuentran en una mayor proporción en la dieta vegana.
Además, la dieta vegana reduce los niveles de leptina, una hormona involucrada en la regulación del apetito y el peso. Al ser responsable de generar la sensación de saciedad, su reducción en patologías como la obesidad puede explicar el aumento de apetito.
Otro ensayo clínico aleatorizado con 244 voluntarios con sobrepeso u obesidad mostró que los participantes que siguieron una dieta vegana disminuyeron el peso en comparación con el grupo control.
Un estudio cruzado y aleatorizado comparó la dieta vegana frente a una dieta con carnes y quesos procesados en hombres con DMT2, hombres con obesidad y hombres sanos. Los hallazgos revelaron que la saciedad fue mayor en aquellos que siguieron la dieta vegana, lo cual puede estar motivado por el alto contenido de fibra de los alimentos de origen vegetal. El aumento de la saciedad, logrado gracias a la amilina (polipéptido amiloide sintetizado por las células beta pancreáticas), supone uno de los mayores desafíos en dietas para tratar y prevenir la obesidad y el sobrepeso.
Son varios los estudios que afirman que la dieta vegana tiende a reducir la ingesta calórica y energética, lo que contribuye a la pérdida de peso.
Enfermedades Cardiovasculares (ECV)
Las ECV son un conjunto de trastornos del corazón y los vasos sanguíneos que engloban hipertensión arterial, cardiopatía coronaria, enfermedad cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y enfermedad vascular periférica, entre otras. Encabezan la lista de defunciones a nivel mundial. Existe cada vez mayor evidencia científica que relaciona la dieta vegana con la protección frente al riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular.
Un metaanálisis de estudios observacionales que incluyó 40 estudios con 12.619 veganos y 179.630 omnívoros, comparó la dieta vegana con la dieta omnívora sobre los factores de riesgo cardiometabólico. La mayoría de los estudios coincidieron en que la dieta vegana tiene una asociación positiva con un mejor perfil cardiometabólico que la dieta omnívora.
Diabetes Mellitus Tipo 2 (DMT2)
La diabetes es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. La obesidad, el síndrome metabólico y la DMT2 están íntimamente relacionadas, compartiendo mecanismos de aparición, evolución clínica y factores desencadenantes.
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Posibles deficiencias nutricionales en dietas veganas
Dejando a un lado las múltiples ventajas, es necesario revisar qué consecuencias perjudiciales para la salud conlleva este tipo de alimentación. La deficiencia de vitamina B12 es muy común en personas que siguen una dieta vegana, ya que esta se encuentra exclusivamente en alimentos de origen animal. Entre los efectos negativos de su carencia se encuentran la anemia, fundamental en la síntesis de glóbulos rojos, y daños neurológicos, ya que contribuye al mantenimiento del sistema nervioso central.
Los estudios revisados señalan una disminución significativa de vitamina B12 en aquellos sujetos que llevan a cabo una alimentación vegana con productos naturales, algo que no se observa en quienes consumen productos fortificados. Un efecto grave de un nivel bajo de vitamina B12 se traduce en un impacto adverso en la función endotelial arterial y el grosor de la íntima-media carotídea.
En un estudio transversal, también se observó la carencia de calcio en participantes veganos. Aunque en años anteriores se intentó desvincularlo de las consecuencias de la dieta vegana, este hallazgo es relevante.
Veganismo y Trastornos Alimentarios
Motivada por el anhelo de controlar el peso o ponerse en forma, una parte significativa de la población manifiesta comportamientos, pensamientos o sentimientos disfuncionales con relación a la alimentación y al cuerpo. Esto es lo que los especialistas denominan “comportamiento alimentario disfuncional” o “trastorno del comer”, un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios.
Prevalencia en la población vegana
Un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) en Brasil investigó la prevalencia de comportamientos alimentarios disfuncionales entre los adeptos de la dieta vegana. El objetivo fue verificar si existía una asociación entre las conductas alimentarias disfuncionales y la opción por este tipo de dieta.
Al evaluar a un grupo de casi 1.000 individuos adeptos a estas dietas, observaron una prevalencia de conductas alimentarias disfuncionales casi diez veces menor que el promedio registrado en la población brasileña. Un estudio sugiere que entre las personas veganas el riesgo de padecer trastornos alimentarios es bajo.
Según Roschel, el hecho de que el 62% de los participantes informara que la preocupación con “la ética y los derechos de los animales” era su motivación para adherir a una dieta vegana -mientras que solamente un 10% mencionó “razones de salud”- ayuda a explicar la baja prevalencia de comportamientos alimentarios disfuncionales en el grupo estudiado.
A través de un cuestionario online, los investigadores de la USP recabaron información sociodemográfica y evaluaron el consumo alimentario de 971 personas mayores de 18 años de todo Brasil. En una segunda etapa, se analizaron los determinantes de las decisiones alimentarias. Los motivos “por necesidad y hambre”, “por gusto”, “por salud”, “los hábitos” y “las preocupaciones naturales” fueron los más importantes para esa población.
El investigador Roschel pone de relieve la importancia de realizar estudios adicionales con muestras probabilísticas más heterogéneas que incluyan evaluaciones cualitativas.
La anorexia nerviosa y el veganismo
La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario y una enfermedad mental grave. Las personas con anorexia intentan mantener su peso lo más bajo posible al no comer lo suficiente o al hacer demasiado ejercicio, o ambas cosas. A menudo tienen una imagen distorsionada de sus cuerpos, pensando que están gordas incluso cuando tienen bajo peso.
El caso de Cheltenham Ladies’ College, una escuela privada en el Reino Unido, ilustra la preocupación sobre este vínculo. La escuela realizaba análisis de sangre regulares a las alumnas veganas por temor a que la dieta vegana pudiera desencadenar trastornos alimentarios. Sin embargo, se cuestionó por qué no se realizaban tales análisis a alumnas cuyo peso se acercaba al límite de peligro, independientemente de su dieta, sugiriendo que el peso es un indicador más preciso. Este enfoque podría indicar un cierto nivel de discriminación contra las personas veganas.
Es posible que una persona que quiere evitar comer, debido a un trastorno alimentario, use el veganismo como justificación para rechazar comida. El periódico The Independent publicó la historia de Katie Alice Macdonald, una estudiante de música con anorexia que, tras ser internada, no se le permitió seguir una dieta vegana. Sin embargo, cuando se convirtió en paciente ambulatoria, usó el veganismo como una excusa para controlar su alimentación.
Ortorexia nerviosa
Además de la anorexia, existe la ortorexia nerviosa. Acuñada en 1997, significa una obsesión patológica con comer de manera saludable. Sin embargo, no es un trastorno alimentario reconocido oficialmente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales.
En un estudio realizado a principios de 2018, investigadores de la Universidad de Dusseldorf analizaron los comportamientos alimentarios ortoréxicos entre veganos, vegetarianos y personas a dieta. Encontraron que los veganos y vegetarianos puntuaron más alto en conductas alimentarias ortoréxicas que aquellos que comen carne roja. El estudio no pudo concluir el origen de este vínculo, pero Barthels sugirió que una explicación podría ser que el veganismo está asociado con la salud. Datos no publicados de un estudio anterior revelaron que solo los veganos que omiten alimentos de origen animal por razones de salud presentan niveles más altos de ortorexia.

Distinción clave: veganos éticos vs. dietéticos
Esta distinción es fundamental para comprender la relación entre veganismo y trastornos alimentarios. Un vegano ético sigue la definición oficial del veganismo, evitando toda explotación animal. Por otro lado, un vegano dietético solo adopta el veganismo en su dieta, sin extenderlo a otros aspectos de su vida.
Consideraciones para profesionales de la salud
Los profesionales de la salud tienen un papel clave en este tipo de patologías, debido a que el consejo dietético-nutricional, la prevención de hábitos de vida no saludables y el establecimiento de un plan de cuidados individualizado basado en el pacto con el paciente puede marcar la diferencia a la hora de establecer un cambio en la conducta del paciente.
Es importante ayudar a incrementar la proporción y calidad de las opciones veganas disponibles para que aquellas personas que sufren trastornos alimentarios puedan seguir viviendo en acorde con su filosofía vegana sin riesgo a que su enfermedad empeore. No se esperaría que la salud mental de los pacientes mejore si se les obliga a abandonar una filosofía que consideran un imperativo ético.