La Salmonicultura Chilena: Historia, Impacto y Futuro

Chile ha recorrido un largo camino para convertirse en uno de los principales exportadores de salmón a nivel mundial. Lo que comenzó como un experimento de colaboración público-privada impulsado por Fundación Chile y agencias como CORFO en la década de los años setenta del siglo pasado, hoy posiciona a Chile como el segundo mayor productor mundial de salmón, con más de 1,07 millones de toneladas producidas en 2022.

Mapa de las regiones salmonicultoras en Chile, destacando las principales zonas de producción

Orígenes y Pioneros de la Salmonicultura

Si bien en el siglo XIX se introdujeron salmones y truchas con fines recreacionales en ríos y lagos de Chile, no fue hasta mediados de los años 70 que se inició el camino hacia la actividad acuícola industrial. El Estado jugó un rol en el origen y fortalecimiento de la acuicultura. A mediados de los 80, Fundación Chile lideró el conocimiento, la transferencia tecnológica y la instalación de emprendedores y empresas de capitales tanto chilenos como de Japón, Noruega y EE.UU.

De esta forma, el cultivo de salmón pasó de los intentos de ranching (liberación de juveniles en ríos y lagos, que son capturados una vez maduros) a la producción en sistemas cerrados y controlados, constituyéndose en una verdadera macroinnovación en el territorio sur austral. En entrevista con Mundo Acuícola, Alfonso Muena repasa los orígenes de la salmonicultura chilena y los hitos que marcaron su desarrollo, desde la primera piscicultura privada hasta el despegue exportador. A cincuenta años del inicio formal de la salmonicultura en Chile, el testimonio de Alfonso Muena Rodríguez permite reconstruir las bases técnicas, institucionales y humanas de una de las principales actividades productivas del sur austral.

Muena, cofundador de la primera empresa salmonera privada del país, participó en la creación de la primera piscicultura privada en Chile y en la consolidación del cultivo de salmón como actividad exportadora. “La piscicultura en el lago Llanquihue, que inició sus actividades salmoneras el 14 de agosto, se puso en marcha con un crédito regional de 200 mil dólares. Esto partió en la región, con fondos regionales, a través de Corfo regional”, señala Muena.

Muena recuerda que la articulación entre profesionales del sector, servicios públicos como Sercotec y agricultores de la zona permitió constituir la empresa Lago Llanquihue Limitada, cuya primera piscicultura “Río Pescado” fue inaugurada en 1975. Aquel hito dio inicio al ciclo industrial del cultivo de peces en agua dulce y sentó las bases para lo que luego sería la salmonicultura marina. “El 14 de agosto se inauguran las actividades salmoneras en Chile. La finalidad de esta empresa fue, desde el inicio, exportar. La primera exportación se realizó en 1978: veinte toneladas enviadas al mercado francés”, relata.

A partir de esa experiencia, se abrió paso un modelo productivo que demostraría su viabilidad económica, biológica y tecnológica, y que atrajo el interés de inversionistas internacionales. Uno de los hitos de esta etapa fue la llegada de la empresa japonesa Nichiro, que, según recuerda Muena en su libro Se hace salmón al andar, fue, a través de la confirmación de Nichiro Chile, “la primera empresa en engordar salmón coho en el país, con ovas traídas desde el hemisferio norte e incubadas en nuestra piscicultura de Río Pescado. Esos smolts se fueron al mar en septiembre de 1979 y se convirtieron en los primeros salmones que ingresaron a aguas chilenas para su cultivo en jaulas”. Esta experiencia validó la viabilidad del cultivo marino, marcó el inicio de una nueva etapa para la industria y consolidó el interés internacional por el salmón chileno.

Fotografía histórica de la primera piscicultura en Chile o balsas jaulas iniciales

Desafíos Iniciales y Construcción Territorial

Como todo emprendimiento, sus inicios fueron difíciles. Las nacientes empresas encontraron complejidades logísticas para el traslado de infraestructura, especialmente para las balsas jaulas, en zonas sin caminos o de estado muy precario. Costaba conseguir materiales en Castro, Ancud e incluso Puerto Montt. Además, la mano de obra carecía de experiencia en este tipo de cultivo. Los carpinteros de ribera y los operadores de lanchas, particularmente de la pesca artesanal, dieron gran soporte inicial, así como las pensiones, hoteles, ferreterías y pequeñas empresas de camiones y transbordadores.

Tras las primeras exportaciones exitosas, el desafío era consolidar un modelo territorial viable para el cultivo de salmón en el sur del país. En 1979, mientras aún formaba parte de Piscicultura Lago Llanquihue, Alfonso Muena lideró un estudio encomendado por el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (INTEC) de Corfo y posteriormente licitado por la Secretaría Regional de Planificación y Coordinación (Serplac). El objetivo era identificar los lugares más aptos para el cultivo de salmónidos, mitílidos y ostras en la entonces Décima Región.

Hasta ese momento, la salmonicultura seguía siendo una actividad incipiente, con pocos antecedentes en jaulas y apenas una experiencia reciente por parte de la empresa japonesa Nichiro en Chinquihue. La idea de realizar una prospección territorial específica surgió de la convicción de Muena sobre el potencial productivo del litoral austral, y fue socializada entre colegas del ámbito pesquero y autoridades regionales, hasta que Serplac acogió la propuesta y abrió un proceso formal de licitación. Con una proyección inicial de 11.812 toneladas anuales, que hoy parece modesta frente al millón de toneladas que produce la industria, el estudio fue el primero en sistematizar parámetros técnicos, ambientales y económicos para el desarrollo acuícola del sur de Chile.

A juicio de Muena, su impacto fue decisivo para orientar inversiones, sustentar decisiones públicas y abrir el camino a un crecimiento que en pocos años desbordaría cualquier estimación original. A partir de esos antecedentes, distintos actores comenzaron a solicitar concesiones en zonas estratégicas, lo que dio paso a un proceso de crecimiento que, con el tiempo, fue acompañado por inversión extranjera y nuevas capacidades tecnológicas.

Relación con la Comunidad y Sostenibilidad

En los primeros años, la interacción con la comunidad local era activa y cercana. Dueños, ejecutivos, técnicos y asesores se radicaban en la zona junto con sus familias, se integraban y eran percibidos como gestores de una actividad que desarrollaba negocios y capacidades locales. Posterior a los primeros años de instalación, el sector no atendió suficientemente aspectos que enfriaron la relación con la comunidad.

La salmonicultura puso sus énfasis en el aumento de la producción y en la diversificación de productos y mercados, postergando el desarrollo de conocimientos, tecnologías, innovación y estudios para mitigar impactos ambientales y sanitarios. Se evidenciaron las consecuencias al producirse los primeros eventos sanitarios que mostraban un grado de fragilidad que podía impactar el trabajo y el ambiente. Hoy, mientras el cambio climático amenaza con alterar las condiciones ambientales críticas para la producción de salmón, la industria enfrenta un llamado urgente a fortalecer sus capacidades de adaptación y diversificar las economías regionales. El problema es que estos desafíos influyen directamente en la huella ambiental.

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Crisis, Recuperación y Aprendizajes

Crisis como el brote del virus ISA entre 2007 y 2010, que redujo la producción en un 80%, y las floraciones de algas nocivas de 2016, que afectaron un 20% de la producción, han puesto en evidencia la vulnerabilidad del sector frente a las amenazas ambientales. La reacción del sector y de la autoridad sectorial permitieron implementar en tiempo récord un conjunto de medidas que fueron mejorando las prácticas y la normativa existente.

En este esfuerzo, el Instituto Tecnológico del Salmón (INTESAL) jugó un rol muy relevante. Asimismo, se desarrolló con la banca un proceso de repactación financiera para darle viabilidad a las empresas que abarcaba no solo a productores, sino también a proveedores. Fue un esfuerzo inédito de cooperación pública, privada y académica en la acuicultura mundial, que permitió superar la crisis en cerca de tres años. La salmonicultura chilena no solo recuperó los indicadores de productividad, sino que los superó largamente.

Como aprendizaje, quedó que el alcance económico y social del sector en el territorio requiere un permanente respeto, cooperación y mutuo cuidado entre empresas y comunidad. Con el 100% de la producción certificada, la industria del salmón en Chile demuestra su compromiso con un futuro más sostenible.

Impacto Socioeconómico Transformador

La industria del salmón Atlántico en el sur de Chile ha tenido un efecto transformador que va mucho más allá de las granjas que pueden verse en el paisaje. El impacto no se mide solo en toneladas. Los habitantes de Los Lagos, Aysén y Magallanes han ido viendo que, a medida que la producción crecía, el empleo directo en actividades como la crianza de smolts, el cultivo en granjas flotantes y el procesamiento en plantas alcanzó más de 39.000 puestos de trabajo en 2018.

La estabilidad de estas oportunidades revirtió patrones migratorios. Los Lagos, una región que hasta la década de 1980 perdía población a un ritmo de 8,1 personas por cada mil habitantes, comenzó a registrar tasas positivas a partir de 2002. Así se refleja en un reciente estudio de investigadores de la Universidad de Florida en Estados Unidos, publicado en la revista científica Reviews in Aquaculture. Según describen los autores de este trabajo, uno de los logros más notables de la industria ha sido la reducción de la pobreza. Además, la industria ha demostrado ser un baluarte contra la desigualdad de ingresos. Con un coeficiente de Gini de 0,27, la distribución salarial dentro del sector es más equitativa que el promedio nacional (0,49).

Infografía mostrando la evolución del empleo y la reducción de la pobreza en las regiones salmonicultoras

Liderazgo Femenino y Formación Especializada

En las plantas de procesamiento, el rostro de la fuerza laboral ha cambiado. Para 2008, el 60% de los trabajadores en este sector eran mujeres, desafiando normas culturales y rompiendo barreras de género en comunidades rurales. Este fenómeno ha sido particularmente evidente en lugares como Ancud, donde la participación femenina en la fuerza laboral casi se duplicó, pasando del 26,6% en 1996 al 48% en 2009. Un ejemplo transformador fue el liderazgo de las mujeres, quienes se dedicaban a los peces, fileteaban y vendían, logrando que se les reconocieran como líderes de la actividad.

La educación y la especialización han venido de la mano del crecimiento económico. Universidades como la Austral y el INTESAL han adaptado sus currículos para formar a profesionales y técnicos especializados en acuicultura, cimentando el futuro de la industria.

Visión de Futuro: Innovación, Sostenibilidad y Cooperación

A medio siglo del inicio de la salmonicultura industrial en Chile, Alfonso Muena mantiene una visión clara sobre las condiciones estructurales que han hecho posible su desarrollo: la estabilidad ambiental del litoral chileno, el conocimiento acumulado por los equipos técnicos, y la articulación público-privada en los momentos fundacionales. Advierte, sin embargo, que el crecimiento futuro dependerá de recuperar la confianza institucional, mejorar la planificación a largo plazo y visibilizar la legitimidad productiva del sector ante la ciudadanía.

“Chile perfectamente podría aspirar a duplicar su producción si se alinearan los incentivos adecuados, si existiera una mirada de largo plazo y si se lograra recuperar la confianza en el sector. Las condiciones técnicas están, el conocimiento también, pero aún falta convicción por parte del Estado”, sostiene Muena. Desde su perspectiva, uno de los principales déficits actuales es la escasa defensa institucional de la actividad ante las críticas públicas. Muena cuestiona la falta de un discurso claro por parte del Estado para respaldar una industria fiscalizada, con estándares sanitarios exigentes y aceptación internacional. A su juicio, el silencio oficial ha contribuido a que se instalen percepciones erróneas en torno al impacto ambiental de la salmonicultura, sin un adecuado contraste con datos técnicos verificables.

Hacia una Acuicultura Circular e Innovadora

La sostenibilidad de la acuicultura es un pilar fundamental para el futuro. Es importante considerar que el problema no radica en el plástico en sí, sino en su gestión. No se trata de eliminar el plástico, sino de mejorar su uso y la gestión de residuos, ya que esto puede significar trasladar el impacto de un ecosistema a otro. La circularidad es clave, generando triple impacto económico, ambiental y social.

El trabajo colaborativo con comunidades costeras es esencial. El sindicato de pescadores artesanales de Aysén es un ejemplo de esta colaboración, uniendo a empresas, universidades y comunidades locales para construir confianza. Esta cooperación permite la aplicación de un modelo circular reconocido internacionalmente, transformando un pasivo ambiental en un activo productivo, como el reciclaje de plásticos como cabos y redes en desuso.

La acuicultura puede transformarse en motor de desarrollo comunitario y resiliencia, generando modelos replicables que tengan impacto real en la reducción de huellas internacionales. Existen ventajas comparativas para innovar en acuicultura oceánica con una comunidad que entiende la importancia de producir alimentos localmente. Proyectos como los exoesqueletos buscan ofrecer soluciones concretas para disminuir y reducir riesgos laborales, como el manejo de cargas en posiciones incorrectas, y ya se están aplicando en Chile con muy buenos resultados, buscando una implementación a mayor escala.

Nuevos Modelos y Colaboración

AquaPacífico, por ejemplo, trabaja en tecnologías para diversificar la acuicultura, acompañando a pescadores artesanales y emprendedores en procesos de capacitación y formalización en las economías locales que desarrollan en sus territorios. Este acompañamiento genera un ciclo virtuoso a través de la participación en sistemas productivos como la salmonicultura.

En Misiones, se fortalecieron a 180 familias piscicultoras, cultivando seis especies y alcanzando a más de 200 familias, con resultados significativos en ambientes, sociedades y economías. La historia de la salmonicultura chilena es un relato de evolución, resiliencia y búsqueda constante de equilibrio entre producción, impacto social y sostenibilidad ambiental, con un potencial enorme para el futuro.

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