La Industria del Salmón en Magallanes: Características, Evolución e Impacto

La salmonicultura en Chile es actualmente una de las áreas productivas con mayor crecimiento y aporte al país. El salmón fue introducido hace muchos años en Chile, específicamente en el siglo XIX, con fines recreativos en ríos y lagos. Recién a mediados de la década de 1970 se inicia la ruta hacia la actividad acuícola industrial. Fue en los años 80 cuando Fundación Chile lideró la instalación de las primeras empresas salmoneras con capitales nacionales y de países como Japón, Noruega y Estados Unidos, comenzando así el cultivo emergente de salmónidos.

El aporte que realizaron en investigación y desarrollo fue clave, permitiendo que el cultivo de salmón pasara de la captura en ríos y lagos a una producción en sistemas cerrados. En 1985 comienza la fase comercial inicial, con 36 centros de cultivo operando y una producción que se elevó a las 1.200 toneladas. Sin embargo, había dificultades para operar en áreas rurales costeras, debido a que las concesiones marítimas no siempre se otorgaban. En 1987, Fundación Chile comienza a tomar acciones para generar conciencia en grupos de interés sobre la importancia de la industria salmonera.

El sector de los salmones en Chile vivió una crisis entre 2007 y 2010 debido a la epidemia causada por el virus ISA. Este virus se expandió en poco tiempo, afectando con mucha fuerza al salmón del Atlántico. A raíz de esta crisis, se desarrollaron nuevas normativas y un proceso de repactación financiera con bancos para productores y proveedores. Este modelo no solo prioriza una relación más equitativa y participativa con los territorios, sino que también busca armonizar la producción con la conservación. Actualmente, el salmón chileno se ha consolidado como el segundo productor mundial de salmón, con un 35% del mercado.

Historia y Desarrollo de la Salmonicultura en Magallanes

Mapa de la Región de Magallanes y Antártica Chilena destacando zonas de salmonicultura

La salmonicultura en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena ha pasado de ser una apuesta incipiente a consolidarse como un polo estratégico para la industria en Chile. Desde sus primeros intentos en la década de los 80, hasta su expansión en los últimos años, la actividad ha enfrentado desafíos logísticos, ambientales y regulatorios, pero ha sabido capitalizar sus ventajas naturales, como la calidad de sus aguas y la menor incidencia de enfermedades. Su historia se desarrolla en paralelo a otras regiones del país y se remonta a la década de los 80, cuando Fundación Chile impulsó el ranching de salmones, un sistema de cultivo abierto que permite criar ejemplares en cursos de agua naturales.

Inicios y Primeros Intentos

Uno de los antecedentes más remotos es la instalación de una piscicultura experimental en Río San Pedro, en la región de Magallanes, gestionada por los expertos Peter Brown y Edward Barter (fundador de Salmones Skyring). Sin embargo, según relata Pedro Gómez, ex gerente de Salmotec, las condiciones climáticas extremas y la falta de infraestructura adecuada llevaron al fracaso de este primer proyecto. "Esta piscicultura pionera fue destruida por el deshielo primaveral y los peces fueron liberados accidentalmente", explica Gómez. Como resultado, los salmones se dispersaron en los ríos y fiordos de la zona, lo que explica su presencia en Tierra del Fuego hasta hoy.

A pesar de estos obstáculos, la actividad no se detuvo. Fundación Chile desarrolló otro proyecto para establecer una industria salmonicultora viable en Magallanes. En ese contexto, en 1989 nació Salmotec S.A., una de las primeras empresas en realizar cultivos comerciales en la región, iniciando la engorda de salmones al año siguiente. La apuesta de Salmotec fue riesgosa, ya que la salmonicultura aún era incipiente en Chile y Magallanes representaba un desafío mayor por su ubicación remota y la falta de infraestructura. "Nos establecimos en Río Prat, donde montamos la primera piscicultura comercial de la región", recuerda Gómez, quien fue contratado para liderar esta iniciativa. Desde allí, Salmotec proveía smolts para engorda en mar, siendo la empresa Cabo de Hornos su primer cliente. Además, abastecieron a otras empresas que comenzaban la actividad en la región.

Expansión y Adaptación de Especies

Posteriormente, se trasladaron a Spiteful, un sector en la Península Antonio Varas, para continuar con la engorda de salmones. Inicialmente, se realizaron ensayos con salmón chinook y coho, pero debido al menor rendimiento del chinook y la mayor demanda comercial del coho, la empresa decidió enfocarse en esta última especie. Además, incorporó la producción de salmón Atlántico, que hoy es la especie más cultivada en la región, con resultados positivos. A pesar de las dificultades iniciales, la actividad creció progresivamente, impulsada por la calidad de las aguas magallánicas y las condiciones favorables para la producción.

"El agua fría y limpia de Magallanes permitía un crecimiento rápido del salmón, con alta calidad y baja incidencia de enfermedades infecciosas. Además, la lejanía con otras regiones reducía el riesgo de contaminación cruzada", señala Gómez. En sus inicios, tal como en el resto del país, la industria salmonicultora en Magallanes utilizaba jaulas de madera y acero, con alimentación manual. Con el tiempo, la introducción de jaulas más resistentes y tecnologías automatizadas permitió optimizar los costos operativos y mejorar la seguridad de los cultivos.

Crecimiento Acelerado a Partir de 2016

Durante muchos años, la salmonicultura en Magallanes se desarrolló a menor escala, con un crecimiento gradual y un número reducido de concesiones. Se establecieron cultivos para la producción de smolt en Lago Sofía y otros sectores, además de diferentes pisciculturas, pero la industria se mantuvo sin grandes expansiones por casi 20 años. Sin embargo, a partir de 2016, la industria experimentó un crecimiento acelerado, impulsado por la restricción en el otorgamiento de concesiones en las regiones de Los Lagos y Aysén, y por el interés de las empresas en diversificar sus operaciones.

"Hasta 2016, la producción en Magallanes se mantuvo estable, entre 20.000 y 40.000 toneladas anuales. Sin embargo, en solo dos años, esta cifra se duplicó, alcanzando las 80.000 toneladas en 2018, y llegando a un récord de 180.000 toneladas en 2021, antes de experimentar un descenso", explica Carlos Odebret, presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes. Actualmente, la salmonicultura es un eje clave de la economía regional, con exportaciones que representan aproximadamente el 50% del total de la región. Además, aporta cerca del 10% de la producción total de salmón en Chile, con un volumen que bordea las 100.000-110.000 toneladas, muy por debajo de su potencial, asegura el representante del gremio.

Impacto Económico y Social

La industria genera empleo directo para casi 4.000 personas y otras 3.000 de manera indirecta. También representa un porcentaje significativo del Producto Interno Bruto (PIB) regional. “Debido a las distintas limitaciones que ha enfrentado la industria para crecer, su participación ha disminuido, pero en su punto más alto alcanzó el 25% del PIB regional, considerando la pesca y la salmonicultura en conjunto”, aclara Odebret. El lobby salmonero es de los más influyentes en la zona Sur, por toda la oportunidad económica que ha brindado.

En un informe titulado «Importancia económica de la salmonicultura chilena, con foco en las regiones del Extremo Sur», publicado el 4 de agosto de 2023 por el profesor asociado Rodrigo Cifuentes (Universidad San Sebastián), se analiza sus impactos por región. Así, en la región de los Lagos, incluyendo la Isla de Chiloé, «la salmonicultura representa el 18,9% de la actividad económica de la región (del PIB regional). El 72% de aquello corresponde al procesamiento del salmón. La salmonicultura es la principal actividad económica de la región.»

Amenazas en Áreas Protegidas: Impacto de la salmonicultura sobre cetáceos en la Patagonia

Desafíos Logísticos y de Infraestructura

El crecimiento ha traído consigo importantes desafíos. Uno de los principales es la infraestructura y la logística. “Por ejemplo, para salir del Seno Skyring, poder hacer una cosecha vía navegación y llegar a Punta Arenas, son 20 horas de navegación. Es un viaje larguísimo. Entonces, la región de Magallanes representa, más o menos, la suma de la región de Los Lagos y la región de Aysén, en territorio. Es prácticamente un país, en términos de extensión geográfica”, explica el presidente de los salmonicultores de la región. Otro problema clave es la falta de infraestructura portuaria. "Actualmente, la región carece de puertos y centros de acopio adecuados para embarcar grandes volúmenes de salmón", asegura Odebret.

Logística y Sostenibilidad

Dentro del desarrollo de la salmonicultura, las principales operaciones en las que se centra Ulog (perteneciente al grupo Ultramar) son en dos focos, según sus requerimientos: la logística de los procesos de abastecimiento y procesos intermedios, como son los productos derivados, y también la logística del producto terminado. La empresa está preparada para el crecimiento constante de este nicho de negocio.

Además, como la geografía del sur de Chile hace difícil el acceso a los centros de cultivo, uno de los principales desafíos es sacar el máximo provecho a la ruta hacia los centros, no solo en términos de eficiencia, sino también para reducir la huella de carbono de los medios de transporte empleados, uno de los objetivos más grandes de Ulog. Una de las líneas de negocios de la empresa es la logística de transporte de lodos orgánicos. Para Rojas, la logística es parte del crecimiento de la industria, que desafía a los proveedores a desarrollar nuevos servicios eficientes e innovadores, además de darle un valor agregado, con el cumplimiento de normativas y reglamentos ambientales. “Un ejemplo es la aplicación del DS 64, que aprueba el reglamento que establece condiciones sobre el tratamiento y disposición final de desechos provenientes de actividades acuícolas, considerándolo en las operaciones logísticas de Ulog. Por otra parte, desarrollamos un servicio logístico activo y permanente para la disposición final de ensilaje y, actualmente, contamos con un plan de contingencia de mortalidades masivas.”

En cuanto a la innovación tecnológica, la industria salmonicultora exige una participación activa en la búsqueda constante de soluciones innovadoras y tecnológicas. “Es por ello que en Punta Arenas contamos con unidades isotanques con características especiales de refrigeración, que permiten mantener inalterable la cadena de frío, transformándose en una solución eficiente para productos primarios y secundarios de la industria.”

Precarización Laboral y Problemas Sociales

La salmonicultura estimula la economía y atrae a nuevas personas por los empleos que propone, necesarios desde la crianza de los salmones hasta su envasado para la exportación. La industria salmonera en la Patagonia chilena ha generado una forma particular de vivir, tanto para los trabajadores directamente involucrados como para las comunidades costeras, estructurada alrededor de esta actividad económica. Sin embargo, esta dependencia viene acompañada de desafíos económicos importantes. La precarización laboral es una realidad para muchos trabajadores, que se enfrentan a condiciones laborales difíciles y riesgosas. La estabilidad familiar parece ser un real desafío en conflicto con las condiciones laborales, y el impacto social de esta economía tan específica a la Patagonia como la industria salmonera, tiene repercusiones ocultas también en múltiples aspectos de la vida familiar como adicciones, alcoholismo y violencia.

Impacto Ambiental y Controversias

Infografía sobre el impacto ambiental de la salmonicultura

A esto se suma la fuerte regulación ambiental, que ha limitado la expansión de nuevos centros de cultivo. "El 99% del borde costero de Magallanes está bajo alguna categoría de conservación ambiental, lo que restringe las posibilidades de crecimiento y la entrega de nuevas concesiones", advierte Odebret. Además, el proceso de otorgamiento de nuevas concesiones es lento y complejo, lo que ha generado incertidumbre entre las empresas.

“La salmonicultura tiene otorgadas casi 2.000 hectáreas en Magallanes, de las cuales se ocupan 600 hectáreas, aproximadamente, y de esas 600 hectáreas se exportan 600 millones de dólares. ¿Qué pasaría si el país decidiera duplicar sus exportaciones? ¿Generar más empleo?”, especula. Sin embargo, el rápido crecimiento de esta industria, con cientos de centros de cría intensiva en el sur del país, amenaza territorios ricos en biodiversidad como el río San Pedro. “En Chile tenemos una real invasión de concesiones de la industria salmonicultura. Son más de 300 concesiones que están aprobadas. Eso va generando mortalidades, residuos, o sea, acumulación de mayor materia orgánica.”

Contaminación y Amenazas a la Biodiversidad

En la zona de Puerto Natales hay muchos lugares ya destruidos por la industria: en el fondo marino ya no hay oxígeno. Esto ocurre porque, en la naturaleza, los salmones se desarrollan en cinco años, mientras que en una piscifactoría lo hacen en 10-14 meses. Todo ese alimento contamina el fondo marino, generando una zona muerta. En muchas zonas de Chile, los pescadores artesanales llevan años denunciando que ya no pueden sobrevivir de la pesca porque muchas especies, entre ellas los erizos y las mejillones, escasean debido a la contaminación de las salmoneras.

Uno de los testigos directos de los daños que la cría intensiva de salmón está causando en el fondo marino de la Patagonia es Michael Vargas, miembro del pueblo Kawésqar, originario de Magallanes. “Para nosotros es fundamental proteger el territorio y el mar”, dice Vargas, que es vicepresidente del Grupo Familiares Nómades del Mar, la principal comunidad indígena de la zona que lucha contra las salmoneras. “Vemos todos los días lo que ocurre en el fondo marino de la zona -sostiene- Sobre todo en las zonas más remotas, la contaminación es enorme. Cerca de los centros de cría, cuando te sumerges lo primero que encuentras es la basura que dejan las salmoneras: cuerdas, plástico, poliestireno. En el fondo todo es gris y oscuro, sin vegetación ni vida.”

Greenpeace Chile tramitó hace un año las primeras querellas criminales contra la industria por la muerte de dos ballenas jorobadas en instalaciones salmoneras, según denunció la ONG. La oceanógrafa británica Susannah Buchan, en un artículo del 30 de marzo de 2024 de la revista El Mercurio (Santiago de Chile), señalaba: «Chile es muy especial porque el 50% de las ballenas y delfines del mundo se ven aquí. Pero a pesar de ser reconocidos por tener esta riqueza de biodiversidad, estas especies siguen desprotegidas y las salmoneras les amenazan mucho.» Según ella, es muy importante proteger a los cetáceos nativos de la Patagonia simplemente porque «fertilizan la superficie del mar y así crece mucho más fitoplancton que, a su vez, absorbe el CO2. Entonces, se han planteado como una solución azul al cambio climático.» Comentaba también que «hoy la gran mayoría está en peligro de extinción, producto de la caza histórica que le hemos hecho y debido a colisiones, enmallamiento, etcétera.» Los criaderos son laboratorios para la expansión de toda una variedad de enfermedades desde los salmones cultivados hasta las especies marinas nativas. Como lo denuncia la ONG Defendamos Chiloé mediante múltiples campañas a través de las redes sociales, el salmón chileno impacta en profundidad los fiordos y canales en parques nacionales y reservas.

Entre los principales problemas se encuentran la contaminación del agua debido a los desechos industriales, el uso de antibióticos y de varios productos químicos para tratar enfermedades en los pescados. Una fuerte presencia de antibióticos provenientes de salmonicultura en Chiloé fue identificada en noviembre de 2021 por las autoridades sanitarias. Estos fármacos se almacenan en los órganos de los cetáceos, según los resultados preliminares de un estudio de la Universidad de Murcia muestran la presencia de antibióticos y antiinflamatorios más allá de las aguas, en el organismo de los cetáceos.

Además, la industria salmonera provoca graves problemas ambientales como el escape de salmones cultivados, es decir, la introducción de especies exóticas desde jaulas de cultivo a un ambiente natural, y potenciales depredadores para la cadena alimentaria patagónica. Más de 100 ONG's socioambientales y comunidades indígenas han urgido la aplicación de una moratoria sobre la expansión de la industria.

El Caso del Río San Pedro

Foto aérea del Río San Pedro y las instalaciones de la piscicultura

El país sudamericano se ha convertido en el segundo productor global de salmón. El rápido crecimiento de esta industria, con cientos de centros de cría intensiva en el sur del país, amenaza territorios ricos en biodiversidad como el río San Pedro. Ornella De Pablo, portavoz del movimiento ciudadano Río San Pedro sin salmoneras, lucha contra la instalación de un centro de cría intensiva de salmón que podría contaminar todo el área. "Todo esto podría convertirse en una zona de sacrificio", continúa. El río San Pedro es el río más biodiverso del país.

La empresa que se ha instalado cerca del río San Pedro es Salmones Antártica SA, de capital japonés, que está construyendo un centro de agua dulce donde desarrollar los huevos y criar los peces hasta que puedan ser trasladados al agua salada. Se trata de una piscicultura instalada en tierra, junto al río, compuesta por más de 300 tanques donde se criarían los huevos y todos los residuos (químicos, pesticidas y antibióticos) se verterían al río. Mientras que en 2024 Noruega declaró no haber utilizado prácticamente ningún antibiótico en sus establecimientos, en los chilenos se utilizaron más de 351 toneladas. La cifra representa una mejora con respecto a 2014, cuando se utilizaron 563 toneladas, pero sigue siendo muy alta si se tiene en cuenta que entre el 70% y el 80% de los antibióticos administrados al salmón pueden acabar en el medio ambiente. Salmones Antártica SA forma parte del grupo Nissui, un grupo japonés con sede en Tokio, fundado en 1937, gigante de los productos marinos y actualmente la segunda empresa más grande del país en cuanto a facturación en pesca comercial y suministro de productos marinos.

La comunidad indígena Mapuche, a través de la Comunidad Saturnino Leal Neiman, lucha contra la empresa. “Para nosotros, el río es sagrado -explica Ximena Leal-. Realizamos nuestras ceremonias ancestrales en el río. Y si el agua se contamina, ya no podremos celebrarlas”. El movimiento Río San Pedro sin salmoneras, representado legalmente por los abogados de la ONG chilena Defensoría Ambiental, está compuesto por más de 100 personas. A ellos se unió en los tribunales el municipio de Valdivia, la ciudad más grande de la región. El movimiento impugna a la empresa que están construyendo la planta basándose en un proyecto aprobado por el Estado chileno a nivel medioambiental en 2008, desarrollado con tecnologías y normas medioambientales ya obsoletas. A finales de octubre, el Tercer Tribunal Ambiental de Valdivia ha dado la razón al movimiento, suspendiendo la autorización ambiental de la piscicultura de Salmones Antártica, calificándola “de obsoleta y riesgosa” para el río San Pedro.

Exportaciones y Posicionamiento Global

Hoy en día, Chile controla el 38% del mercado mundial del salmón, y cada año se crían en el país más de un millón de toneladas de este pescado, que se exportan a más de 80 países de todo el mundo. Entre 1990 y 2017, la industria salmonera del país aumentó su producción en casi un 3000%. El salmón chileno se exporta principalmente a Estados Unidos (alrededor del 40%), Brasil y Japón. Según datos proporcionados por el Gobierno chileno, entre 2003 y 2024 las importaciones de salmón chileno en el mercado europeo han crecido significativamente, pasando de 56 a 204 millones de dólares, y la UE es actualmente el sexto mercado que más salmón chileno importa. El acuerdo alcanzado por el Gobierno de Boric para eliminar los aranceles a la importación de salmón chileno es un hito importante para la industria del país, que lleva años apostando por crecer en el mercado europeo.

Regulación y Gobernanza Ambiental

Según los especialistas, el principal problema que se plantea a la hora de legislar y regular las actividades salmoneras está relacionado con un problema más amplio y endémico de Chile: la debilidad de un Estado neoliberal. El modelo productivo chileno responde en última instancia a la historia económica del país, configurada por los Chicago Boys en torno a la insostenible explotación privada de la Patagonia. Entre las principales reivindicaciones de las ONG’s figura la salida de la industria de las denominadas zonas protegidas y medidas contra el vertido de residuos industriales.

Las esperanzas residían en la elección de Gabriel Boric, el joven presidente de izquierda elegido en 2022, que apoya la primera reivindicación. Durante sus primeros meses de gobierno, en 2022, Gabriel Boric, originario de Punta Arenas, una de las zonas de la Patagonia más afectadas por los daños causados por la industria del salmón y cuyo gobierno se ha autodenominado el primero “ecológico” de la historia de Chile, había asegurado que las salmoneras tendrían que abandonar los parques naturales y las zonas protegidas. “El hecho de que las salmoneras estén autorizadas a permanecer en el mar de la Patagonia es muy grave”, afirma Maximiliano Bazán, de 34 años, investigador de Terram.

Sin embargo, la introducción de una legislación más estricta chocó con el rechazo a la propuesta de nueva Constitución en 2022. Las normas medioambientales chilenas ya son muy permisivas (el artículo 2 de la Ley chilena nº 19.300 de 1994 establece un marco jurídico para la biodiversidad y la conservación del medio ambiente sin incluir disposiciones de salvaguardia). Hoy en día, diferentes ONG’s sostienen que «las industrias que contaminan y destruyen el medioambiente amenazan la supervivencia de toda la especie humana. Pronto las salmoneras van a tener que indemnizar a todos los habitantes de la Patagonia.» No obstante, según la ley chilena, son las personas quienes deben demostrar su cercanía con el medio ambiente, en caso de contaminación.

Además, los tribunales ambientales solo pueden imponer reparaciones o intentar devolverles sus propiedades básicas. En caso de que la restitución a la naturaleza no sea posible, se permite la compensación pecuniaria como recurso subsidiario. Esto se aplica cuando la restauración es imposible debido a un daño irreversible en el ecosistema. Sin embargo, la implementación de esas reparaciones naturales genera desafíos, como la dificultad para reconstruir ciclos naturales y cuantificarlos, y no se trata directamente de las comunidades locales sino de una decisión más bien ambientalista.

Al otro lado de la cordillera, el 30 de junio de 2021, Argentina fue el primer país del mundo en prohibir la cría de salmones en las aguas marinas de la provincia de Tierra del Fuego, gracias a una ley ambiental, debido a la presión ciudadana y al trabajo de la comunidad indígena Yagan. Un artículo de The Guardian certifica que “las aguas argentinas rebosan vida” como una variedad de cangrejos, algas y mejillones.

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