Celso Piña Arvizu, conocido como "El Rebelde del Acordeón", fue uno de los máximos exponentes de la cumbia en América y un pionero en la fusión de ritmos. Su vida es una historia de esfuerzo y perseverancia, una narrativa de un personaje que se enfrentó contra lo establecido y salió triunfador. El mejor homenaje a un músico es escuchar su música, y Celso Piña dejó un legado imborrable que sigue resonando.

Orígenes y Primeros Años en Monterrey
Celso Piña Arvizu nació en Monterrey, Nuevo León, el 6 de abril de 1953. Fue el primogénito de nueve hermanos, cuatro varones y cinco mujeres, hijos de Don Isaac Piña Marroquín y Doña María Arvizu Córdova, vecinos de la Colonia Nuevo Repueblo. La familia Piña Arvizu creció en La Campana, un barrio humilde en las montañas de Monterrey.
Desde muy chico, a los siete u ocho años, Celso empezó a trabajar para apoyar a su familia. Su trayectoria laboral fue variada y ardua: vendió fruta, repartió tortillas, fundió acero, puso alfombras y molió maíz. En una ocasión, cuando faltó el molinero en una tortillería, Celso, siendo aún un niño, se ofreció a sustituirlo, moliendo el nixtamal. Una de sus últimas ocupaciones antes de dedicarse por completo a la música fue como ayudante de intendencia en el Hospital Infantil de Monterrey, donde también trabajaba su padre, Isaac.
“En Tampiquito tuve mi primer empleo. Fue con un señor que vendía tierra, lo hice por gusto, era tierra para las matas, iba en un carretón tirado por un caballo”, recordó Piña. Luego trabajó en una tienda con su tío, donde los clientes se aprovechaban de su bondad. Celso no fue un estudiante sobresaliente, obteniendo calificaciones de 7 o 6, pero nunca reprobó un año. Sin embargo, pese a todos los fracasos y la dureza de la vida, nunca se desanimó; al contrario, fueron un aliciente para forjar un mejor futuro.
Descubriendo la Música Colombiana y el Acordeón
El primer recuerdo musical de Celso Piña es el mambo de Pérez Prado que salía en las películas de Adalberto Martínez. Desde chico bailaba y hacía música, y sus amigos le decían "Tarola" o "Resortes" por su habilidad para el baile. Aunque no recordaba una atracción particular por la música en su niñez, sí reconocía un buen oído.
En los barrios de Monterrey, como la Colonia Independencia donde creció Celso, la tradición sonidera se remontaba a los años sesenta. Los sonideros ponían cumbias y vallenatos, ritmos que predominaban y que Celso escuchaba. En La Campana no se escuchaba la música colombiana que tanto le gustaba, sino polkas, huapangos y chotis, géneros que no le atraían. Se acercaba a los sonideros para pedirles que le mostraran sus discos, y todos los que le llamaban la atención eran de música colombiana, la cual era difícil de conseguir en México.
La influencia de artistas como Alfredo Gutiérrez, ex integrante de Los Corraleros del Majagual, y Aníbal Velásquez fue crucial. Celso los escuchó en bailes de cintas y quedó cautivado. "Me llamó mucho la atención el ritmo de Los Corraleros del Majagual y hasta hoy me sigue pareciendo la agrupación más grande que ha dado Colombia", afirmó en una entrevista.
Fue en 1980 cuando su padre, Don Isaac, le consiguió un acordeón. Era un instrumento viejo, roto del fuelle, del que al tocarlo salieron polvo y cucarachas. Sin embargo, una vez reparado con cinta médica, "quedó muy bien". Este fue el inicio de su inmersión en el mundo de la música vallenata. Celso Piña fue un autodidacta del acordeón; no asistió a ninguna escuela de música, sino que a base de tocar y ensayar una y otra vez, formó su propio estilo. Se tardó tres meses en sacar su primera canción, solo de oír discos y replicar los sonidos.

Formación de la Ronda Bogotá y los Primeros Desafíos
Con la ilusión de formar su propio grupo y con el "gusanito de la música", Celso se integró a otros grupos musicales de género tropical, donde tocaba la tumba, el güiro, las maracas o el bajo. Sin embargo, él quería más: quería su propia agrupación musical para tocar "música bailable", cumbias.
En 1975, Celso Piña fundó La Ronda Bogotá junto a sus hermanos: él en la voz y el acordeón, Enrique en el bajo, y Juana en los coros y las tumbas. Lalo también formó parte de la banda. Su padre, Don Isaac, fue un pilar fundamental, apoyándolo moral y económicamente, e incluso fabricando instrumentos como una tumba con tablas y cuero de cabra. Contrario a su padre, su madre, Doña María Arvizu, no veía con buenos ojos su dedicación a la música, deseando un empleo más seguro para su hijo y considerando la música como "puro ruido".
Entrevista con Celso Piña y su Ronda Bogotá
El género que Celso eligió, el vallenato, nació en la zona caribeña de Colombia, resultado de la fusión de influencias alemanas (el acordeón), españolas (métrica y estrofas) y africanas e indígenas (percusiones como la caja vallenata y la guacharaca). Celso lo describía como un género "muy suave y muy rico a la vez, muy sencilla, muy suave y muy rica. Muy sencilla porque lleva dos tonos nomás, y ahí te la llevas. Y muy rica porque lleva mucho ritmo, mucho tambor, sonajas, maracas. Y muy suave para bailar: La bailas bien suavecito”.
La recepción inicial de esta música en Monterrey fue difícil. La escena musical regia estaba dominada por grupos norteños y tropicales, y el género colombiano no tenía cabida. "Me las vi duras porque muchos me decían que mi música no vendía, que con esa musiquita no iba a llegar a ningún lado. Me decían que tocara corridos, pero la verdad a mí no me llamaba la atención", recordaba Celso. Él respondía: "Lo que pasa es que aquí lo nuestro cualquiera lo toca y esta música no la toca nadie".
A pesar de los rechazos de las casas disqueras, la oportunidad llegó cuando Celso conoció a Felipe "Indio" Jiménez, director musical de la compañía Peerless, quien aceptó lanzar su primer disco. En 1983, se publicó el álbum Si mañana, que incluyó su primer éxito, "La manda". En sus primeras producciones, predominaba el nombre de Ronda Bogotá, pero con el tiempo se fue imponiendo el mote de Celso Piña y su Ronda Bogotá.

El Salto a la Fama: "Barrio Bravo" y la Fusión Musical
La Ronda Bogotá empezó a tener éxito, primero en las fiestas del barrio y luego en lugares más grandes. Su padre dedicaba sus horas libres a reciclar fierros y madera para construir los instrumentos de la agrupación. Sin embargo, la popularidad de los sonidos colombianos también trajo críticas. Decían que a sus conciertos llegaban puros “marihuanos, lesbianas y malandros”, y fue vetado de muchos lugares. Celso no se detenía: "pérate, yo no me iba a poner en la puerta a decir: '¿a ver tú qué eres?, ¿eres chico bien?, pásale'".
Hasta finales de la década de los noventa, la música de Celso Piña era una curiosidad. Grabó ocho álbumes de cumbia colombiana, incluyendo Si mañana (1983), 10 éxitos (la manda) (1984), Tú y las nubes (1989), Noche de estrellas (1991), Dile (1996), Vuelve a la carga (1998), Una aventura más (1999) y Antología de un rebelde (2000). Pero llegó un punto en que Celso sintió que la música se "malbarataba" y la competencia desleal, lo que lo motivó a renovarse.
En el año 2000, Celso decidió "hacer algo diferente". Se juntó con músicos y "rockerillos, hiphoperos, raperos, norteños", incluso un brasilero y un argentino, para "hacer una revoltura a ver qué pasa". De esta experimentación, en 2001, nació el álbum Barrio Bravo, un hito en la cumbia contemporánea y un nuevo estilo de música mexicana. Este disco lo impulsó hacia la fama y contó con colaboraciones de la talla de Pato de Control Machete, Rubén Albarrán de Café Tacvba y El Gran Silencio. En este álbum nacieron sus primeros tres grandes éxitos: “Cumbia poder”, “Cumbia sobre el río” y “Aunque no sea conmigo”. "Cumbia sobre el río" incluso apareció en la banda sonora de la película Babel (2006).
Con Barrio Bravo, las puertas del resto de México y Latinoamérica se abrieron para Celso Piña. El escritor Carlos Monsiváis, tras una entrevista, lo llamó “el acordeonista de Hamelín” por su capacidad de atraer a todo tipo de personas, reconociéndolo como un fenómeno musical y social.
Entrevista con Celso Piña y su Ronda Bogotá
Reconocimiento Global y Legado
Fue en 2003 cuando Celso Piña consolidó su posición, sacudiéndose todos los juicios contra su música. Durante un concierto en el Museo de Arte Contemporáneo, puso a bailar a Gabriel García Márquez con la "Cumbia Sampuesana". "Alguien de esa envergadura llegó y yo estaba tocando y él empezó a bailar, estaba la crema y nata de Monterrey", comentó el músico. También tuvo el honor de tocar para Carlos Monsiváis y presidentes, entre otras figuras importantes.
A partir de entonces, su carrera despegó, llevándolo a recorrer el mundo. El único continente que le faltó pisar fue Oceanía. Realizó colaboraciones con artistas como Lila Downs, Ely Guerra, Café Tacvba, Gloria Trevi y Natalia Lafourcade. Su gira "Cumbia por el Mundo" lo llevó a más de 20 países en Europa, Asia, África y América.
Celso Piña es un pionero en la mezcla o fusión de sonidos tropicales, combinándolos con géneros como el norteño, sonidero, ska, reggae, rap, hip-hop y R&B. Marcó una diferencia interpretando música original basada en los estándares clásicos de la cumbia y el vallenato, pero con su propio sello. Su habilidad para tocar el acordeón, su instrumento ineludible, era tal que parecía una extensión de su propio cuerpo.
La cultura musical colombiana tuvo un peso inmenso en su vida y obra, y él siempre expresó su gratitud por ello. Su influencia trascendió la música, impactando en la cultura popular, como se evidencia en la película Ya no estoy aquí de Fernando Frías, que cuenta la historia de la subcultura regia de los Kolombia, quienes escuchaban y bailaban al ritmo de la cumbia de Celso Piña. Su legado incluye también la cumbia "Mi Colonia Independencia", dedicada al barrio donde creció.
Celso Piña falleció el 21 de agosto de 2019 en Monterrey, a los 66 años, tras sufrir un infarto al corazón. Sus restos fueron incinerados y sus cenizas arrojadas al mar. Fue homenajeado con misas y un concierto multitudinario en la Macroplaza de Monterrey, y murales con su imagen adornan la Colonia Independencia, perpetuando la memoria del "Rebelde del Acordeón". Como él mismo dijo: "La música es un lenguaje universal y no tiene fronteras".