Historia y Funcionamiento de los Molinos Harineros en Chile (1700-1845)

Este artículo tiene como objetivo examinar los molinos harineros de Chile entre 1700 y 1845. El punto de partida de la investigación es la relevancia del trigo en la economía chilena.

El Trigo como Eje de la Economía Chilena y el Surgimiento de Molinos

Durante tres siglos, el trigo fue la principal exportación de Chile, pues sus agricultores asumieron la misión de abastecer al virreinato de Perú, el gran centro político y económico del imperio español en América del Sur. Este fenómeno ha sido abordado por la literatura especializada (Carmagnani, 1969, 2001; Cavieres, 1996; Ramos, 1967; Ramón y Larraín, 1982). En cambio, su consecuencia lógica, el surgimiento de molinos harineros, sólo ha sido estudiado en forma acotada (Cubillos y Muñoz, 2014; Figueroa, 2006, 2010; Gay, 1973; Muñoz, 2011; Premat, 2015; Retamal, 2006; Urbina, 2016). El presente artículo examina los molinos chilenos en su conjunto durante el periodo tradicional, desde comienzos del siglo XVIII hasta mediados del XIX.

Comparativa con México y el Cono Sur

Desde una perspectiva latinoamericana, el caso de México representa un polo de referencia ineludible para el presente trabajo, con las prevenciones del caso. En el virreinato de Nueva España, los molinos alcanzaron un notable nivel de desarrollo, tal como ha demostrado la literatura especializada (Artís, 1986; Espinosa, 2012; Gómez, 2007, 2016; López, 2002; Morales, 2008, 2010; Morales, 2006; Rojas, Gutiérrez, y Pérez, 2014). La magnitud de los molinos harineros mexicanos, y la bibliografía generada sobre el tema, plantea una notable asimetría con el Cono Sur de América, donde los molinos eran más pequeños y las obras sobre el tema son todavía incipientes. Llevará un tiempo cerrar la brecha y generar más estudios sobre los molinos de Chile y Argentina para alcanzar el nivel de detalle alcanzado por la historiografía mexicana.

Esquema comparativo de molinos en Hispanoamérica

Como ocurrió en otras regiones del continente, fundamentalmente en Nueva España (Artís, 1986), los molinos chilenos fueron fundamentales en el desenvolvimiento de la agricultura del trigo, la elaboración de la harina y, más que nada, la manufactura del pan cotidiano (Morales, 2008, pp. 136 y 139). En este artículo nos adentramos en la temática para conocer cómo y cuántos eran los molinos de Chile, dónde estaban y cuáles fueron sus implicancias sociales y culturales.

Metodología de Investigación y Fuentes

Para despejar estas incógnitas se han compulsado documentos originales inéditos del Archivo Nacional Histórico de Santiago de Chile (en adelante ANH), principalmente los fondos notariales y judiciales de La Serena, San Felipe, Santiago, Rancagua, San Fernando, Cauquenes y Parral. Las fuentes empleadas, prioritariamente títulos de venta o traspaso y testamentos de molineros, explicitan detalles relativos a la factura, funcionamiento y distribución geográfica de los molinos.

Descripción de la Documentación

En algunos casos, los notarios se limitaron a mencionar la existencia del molino con fórmulas estandarizadas como "molino de pan", o "molino de pan corriente", o "molino con sus aderezos". En otras oportunidades, los escribanos ampliaron la información, entregando detalles de los edificios del molino y la casa del molinero, las instalaciones y equipamiento, los valores de tasación y las condiciones en que se encontraban. Esos son los datos que nos ha interesado reunir para crear una representación fundamentada de este importante instrumento de la economía triguera.

MOLINO DE VIENTO gigante para elaborar HARINA a través de la molienda ancestral del trigo

En forma complementaria, se ha considerado también el patrimonio molinero actualmente existente como fuente de información. Se han realizado salidas a terreno para levantar registros de los molinos de Orfila (Junín, Mendoza, Argentina), jesuitas (Mendoza) y Pañul (región de O’Higgins, Chile). Durante estos viajes y visitas, realizados entre 2016 y 2017, fue posible observar las piedras soleras de los molinos mendocinos y el molino completo, todavía en funcionamiento, localizado en Pañul. La observación de estos objetos ha enriquecido la interpretación de los datos documentales y fortalece la posibilidad de realizar en Chile análisis de las estrategias de localización industrial y arqueología propuesta por Morales (2010).

Introducción y Primeros Molinos en Chile

Los molinos fueron introducidos en Chile de manera paralela al trigo. Luego de la fundación en 1541 de la ciudad de Santiago, tanto el trigo como los molinos aparecieron con rapidez. Desde esos primeros días pasarían a ser parte del proceso de europeización tanto del paisaje como de la economía local. Leyéronse peticiones, proveyose y diosele licencia a Bartolomé Flores, vecino de esta ciudad, para que pueda edificar un molino por cima de esta ciudad, a las tomas de las aguas del cerro de la hermita de Santa Lucía, con que sea en parte sin perjuicio de las aguas que vienen a esta ciudad, y de las heredades y tierras que en aquella comarca están o estuvieren de aquí adelante.

Propietarios Pioneros de Molinos Hidráulicos

Los primeros españoles autorizados a tener molinos hidráulicos fueron Bartolomé Flores, Rodrigo de Araya y Juan Jufré. En 1556 se sumó a este privilegio Francisco Riberos, quien solicitó “una herida para hacer un molino, que es más arriba del molino de Juan Jufré”. Teniendo en cuenta que el molino sería construido en tierras y chácaras de su propiedad, el cabildo accedió sin problemas a esta petición. De acuerdo con el pedimento, el molino sería construido “arriba del molino de Juan Jufré, en una punta del cerro que está allí, lo cual está vaco y alinda de la dicha mi chacra”. Para su construcción, el cabildo ordenó la entrega de dos solares, “con tanto que el agua de la acequia vuelva a la misma madre por donde va ahora”.

Ilustración de un molino hidráulico colonial

Posteriormente, en 1568, cuando Flores ya había donado su primer molino al Hospital de Pobres de la ciudad, solicitó permiso para construir un segundo molino en el mismo lugar. Luego de tomar pareceres, el cabildo autorizó esta segunda construcción con dos condiciones: primero, que Flores no trajese más agua por la acequia existente, y, en segundo lugar, que construyese un puente de carretas sobre la misma.

Expansión de la Red de Molinos y la Producción de Trigo

La red de molinos chilenos creció en forma paralela a la producción de trigo. La sostenida demanda de Perú alentó a los agricultores a multiplicar sus sementeras, y mientras más trigo se obtenía, más útiles eran los molinos. Durante más de tres siglos, Chile fue el mayor productor triguero de América del Sur. El mercado peruano generó una demanda sostenida a lo largo de todo el periodo.

Aumento de la Producción y Exportación

Hacia mediados del siglo XVII, las 400 estancias chilenas producían entre 18 000 y 19 000 fanegas de trigo (Solórzano y Velazco, 1657, p. 436). La demanda local siguió aumentando, lo mismo que las exportaciones. Estas subieron de 125 000 fanegas en 1744 a 150 000 en la segunda mitad de esa centuria. Hacia fines del siglo XVIII, la producción chilena de trigo llegó a cerca de las 300 000 fanegas (Ramón y Larraín, 1982).

Gráfico de producción de trigo en Chile durante el periodo colonial

Influencia Española en la Tecnología Molinera

El ciclo del trigo chileno coincidió con el ciclo de expansión y consolidación del molino colonial español. El modelo desarrollado en Chile era heredero de los molinos grecorromanos, mejorados con las innovaciones aportadas por los árabes en la Edad Media. En tiempos del Renacimiento, los españoles alcanzaron un notable dominio de las técnicas molineras (Turriano, 1996).

Propagación de Molinos en el Nuevo Mundo

Tras el descubrimiento de América, los españoles trasladaron estos saberes al Nuevo Mundo y los propagaron por todo el continente. Los molinos medievales españoles se propagaron rápidamente por el Nuevo Mundo. En México se instalaron más de tres centenares de molinos (Espinosa, 2012; Gómez, 2007, 2016; Morales, 2006). La ciudad de México consumía anualmente 15 000 000 de kilogramos de trigo, y se abastecía principalmente de quince molinos durante el siglo XVIII y buena parte del XIX (Artís, 1986). En América Central no alcanzaron cifras tan elevadas, pero estuvieron presentes y dejaron su marca en los paisajes culturales (Solórzano, 1986). En Colombia también se destacaron por su actividad e influencia (Satizábal, 2004; Trujillo, Torres, y Conde, 2000), lo mismo que en el virreinato de Perú (Bell, 2016).

También estuvieron presentes en el espacio rioplatense, tanto en Buenos Aires (González, 1995) como en el noroeste argentino (Andrada, 2003; Sica, 2005) y en Cuyo (Figueroa, 2006). Los molinos funcionaban como referentes del paisaje, tal como se refleja en memorias de la época (Araoz, 1921).

Evolución de los Ciclos Tecnológicos de Molienda

Los ciclos tecnológicos se definieron por los cambios en la capacidad de molienda de granos, en la cual se distinguen tres etapas.

Primera Etapa: Molienda Prehispánica

La primera corresponde al periodo prehispánico, cuando el cereal (principalmente maíz) se molía manualmente en recipientes de piedra o conanas; con este recurso se podía obtener un kilogramo de harina en una hora de trabajo.

Segunda Etapa: Molino Hidráulico Español

El segundo ciclo comenzó en el siglo XVI con la incorporación del molino hidráulico español; este permitía moler 180 kg de trigo por hora (Satizábal, 2004, p. 26). En el Chile colonial, estos molinos molían normalmente entre seis y ocho fanegas diarias (una fanega equivale a 103.5 kg); con el tiempo se fueron perfeccionando y en la década de 1840 llegaron a moler 50 fanegas diarias (Gay, 1973, p. 52).

Tercera Etapa: Molinos de Vapor

La tercera etapa se abrió a mediados del XIX, con la incorporación de molinos de vapor. En 1853 ya funcionaba uno en Chile capaz de moler 350 fanegas por día (Gay, 1973, p. 53).

Expansión Geográfica y Regulación de Molinos en Chile

Como se ha dicho al comienzo de este trabajo, los molinos se propagaron en Chile favorecidos por la abundante producción triguera. Todos los partidos y corregimientos chilenos, desde Copiapó hasta la frontera araucana, vieron surgir los molinos harineros, establecimientos vitales para asegurar el abastecimiento de la población urbana y rural. En 1548 ya funcionaban cuatro molinos en Santiago. El cabildo comenzó rápidamente a establecer reglamentos para evitar abusos por parte de los molineros. En 1569 se dispuso la obligación de tener balanzas para pesar la harina (Gay, 1973).

Crecimiento en Ciudades Chilenas y el Rol Jesuita

A medida que se produjo la paulatina ocupación europea del país, los molinos se expandieron pronto a otras ciudades chilenas. Durante este segundo ciclo, que tuvo lugar en el siglo XVII, se registraron seis molinos en Mendoza (Figueroa, 2006), diez en Maule Sur (Retamal, 2006, p. 122) y doce molinos en Colchagua (Cubillos y Muñoz, 2014; Muñoz, 2011). Notables aportes realizaron también los jesuitas, que levantaron molinos en casi todas sus haciendas (Bravo, 2005; Bunster, 1980; Hanisch, 1974; Premat, 2015; Ramón y Larraín, 1982).

Mapa de distribución de molinos en el Chile colonial

Expansión en el Siglo XVIII y el Censo de 1813

Un tercer ciclo de expansión se produjo en el siglo XVIII, tanto en el espacio jesuita como entre los campesinos laicos. En Mendoza se registraron 23 molinos en esta centuria (Figueroa, 2006). Una de las molineras más famosas fue doña Melchora Lemos, mujer emprendedora de destacada trayectoria (Lacoste, 2006).

El censo de 1813 realizado en el obispado de Santiago, desde Copiapó hasta el río Maule, excluyendo la ciudad de Santiago, detectó 274 000 habitantes y 350 molinos. Ello implicaba una densidad de un molino por cada 782 habitantes.

Estimaciones para Santiago y Concepción

Nota: Chile tenía dos obispados: el de Santiago (de Copiapó hasta el Maule) y el de Concepción (desde el Maule hacia el sur). El censo de 1813 registró los molinos solamente en la mitad de los territorios de Chile, pues las precarias condiciones del gobierno patriota impidieron completar el relevamiento fiscal. De todos modos, a partir de fuentes complementarias se puede reconstruir, tentativamente, el escenario capitalino. Por un lado, de acuerdo con los estudios de Ramón (2001) se estima que la población de la ciudad de Santiago rondaba los 50 000 habitantes. Se sabe que en los alrededores de la ciudad se cultivaban grandes cantidades de trigo (Ramón y Larraín, 1982).

Algo parecido ocurre con el obispado de Concepción. De acuerdo con los registros de la década de 1770, en esos territorios se producían 130 000 fanegas de trigo, equivalentes a la producción de Rancagua, Colchagua y Talca (Carmagnani, 2001). El trigo sureño no se exportaba, sino que se dedicaba casi totalmente al mercado interno, lo cual requería de molinos. Por lo tanto, es posible que, entre la ciudad de Santiago y el obispado de Concepción, además de tener una cantidad de población parecida a las catorce provincias registradas, también tuviera similar presencia de molinos. Ello implica que, para finales del periodo colonial, Chile tenía aproximadamente 700 molinos. Registros posteriores tienden a avalar este cálculo. En efecto, el censo de 1843 anotó 1 271 molinos en Chile (Gay, 1973).

Chile: Principal Polo Molinero de América Latina

Los números son elocuentes. Los 1 271 molinos hidráulicos registrados en 1843 y los 350 identificados en la mitad del país en 1813 configuran una revelación concluyente: Chile fue el principal polo molinero de América Latina.

MOLINO DE VIENTO gigante para elaborar HARINA a través de la molienda ancestral del trigo

Tipos de Molinos Coloniales en Chile

En la cultura española, los molinos habían alcanzado un notable nivel de desarrollo en el siglo XVI, tal como se reflejó en la obra atribuida a Juanelo Turriano (1996). Este, en su Tratado sobre los ingenios y máquinas, dedica un capítulo completo a los molinos, en el cual se demuestra que los españoles utilizaban cuatro variantes:

  • Molino de viento
  • Molino de sangre (tahona)
  • Molino de agua con rueda vertical y engranajes (aceña)
  • Molino de agua con rueda horizontal (rodezno)

Transmisión de Técnicas Molineras a América

Estas técnicas llegaron a España durante la conquista romana y se fortalecieron en la Edad Media con los aportes de los ingenieros árabes. Tras llegar a América, los españoles trasladaron estos saberes a las tierras conquistadas. En México levantaron molinos de rodezno, mayoritariamente, junto con algunas tahonas, sobre todo para asegurarse el servicio de molienda en tiempos de sequía. En América Central, Colombia y Perú también predominaron los molinos hidráulicos de rodezno, lo mismo que en el centro y oeste de la actual Argentina. En Buenos Aires, en cambio, se usaron molinos de viento y de sangre (tahonas).

Los molinos de viento se instalaron en el siglo XVI, pero no dieron buen resultado y comenzaron a desaparecer a partir de la década de 1610. Reaparecieron luego en las haciendas jesuitas, pero en cantidades acotadas.

Características de los Molinos Coloniales Chilenos

¿Cómo eran los molinos coloniales chilenos? La presencia de tahonas y molinos de viento fue totalmente marginal en Chile. Los registros de molinos de sangre fueron muy acotados y vagos. Según Claudio Gay (1973), “antiguamente había molinos que eran movidos por animales y hasta por hombres. Esto sucedía en ciertas localidades donde apenas había agua, y la que había, carecía de bastante fuerza para servir de motor” (p. 52). Más adelante, el autor menciona también molinos de viento: “En las alturas de Valparaíso se habían construido molinos de viento, los que desde 1830, época en que se imaginó su construcción por primera vez, han contribuido por su parte a satisfacer las necesidades de este comercio; pero esto no basta todavía y se tuvo que recurrir a los molinos de vapor” (p. 53).

Los documentos de archivo confirman las impresiones del sabio francés. Sólo se detectó una tahona, pero no se usaba para moler trigo: era un molino de pangue situado en el valle de Limarí, corregimiento de Coquimbo. Y los molinos de viento no fueron registrados en inventarios de bienes ni en testamentos. Tampoco se usaron molinos de aceña. Los molinos chilenos formaban parte de un conjunto productivo diversificado.

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